La azucena silvestre: leyenda religiosa del siglo IX · Capítulo real 2 de 5
CAPITULO SEGUNDO
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CAPITULO SEGUNDO.
De las razones que tuvieron el Conde y su hija para emprender una peregrinación á Monserrat y lo que allí pasó.
Y yendo dias y viniendo dias , tras dos años de angustias y de afán , y de buscar inútiles remedios, que no pudieron remediar su mal , en una noche del templado mayo por la ribera del tranquilo mar á la pálida luz de la alta luna el conde y su hija silenciosos van. Las ondas transparentes murmurando se vienen á sus plantas á estrellar, rodando lentamente unas sobre otras con eterna y monótona igualdad. A lo lejos tal vez se divisaba la blanca lona del bajel pasar ?
y la canción del pescador se oia llevada por la brisa desigual. A veces se elevaba en la llanura el ronco y melancólico graznar de las marinas aves que en la playa buscan mansión, sustento y libertad, j Noche serena, deleitosa noche á quien la puede sin dolor gozar, melancólica noche para el triste en cuyo pecho la aflicción está. Tristes ideas en su mente escita su nocturno silencio y soledad, y aun el consuelo que le inspira junto con la hiél del recuerdo se le da.
Y asi una noche del templado mayo por la ribera del tranquilo mar
á la pálida luz de la alta luna Wifredo y su hija silenciosos van.
Y acaso desde lejos percibiendo la forma de la virgen blanquear y las armas lucir del caballero que la presta su apoyo paternal creyeran que el espíritu doliente
de náufrago infeliz que espele el mar en los brazos del ángel de las aguas encontraba el amparo celestial.
Y acaso al ver en la nocturna niebla rodeando la lóbrega ciudad creyeran que velándola vagaba
el espíritu de ella tutelar.
Y asi sumidos en memorias tristes Ja hermosa ciega y el barón feudal iban vagando con pisada incierta por la ribera del tendido mar ; cuando á la tibia luz creyó el guerrero negra figura distinguir quizá, que á lento paso hacia los dos viniéndose con cada paso se aclaraba mas. Rápido impulso de temor muy vago sintió en su pecho varonil brotar, é incomprensible repugnancia interna al ser que llega junto de ellos ya. Era un anciauo, cuya blanca barba cuyo cuerpo inclinado por la edad movia á reverencia mas que á miedo, ministro acaso del divino altar. Báculo tosco á caminar le ayuda, ciñe sus miembros áspero sayal, y al suelo vueltos los humildes ojos severa muestra y penitente faz. Padre ¿quién llega? preguntó María sintiendo de aquel ser la vecindad, cual si pavor la diera el que llegaba no mas que por instinto natural. — Es un anciano, contestó Wifredo, — No sé porque desconocido afán al sentirle probé, padre.
— Hija mia cálmate y calla , porque ante él estás.
— «Dios vele sobre tí, noble Wifredo,» dijo llegando con humilde voz el viejo anacoreta. El os ampare, el conde cortesmente replicó. Y trabando de aqui plática entrambos siguieron luego ya su vez los dos. y de este modo con sonrisa dulce el anciano estrangero la empezó. ¿Cómo tan tarde en tan desierto sitio?
WIFREDQ.
El aura por gozar de la estación.
El aura de la mar es insalubre para su mal.
¿Sabcisle?
¿ Y cómo no? La fama de esa inmensa desventura la España entera recorrió veloz.
;Ay de mi! y cuán en balde! En toda ella remedio nadie á mi pesar halló.
Las yerbas de la tierra y sus virtudes secas Wifredo é impotentes son cuando en el misin o mal compadecido su dedo paternal no pone Dios.
Noches y dias con fervor le ruego.
Busca quien goce su feliz favor.
Vos anciano tal vez...
Tente , insensato : para tanto intentar ¿qué puedo yo pecador miserable? Hay en la tierra otros mas justos que lo harán mejor*
W1FREDO.
¡ Ah por Dios esplicaos 1
Los peñascos de Monserrate en su áspero fragor la luz esconden que sus rayos toma en las pupilas del potente Dios.
¿En Monserrate?
Si, Dios manifiesta el poder de una santa intercesión con divinos portentos cada dia. Lleva pues á la hija de tu amor si la quieres sanar á Monserrate: y en la grieta mas honda de un peñón , que en las nubes esconde su alta cresta el justo habita y con el justo Dios.
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Y asi diciendo el misterioso anciano sus pasos adelante enderezó,
de la esperanza el bálsamo vertiendo de María en el limpio corazón. ¿Do vais? dijo atajándole Wifredo en mi palacio reposad señor, y admitid á lo menos hospedaje por esta noche.
