La cuarterona, drama original en tres actos · Capítulo real 3 de 9
ESCENA SEXTA
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA SEXTA.
JULIA. (Sola.)
¡No se aman y van á unirse! El sí que van á pronunciar es una blasfemia: jen mis labios y en los de Carlos sería una verdad que nos abriría en la tierra un paraíso! Cuando pienso que podría decir á esa joven altanera: «Un puesto ue sólo el amor debe dar, no pertenece á V. ; V. es indigna e estrechar esa mano. Ese hombre tampoco la pertenece,
porque ama á otra, porque me ama, sí, á mí, y porque yo le idolatro. Usted con toda su soberbia no es capaz de comprender ni estimar ese tesoro. Ese tesoro pertenece á la pobre mujer que V. desprecia , pero que tiene más derecho que V. al puesto que fríamente le ha robado. Escuche usted, mujer vanidosa y yerta como el egoísmo. ¿Quiere usted hacer la prueba? Pronuncie el nombre de Julia á á los oídos de ese hombre, y verá cómo palpita su corazón.» ;Ah! sí , debe abrasarse al oír este nombre , como se abrasa el mío en estos momentos; sólo que él podrá ta> vez disimularlo, y yo estoy á punto de morir. No, no pu^-íTo más. No debo dejar que el ingrato me inmole así. ¿ÍD^.áto él cuando sólo aguardaba mi respuesta para ser xfio toda la vida? ¡Ahí la ingrata soy yo; jpero soy tan ¿graciada! Debo ir á impedir un enlace que me asesinar^ después... después moriré; pero mi muerte le deifífia desolado y triste; yo quisiera que fuese feliz... íI>w<s mío! ¡Dios mío! Serena mi frente, mi cabeza, porque/oy á volverme loca. — Viviendo él, quizá llegaría á am/íla... no, no; estoy resuelta: debo impedir tan sacríle^^O enlace; que viva y ame á quien yo no conozca, cuarn^ yo lo ignore y no pueda estorbarlo... Sí, sí, voy á imn^irlo, y sea lo que Dios quiera. fVa á salir y se detiene al yyr á Luis que viene de la calle.)
E§P^A SÉPTIMA. JULIA, LUIS,
I A],
Dígame V.... Carlos...
Está... no sé... ¡ahí (Se oprime las sienes en actitud desesperada,)
¿Qué tiene V. ? Está Y. muy conmovida; tranquilícese usted.
[Julia, muda de dolor y desesperación, le muestra con un consternado ademan á Carlos y Emilia que salen del brazo y seguidos de D, Crispulo y la Condesa. Y ase con precipitación por la izquierda.)
LUIS. [Solo.)
La turbación de esa joven , la repugnancia de Carlos hacia la boda... Yamos, aquí hay gato encerrado.
ESCENA OCTAVA. LUIS, LA CONDESA, D.CRISPULO, EMILIA, CARLOS.
En mi vida he visto novios tan frios; puede decirse que se aman con la más completa indiferencia.
comprende: la turbación del momento... porque al fin ,'N^aso es harto serio ; confío , sin embargo , en que semejar^ frialdad desaparezca tan luego como ambos tengan otS^on de conocerse más y de apreciarse mejor.
Hola, Luis, ¿q'T^^traes de nuevo? {A Crispulo y Emilia,) Mi amigo D. Luis cSi Robles.
[Sitúanse los interloculSres del modo siguiente: A la derecha la Condesa y D. Crispdo sentados en un sofá, conversan entre sí. Emilia, senSda junto al velador que habrá al otro extremo, se entretiSsen hojear un állum, Carlos '¡permanece dej^iéen el centroM^ la escena,]
({Callal Es mi enamorado incógniw
LUIS. [Después de saludar á todos en gdP^l, se dirige á
¿Al fin te has resuelto?
¿Qué quieres? Pero no me hables de eso.
Insisto porque me parece que no estás contento.
CRÍSPULO. [A la Condesa indicando una condecoración que él
lleva al pecho,)
Me la consiguió un amigo de Madrid; por cierto que bien cara me cuesta. No es esto decir que me deje llevar mucho de estos colgajos, pero ya comprenderá V. que suelen ser convenientes.
(Así dicen todos.)
LUIS. [A Carlos.)
¡Qué escucho! ¿Según eso, te alegrarías de que el casamiento no se verificase?
Cuidado, que pueden oirte.
