La mujer, apuntes para un libro · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

LA MUJER.

LA MUJER,

APUNTES PARA UN LIBRO

POR

D. SEVERO CATALINA,

(DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA.)

Segunda edicion aumentada.

MADRID, 1861. 4. de San Martin, Editor.

VICTORIA, 9.

7 An A La Ear Ae cita

A no NS AZ

PRÓLOGO.

e e.

Este libro, ¿es una apología de la mujer, ó un libelo contra el sexo femenino?

Las infelices mujeres, seducidas por la mágia del estilo de este escritor, como Eva por la serpiente, leen este libro con una credulidad inmensa, que hace mucho más honor á su corazon que á su cabeza. Lo que prueba que las mujeres siempre se siguen perdiendo, no diremos, como ellas mismas, por ser demasiado tontas, sino por ser demasiado buenas.

No leais este libro, pobres hijas de Eva, si no quereis ser engañadas por la mágia de su estilo, como la buena de vuestra madre por la astucia de la serpiente; venid conmigo y en compañia del autor, habil piloto, que sabe bordear tan perfectamente las simas y bajios del océano del amor, daremos la vuelta juntos alrededor del mundo moral de las mujeres. Porque no sé si habrá llegado á vuestra noticia que, desde que Dios

EPÍLOGO.

a o

Hay quien opina que todo el que escribe ó habla acerca de las mujeres, debe reservarse el derecho de arrepentirse mañana de lo que hoy escribe ó habla.

El autor de estos APUNTES renuncia solemnemente á ese derecho.

Ha consignado lo que estima verdad; y de la verdad no cabe arrepentimiento.

Ni rinde culto al genio del positivismo que deprime á la mujer, ni al genio de la fantástica idealidad que aspira á divinizarla.

La figura de la mujer aparecerá siempre en todos los grandes cuadros que representan la historia de la humanidad.

En la portada del mundo antiguo, Eva; la madre en la naturaleza humana, la autora del gran cataclismo del Eden,

vn!

idas (¡gracias, Sr. Catalina!), cuando dice que la educacion es una verdadera transfiguracion, un organismo científico con que se modifica, y á veces se suple el organismo de la naturaleza.» —Gracias, vuelvo á repetir; pero yo, que no quiero dejarme corromper por vuestras lisonjas, debo decir en defensa de las pobres mujeres, que concediéndolo todo á la educacion, os exponeis á colocarlas en la misma condicion en que están las monas que adiestran los piamonteses. —Y además decis: —«Que la niña aprende á disimular, y enseña más tarde á la mujer á engañar.» —¡Qué horribles verdades! ¿Pero es para eso para lo que preconizais la educacion? Y añadis: «Que la mujer es un ser indefinible, porque es un ser ineducado.» ¡ Ah! ¡traidor! ¿Es un ser ineducado, ó lo creeis más bien un ser ineducable?

¡Al fuego, Leonor, al fuego! No vaciles en quemar un libro en que se llama grande á Shakespeare, á un autor inglés que dice: «Que la mujer es un manjar digno de los dioses, cuando no lo guisa el diablo.»— Lo que el libro del Sr. Catalina debiera decirnos, para no ser quemable, es —«cuando no lo guisa el diablo;»— pero no nos lo dice, sin duda porque cree, como el inglés, que no deja de guisarlo nunca, y asi es que añade , de conformidad con otro autor :—«Que el orgullo nos pone á merced de cualquiera que guste tomarse la molestia de lisonjearnos.» —Quema, Leonor, quema sin piedad; porque eso sin duda lo dice por ti. ¿Te acuerdas?....

