La mujer en la sociedad moderna · Capítulo real 3 de 4

PARTE QUINTA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 93 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

PARTE QUINTA

MUJERES LITERATAS EN EUROPA Y ESTADOS UNIDOS DE NORTE-AMÉRICA

Literatas francesas.

En la PRIMERA PARTE dc este estudio nos ocupamos de las mujeres francesas que dieron ejemplos de heroísmo y de virtud durante la época aciaga de la Revolución francesa del fin del siglo XVIII. Al tratar de las mujeres literatas, empezaremos por las francesas, y reanudaremos lo que ya dijimos acerca de las que se vieron envueltas en aquella agonía de la sociedad del pasado, con las rué comenzaron su carrera literaria con el siglo XIX.

En 1813 murió la condesa Fanny de Beaubarnais, mujer caritativa y buena, poetisa y literata, tía de Eugenio de Beauharnais, hijo de la emperatriz Josefina.

Contemporánea de la anterior, pero cuya fama aun se conserva, fué Estefanía Felicitas de Saint-Aübin,

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condesa de Genlis. Nació en 1746 de una familia noble pero pobre ; recibió brillante educación y á los quince años se casó con el conde de Genlis. Siendo aún muy joven fué nombrada institutora de los hijos del duque de Orleáns (entre los cuales se hallaba el futuro rey Luis Felipe). En aquella época madama de Genlis escribió muchas obras didácticas, destinadas á la instrucción y al recreo de sus discípulos. He aquí el título de algunas de ellas : Cartas sobre la edycación. — La Religión. — Las Veladas de la Quinta. — Además es autora de varias novelas históricas y de] piezas dramáticas. Las más populares de sus obras son : Veladas de la Quinta y Memorias de su tiempo, las cuales aun son leídas por niños y viejos á pesar de su estilo anticuado y del exagerado sentimentalismo de su estilo pasado de moda actualmente.

Por junto, los escritos de la condesa de Genlis forman cerca de cincuenta volúmenes, pero en realidad aunque escribió sobre todas materias y tenía talento y perspicacia natural, rara vez presenta ideas originales. Por otra parte, aunque se manifiesta correctísima en sus palabras y se ocupa mucho de la moral, parece que sus acciones dejaron mucho que desear y jamás es natural en sus expresiones; el gran defecto de esta escritora es el de la afectación y total carencia de sinceridad en las opiniones que proclama.

De la misma época fueron : la condesa de Souza, marquesa de Flahaüt, la duquesa de Duras y Susana Verdier.

La condesa de Souza fué heroína en el gran drama de la Revolución de 1789. Gomo muriese su marido en el cadalso, ella logró escaparse de Francia, y en el

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extranjero tuvo que ganar su vida con los trabajos de su pluma. Escribió entonces varias novelas de bastante mérito que forman seis volúmenes de obras selectas. Se casó con el portugués Souza Botelho (también escritor) en segundas nupcias y murió en t836.

La duquesa de Duras obtuvo grande popularidad durante la época de la Restauración con dos novelas : Oiirika y Eduardo.

Susana Verdier fué poetisa de tanto mérito que el gran crítico La Harpe cita uno de los idilios fruto de su ingenio (La fuente de Vaiichise) como una de las más bellas producciones de la musa francesa.

No debemos olvidar entre las literatas del principio del siglo XIX á madama Gottin. Esposa de un rico banquero de Burdeos, no empezó á escribir sino con el objeto de ofrecer consuelos á un amigo desgraciado. Sin embargo, como hubiese cosechado muchísimos elogios con motivo de su primera novela, resolvió escribir otras. Desde entonces hasta su muerte no cesó de publicar obras que se hicieron muy populares en Francia y en seguida se tradujeron en todos los idiomas europeos. Hoy ya nadie gusta de aquel estilo, pero nuestras abuelas se delectaban con la lectura de Matilde ó las Cruzadas. — Clara de Alba, — Isabel ó los Desterrados de Siberia, etc., etc.

Mujer de muchísimo mérito fué Susana Gurchod DE Necker. á pesar de ser de origen suizo, como pasase la mayor parte de su vida en París, se la puede considerar como haciendo parte de la literatura francesa.

Casada con el famoso banquero-ministro del infortunado Luis XVI, madama Necker era el centro de

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un círculo selecto de hombres importantes que frecuentaban su casa. De costumbres severas y rígidas y de religión calvinista, madama Necker parecía fría y sin entusiasmo en medio de aqu^^lla sociedad en donde hervían ya las ideas revolucionarias que deberían en breve trastornar el mundo entero.