EMILIA. [Dejando en la mesa el álbum,)
([Jesús, qué fastidiol Y ese joven es amigo de Carlos. ¿Qué se dirán?)
LUIS. [Reflexionando,] Un nuevo capricho de la novia produciria tal vez su resistencia al pactado himeneo; retrocediendo ella, tendría Carlos ocasión de hacer lo propio. En ello, el beneficio j/^ recibiríamos ambos; creo que puedo proceder sin ofep^r á mi amigo. Vamos allá. (^S^^ dirige d Emilia y sal'u^/,)
Caballero, tengo mucho gusto... (Me p^be todavía más simpático de cerca.)
jQué hace Luis!
CRISPULOy
¿Señora, no me oje V.?
jAh! Sí señor: decia Y/^ue se promete un asiento en el Senado. Creo que no s^^ difícil conseguirlo; tengo bastantes amigos en la^rte; ya se ve, el nombre de una antigua familia cojRfy á la que va V. á enlazarse, no puede olvidarse fácikiíente. (jQaé hablarán esos muchachos! Si vendrá eVp^co de Luis á entorpecer...)
EMILIA. [A Luis,)
Efifí'tivamente: la verdadera simpatía puede hacer de un recien conocido, un amigo de muchos años.
Observo que el novio está algo caviloso j como intranquilo: no es así como debe mostrarse un hombre tan dichoso. '
¡Dichoso! ¿Qué dice Y.?
Por lo menos, me inspira bastante envidia. Eso de verle amado...
¡Ya!
Por una señorita como V. . .
¿Amado? ¡Bahl
[Carlos^ que desde que presentó á Luis se ha mantenido paseando 2^ or el fondo como pensativo, al ver que la Condesa trata de hahlarley se acerca a ella,)
CONDESA. [A Carlos.)
¿Por qué abandonas tu puesto?
Déjeles V., señora. Están más á gusto que si yo les inTumpiera. Además, no debo desde ahora darla de ce-
Peroí ^ indiferencia no es oportuna.
Ella está m-ar contenta así. Ahora no bostezará como suele hacerlo á liri lado; él sabe hablarla como á ella gusta. Apuesto á q».*^. tratan de modas, de ópera y danzas, ó que murmuran de tdo el mundo. Ambos actores están en su cuerda respectiva, 4ástima fuera interrumpirles.
EMILIA (^ Z^Z^.)
Y dice Y. que Julia, esa jóv;^^ que tan mal criada y engreída tiene la condesa... jPuv«! no se ha de conocer I... Obsérvela Y. bien cuando la veL'-de cerca: la mezcla de sangre tiene señales infalibles. Usu-^ me dirá, que por qué soy tan severa con ella, cuando ha> '"(3jitos y tantas de su estofa en nuestra buena sociedad, que pVean por lo que no son; pero Y. comprenderá que los tales, p». ; lo menos, ya están admitidos. Así anda ello: es un agiacCm(íd\iñcable. '">
Un verdadero melange,
¿Cómo?
Lo mismo que baturrillo, mescolanza.
Sí, eso es. ¿Qué quiere Y.? Es una cosa insufrible.
(Cualquiera diría que esta Emilia no tiene^ nada que echarse en cara en la materia; pero eso, ¿quién lo sabe? No será ella por cierto quien lo revele.)
¿Qué decía Y.? Algo decía Y. entre dientes...
Nada absolutamente.
Vamos, ¿qué decia V.?
Que tiene V. sobrada razón, que es un melange insuppoT'- talle.
Sí, D. Críspulo, estoy con Y. en lo que me cuenta: esoí nobles de ayer son insufribles, al paso que la gent^/^^e cuño viejo es más tratable. Ya se ve: en éstos es m/aral lo que en los otros artificio. Sobre todo, \q^ alias Jr<}^^ ya hemos hablado... Sí, porque más bien pareceg^^odos que títulos.
, LUIS. [A Emilia.)
Pero ¿á qué ocuparnos tanto en o^en no lo merece? Hablemos del gran mundo, de aquo^s sociedades que he frecuentado y de que sería V. el^^amento más gracioso.
EMILj
¡Cuánto desearía conocer!^!
.UIS.
Y con sobrada razim^o desea Y. jQué lástima que una perla como Y. áetof^^lm, se vea distante de aquel mundo, en que podj^j^ucir sus bellísimos cambiantes!