Si no estuviera tan de prisa como ya he indicado al principio, me detendria un poco en el párrafo de la constancia. Pero ¿quién se detiene ni siquiera un poco con semejante bicoca? ¡La constancia! ¡la constancia!

creyendo que estábais todavía lindas, como hace veinte años. Pero ¡ay! francamente, ¡á algunas os encuentro tan flacas!.... ¡á otras tan gordas!..:. que yo - crei que con vosotras hubiera formado una coleccion de Willis, y..... ¡perdonad ! pero me pareceis el coro de las brujas de Macbeth. Pero aguardad, no os vayais; para suprimir el tiempo, ese eterno enemigo de vuestra belleza, evocaré tambien las sombras de E. F. G. H., ¡esas pobres amadas que ya han muerto, y que, como ya han muerto, siempre son en mi pensamiento las eternas hijas de las rosas y nietas de los jazmines! ¡Bien venidas seais, lo mismo las viejas que habeis sido jóvenes, que las jóvenes á quienes la muerte no ha permitido que llegáseis á viejas!

Formad corro en torno mio; pues en holocausto al amor que os he profesado, ó que al menos he creido profesaros, Voy á pegar fuego en esta hoguera al L1- BRO DE LA MuJEr , de D. Severo Catalina, un catedrático de hebreo, tan precoz conocedor, critica y filosóficamente, de todas las que sois hebreas y de las que no lo sois, que habiendo llegado apenas á los veintiseis años, en el primer libro que ha escrito, ya no solo os pinta como sois, sino como suele decirse que sois. ¡Qué horror!....

¡Al fuego! ¡al fuego! Si esto escribe de vosotras á los veintiseis años, ¿qué no será capaz de escribir á los cincuenta ?.... :

Empecemos nuestro viaje, Ó, lo que es lo mismo, comencemos vuestro calvario.

Despues de decirnos en la Introduccion, como de paso, que la mujer no es nada, pasa en el capitulo de La EDUcAcIon á decirnos que puede serlo todo.—«Tiene mucha razon un gran poeta filósofo de nuestros

Nuestro autor, con una práctica digna de un consumado matemático, acepta la reduccion de la constan» cia á un cálculo numérico, que daria envidia al economista Malthus:—«La mujer que os ama, y de la cual os alejais, contará al principio por minutos el tiempo de vuestra separacion; si le escribis, comenzará pronto á contarlo por dias; un poco más tarde lo contará por semanas; luego por años, luego..... no lo contará: terminará la cuenta por el cero del olvido.» — ¿Es decir, que para asegurarse bien de la fidelidad de una mujer, es menester tenerla como una plaza enemiga, ocupada siempre militarmente ?—«A los tres meses de ausencia prescribe la fé jurada.» —¡Demasiado lo sabia yo! Esto es, ¡demasiado lo sabemos todos!

¡Leña al fuego, Mercedes; leña al fuego! Pues en el capítulo de EL Amor, esa otra bicoca sublime, oid lo que el Sr. Catalina dice , si es que teneis valor para escucharlo:

«Es fijo (¡y tan fijo!): las mujeres que más blasonan de invulnerables á los tiros del amor, se parecen a los niños , que cuando andan solos y de noche, cantan de miedo.»—¡A cuántas he oido yo cantar de miedo! Yo creo que no he dejado de oir cantar á ninguna. ¡Hasta recuerdo que yo tambien he cantado algunas veces un poquito!....

«Conviene, añade, que las mujeres amen mucho, pero honestamente; y escriban poco, pero de tarde en tarde.»—Más claro, conviene que no ameis ni escribais. Nos conviene que seais unas máquinas, que por medio de una virtud magnética no os movais más que á impulso de nuestro libre albedrío. Nos conviene, segun las palabras citadas, que seais unas po-

bres ánforas vacias de ese eeleste licor llamado el espiritu.

¡Leña al fuego, Isabel, ¡ay! leña al fuego! Pues hablarido de En MarrimoNIO0, de esa única ocupacion de vuestra vida, eopia de otro autor, con una sonrisa que da ganas de llorar:

«El matrimonio es de todas las eosas sérias la más divertida.» ¡Ah bribon de autor! Como alguna de ellas te coja en sus redes, ya te hará pagar cara la diversion. ¿No es verdad, Isabelita? Yo no quisiera - calumniar los pensamientos del Sr. Catalima; pero, despues de leido el capitulo de Ex MarrIimonNI0 , se me ha ocurrido, no sé por qué, este problema histórico: «Si Tarquino hubiera sido un caballero particular, de esos que las mujeres llaman una buena figura, y en cuya discrecion eonfian absolutamente, ¿hubiera Lucrecia sido tan fied?....»

