Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 129 de 388
Unidad 129 · POSESIONES HISPANO-AFR1CANAS 169
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POSESIONES HISPANO-AFR1CANAS 169
odios con esto, v dándole gracias repetidas, le ofrecieron ayuda con todo su poder en las guerras que emprendiese.
Abandonado el cerco de Tremecén por los parciales de Abú-Abd-Alláh, y sabedor Muley Mahomet de los tratos de los Españoles con el Húmida
y Almanzor, envió contra ellos 4.000 arcabuceros turcos y 20. 000 Moros: por espías supieron aquéllos, que pensaba el Tremecí darles la acometida aquella noche, y de acuerdo con Alcaudete, colocaron sus fuerzas que serían hasta de 2.000 lanzas, en medio de los escuadrones cristianos. Al cuarto del alba rompieron el fuego unos 15.000 Moros y 400 Turcos, contestado por la artillería y arcabuceros españoles, y á las dos horas retiráronse las tropas de Mahomet perseguidas por el Conde, hasta que se internaron en la Zahara, que es de la otra parte de las montañas, á la mar.
Pidiéronle permiso Almanzor y IIumida-Lauda para reforzar el ejército de Abú-Abd-Alláh y de Muley-Hamet, y concedido, quedóse sólo el Conde, que con sus 2.000 hombres, á 27 leguas de la costa, dominaba toda la tierra, recibiendo presentes de los habitadores y concediendo licencias para el segar de los panes.
Seguro y confiado por no encontrar lanza enhiesta contra él en toda aquella región, adelantóse con 60 caballos y algunos allegadizos, quedando á larga distancia el grueso de las tropas. Los Moros del valle de Meliona trataron de aprovechar la imprudencia de Alcaudete, y dejando ver como cebo algunos Moros, armaron una emboscada demás de G00. Volviéndose aquél á la gente suelta: «Hijos, les dice, vosotros venís cansados; quedaos ahí, que para aquellos Morillos basta que nosotros vamos;» y dando del acicate al caballo, con su estandarte se dirige á cortar á los Moros que se veían.
Al llegar donde estaban, cercáronle los ginetes emboscados, y pesóle al Conde mucho que la gente suelta se quedara atrás, porque el terrenollano no le ofrecía punto donde refugiarse. Quiso Dios que en aquel sitio hubiese un solo aceituno cercado de cambroneros que formaba una especie de valladar, y allí mandó el Conde que se unieran todos en apiñada rueda, de espaldas al árbol y de frente al enemigo. Acometieron los Moros arrojando las lanzas á su paso, con las que atravesaron el caballo de D. Juan Zapata, y perdidas las lanzas tiraban una granizada de piedras con las que mucho padecían los caballos; pero tal santiago les dieron por una parte Zapata, 1). Mendo de Benavides y I). Alonso de Villarroel, y por la otra el Conde y D. Juan Pacheco, que rechazaron la acometida de los Moros, quienes viendo venir á toda prisa la gente suelta y los escua-