Siento/ftie á papá no le haya ocurrido llevarme por esos manc^^ donde, como Y. dice y dicen todos, se vive tan bien y se goza tanto; pero papá con el cuento de los negocios... á lo menos tal es la respuesta que siempre ha dado como disculpa á mis indicaciones de viajar... Pero á pesar de todo, Y. no habrá encontrado nada como nuestra Habana.
Es ciertamente grande el cariño que profeso á mi ciudad natal ; pero tengo que confesar que es un villorrio comparado con las famosas capitales de que hablo á Y.
En verdad que si por algo consentiré en casarme , será por hacer que mi marido me lleve á viajar, á París sobre todo; iqué hermoso debe serl
iOh, ohl
A pesar de que no sé si Carlos pensará también salirme con el impedimento de los negocios; pero no debe ser así, porque yo no pretendo viajar con el dinero de él ni de nadie, sino con el mió, con el que papá ha trabajado y está ganando para mí.
Justamente.
ira que yo sea muy rica siempre y haga mi gusto.
■jSopTS'lvva veríamos.)
« Por eso querrla^saber antes de Casarme , si mi marido
será tan complaciuíite como papá.
Aun es tiempo. ,
EMTLIA.
¡Cómo!
CARLOS. {Que los observa ^^ vez en cuando.) Cuando digo que Dios los cria y Jlos se juntan...
(Tiempo es ya de interrumpir la conversen v'on de aquellos niños.) Continúe Y., Sr. D. Críspulo. (Agraavr''.canme que no quiero parecer á Emilia demasiado importuu..^^j^ que si no...) [A Oris^ulo.) Bien, muy bien, amigo vsi\o.\Mto.) Vamos , pronto sonará la orquesta. [Al ver que algunos caballeros y señoras pasan por el foro con dirección al salón,) Ya los convidados inundan el salón. He querido festejar á los novios con un poco de música y baile, no tanto porque me place celebrar este dia , cuanto para que vean ambos, que no soy intolerante con los placeres de la juventud. Todo va á ser alegría. [Se oye una orquesta que toca danza criolla.) A propósito, ya tocan una danza.
|Ah! ¡qué bueno!
¡Qué oigo! Esta -danza es ¿para quién?
Carlos, la primera es de rigor.
Sí señora , haré lo que Y. ordene. (Estoy hecho un autómata.) Emilia... [Invitándola.)
EMILIA. [A LiiiSy indicándole á Carlos co?i pesar mal
disimulado.)
Ya V. ve... Bailaremos la segunda.
LUIS. [Alto.)
Muy bien. [A Emilia.) Ya á parecerme demasiado larga. (Esto va en popa, y no pierdo la esperanza. ¡Dirá Carlos, que no sirvo para nada ! En este terreno le desafío. Q^jvenga aquí con sus librotes y su juicio. ¡Bah, bali^. ^ dñ! [V ase tras la pareja.) ^.^^
Yamos también.
Los que ya no bailamos... En fin , buscaré á B. Serapio y jugaremos al tresillo. [Yase dando el hrazo á la Condesa.)
ESCENA NOVENA. JULIA, lu/;go JORGE.
JULIA. [Soliendo p0- la puerta de la izquierda.)
jSe van á bailar! Wias tienen galanes, amigas, y yo... no tengo una sola^/í?niga, y el que podría ser para mí otra cosa más grat^-^írcaba de serme robado.
^-^ JORGE. [Con librea de gala.)
jCói^i^ Julia! ¿Qué haces por aquí? jAh! j qué cara tienes ^Mn demudada! Tá sufres; cuéntame. Sabes que si ellos te rechazan, yo soy tu amigo. \ Pobre Julia I ¡ Si supiesen que á pesar de tu clase, podrías ir y decirles tantas cosas! Cosas que harían temblar á alguno de los que se están divirtiendo en ese salón. Mi señora no ha debido ocultártelo tanto tiempo; pero ella calla, yo debo también callar; guardaré silencio... Además, no sé si mis palabras te harían más desgraciada.
¿Qué dices, Jorge? No te entiendo.
Es una historia que cada vez que te veo triste, y sobre todo, cuando comprendo por qué lo estás, viene á mi memoria. Pero se acerca mi amito, y voy á servir á los Mancos. Ea, Jorge, ciérrala boca, y á tu obligación. [Vase hacia el salón de baile.)
- 49