¡Soplad, soplad todas á esa hoguera ! Pues ese libro es la historia de vuestros extravios y de vuestras ridiculeces. Su autor os persigue á todas partes para hacer vuestra autopsia con una galanteria muy pérfida y con un escalpelo muy fino. Desde el capitulo titulado Los ExTRrAvVios, donde si no lo adopta, tiene el valor de copiar el axioma de que — «la debilidad (no es esta la palabra) es un mal necesario,» pasa al de Los EsPECTÁCULOS , donde á la luz de mil bujias se constituye en el Figaro de los dramas interesantes ,—«no anun- _ciados en el cartel, »—y despues de revelarnos lo que decia una noche cierta dama ,—«voy á desnudarme para ir á un baile,» coneluye dándonos, á nombre de . otro, la agradable noticia de que el bastonero de los bailes es....—¿quién dirán ustedes?—;¡Satanás!

Es ya manía vulgar de todos los escritores la de

sacar á bailar al diablo cuando se habla de las mujeres. Yo no me acuerdo del diablo, pero despues de leer los parrafos relativos al baile y los espectáculos, me hago, sin querer, la siguiente reflexion : —«¿ Por qué el mal (no digo el diablo) tomará tan frecuentemente la forma de mujer?....»

¡Quemad todas, seguid quemando! Porque despues de echaros en cara en el capitulo de La Moba, con un sarcasmo que os hará estremecer las carnes, —«que la virtud es la única moda que nunca ha de cnvejecer,» —penetra en las tertulias, ese bolsin del amor, donde el que no gana el amor por sus puños, cotiza las pasiones en aquel establecimiento medio á oscuras, á cambio , no de moneda, sino de papel mojado. Este capitulo, lleno de color local subido, propio solo de un pais donde ha prevalecido en varias clases sociales cierta influencia monacal, tiene un no sé qué de positivo, de material, de casi pútrido, que, aunque admira el cuadro por la exactitud del dibujo, causa náuseas por la verdad del asunto. Y en el fondo del asunto tambien hay alguna exageracion, pues asi como no hay ninguna mujer que sea platónica toda su vida, no hay ninguna tampoco que deje de entregarse al platonismo a ratos perdidos.

Y luego..... ¡quemad! ¡seguid quemando! porque voy á hacer volar la mina. Y luego..... no vuelve á hablar de Satanás, no; habla de otra cosa peor; habla de vuestra edad !

¡ Vuestra edad ! Misterio más insondable que vuestro mismo corazon. —«Apenas, dice, existen mujeres . de cuarenta ni de cincuenta años.» —Es cierto; la que más dice que tiene treinta.

¡Fuego! ¡fuego! Pues de ese infernal capitulo de

La Epap se puede deducir lo siguiente: Preguntad á una mujer los años que tiene, añadid la pequeñez de mil años á los que ella os confiese, y esa es su edad infaliblemente.

Dejemos la cuestion de vuestra edad, esa cuadratura del círculo de vuestra vida, y pasando por alto el capitulo de La CURIOSIDAD, que nuestro autor compendió de este modo: —c«la historia de la curiosidad es la historia de la mujer;»—dando á entender que no hay mujer posible que no sea una posible Eva; continuemos con el de La FrIvoLIDAD, esa arma la más séria y la más temible de las mujeres, que resume en este párrafo :—«Los hombres meditan muchas veces frivolamente, y hablan con la mayor gravedad : las mujeres muchas veces meditan gravemente, y hablan con la frivolidad más insigne.»