Á pesar de que era esposa excelente y amaba á su marido con ternura, esto mismo parecía como si la impidiese ver el grandísimo mérito de su hija Ana Luisa Necker, la cual después fué la famosísima baronesa DE Stael, una de las pocas mujeres de verdadero genio viril que ha visto el mundo. Entre la madre y la hija había un abismo; sus naturalezas eran totalmente distintas y no podía haber verdadera simpatía. Además ambas amaban con pasión celosa al señor Necker, y dícese que la madre sufría al notar que su marido prefería frecuentemente y celebraba las agudas y atrevidas ideas de su hija, más bien que las reflexiones serias y sensatas de su es-^ posa. Sin embargo, según las cartas de estas dos mujeres, publicadas últimamente, si no siempre simpatizaban en ideas, las ligaba un tierno amor.

Madama Necker escribió poco, pero sus obras son serias, de mérito y muy morales. Lo más conocido y leído de ella es un elocuente tratado sobre « El Divorcio, » obra que combatía en 1794 la nueva ley francesa sobre ese asunto. Además, durante la época en que su marido estuvo en el poder, ella fundó un hospital que llevó su nombre y que fué la fuente de grandes bienes para los parisienses desgraciados.

Á pesar del poco brillo del talento de madama Necker, ha observado un sabio crítico francés la famosa

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sensata de su ingenio, pues muchas de las ideas que estaban en embrión en la madre fueron trasformadas é iluminadas por la hija, sin saberlo ella misma, merced al gran poder de su alma creadora en parte y asimiladora y penetrante que la distinguía.

La mujer de verdadero genio creador es tan rara, que no forma un tipo sino una excepción. Las mujeres pueden tener talento, inteligencia, más perspicacia generalmente que los hombres, pero el genio creador es extraño á su naturaleza : comprenden, entienden, penetran, pero rara vez crean. Sin embargo, todas las reglas tienen excepciones, y una brillantísima es madama de Stael.

Nació en París en 1766. Su padre se esmeró en cultivar su clarísimo talento y la dio un lugar preminente en el círculo de personas importantes que frecuentaban su casa, k los veinte años la casó con un barón sueco : Magnus Stael-Holstein, hombre nulo, impasible é insignificante. Durante la Revolución francesa, madama de Stael tomó gran parte en la política del país, é ideó un plan de evasión para Luis XYI, poco antes del 10 de Agosto, plan que no se pudo llevar á cabo. Además, cuando casi todos los hombres estaban mudos y no se atrevían á comprometerse, madama de Stael, con aquella audacia que caracteriza á las mujeres en las crisis revolucionarias, envió al tribunal revolucionario una luminosa Defensa de la Reina, que se mandó archivar.

Durante el Directorio y el primer Consulado de Napoleón I, la influencia de la hija del ministro Necker era tan grande, que el futuro emperador, que no quería tener la más leve sombra en su gobierno, y no permitía la menor crítica de sus actos,

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la desterró áe París. Madama de Stael pasó entonces ;í Suiza y vivió en una propiedad de su familia, llamada Coppet. Estuvo en seguida en Alemania y en Inglaterra, pero su corazón y su alma estaban en París ; así, apenas pudo volvió, pero de nuevo fué desterrada y no regresó á su ciudad natal sino en 1815, dos años antes de su muerte. Habiendo quedado viuda en 1802, se había casado otra vez á los cuarenta y seis años, pero secretamente, con un joven oficial de talento, autor de algunos opúsculos.

Todas las obras de madama de Staél, menos dos novelas (« Delfina » y « Gorina »), son filosóficas, serias, llenas de ideas nobles, apasionadas, y que revelan grande instrucción literaria, genio de observación y profundo conocimiento del corazón humano. Las principales son, por su orden cronológico : « De ia influencia de las pasiones en la felicidad de los individuos y de las naciones, » obra profundamente filosófica que publicó en Lausana en 1796; « La Alemania », historia del carácter y literatura de los países de ultra-Rhin, libro que fué mandado destruir por Napoleón. Aquella obra filosófica, con su estilo enérgico, conciso y brillante la puso de un salto al nivel de los escritores de primer orden. Las « Consideraciones sobre la Revolución francesa » nos la muestra bajo otro aspecto : sus sentimientos son allí altamente morales, manifiesta amor al progreso en el orden, hondo respeto á la virtud y bastante imparcialidad en sus consideraciones. En sus dos novelas, madama de Stael pinta las paciones del corazón humano con la maestría con que sabía hacerlo : pero el exagerado lirismo de su estilo ya no gusta á la actual generación. Además de estas obras de primer orden,

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tenemos de ella « La literatura entre los antiguos y los modernos »; « Diez años de destierro », obra considerada por el crítico Yillemain como un libro encantador y el más natural de sus escritos. « Reflexiones sobre el suicidio » ; <( Noticias sobre lady Jane Grey », y otras de menos mérito que se encuentran diseminadas en los 17 volúmenes que forman sus obras completas.

