La mujer, apuntes para un libro · Capítulo real 2 de 21
CAPITULO PRIMERO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPITULO PRIMERO.
La educacion.
Pregunto: ¿tienen todas las mujeres igual carácter?
Respondo: de letra, sí.
Si el carácter de letra viene á ser una especie de retrato moral del individuo, convengamos en que las mujeres son simplemente copias de un mismo original: ese original se llama Eva.
Pero no hablamos del carácter de letra : hablamos del carácter sobre el cual, contra el cual, 6 á favor del cual ejerce su vasto influjo la educacion.
Rectifiquemos: donde dice ejerce, léase debiera ejercer. |
Para escribir de la mujer, decia no sabemos qué
poeta , es preciso arrancar una pluma de las .alas del amor: para escribir de la educacion de la mujer es preciso mojar en sangre del alma, que tal nombre da San Agustin á las lágrimas, esa pluma arrancada de las alas del amor.
¡Carácter! ¿Y quién lo forma? ¿Y quién lo reforma?
Todas las mujeres son lo mismo: tienen razon los que lo creen.
Entre cada dos mujeres media un mundo: dicen verdad los que tal dicen.
La mujer es un ser indefinible, porque es un ser ineducado.
Su natural ternura produce la. inconstancia: su natural debilidad produce el orgullo: la primera es su arma ofensiva; la segunda es su arma defensiva: mientras la educacion no le enseñe á usar convenientemente de esas armas, la infeliz mujer se espone todos los dias á suicidarse con ellas.
La historia de la humanidad no podrá escribirse ínterin la educacion se limite á una parte de la humanidad.
El mundo no sabe todavía lo que es la mujer, porque la sociedad le cierra la boca desde que nace hasta que muere.
¿Qué aprende hoy la mujer como base de su educacion? Aprende á falsificarse sin cesar, á no tener un
sentimiento que no ahogue, una opinion que no oculte, un pensamiento que no disfrace.
Confesemos que eso no es educacion: eso es un verdadero estado escepcional; es un bloqueo intelectual que opone la humanidad vigorosa y robusta á la humanidad débil y mudable.
Todas las mujeres se parecen, son lo mismo.
Cierto: como se parecen todos los objetos en la oscuridad; como se parecen todos los sonidos para el sordo y todos los colores para el ciego. |
Educadlas : desarrollad su carácter, formad y reformad sus inclinaciones, y la luz brotará para ahuyentar las tinieblas, y al punto los objetos dejarán de ser idénticos: dad oido al sordo, y los sonidos no le parecerán iguales: dad vista al ciego, y observareis cómo distingue los colores.
Entre cada dos mujeres media un mundo.
Cierto: como puede mediar entre dos sonidos toda la escala cromática; como puede mediar entre dos temperamentos toda la naturaleza física.
Educadlas: dirigid sus instintos; soltad ó reprimid segun convenga; modulad los sonidos; modificad, hasta donde es posible, los temperamentos, y percibireis muy luego la armonía, y lograreis quizá la simpática reciprocidad de caractéres opuestos.
Si la verdad y la bondad deben considerarse como
la sávia del árbol de la inteligencia y del árbol de la virtud, la educacion es el sol á cuyo influjo crecen y se desarrollan y dan precioso fruto. La educacion es la vida.
¡Cuántos errores se cometen á propósito de la educacion |
Descendamos á la observacion práctica: refirámonos desde luego á la actual sociedad.
La mayor parte de las gentes confunde la educacion con la instruccion.
Es un error gravísimo.
Hay hombres instruidos que están muy mal educados: hay, por el contrario, muchos ignorantes que cautivan por su buena educacion. Apelamos á la experiencia diaria.
Entre un sabio sin formas sociales y un ignorante humilde y cortés, es mil veces preferible el ignorante.
La educacion es de mas importancia que la tnstruccion.
La primera se dirige principalmente al corazon; la segunda á la inteligencia.
Eduquemos á las mujeres, é instruyámoslas despues, si queda tiempo.
Y decimos esto, porque la mujer há menester educacion especial en los diversos estados de la vida.
La escuela de madres de familia, ensayada no há muchos años por un insigne español, es uno de los pensamientos mas grandiosos que pueden concebirse y realizarse en bien de la humanidad.
Porque, como ha dicho un gran escritor, educar á un hombre es formar un individuo que no deja nada tras de sí; educar á una mujer es formar las generaciones que están por venir.
Y sin embargo, en España, ó se confían las niñas á la direccion incierta de unas ayas advenedizas, ó las educa cada madre segun la suya le enseñó, y á salga lo que saliere.
De donde se deduce que en punto á educacion femenil reina el empirismo más absoluto, ó como si dijéramos, el más bello desórden.
La humanidad progresa á medias, La educacion de la mujer á la mitad corrida del siglo xrx apenas puede Compararse con la que se daba y recibia á la mitad del siglo xvu en la época de las dueñas taimadas y de los pajes ladinos: no obstante, hoy, como entonces, se procede en la educacion por una série de engaños.
La niña aprende á disimular, y enseña más tarde á la mujer á engañar.
Aprende á afectar silencio, y ese gérmen de afectacion produce luego el amargo fruto de la locuacidad.
Aprende á estimar en mucho sus dotes de hermosura y su condicion de mujer; y esa ciencia peligrosísima trae por legítimos corolarios el orgullo y la coquetería, la frivolidad y la inconstancia.