Y acabernos por fin, porque ya me duele el alma de oir hablar mal de vosotras.

Llega el capitulo de EL Estupi0, en el cual el autor concede á la mujer (¡oid, que ya os concede alguna cosa!) nada ménos que las tres potencias del alma; que parece que hasta os las habia puesto en problema, la memoria, el entendimiento y la voluntad. ¡Gracias á Dios que os concede algo! Pero es tan poco, que.....

¡Fuego! ¡fuego!

¡Mas, no! Yo, á pesar de mi cualidad de filósofo personalista , y que, por consiguiente, debo ser poco apasionado de las semi-personalidades , en lo cual estoy de acuerdo con la reina Cristina, que decia:—«me gustan los hombres, no tanto porque son hombres, cuanto porque no son mujeres;»—no puedo ver correr las llamas impasiblemente para devorar páginas que parecen escritas por Juana de Arco, por aquella

heroina que pedia á Dios en sus oraciones— «¡un gran corazon, y nobles pensamientos!»

¡Alto el fuego, queridas quemadoras de mi corazon, si no quereis ver arder entre páginas que os calumnian, renglones que os divinizan! ¡Alto el fuego! Pues yo, por más que, como Sócrates, tema más al amor de una mujer que al odio de cien hombres, no puedo ver arder indiferentemente ese capitulo de La PoBREzA, que tan bien describe asi nuestro siglo: —«Al hablar de la mujer, preguntaban nuestros abuelos: —«¿ es honrada ? »—Nuestros padres solian ya preguntar: — «¿es hermosa ?» —Nuestros jóvenes de la actualidad preguntan simplemente: —«¿es rica?»—¿No es verdad que esta sátira del siglo es muy corta, pero muy buena?

Pues si entrais en los capitulos de La PROFESION RELiGIOSA y LA HERMANA DE LA CARIDAD, de Seguro no salis sin rezar antes de agradecimiento dos Ave-Marías y una Salve por el alma del bendilo autor, que os llama dichosas —«al penetrar en el alcázar de la castidad, de la pobreza y de la oracion.» —En esos lugares de abstinencia, de sacrificios y de abnegacion , os pinta el Sr. Catalina como si fuéseis unos Napoleones con faldas; pero, en su concepto, sois más valientes que Napoleon; pues este solo vivia en los paises en que habia gente que matar; y vosotras, segun el autor, — « vivis en todos los paises donde hay lágrimas que enjugar y males que compartir.»-—Napoleon adquiria laureles á cargas: para las mujeres —«no hay en la tierra premio para sus beneficios, ni corona para su heroismo.»—Jamás podreis pagar al Sr. Catalina el honor de haberos hecho más grandes que Napoleon, sin más trabajo material, á los ojos del vulgo, que

confeccionar compotas, hacer puntillas y dar tazas de caldo a los enfermos.

Pero , sobre todo, ¡alto el fuego! ¡y fuera sombreros, Ó, por mejor decir , fuera capotas ! Voy á hablar del capitulo de La MATERNIDAD; de esa gota de agua de un Jordan, que bastaria para purificar todos los defectos de todos los libros del mundo.—«El ser que vilipendiais, dice el autor, ha dado vida á vuestros héroes y á vuestros sábios.»—Yo no he hablado nunca mal de las mujeres, pero si lo hubiera hecho alguna vez, al leer esto no tendria inconveniente en ponerme de rodillas y exclamar con contricion verdadera: —«¡Perdon !» —Sigue el Sr. Catalina: —«¡Detractores sistemáticos del que llamais sexo débil, recordad que habeis tenido madre, ó que la teneis todavia!» —Repito que yo nunca he hablado mal de las mujeres , y que si lo hubiese hecho alguna vez, al leer esto otro me prosternaria de hinojos gritando :—«¡ Perdon! ¡perdon !»

—«Los que al nombre y á la memoria de madre no sintais latir de entusiasmo el corazon, apartad, alejaos!»—Si, si, que se aparten , que se alejen; y además de apartarse y alejarse, ¡malditos sean por todos los siglos de los siglos!