Al fin del siglo XVIII las mujeres literatas quedaron ofuscadas por las nobles y abnegadas mártires de la Revolución francesa, que acabó por sacrificar hasta á sus propias hijas, como lo hizo con la famosa madama Roland. Permítasenos trascribir aquí una página elocuente que viene al caso en nuestro asunto :

« La carrera de la Francia del siglo XVIII, dice Imbert de Saint-Amand, se parece á la vida de una pecadora. Después de haber recibido una severa educación (fin del reinado de Luis XIV), llegó la juventud con sus ruidosas diversiones, sus falsos placeres y sus locuras; pero después del corto período de alegría y embriaguez llega el fastidio, el cansancio profundo, que es el primer castigo que cosecha la vida desordenada. Al fin suena la hora de la expiación, y la pecadora se regenera entre las lágrimas y la sangre, y el siglo que empezó en medio de las orgías concluye en el martirio. »

Las mujeres de la Revolución se destacan en medio de ella sea como mártires ó victimarías, y el papel que desempeñaron fué siempre importante, ya como la personificación de la virtud y la más sublime abnegación, ó como la encarnación de la furia popular y el crimen.

La mujer en todo tiempo y lugar tiene una gran

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misión delante de sí, y ojalá que no la olvidara nunca. Hoy día, cuando el cristianismo se ve amenazado de muerte, esta en el poder de la mujer el constituirse en su campeón, manifestándose siempre verdadera cristiana, y de esa manera no dudamos que vencerá á sus enemigos. La sociedad se ve amenazada con volver á la barbarie, y en manos de la mujer está el impedirlo.

Tócanos ya hablar de las literatas francesas de la época presente. Las pocas que hemos mencionado antes puede decirse que pertenecen por el espíritu y k educación al siglo XVIII. Examinaremos á las modernas.

Advertimos que no hablaremos sino de las más notables, pues si nos ocupásemos, aunque fuese muy brevemente, de todas las escritoras francesas, no bastaría un volumen entero para dar cabida á los nombres de las más notables.

Mencionaremos en primer lugar á las poetisas.

La primera, por el orden cronológico así como por sus virtudes privadas, es indudablemente Marcellna Desbordes Valmore. Esta dama, que murió á mediados de este siglo, es el puente de comunicación entre el mundo literario que se hundió en la Revolución francesa y el que surge con Lamartine y Víctor Hugo. La señora Desbordes Valmore es la poetisa del hogar por excelencia, tierna, dulce, apasionada por todo lo bueno y lo bello; su estilo es siempre natural, ar-

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diente y sabe pintar á lo vivo los afectos puros de una alma cristiana.

Contemporánea suya fué Sabina V. Tastú, la cual cantó también la vida del hogar, y sus poesías merecieron ser premiadas por la Academia francesa.

Bellísima, ilustrada, llena de vida y de ingenio, Delfina Gay era hija de una literata de segundo orden que pertenecía al fin del siglo anterior; la niña creció en medio de una sociedad de literatos, los cuales la alentaron y aplaudieron sus primeros ensayos. Lamartine dice que las primeras poesías de Delfina eran castas imágenes dichas en voz baja, llenas de delicadas ideas envueltas en un estilo púdico y reservado. El único defecto de sus versos, añade el poeta, es demostrar demasiado ingenio, ese ingenio que es el gran corruptor del genio francés.

Delfina se casó con un hombre púbhco, Emilio de Girardín, á quien ayudó muchísimo en su carrera política. La señora de Girardín no sólo pulsaba la lira sino que sus artículos, sus críticas y sus novelas ejercieron grandísima influencia, en la literatura de la mitad de este siglo como también en la política. Sin embargo, sus últimos años fueron de desengaños y tristezas. ¿Por qué? Porque en este mundo nada hay completo, y toda gloria, todo triunfo mundano se paga con algún dolor, alguna pena y tristes desengaños.