— Es lejos donde voy , las horas de la noche son muy breves y todas me hacen falta, replicó siguiendo su camino el estrangero, todavía insistiendo el buen barón, <c mis gentes, mis caballos, todo es vuestro» le dijo : y el anciano en ronca voz : «Basta, repuso, límites no tiene Wifredo para mí la creación.
Y la raza del hombre toda entera no podrá nunca lo que puedoyo.»
Y asi diciendo, como arista leve que arrebata del suelo el aquilón una sonora ráfaga pasando
al monje entre sus ondas arrastró.
Tembló María al percibir su rastro, arrodillóse atónito el barón , y de ir á Monserrate voto hicieron á vista del prodijio ambos á dos.
iíÚlu
Cual marinero errante, que perdido su soberbio bajel , contra las olas lucha á los restos del bajel asido cercana viendo la ribera ya : cual golondrina errante que los mares cruza estraviada y la cansada pluma agita conociendo los lugares donde á anidar acostumbrada está ;
Cual cierva que en la fuerza del estío sedienta vaga por el bosque espeso y el agua oyendo del cercano rio hacia él se lanza cuando el agua vé: asi impaciente la infeliz María en alas del deseo y la esperanza llegar á Monserrate apetecía con inspirada y religiosa fé.
Wifredo al par con la esperanza misma el sol de la partida apresuraba, y con la misma fé ver esperaba , la omnipotencia santa del señor, inmensa suma de regalos y oro y comitiva inmensa prevenía y un santuario fundar se proponía y hacer del penitente un fundador.
«En medio de las peñas solitarias «monasterio suntuoso se levante «memoria eterna que el prodijio cante «señal eterna del favor de Dios. «Bajo sus anchas bóvedas , eternos «himnos de gracias al Señor resuenen , «y sus campanas el desierto atruenen «el alma al cielo remontando en pos.«
Asi esclamaba el piadoso Conde de su fé en el fervor
con tamaños intentos emprendiendo su peregrinación.
Del fresco mayo en la postrer mañana
al despuntar el sol con su hija y comitiva numerosa
de la ciudad salió.
Por plazas y por calles se agolpaba su inmensa población,
todos rogando por la hermosa niña á la piedad de Dios.
Y asi de Monserrate enderezaron
al áspero fragor, y en la distancia del camino largo
la comitiva santa se sumió.
Aun se alcanzaba de las altas torres
como leve pavor el polvo espeso que sus pies alzaban,
pero también al fin se disipó.
A Monserrate van. ¿Pero quien sabe lo que les guarda en su honda soledad el que posee del corazón la llave, eí que puede medir la eternidad? Si, Dios es Dios: y Dios tan solo puede romper el velo á la futura edad, solo á sus ojos el destino cede; Dios es la luz, la fuerza y la verdad.
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Entre los rudos peñascos que por la estension desierta de Monserrate , en las nubes esconden sus altas crestas ; entre los cóncavos huecos de sus oscuras cavernas, guarida oculta y salvaje de reptiles y de fieras: en medio de aquellos valles dó en lagos el sol fermenta los vapores que son nubes empezando en leve niebla: allí donde humanas voces á los ecos no despiertan , ni el humo de los hogares
en espirales se eleva, ée un gigantesco peñasco en la socavada grieta pasa sus dias un hombre en áspera penitencia. Rústico sayo le viste , é insípidas le alimentan agua de un arroyo manso, raices de cruda yerba : y á su escondida morada diez años há que no llegan mas que las águilas que hacen su nido en aquellas peñas. Una de techo le sirve, y audaz la naturaleza por un capricho inclinándola la colocó de manera que el corazón mas valiente temblara entrar bajo de ella, por miedo de que ai hundirse su sepultura no fuera. Tosca cabana de troncos espinos y ramas secas construyó alli el heremiía por su morada elijiéndola, y alli los dias y noches en soledad y abstinencia pasando , el cielo conquista y en paz á la muerte espera. Y ni el alma de aquel justo
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rumor mundano atormenta con sus pasiones mezquinas de vanidad y de tierra , ni su alma en sus devociones sumida, jamas recuerda los humanos devaneos, ni las delicias terrenas. En todo cuanto sus ojos en torno suyo contemplan á Dios solamente mira, á Dios nada mas encuentra. Las florecillas silvestres que escasas tal vez vejetan, los arbustilios que exhalan campesino olor, la tierra que da al gusano guarida y sustento á aves y á fieras , los mil vistosos insectos que por la atmósfera vuelan al sol tendiendo sus alas que sus rayos transparentan , todo, todo de su Dios el poder le manifiesta, y él le conoce y le adora en sus obras mas pequeñas.