Cuerpos de A. B. C. D. que aun estais vivas, y vosotras sombras de E. F. G. H. que ya estais muertas; me arrepiento de haberos propuesto el auto de fé de un libro que contiene un capitulo como el de La MaTERNIDAD, y en consecuencia os conjuro á que, como el antiguo romano, tendais la mano al brasero, y sin miedo de quemaros salveis de la destruccion un libro cuya pérdida lloraria la posteridad.

Quiero que admire el porvenir un Scévola con guardapiés. La que se sienta fiel, que tienda la prime-

ra la mano. ¡Animo, antiguos pedazos de mi corazon! ¡No temais; la fidelidad es incombustible! ¡Animo, pues! ¿No hay ninguna de vosotras que tenga la confianza de su incombustibilidad? ¿Temeis acaso todas quemaros los dedos? ¡Cobardes ! Conozco la razon de tanto miedo; mas la callo en obsequio vuestro.

Pero, ahora que caigo en ello, nuestra obra de destruccion es completamente inútil, porque.....¡ Mirad! ¡Mirad! Por entre los claros que deja el humo que levanta la combustion de su obra, se percibe la cara del autor con una sonrisa sarcástica , burlándose del impotente despecho que nos ha convertido en los inquisidores de su espiritu.

¡Por vida de nuestro amor, y cómo ciega!

Hasta que he visto la risa incisiva del autor, no habia caido en que es inútil que quememos el libro del señor Catalina, pues no es más que una copia sacada al daguerreotipo del precioso original que, ó no ha de haber hombres en el mundo, ó vivirá eternamente. —¿ Que cuál es el original del libro del Sr. Catalina?—;¡ El original, almas mias, sois vosotras mismas!....

¿Quereis que quememos el original para que, no pudiendo sacar más copias, no se puedan escribir más libros contra vosotras?....

RAMON DE CAMPOAMOR.

Madrid 1.” de enero de 1858.

INTRODUCCION.

«Siempre habrá cosas nuevas que decir de las mujeres, mientras quede una en la tierra.» Así lo ha consignado un gran escritor. Sus palabras sirven de disculpa al autor de estos APUNTES.

Un libro más acerca de las mujeres viene á ser una gota de agua vertida sobre el Océano, ó, como si dijéramos, una nueva sofistería en el campo de la política,

La ciencia de la mujer se parece mucho al patriotismo y al desinterés; muchos hablan de ella, y pocos la poseen: esa ciencia no es, como todas las otras, un sistema de verdades más ó menos perfecto : es por sí

sola el sistema de todas las verdades y de todas las

mentiras: es la afirmacion de las afirmaciones; la negacion de las negaciones; la síntesis de las síntesis.

Despues de la filosofía alemana, no puede concebirse nada más sério y nada más discutible que la ciencia de la mujer.

Entre la opinion que eleva á la mujer hasta los ángeles, y la que la deprime hasta los mónstruos, cabe una multitud de pareceres. Esos pareceres han servido de base á millares de comedias, de novelas, de cuentos y de máximas.

La mujer es fodo: afirmacion suprema.

La mujer es nada: suprema negacion.

La mujer..... es la mujer: síntesis de las síntesis: filosofía pura.

Salomon preguntaba por una mujer fuerte. Diógenes buscaba un hombre. Apuntes para la historia crítica de la humanidad.

Mientras se escribe esta historia, convengamos en que la mujer entra por mucho en los actos de la inteligencia humana.

Apenas hay ciencia ni arte en cuya historia no estén destinadas á la mujer las páginas más brillantes.

Verdad es que no han faltado filósofos austeros que la teman ó la desdeñen. Cuentan de Diógenes que viendo el cadáver de una mujer pendiente de un árbol, esclamó: «Pluguiera á los dioses que todos los

árboles llevaran siempre ese fruto.» Pero ni todos los filósofos son de la opinion de Diógenes, ni cabrian en gruesos volúmenes las alabanzas prodigadas á la mujer desde los tiempos más remotos, como tampoco el catálogo de las grandes obras que el mundo debe á la inspiracion, al influjo ó 4 la iniciativa de la mujer.