Al lado de Delfina G. de Girardín se alza la memoria de una mujer llena de mérito como poetiza, Luisa V. Ackermann, — escasamente conocida y apreciada porque lo que publicó no fue sino unos pocos ejemplares de sus tomos de poesías, para distribuir entre sus amigos, y nada más. Se había dedicado en su

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primera juventud á la poesía, pero como sufriese una gran pesadumbre, comprendió que el cultivo de las musas acrecentaba su pena, y para distraerse de ella, resolvió entregarse á estudios serios y profundos : aprendió lenguas antiguas, — sánscrito, hebreo, griego, latín — así como las principales lenguas modernas, y estudió á fondo las literaturas de esas lenguas. Casóse con un sabio profesor alemán á quien ayudó mucho suministrándole datos eruditos. Desgraciadamente, á los pocos años de casada murió su marido, á quien amaba mucho, y entonces despertó la musa que había dormido desde su juventud, y aquel arte que había acrecentado sus primeras penas la consoló de la segunda. Sus primeras poesías tienen un sabor antiguo muy natural en ella ; sus postreras son un continuo grito de desesperación anticristiana cuya entonación llega á parecerse al estilo de Víctor Hugo en sus últimos años.

La duquesa de Abrames, esposa del famoso general Junot, tuvo una vida muy agitada : empezó su vida como hermana de la caridad; se casó después con Junot, duque de Abrantes y vivió en la corte de Napoleón I; á la caída de éste, quedó pobre y tomó la carrera de las letras para mantenerse. Sus novelas no tienen gran mérito, pero el gran número de memorias de la época de la Revolución, el Imperio y la Restauración que escribió, las cuales fueron la obra suya de más fama, son divertidas pero bastante cínicas.

María Dumás, hija y hermana de los dos novelistas y dramarturgos Dumás, empezó su vida como la acabó la duquesa de Abrantes, y la acabó como la comenzó ésta. Criada y educada en la casa de su padre,

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rodeada de literatos, María Dumas se entregó á las letras y á la pintura; después viajó, se casó, enviudó y terminó su existencia como religiosa en un convento en 1878.

Muchas traducciones al español se conocen de las interesantes novelas firmadas Enrtque de Greville, seudónimo de Alicia M. Durand. Hija de un profesor francés en la Universidad de San Petersburgo, no solamente supo estudiar á fondo las costumbres rusas, sino que aprendió la lengua del país; escribió sus primeras novelas en aquel idioma en los periódicos rusos, y á su regreso á París adquirió en breve una merecida fama como una de las mejores novelistas francesas del día.

Esposa del conocidísimo publicista francés, Luis Figuier, Julia B. Figuier no sólo es popular por sus novelas de costumbres campestres, sino también por muchas piezas dramáticas que han representado en los teatros de París.

Aunque no muy recomendable por la moralidad de sus escritos, cuéntase entre los dramaturgos contemporáneos á Celeste Mogador. Esta dama fué actriz, pero se retiró de los tablas cuando casó con el conde de Ghabrillán. Ha escrito operetas, zarzuelas, comedías, dramas que se han representado con muy buen éxito en París. Sus Memorias fueron prohibidas en la época del Imperio.

La condesa Gisterne de Gourtiras, conocida con el nombre de Gondesa Dash, es una de las escritoras más fecundas y fué la más popular durante algunos afios en las librerías circulantes de París, por el interés palpitante que sabía dar á las tramas de sus novelas. Escribió más de 40 novelas, — algunas de ellas

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en tres y cuatro tomos, — y daba á la estampa hasta seis anualmente. Después de su muerte, — acaecida en 1872 á los 68 años de edad, — quedaron manuscritos que se publicaron. Esta dama podría servir de ejemplo á muchas mujeres. Habiendo quedado viuda y en la pobreza, resolvió no admitir recursos de su familia y hacer sola su fortuna. Se entregó al estudio y á escribir asiduamente; sus novelas fueron aceptadas, se las pagaron mal al principio, mejor después, y acabó por proporcionarse suficiente renta para vivir con las mayores comodidades en París, con sólo trabajos de su pluma.

Otra dama de la aristocracia, primero viuda del conde San Simón y después de un barón, Alejandrina DE Bawr, tuvo que buscar dos veces su subsistencia en la literatura y se hizo un nombre en ella. Sus ©bras dramáticas se han representado con grande aplauso en el clásico Teatro Francés de París, en donde sólo aceptan obras de primer orden. Además publicó libros de educación y novelas, canciones muy populares, y no cesó de escribir sino después de haber cumplido 80 años : murió de 85 años de edad en 1855.

Las dos escritoras, conocida la una con el seudónimo de Andrés Leo, y la otra con el de Ana Prevost, son también mujeres que, habiendo quedado viudas, se lanzaron en la literatura para ganar su subsistencia y la de sus hijos, lográndolo con amplitud.

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Generalmente casi todas las literatas francesas han lomado la pluma, sea para ganar con ella los medios necesarios para mantenerse con independencia y dignidad, sea para ayudar á sus padres ó sus maridos, etc. Vamos á mencionar á algunas de éstas.