Asi pasa Juan Guarino su virtuosa existencia siendo del cielo delicia
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y haciendo al infierno guerra»
Y aunque en el uno fiado tal vez al otro desprecia Satán que es muy poderoso fieros combates le apresta.
Y aunque con astucia inútil de continuo le guerrea
y con oración y lágrimas Juan de continuo le ahuyenta, es mucho lo que le irrita su virtud y penitencia para que Satán el campo de la tentación le ceda. Angel que bebió algún dia del manantial de la ciencia con que el Hacedor Supremo cuanto es y será penetra del corazón de los hombres conoce bien la flaqueza y por su entrada mas débil sus tiros sagaz asesta. Contrario irreconciliable del Dios cuya omnipotencia conoce, hollado y vencido por su poderosa diestra, ya que contra el mismo Dios volverse otra vez no pueda en buscar imperfecciones sobre sus obras se empeña.
Y de sus manos el hombre
siendo ía obra trias perfecta de su despecho á la saña es la obra mas espuesía.
Y c< i mió el es mundo ! » eselam» viendo la locura ciega
con que al pecado los hombres desbocados se despeñan. Mas cuando en medio su turba un justo á encontrar acierta por derribar á aquel justo olvida su raza entera.
Y • ay si á impulso de su astucia o de su malicia inmensa
logra engañarle ó vencerle, que tras la culpa primera tal vez le arrastra al abismo y á Dios insulta y blasfema,
Y asi de aquellos peñascos entre las cóncavas grietas entre consuelos y lágrimas que Dios y Satán le aprestan^ pasa el justo Juan Guarino su virtuosa existencia, siendo del cielo delicia y haciendo al infierno guerra.
De las agudas montañas tras de las enhiestas lomas una alborada de junio rayaba apenas la aurora. Ya el sol á través brillaba de nubes de azul y rosa con que al salir , los espacios del horizonte se alfombran; ya los purpúreos destellos de su lumbre creadora reflejaban del rocío en las cristalinas gotas y en las aguas del arroyo y en las relucientes rocas cuya superficie pulen los vientos que las azotan;
y á su influencia se vian de las quebradas recónditas elevarse transparentes nieblecillas vaporosas , y al reflejo de la lumbre que desde lo alto las dora tomaban ricos cambiantes y tintas encantadoras: ya de sus lóbregas grutas á las escondidas bocas los reptiles asomaban á ver su luz bienhechora, y abajo en el valle oscuro las avecillas canoras himnos cantaban al alba despertando bulliciosas : cuando saliendo Guarino á la entrada de su choza * y de rodillas poniéndose al Dios que amanece adora. Mas con harto asombro suyo rompiendo la pura atmósfera á sus oidos llegaron voces de humanas personas. Tendió la vista á la falda de las empinadas rocas y de gran tropel de gente las vió rodeadas todas. Todos los ojos se tienden hácia él, todas las bocas
le llaman, todas las manos suplicantes se le tornan. Delante de aquella turba por una senda tortuosa conduciendo un cortesano á una niña encantadora subia á espacio acercándose á su cabana. Medrosa el alma de Juan Guarino juzgando farsa ilusoria de tentación infernal cuanto ve sobre las rocas siguió orando de rodillas como quien sabe que logra vencer la oración constante las tentaciones diabólicas. Y en el espacio los ojos que le nublan ardorosas dos lágrimas penitentes en su devoción se arroba , sin que de la gente el ruido que ya de cerca le acosa su pensamiento distraiga, turbe su oración devota. Virtud que solo concede de Dios la misericordia á quien en él cree de veras, á quien de veras le invoca. Ante esta virtud sublime, ante esta fé religiosa t
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postraos enmudecidas mundanas pasiones locas. ¡ Callad y desvaneceos necias y mundanas glorias que el nombre de inspiraciones os apropiáis mentirosas! Inspiración del que cauta torpes y profanas trovas : inspiración del que pinta desnudez escandalosa : inspiración del que á mármoles dá provocativas formas, á esta inspiración postraos que es mas santa que vosotras ! Dios es el genio: él inflama su inspiración vigorosa en las almas que con ella á altas hazañas se arrojan. Dios es el genio : y donde él no enciende su luz radiosa ni hay inspiración ni hay genio, no hay mas que miseria y sombras.
