Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 148 de 388
Unidad 148 · 192 PARTE [II— CAPITULO XV
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192 PARTE [II— CAPITULO XV
la paz con Franceses, á consecuencia del tratado de Ghateau-Cambresis, y dio oídos á las pláticas del Maestre, nombrando para esta expedición al Duque de Medinaceli, Virrey de Sicilia. Hiciéronse grandes aprestos, y á fines de Octubre de 1559, zarparon de Mesina 54 galeras, 28 naos, dos galeones y 30 vasos menores con 14.000 hombres; mas los vientos en contra, y el picar del contagio, por el bizcocho corrompido con que se racionaba la tropa; le obligaron á fondear en Malta, que se convirtió en un hospital, teniendo la armada que estacionarse hasta el siguiente año, cundiendo la indisciplina en la soldadesca, y dando tiempo á los Turcos para reforzar con 2.000 hombres la guarnición de Trípoli.
Antes de narrar los desgraciados sucesos de esta expedición, no queremos pasar por alto la increíble hazaña del Mallorquín Juan Cañete, que aconteció en este tiempo. Con un pequeño bergantín tenía en jaque á los más atrevidos corsarios de Argel, y le temían las marinas berberiscas, como á Dragut y a Barbarroja las españolas. Conocedor de toda la costa africana, de las calas y caletas de ella donde poder ocultarse y guarecerse, pensó hacer por sí solólo que no podían lograr todas las fuerzas de la Cristiandad, que era entrar de noche en el puerto de Argel é incendiar la armada. Se emboscó; entró en el puerto, y al poner por obra su temeraria empresa, quiso su mala fortuna que arribasen dos galeotas armadas, que en recio combate le hicieron prisionero. El júbilo de los Moros al saber que el terrible Cañete había caído en sus manos, fué sin medida: le pasearon por las calles de Argel, exigiéndole que apostatara; negóse, y á palos, y despedazado lentamente, dio la vida á su Criador: tan firme en los tormentos por la fé, como valeroso en los combates por la patria.
Llegó el año 1560; la armada española, no completamente repuesta de sus contratiempos, y con 4.000 hombres menos, emprendió la suspendida marcha á Trípoli; pero lo recio del mar no se lo permitió, y tuvo que correr el viento, descubierta por cuatro naves contrarias que alertaron á todas aquellas marinas.
Diez y seis galeras, que con algún rezago venían de Malta, tocaron en las Roquetas para hacer aguada: cayéronlos Turcos sobre ellas de sobresalto, y cautivaron 80 hombres, con los Capitanes Guzmán, García, Venegas, Bermúdoz, Mercader y Sotomayor. A pesar de los grandes esfuerzos de D. Pedro de Saavedra y I). Luis Gil, les fué imposible rescatarlos, y con el dolor de abandonar á sus compañeros, zarparon en busca de la armada, surta en las aguas de Zerbi o de los Xerves, de tan aciaga memoria para los Españoles.