Hija del poeta Menard, Anaís Menard Segalás desde su primera juventud se dedicó á la poesía, y después de casada compuso comedias, dramas, zarzuelas, las cuales fueron representadas y aplaudidas; escribió novelas también y colaboró en gran número de periódicos parisienses. Murió de más de 80 años, en 1893.

Las hijas de los célebres novelistas Alfonso Karr y Garlos Nodier se entregaron también á la literatura. La segunda, que tenía un culto por la memoria de su padre, no escribió sino para hablar de él y referir episodios y recuerdos de Nodier.

Las hijas del famoso hombre de Estado, historiador, etc., Guizot, que fueron esposas de dos hermanos de Witt, literato el uno y economista el otro, se han hecho un nombre en la literatura. Paulina Guizot de Witt se ha ocupado exclusivamente de estudios históricos y políticos ; la segunda, Enriqueta Guizot de Witt, ha sido escritora muy fecunda y se ha ocupado de muchas materias. Después de publicar gran número de libros para los niños, de propaganda religiosa y de historia, ayudó á su padre en su última obra. Historia de Francia referida á 7nis nietos. Muerto éste ha hecho un portante trabajo, Resii-

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men y explicación de las crónicas de Froissart y unos Recuerdos de Güizot muy interesantes.

Virginia Angelot era pintora de mérito, cuyas obras habían sido aceptadas por la Academia de pintura francesa; cuando se casó, ya de edad madura (tenía cerca de 40 años), empezó á ayudarle á su marido, que era un famoso dramaturgo, en algunos de sus dramas. Alentada con esto, quiso escribir sola una obra dramática, la cual no sólo fué aceptada por un teatro parisiense, sino muy aplaudida; sorprendida con un éxito que no esperaba, se puso á la obra y en pocos años se representaron veinte dramas suyos todos muy populares. — Virginia G. Ancelot publicó también algunas novelas, y no cesó de escribir Iiasta poco antes de morir, á los 83 años de edad.

Gabriela Soumet de Altenüeim, hija de un poeta y dramaturgo afamado, emprendió desde muy niña la carrera de la literatura. Con su padre escribió valias tragedias en verso y publicó después poemas y artículos históricos.

Heredera de los talentos artísticos de su padre, Teófilo Gautier, y de su madre (una afamada cantatriz), Jüdit Gautier es música, escultora, pintora y novelista. Diéronla una brillante educación, la alentaron en su carrera literaria los amigos de su padre, y con uno de éstos, — un chino, — aprendió la lengua china y á los 17 años publicaba su primera obra, que fué bien recibida por el público francés. Se dedicó al principio á describir costumbres de la China, pero después ha escrito sobre todas materias y obtenido por una de sus obras el premio anual de la Academia francesa. Además en 1888 se representó en el Odeón una comedia suya.

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Laura Balzac de Sürvule, hermana del célebre novelista Balzac, empezó su carrera literaria publicando la biografía de su hermano. Después escribió varias novelas en las cuales se encuentra un germen, algo como un recuerdo de las cualidades de Balzac.

Esposa del literato Garlos Reybaud y cuñada del sabio Luis Reybaud, conocido economista, Enriqueta Arxaud Reybaud colaboró desde los primeros días de su matrimonio en los periódicos que su marido redactaba en París. Después se dedicó á escribir novelas, brillando particularmente en el género histórico.

La esposa del historiador Michelet escribió con él las últimas que dio á la estampa el escritor.

Sofía Lourdoueix también estrenó su pluma en los periódicos que redactaba su marido, publicista de fama. Después escribió varias novelas, y una de éstas obtuvo el premio que cada año da la Academia francesa á las obras más meritorias.

María de Flavigny nació en Francfort en 1805. Era hija de padres franceses de familia distinguida, y así, siendo muy niña, fué enviada á París á educarse en el colegio del Sagrado Corazón, en donde permaneció hasta poco antes de casarse con el conde de Agoult. Separada de su esposo, viajó durante algunos años por Italia, Suiza y Alemania.

