La cuarterona, drama original en tres actos · Capítulo real 4 de 9
ESCENA DÉCIMA
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA DÉCIMA.
JULIA, GARLOS.
CARLOS. [Sin ver á Julia.) He endosado á Luis el resto de la danza, y vengo huyendo de ese salón en donde todo es tedio para mí... ¡Qué veo! jJulial
^Carlos! ¿Estaba V. tan mal en el baile, que así aband^^á su pareja? ¿Cuánto mejor no se pasa allí? Se baila, se g^^se ama tal vez ( en tanto que aquí se sufre, se llora).
Tú lo has querido... pero estás conmovida , sufres demasiado. Dices que allí se ama. ¿Quién? ¿Yo por ventura? ¿No has tenido la crueldad de decirme que amas á otro? ¡Oh! no lo puedo creer. Dime que has mentido para obligarme á obedecer á mi madre.
jOhl
Sí, has mentido , porque tú no piL-^.es amar á otro que á mí. ¿No es verdad que no amas á ow^*^ ¿que es á mí á quien amas?
Dios no lo quiere así.
¡Dios, DiosI Él nos ha puesto juntos en la misma senda. Los hombres, son los hombres los que pretenden separarnos. Dios quiere la fraternidad entre sus hijos. El no ha creado las preocupaciores sociales: él las combate con sus leyes de amor.
jAhl Carlos, huya V. de mí: piedad le pide mi corazón.
¿Piedad de tí? Pídeme amor.
¡Carlos, Carlos!
Pero tu acento, tus miradas, tu corazón te venden, ¡ahí Si no me amas, dímelo d^ otro modo para que lo crea.
JLUIA.
(¡Qué lucha, Dios mió!) Por Dios, que van á encontrarnos aquí... Hágalo V. por mí...
Por tí,*sí; por tí hasta mi vida, hasta mi felicidad.
No, tal felicidad sería un remordimiento para mí. Y luego, acaso algún dia^ su familia odiándome por haber ^ amado á V., viéndome como la mancha de su nombre. x sufrir su desprecio... [ahí ¡nol Y V. tal vez entonces., X'
Yo... ¿qué? /
Usted participando de su desden, de mi oprobio, de mi remordimiento...
Julia, estás loca; ¿qué profieres, qué pretendes?
jOhl no puede ser. Morir y nada más sólo me resta.
y CARLOS.
No, tu me amas,^;;^ amo y no puedo consentir en tu desgracia. Yo adorí< a Dios en tí , porque eres tú su ángel más hermos;>^ xláblenme de distancias sociales; las desprecio, y X< adoro.
^^ JULIA. [Con ternura,)
[Este la toma las manos,)
JULIA. [Retirándolas,) jAh! no, no.
ESCENA UNDÉCIMA.
Dichos. EMILIA y LUIS del brazo, han podido ver el movimiento de Carlos por retener las manos de Julia. D. GRISPÜLO y LA
GOiNDESA.
¡Qué veo!
JULIA Y CARLOS. [Con sorpresa,) (Ah!
Eso solóme faltaba; jqué osadíal (Se desprende del brazo
de Luis, y dice á D, Crispulo.) Señor, yo no debo sufrir semejante ofensa.
i Qué I
¿Qué me dices, hija mia? {Emilia le habla al oido.) Se- ^,^ ñora condesa, se hace á mi hija el poco favor de...
Cómo?
(¡DÍSNnio, ampararme!)
¡Creer que mi hija pueda aceptar semejante competencia!
Señor mió, no comprendo...
Pero yo no puedo consentir...
JULIA, (-á Carlos.) Silencio... o^
(jEsto se enreda; magnífico!)
EMILIA. í. '
No hay que dudarlo: aquí estaban muy asiQv^s de las manos.
jQué escucho!
CARLOS Y JULIA.
(¡Qué dice!)
EMILIA. (A Luis.)
¿"No es verdad, caballero?
Es... innegable.
Señora, ya V. lo ve.
Poco á poco: creo que ambos exageran... Carlos, Julia: expliqúense ustedes.
jLa muy atrevida!
({Cuando digo que la boda no se hará!)
Caballero, no está bien que Emilia insulte así á esa muchacha. (|OhI ¡quién lo imaginara!)
¡Sí, eso es; calle Y., papá, y deje que se me rivalice con. una... mulata! ^f^''
¡Señorita!...
I Ahí [Cae desmayada, en el sofá de la üquierda.)
CARLOS. [Acudiendo d ella,) jJulia!
CONDESA. [ínter 'poniendo se,)
Carlos, no es ese tu lugar.
No se apuren ustedes, es fingido: todas ellas son así... ¡tan melindrosasl
Señorita, ¡muy bj^l
,/?í;NDESA. [A D. Crispulo.)
Disimule^^esta ocurrencia. Yo tomaré un partido que pondrá ^^^da uno en su lugar.
Pero...
La boda no debe hacerse. Adiós, señora. Vamos, papá; basta de baile.
(Y no se hará, según parece.)
CRÍSPULO. [Yéndose del brazo con Emilia,) ¡Y todo ello por una mulata!
(Anda Luis, camina con valor tras [Indicando á D . Grispulo.) la fortuna.] [Vase tras ellos.)
CONDESA. [A Carlos en tono de reconvención.) ¡Carlos! [Vase á cuidar de Julia,) [(Jarlos permanece como abismado en su pensamiento.)
CAE EL TELÓN.
ACTO TERCERO
La decoración del segundo acto.
ESCENA PRIMERA.
LA CONDESA, JORGE.
Sí señora ; acaba de verla el médico , y dice que la calentura continúa bastante fuerte.
jPobre muchacha! Ha pasado una noche muy agitada. Yo estuve, como sabes, á su cabecera hasta más de las doce. ¿Dices que en lo restante no decaansó?
No señora; según Juana, que veló junto á ella desde que se separó su merced, ha estado Julia con mucha inquietud y como delirando. No ha cesado de hablar de la muerte y otras cosas muy tristes, nombrando á su merced y al niño Carlos á cada momento , en medio de palabras que no hemos podido comprender.
¿Y mi hijo?
Parece que tampoco la pasó muy bien ; le he sentido andar por su habitación toda la noche. Salió desde muy temprano y no ha vuelto; sin duda habrá almorzado fuera.
CONDESA. [Mirando su reloj.) jSon las dos de la tarde! Di á Juana que me espere en mi cuarto; allá iré dentro de algunos minutos; que no dejen un instante sola á la enferma.
Se hará lo que manda su merced. [Vase.)