En todas las edades, en todos los siglos y en todos los países ha sido la mujer objeto de entusiastas apologías y de invectivas sangrientas. Este fenómeno debe esplicarse por la diferencia de temperamentos y por las condiciones especiales de cada escritor.

Un melancólico, un amante despechado, un hombre sin esperanzas, mira en cada mujer un recuerdo vivo de su tormento, y las aborrece á todas. Su testimonjo, pues, no merece fé.

Una alma sensible y apasionada, un amante feliz, mira en cada mujer el reflejo de su dicha, y las ama á todas. Su testimonio no es menos parcial que el anterior.

Todos los libros que se han escrito acerca de la mujer, todas las máximas que se han formulado por tantos centenares de políticos, de historiadores y de poetas pueden reducirse y compendiarse en estos dos versos de un soneto muy conocido:

«Es la mujer del hombre lo más bueno, Es la mujer del hombre lo más malo. »

Lo cual, en términos absolutos, es evidentemente falso.

- Luego todo ó casi todo cuanto hasta hoy se ha escrito acerca de las mujeres, adolece del vicio de exageracion.

Algunos sabios 5e han dedicado en distintas épocas á trazar la historia de la porcion mas bella de la humanidad : tenemos por inútil su tarea; esa historia la sabe al pié de la letra toda la humanidad menos bella.

No es geógrafo completo el que solo estudia y conoce un hemisferio.

La historia de la mujer representa lo más un hemisferio en el gran mapa-mundi que acabamos de llamar historia crítica de la humanidad.

Nuestros ÁPuNTES no son históricos.

Tampoco nos proponemos reseñar los grandes males que al universo haya reportado la influencia de la mujer. Hasta las mujeres en nuestro país saben que si hubo una Eva en el Paraiso, hubo una María de Nazareth: si han existido las Helenas y las Cleopatras, el mundo ha admirado á las Juanas de Arco y á las Isabeles de Castilla.

Los que dijeren que es la mujer de naturaleza semi-angélica , recuerden, mal de su grado, los nombres de Eva, de Helena y de Cleopatra : los que la supusieren de naturaleza semi-diabólica, arrepiéntanse de

su error fijando un instante los ojos del alma en la celestial figura de María; y no olviden que fueron mujeres Juana de Arco é Isabel.

Los que creyeren que la mujer es buena ó es mala, segun que el hombre la guía por bueno ó por mal camino, son los verdaderos pensadores: de su parte están la filosofia y la historia; la razon y la experiencia.

Para esos justamente se escriben estos APUNTES: y se escriben por quien no se propone llorar agravios ni cantar favores. El corazon y la cabeza funcionan con absoluta independencia.

Esta manifestacion parecerá inoportuna ; pero ¡ojalá fuera esa sola inoportunidad la que el autor cometa en sus APUNTES! |

11.

Habia Dios criado los cielos y la tierra.

Al influjo de dos monosílabos habia brotado la luz con todos sus encantos.

Y se extendia majestuosamente la inmensa cortina del firmamento.

Y se habian reunido las aguas en el dilatado espacio de los mares.

Y á una mirada del Omnipotente se habian encendido los luminares del cielo. |

Y germinaban las plantas en el seno de la tierra.

Y alzaban su cáliz las primeras flores hendiendo su aroma la virgen aura de los campos. |

Y pulularon los animales.

Y apareció por fin el hombre, obra maestra de la Suprema Sabiduría, rey de la naturaleza, imágen del Criador.