Hasta 1841 no había publicado ninguna obra literaria, pero en aquel año sus amigos la indujeron á que enviara dos preciosas novelas que tenía escritas,

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á la Prensa de París, las cuales fueron muy bien acogidas por el público francés : hallaban en ella un estilo que imitaba un tanto el de Jorge Sand. Poco después publicó el mismo periódico una serie de « Críticas literarias y artísticas » que llamaron la atención por la virilidad de su estilo, las avanzadas ideas filosóficas y liberales de que hacía alarde, y la corrección severa del lenguaje. Entre 1843 y 46 leyóse en la Revista de Ainbos Mundos una serie de estudios políticos acerca de Alemania, de la misma autora, los cuales fueron muy elogiados, así como algunos artículos serios que vieron la luz en la Revista Independiente, los cuales de ninguna manera parecían hijos del cerebro de una mujer frivola. Después de 1848 la condesa dio á la estampa (bajo el seudónimo de Daniel Stern, con el cual fué siempre conocida en la literatura), dos tomos de Historia de la Revolución de 1848, obra considerada como la mejor que se escribiera en aquella época. Á pesar de la reputación que tenía como escritora seria, una novela suya llamada Nélida (que publicó en 1848) tiene las condiciones más sentimentales y apasionadas que puede desplegar el novelista, y en su género es una de las mejores obras de imaginación de la moderna literatura francesa.

La condesa de Agoult era no solamente escritora y literata, sino mujer de mundo; y su casa era el núcleo de una sociedad escogida, cuya distinción y elegancia de maneras recordaban los tiempos más bellos de la sociedad francesa de otras épocas.

Luisa Revoil Golet nació en Aix el 15 de agosto de 1815, de padres honrados pero no aristocráticos : por parte de padre pertenecía al comercio, y por su

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madre á antiguos miembros del Parlamento de Provenza. Desde muy niña Luisa manifestó un gran talento poético, y á los 19 años hizo su entrada en el mundo literario publicando un tomo de poesías, llamado Flores del Mediodía, que fué elogiado por literatos y académicos como nuncio de una nueva poetisa de mucho mérito. En 1839 dio á luz otro volumen de poesías, — Penserosa, — y una buena traducción de la Tempestad de Shakespeare.

Casada ya con Hipólito Colet, — músico de mérito, escritor de obras musicales y autor de dos óperas, — madama Golet escribió una novela llamada La Jiiv)entud de Mirabeau, cuyo estilo un tanto libre y poca moralidad de sus apreciaciones levantaron en torno suyo una tempestad de críticas ; siendo las de Alfonso Karr tan severas que sacaron de quicio á la poetisa, hasta el punto de atacar al crítico con puñal en mano. Felizmente Alfonso Karr escapó con una leve herida, pero se vengó sangrientamente publicando el hecho en su periódico, en unión de burlescos comentarios.

De 1840 á 43 Luisa Golet obtuvo seis premios académicos por poesías serias. Publicó también en aquella época varias colecciones de poesías eróticas, cuyo estilo apasionado y tierno propasa lo que es permitido á la modestia femenina. En seguida anunció una obra de grandes proporciones llamada : El Poema de la mujer bajo todas sus faces, el cual se dividía en las seis partes siguientes : « La labriega, la sirvienta, la religiosa, la mujer de la clase media, la mujer artista, y la princesa. » Las dos primeras partes de esta obra aparecieron entre 1853 y 54.

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Además, fué autora de varios dramas y comedias que no han sido representadas y de muchas obras en prosa, novelas, relaciones, viajes y artículos de crítica y de modas. Fuera de las Infancias célebres y otras pocas obras, las de madama Golet carecen de sentido moral, y sus ideas un tanto libres son impropias de una mujer que se respeta. La novela más conocida que publicó y la que causó en París, hacia 1858, grande escándalo fué una intitulada simplemente Él, en la cual procuraba desacreditarse sin objeto para fingir aventuras que no fueron ciertas. Esta novela, publicada después de una de Jorge Sand llamada Ella y Él, — en la cual pintaba con negros colores á Alfredo de Musset, — y otra del hermano del poeta, Pablo de Musset, llamada Él y Ella — en la que procuraba desacreditar á Jorge Sand, — hicieron mucha impresión, porque el escándalo de las anteriores se aumentaba con la de madama Golet.

Todo esto prueba que no basta el talento, el ingenio y las buenas intenciones para ser mujer ejemplar y que al contrario suelen estas prendas conducir á las mujeres á su perdición si no se fundan en la virtud y en la verdadera religión.

Considérase como á la literata más importante de la actualidad en Francia á la señora Julia Lambert, viuda dos veces, siendo su segundo marido un hombre político francés, Edmundo Adam. Escritora de talento y originalidad, ha tratado con lucidez cuestiones de economía política, historia y literatura; es editora de la renombrada /?eü¿sí« Nueva de París. Su salón es el punto de reunión de los republicanos moderados, en cuyo partido ejerce grande influencia.