Se dice á las jóvenes que valen mucho, y no se les dice cuánto.
Se las avisa de que hay grandes riesgos en la sociedad, y por todas armas se les entrega una coleccion de novelas y un caudal de frases más ó menos castizas y aceptables. Así entran de ordinario en el gran mundo las que van á ser madres de familia y á formar el corazon de otros séres quizá más desgraciados que ellas mismas.
La nube de lisonjas que rodeó á la niña, oscurece la atmósfera y turba la vista de la mujer.
La flor de su cabeza ó el adorno de su cuello importan más á sus ojos que los pesadísimos libros de historia y los indigestos de geografía. Tal vez á los diez y siete años de edad juzga ya el matrimonio como un paso muy razonable y en extremo sencillo. Tal vez tiene accesos de melancolía, y aun en algunos momentos le fastidia la existencia.
Esa edad puede considerarse como la zona tórrida
en la esfera de la vida. ¡Dichosos los que la cruzan con felicidad !
Poco puede esperarse de un país en donde cada marido tiene que educar á su consorte; en donde apenas se distinguen de ordinario la carta escrita por una dama de tono y la carta escrita por la última de sus servidoras.
El célebre econemista J. B. Say ha dicho, y con justicia, que por la educacion de las mujeres debe empezar la de los hombres: igual principio se ha consignado tambien por el sabio Mirabeau.
Esto prueba que en los tiempos de Say y de Mirabeau no estaba mucho más floreciente que hoy la educacion de la mitad más bella de la juventud.
La humanidad es siempre la misma. El hombre, física y moralmente, excede en fuerza y vigor á la mujer; y allí donde está el exceso de fuerza, está asimismo el riesgo de la opresion: la superioridad en este caso toca ya con la frontera de la tiranía.
Es más noble, más delicado y más justo que el hombre eduque, que no que el hombre avasalle á la mujer.
Si es rey de la naturaleza, no olvide que la mujer
es la reina. No olvide que la mujer fué su madre, y que es ó ha de ser la madre de sus hijos.
Entre una mujer sin educar y una mujer mal educada, la primera no puede hacer el bien; la segunda - hará irremisiblemente el mal.
La mujer que el mundo llama despreocupada, y el diccionario incrédula, se nos figura un ser inverosímil, absurdo, la negacion de sí mismo.
Este tipo no debe existir: si existe, que lo dudamos, será solo una manifestacion lamentable, una fórmula de la mala educacton..
Al tratarse de la educacion de las mujeres, .caminamos de anomalía en anomalía.
Cuanto más el hombre abandona ese punto importantísimo de la vida social, más crecen sus exigencias, más rigorista, más inflexible sé muestra.
Si se proporcionasen á las mujeres los medios de adquirir la milésima parte de las dotes morales que en ellas se reclaman cada dia, menos lúgubres fueran hoy nuestras apreciaciones.
Examinemos rápidamente:
No se las ha enseñado á soportar un contratiempo ni á privarse de un capricho, y se quiere que tengan la condicion apacible y. tranquila.
No se las ha enseñado á obedecer, y se extraña que sean altivas.
_Se- han ponderado constantemente sus gracias y exagerado sus perfeociones, y se lleva á.mal que sean orgullosas.
Se las ha hecho apartar de los pobres y de los desvalidos por miedo de que ensucien sus vestidos, y se anhela que sean caritativas. |
Se les ha dicho que casarse es tomar marido, y se critica que se apresuren á aceptarlo.
Se les han descrito con negros colores la perfidia de los hombres y la emulacion de las mujeres, y se deplora que sean egoistas.
Se las ha educado, en fin, 4 lo mujer, y se siente que lo sean.
¡Oh! ¡Cuándo se convencerán los padres de que la carrera de madres de familia que deben dar á sus hijas es más larga, más costosa y más dificil que la carrera de abogado, de médico ó de ingeniero que proporcionan á sus hijos!!!
Porque al decir educacion, no queremos decir en absoluto enseñanza.
Si educar es preparar convenienternente para la vida ulterior, prepárese á la niña para ser mujer y no para ser hombre; cultívense al mismo tiempo su cabeza y su corazon, su inteligencia y sus afectos.
Con la lectura excitais su: curiosidad, con el baile agilizais su cuerpo, con la historia y las lenguas nu-
trís su cerebro: ¿cuándo ní cómo despertais su alma?
El alma permanece como dormida.
La sociedad actual vive de lo presente, y parece como que educa para lo presente: el dia que eduque para lo porvenir, quedará resuelto el gran problema de la educacion, formulado antes de ahora en esta profunda frase: infundir y fortificar en la mujer una virtud ilustrada más poderosa que los infortunios que la esperan y más dulce y arrebatadora que las seducciones que la amenazan.
Tiene mucha razon un gran poeta filósofo de nuestros dias, cuando dice que la ignorancia es la orfandad del alma, y la educacion una verdadera transfiguracion, un organismo científico con que se modifica, y á veces se suple el organismo de la naturaleza.
¡Que no olviden los padres esta máxima; que no la * olviden tampoco los gobiernos, á quienes toca proteger asiduamente los verdaderos y legítimos progresos de la civilizacion !
Padres y gobiernos procuren sembrar antes que todo el gérmen de la virtud : del corazon á la inteligencia es más fácil el camino, que de la inteligencia al corazon.