Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 52 de 388
Unidad 52 · CAPÍTULO II.
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CAPÍTULO II.
Ujj ira desgraciada del Ueaydc de loa Donceles. -Sentimiento del Cardenal. Sus instancias al Re) parala prosecución de li guerra il<v V. frica. — Descripción del Peñón de Vele/ de la Ció mera. Tómalo el Conde Pedro Navarro. -Enójase «-I U<>\ de Portugal Funda i Ma/agán. — No puede tomar a Vzamor. Reconquistan los Moros á Arcilla \ acude el lW-\ '.atólico al socorro del castillo. — Insta Ximénez de Cisneros h continuación de la guerra ^cuérdal i el U¡v\ . — Va '¡l uñones de éste j consl incia del Cardenal.— Motín ilcl ejército. — Viauelli es herido por Villarroel . Se embarcan les expedicionarios — Descrip ción de Oran — Vtaques de la siena. — Sánase Oran. — Resuelve el Cardenal su vuelta á 1 1. — Palabras de Cisnerosá la Diputación de la Universidad de Alcalá.
Vuelto el Alcayde de los Donceles á su gobierno, sostuvo una guerra
continua de algaras y rebatos contra los Moros, que casi siempre salían maltratados. Creciéndole los bríos con el próspero suceso, y reforzado con gente vieja de los tercios de Ñapóles, que montarían bien 100 caballos y 3.000 peones, vínole en ánimo hacer una cabalgada é internarse en país enemigo. Espoleábale también, el que habiendo saqueado los corsarios de Oran las costas de España, anunciaban otro tanto contra Mazali|uivir. Parecióle afrentoso en demasía para sus armas el sufrirlo: y más arrojado que prudente, en un día de Junio de L507, salió de la plaza, puesto ya el sol, y metiéndose tierra adentro saqueó tres lugares, recogió considerable presa, con más de 4.000 cabezas de ganado y 1.500 cautivos, durmiendo por la noche en el campo.
Los que huían dieron aviso á los pueblos inmediatos, que se alzaron en armas: el mismo Rey de Tremeeon púsose al frente de sus tropas, y juntos 11.000 caballos y 80.000 peones número quizá aumentado por Los vencidos, que en la muchedumbre excusaron la derrota . cayeron sobre el reducido ejército, que se recogía apresuradamente. Él Alcayde de Donceles se hallaba tan quebrantado de fuerzas, que Ú la vista de Oran se hubo de detener, mientras el grueso de la expedición seguía su camino para ponerse en cobro. Faltos de Jefe, desbandáronse los soldados al pasar por cerca de unos pozos, donde perecieran miserablemente, cargados por el enemigo: si el Alcayde, con grande esfuerzo, no los hubiese alcanzado, hedióles guardar su ordenanza y formádoles en apretada mue-