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Tipos muy diferentes de las anteriores son por cierto las que mencionaremos ahora :

Aunque de origen suizo, Valeria B., condesa de Gasparín se cuenta entre las escritoras francesas. No hay en la literatura estilo más original que el suyo : distingüese por sus ideas tiernamente religiosas, la elevación de su pensamiento y la profunda melancolía que reina en todas sus producciones. Su ardiente amor á todo lo que sufre la hace constituirse en intérprete de la naturaleza entera, desde la herida mariposa y el ave maltratada, hasta el niño abandonado y la mujer infeliz : su voz sabe repetir con doloroso acento el grito y el lamento del que llora y padece.

Pero si la condesa de Gasparín tiene muchos admiradores, la popularidad de madama Graven (Paulina DE la Ferronays) supera á la de todas las literatas francesas en Hispano-América. Esta dama, que pertenecía á la alta aristocracia francesa, hija, hermana, parienta de gentes virtuosísimas, hizo su reputación con un libro — La Relación de una hermana — en el cual supo pintar con tan bellos y mágicos colores los encantos de la virtud y de la belleza moral de la verdadera santidad, que la obra fué acogida con inmenso entusiasmo en todos los países del mundo y traducida inmediatamente á varias lenguas. Después publicó otras muchas preciosas novelas, á cual más moral é interesante, llenas todas ellas de movimiento dramático y hondas intenciones morales y re-

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ligiosas. La señora Graven es autora también de varias biografías y libros piadosos. Á pesar de que no empezó á escribir para el público sino después de haber cumplido 42 años, conservó hasta su muerte (1891) la plenitud de sus facultades mentales.

Nos alargaremos en la siguiente noticia, por ser la protagonista tan digna de ser presentada á la juventud como un ejemplo encantador.

Eugenia de Guerin aparece en la historia de la literatura como satélite de un sol que duró muy poco. Eugenia es la tierna y melancólica luna que sólo tiene la luz reflejada de su hermano, Mauricio de Guerin,uno de aquellos literatos que dejaron de existir con los primeros albores de su fama, á los veintinueve años de edad.

Perteneciente á una familia de noble nacimiento pero de pocos caudales, Eugenia se crió y vivió siempre en el campo y allí mismo murió. ¡ Pero qué campo ! en la hermosa provincia de Provenza, en la patria de los trovadores y los caballeros andantes de la edad media, cuna de la poesía y de las instituciones que han producido en la literatura tantas bellas obras y acciones caballerescas.

La existencia de nuestra heroína, tranquila y sin ningún acontecimiento notable, no ofrece por cierto pábulo al novelista ni al escritor de costumbres, pero sí nos dará asunto para pintar lo que puede ser la vida de una mujer virtuosa, que supo, en medio de la monotonía de una existencia enteramente casera, encontrar en sí misma y en el estudio de su propio corazón interés suficiente para no fastidiarse jamás. Su diario es una fuente de puras y dulces emociones, y podría en todo tiempo demostrar que una mujer

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puede encontrar siempre provecho, utilidad é instrucción en todas las situaciones de la vida, y que si quiere evitar el fastidiarse bastará elevar su corazón á Dios, y cumplir con sus deberes sin quejarse. Así como no hay existencia humana que no tenga en su fondo oculta espina, así también no hay estado en el mundo, por triste y miserable que parezca, que no sea susceptible de dar algún contento al alma que ama á Dios, fuente única de consuelo y tranquilidad.

Para Eugenia la vida era un destierro, pero se consolaba y aun gozaba en cumplir con sus deberes alegremente y amar con abnegación á todos los miembros de su familia, para quienes era el ángel tutelar.

Habiendo perdido á su maare á la edad de 13 años, y siendo la primogénita, resolvió desde aquel tiempo dedicar su vida á consolar á su padre y servir de madre á sus hermanos. Era Mauricio el menor, contaba entonces seis años de edad. Para Mauricio ella fué una madre así como la hermana de su alma, su protectora, su consejera y su amiga más íntima. Como el niño fuese muy afectuoso y apegado á la familia, Eugenia para consolarle, durante su ausencia en los colegios y universidades en donde se educaba, inventó llevar un diario en que escribía todas las noches cuanto se le ocurría, y en el cual refería no solamente los escasos acontecimientos de que era teatro el lugar de su nacimiento, sino que allí apuntaba sus más íntimos pensamientos y contaba cuanto hacía y leía. Después lo mandaba á su hermano. Aquello en realidad se puede llamar el Diario de una alma, y con razón su publicación (hecha des-

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pues de la muerte de ambos hermanos) produjo en Francia entre las personas prensadoras una verdadera sensación.