El hombre tenia por palacio un jardin plantado por la mano de Dios; un soplo divino era, pues, el céfiro que acariciaba las rosas del Paraiso y besaba con dulzura la frente del primer padre; crecian allí frondosos árboles de ancha sombra y de dulce fruto: de allí partian en tranquilo curso cuatro rios, que surcaban la tierra en direcciones opuestas. El manso murmullo de esos rios era el primer ruido que turbaba el imponente silencio del Eden.

El hombre estaba solo.

Y dijo Dios: «No es bueno que esté el hombre solo; le haré ayuda como para él.»

Y de un hueso extraido al primer hombre, formó Dios á la primera mujer.

La mujer ocasiona el primer menoscabo que el hembre experimentó sobre la tierra.

Pero bien valia Eva la pena de perder por su causa una costilla.

Al salir de las manos del Hacedor se encontraron

frente á frente la luz de sus pupilas y la huz de la aurora que irradiaba en el confin azul del horizonte. Torrentes de luz inundaban el espacio.

De haber criado Dios á la mujer despues que al hombre , se han querido sacar diversas consecuencias.

Unos han dicho: «La mujer, como obra posterior, es más perfecta. »

Otros han dicho: «Criado el universo y criado el hombre, el edificio estaba concluido; faltábale solo la veleta, y Dios hizo á la mujer.»

Uno y otro corolario nos parecen mas hábiles que lógicos.

«Por ella, dijo Dios, abandonará el hombre á su padre y á su madre.» | |

¿Qué elogio mas sublime puede hacerse de la mujer?

Es verdad que la mujer no tardó en prevaricar; pero es tambien cierto que obró con mucha astucia la serpiente. |

Lo peor de todo es que aquel inmundo reptil, maldecido por los labios del Eterno, dejó tan asegurada su reproduccion, que, á través de los siglos y de las edades, se arrastra todavía sobre el polvo de la tierra.

Ese reptil es el espíritu de seduccion, enemigo implacable de la mujer.

La primera madre no hubiera delinquido sin el estímulo maligno de la vanidad y del orgullo. Sus hijas

delinquen de diez veces nueve por el estímulo maligno de la lisonja y de la mentira.

Para seducir á una Eva hubo al principio del mundo una serpiente : hoy para cada Eva seducible existe un mundo de serpientes.

Contra esa multitud de reptiles que se arrastran de ordinario por los pavimentos de jaspe y por las alfombras de terciopelo, hay un solo recurso: la buena educacion: la educacion en el verdadero sentido de la palabra.

Con ella puede alcanzarse el inmenso tesoro que se llama mujer virtuosa.

Napoleon lo dijo: una mujer hermosa agrada á los ojos; una mujer buena agrada al corazon: la primera es un dije; la segunda es un tesoro.

Y nosotros nos atrevemos á añadir: la que á la belleza del rostro adune la belleza del alma, á los encantos de la naturaleza los de la virtud, bien puede pasar en la tierra por un trasunto del cielo.

¡ Ojalá que el número de esas copias se multiplique indefinidamente |

Tal es el objeto de estas páginas.

En ellas el autor no se sujeta 4 un sistema determinado.

Expone los principios y-las teorías en el órden mismo en que brotan de la mente.

Por eso llama á su humildísimo trabajo APUNTES PARA UN LIBRO.

Cuando un filósofo, un crítico de superiores luces y más feliz ingenio escriba EL LIBRO, en buen hora se le obligue á entrar por el carril de los métodos.

Pero , con perdon de los sábios, de esa formalidad se cree por hoy dispensado el que es simplemente autor de unos APUNTES.

Y á fé que será libro de oro aquel en que se trate fundamentalmente de la mujer, examinando todas sus condiciones físicas y morales, y su alta influencia social, y lo que es, en fin, la mujer, y lo que pudiera: y debiera ser. ¡Gran libro aquel en que leyese cada mitad del género humano lo que puede y debe ofrecer á la otra mitad!

Interin esta obra no se haga, ó no se intente, es en vano sujetar á las exigencias del método el simple conjunto de materiales sueltos ó apuntes recogidos para la más fácil redaccion del libro.