La cara de Dios · Capítulo real 2 de 12

ESCENA V

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

ESCENA V

ELEÍJTERIO y EUSTAQUIO por la izquierda

¿De modo que dices que tuvistes sonoche , una. entrevista con la Soledá? [Pero qué entrevistal Aquello fué el acabóse. ¿Y en qué está? En las mismas. ¿En que no?

Emperrá en que no. Ahora que de eso de que no, ríete tú, porque ya me conoces. Éleuterio, yo te voy á decir una cosa. Dila.

Yo de ti... yo de ti dejaba en paz á esa mujer, porque te has metió en un terreno falso, y de ahí no sacas ná; y se entera el marido, y ya conoces el genio de Ramón: en cuanto huela tanto así, te busca, sus enzarzáis, y al día siguiente una de las dos familias de luto; eso que no te quepa la menor. Miá, Eustaquio, si aprecias en algo el sosiego de tus narices, no me digas á mí gansás de esa especie, porque se me puede ir la mano, y perderíamos la amistad, porque no me gusta tener amigos chatos. Pero, ¿es que;, es una gansá aconsejarte el que la dejes?

(con labia.) Lo es. ¡Que la dejel... ¿Y me lo dices tú? Tú, que eres la única persona á quien me he confiao, y que sabes too, too 1q que hay

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arjní dentro .. ¡Que la deje!... Me haces ca^ ciios así, y el último, el más pequeño, toavía, clamaría por ella.

EusT. ¿Pero tan adentro te llega el taladro?

Eleut. Miá, Eustaquio, oyer por esa mujer tengo un inñerno aquí dentro; no ma" dao ni una alegría, pero ma hecho más negras las penas. ¿Tú ves que bebo y juego y alboroto y me río?... ¡Mentira! ¡Mentira too lo que sale afuera! Aquí drento no hay más que esa mujer, y su desprecio, que es un clavo que ma atraviesa el corazón, y me lo tie agarrao á un deseo de ella, á un ansia de su cariño que me trastorna y que me tié loco... ¡Que la deje!... Si me hubiese querío, quizás que á los cuatro días en paz... Pero aliora, ¡qué la voy á dejar!... S¿ la vida fuera este cigarro, y te dijesen: «Tírala cuando quieras», te abrasarías los déos y seguirías apretando con ellos!.. Pus eso hago yo: me abraso, pero no suelto. U esa mujer es mía, ú las de ver arrastra, t^rá en meta la calle como un guiñapo sucio... ¡Por éstas! (jurando.)

EijST. Pero, oye tú, Eteuterio, no hagas una burra,,

por María Santísima, que tú eres capaz...

Eleut, ¿Que si soy? Ya lo verás.

EusT. ¿Y qué ibas á hacer pa eso?

Eleut. Mira, Eustaquio, oye lo que no sabes. Soledad, dos años antes de casarse con Ramón,, estaba cola con Víctor.

EüST. ¿Aquel pintor?...

Eleut. El mismo.

EuST. ¡Rediez! (con extrañeza.)

Eleut. Ella le quería á morir; pero el hombre tenía sus compromisos, y dejóá la Soledá pa casarse con otra, con la que se marchó á Buenos Aires. Esto fué un año antes de separarme yo de la Encarna, con la que, como sabes, estuve haciendo vida... Víctor y Soledad se veían en mi «asa. De ésto no se ente- { ró ni el aire.

EusT. ¿Y Ramón no sabe nada de eso?

Eleüt. Toavía no. Por eso se casó con ella. Antes de marcharse Víctor, me dio un retrato que So-

ICleüt.

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leda le había dedicao, con frases que hablan solas, pa que yo se lo devolviese á ella. Ese retrato lo guardé yo, yo, porque ya la quería, y yo lo tengo, y anoche se lo dije clarito a feoleda. ¿El que?

Que se decidiera... y me contestara al venir a traerle hoy la comida á Ramón; porque hoy mismo, ú se lo entrego á él ú se lo devuelvo á ella. [A elegirl ¡Oye, tú, recontral... No hagas eso con Ramón, que le dabas una puñalá.

¿ Y á mí qué? (con desprecio.;;

¡Chist! Calla, miala. .

¿Quién?

La 8oledá, que viene.

¿Viene?... ¡Sí! Es verdá... Pus vete...

Tú, por Dios...

Arrea, hombre... déjame. (Empujándole para

que 68 vaya.)