Y esta inspiración divina es la que Guarino goza cuando Maria y Wifredo ante él humilde se postran.
Y de este célico arrobo es del que Guarino torna cuando estas palabras oye del conde de Barcelona.
— «Hombre santo, en quien habita el espíritu sublime del Dios cuyo aliento solo alimenta cuanto existe , mira á tus plantas y duélante dos seres á quien aflige pena por el cielo impuesta en su juicio incomprensible. Relámpago repentino cerró las puertas sutiles del ver á los claros ojos de esta doncella; y humildes á suplicarte venimos que otra vez los ilumines, y del Dios en quien creemos la grandeza patentizes.
JUAN GÜAKI1VO.
¡Apartaos, tentadores! ¡vagos fantasmas, huidme! Dios su poder no demuestra por instrumentos tan viles. Dios es grande, sí, muy grande mas prodijios tan insignes no ha de fiar á mis manos hechas de tierra y de crimen.
Dejadme, apartad.
En vano
vuestra humildad se resiste, la voz del cielo á estas peñas milagrosa nos dirije.
¡Señor, si me da el orgullo esta tentación horrible, si este poder me atribuye Satanás por afligirme, ó dadme fuerza Señor y fé para resistirle, ó mostrad vuestro poder , y que el soberbio se humille.
Asi esclamó el penitente y á la doncella la voz dirijiendo dijo: — «Eleva «mujer, en nombre de Dios, »ai firmamento los ojos »y alúmbretelos el sol.» Y obedeciendo Maria miró á los cielos y vio.
Postróse el conde de hinojos adorando al Criador: la comitiva asombrada por tierra se prosternó, y elevando Juan Guarino al cielo su corazón las manos al sol tendidas un punto en silencio oró.
Gozaba absorta Maria
de la luz el resplandor
por todas partes mirando
con grata enajenación ,
y pasaban sus miradas
en escrutinio veloz
de una peña en otra peña,
de una flor en otra flor,
recordando con delicia
las ideas que guardó
de su ceguera en las sombras
de la luz y del color.
Lanzó el infierno un gemido
de despecho y confusión
contra Guarino aprestando
todo entero su furor.
Y el justo que interiormente
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el ataque presintió, preparóse á resistir su mas fuerte tentación. Y comenzando avisado por el contrario mayor vuelto á Wifredo y su gente de esta forma Ies habló !
Ya Dios de remediaros fué servido: de vuestra alma adoradle en lo profundo, y apartaos de mi, que con el mundo no puedo nada de común tener. Mis votos escucharos me prohiben, y está robando á Dios vuestra presencia el tiempo de oración y penitencia de que mi salvación ha menester.
• Asi habló el justo y acojerse quiso al fondo de su gruta retirada, cuando Maria le atajó postrada cayendo ante sus pies hablando asi. »La luz de Dios por mis cegados ojos jd entró en mi pecho, y a su luz divina »la niebla del futuro se ilumina »y leo lo que guarda para mí.
»Las inmensas riquezas de mi padre »me elevarán un santo monasterio »en medio del silencio y el misterio »de esta estensa y desierta soledad. » Yo eternamente en su recinto sacro » alabaré de Dios la omnipotencia; j¡> y en él ha de acabarse mi existencia »y ha de empezarse en él mi eternidad.
»üe esta montaña en cuya escelsa cumi » volví á gozar la luz del mediodía »no bajaré ya mas; la planta mia »otra tierra á pisar no volverá.» Tembló al oir el penitente austero tan gran resolución, al punto mismo el lazo viendo que el contrario abismo tendiendo astuto á su virtud está.
Presentóse á su mente la grandeza de su alta santidad; mundano orgullo brotando cual vapor en su cabeza descendió á oscurecer su corazón , y un momento en la duda vacilando de la afanosa é interior pelea calló, temiendo que vencida sea la recta fé por mundanal razón.
A Maria con lágrimas Wifredo postróse á suplicar, pero fué en vano: ella le dijo cmo, padre: no puedo á la voz de los cielos resistir.» Tornó el padre á insistir y á negarse ella , la religión y el mundo largo trecho combatiendo de entrambos en el pecho... pero túvose el mundo que rendir.
Y alzando entre los peñascos de la desierta montaña cabe la de Juan Guarino otra rústica barraca , y el conde y los suyos yéndose á la ciudad mas cercana en la soledad dejaron á la doncella con lágrimas. Wifredo desde aquel punto las órdenes necesarias para alzar el monasterio espidió por la comarca. Cundió por ella el prodijio y á Barcelona llevándola la fama, la celebraron con fiestas y luminarias.