Procuraremos pintar lo mejor posible este poético y piadoso tipo de mujer, analizando, aunque sea de paso aquel precioso diario que dirigía á su hermano durante su vida, y que continuó después de muerto él, á Mauricio en el cielo. ¡Qué fe tan firme, qué cariño tan verdadero, qué carácter tan espiritual no se necesita para que continúe con la misma confianza invocando á su hermano y comunicándose con él cuando yace en la tumba !

Amante de la instrucción y de la lectura, y al mismo tiempo mujer de su casa, de orden y económica, solía permanecer largas horas en la cocina, confeccionando alguna torta ó preparando algún plato para su padre ó para algún huésped que llegara inesperadamente al castillo de Gayla, en donde la comida diaria era muy frugal, con motivo de las pocas comodidades de que gozaba la familia. Sin embargo, para distraerse mientras hervía la olla en el fogón ó se asaba la torta en el horno, Eugenia leía á Platón ó se solazaba con algún libro de historia, á la que era muy aficionada. Frecuentemente se ocupaba en trabajos de costura y tejidos, pues detestaba la ociosidad y ni un momento se la veía desocupada.

« Con tal que trabajemos, dice en su diario, sea con la cabeza ó con las manos. Dios lo acepta todo con gusto si se hace en su nombre. »

Los días de amasijo se levantaba antes de aclarar y pasaba toda la mañana hasta la tarde, ocupada en presidir la confección del pan y los bizcochos que deberían durar toda la semana. Por la noche, reunida

MUJERES LITERATAS 263

la familia en torno del hogar, ella los distraía leyéndoles las novelas de Walter Scott,de moda entonces, y fragmentos de las obras de Ghenier, Lamartine, Millevoye y de algunos autores clásicos. Sin embargo, rara vez se entregaba al sueño antes de haber escrito algunas líneas en su diario, en donde consignaba el recuerdo de lo que había hecho durante el día, pero en un estilo tan poético y original que no fastidia ni disgusta, ni parecen en ella vulgaridad los oficios más caseros y prosaicos. Además refería también los pensamientos que le habían ocurrido durante sus lecturas y las reflexiones sugeridas por algún paisaje durante sus paseos en los alrededores.

He aquí algunos fragmentos :

« Acabo de cerrar la obra de san Agustín en que se encuentra este pensamiento : Arrojaos en el seno de Dios como sobre un lecho de reposo. \ Qué hermosa idea, y qué tranquilidad y descanso encontraríamos en el mundo si supiéramos acogernos al regazo de Dios como lo hacen los santos! Ellos se le acercan como el niño á su madre y sobre su regazo duermen ó rezan, viven y lloran. ¡ Dios es la morada de los santos : pero nosotros, entes terrestres, sólo conocemos la pobre tierra, triste, negra y árida como un destierro maldito! »...

« Nunca leo un libro piadoso sin encontrar en él cosas admirables y como dirigidas á mí. Por ejemplo : « Aquellos que esperan en el Señor verán sus » fuerzas renovarse de día en día. Guando piensan » que ya no pueden soportar más sus penas verán de » improviso que les brotan alas como las del águila » y volarán y no se cansarán, correrán y serán infa- » tigables. Marchad sin temor, alma piadosa, mar-

264 LA MUJEP EN LA SOCIEDAD MODERNA

» Chad, y cuando ya os sintáis desfallecer, redoblad » el ardor y el valor, porque el Señor os sostendrá. » ¡Cuan frecuentemente no necesitaremos de este » apoyo! Decid, alma débil, vacilante, ¿qué haríais » sin el socorro divino ? » Estas palabras son de Bossuet... No he vuelto á abrir otro libro desde que leí aquello.

)) Si yo pudiera pasaría mi vida en una contemplación interior. Me gusta ahondar mis pensamientos, inclinarme sobre cada uno de ellos y respirar, por decirlo así, su perfume antes de que se evaporen. Tengo esta inclinación desde la niñez. Guando estaba pequeña hacía soliloquios que me encantaban. ¡Oh! ¡ si me acordara de ellos ! Pero buscad los pensamientos de la infancia.

» ¡Id á buscar las aguas de la fuente ya agotada !

» ... Los días de la existencia se parecen unos á joiTOS exteriormente ; pero la vida del alma es más variada y cambia sin cesar. Si pudiéramos describirla encontraríamos el infinito en una sola hora.

» ... Hay días de desaliento, cuando el alma se retira de todos sus afectos y se repliega sobre sí misma, como si estuviera cansada. Esta fatiga sin causa ¿no será acaso debilidad? Pero es preciso vencerla como tantas otras cosas que asedian á esta pobre alma. Si no nos venciéramos en todas estas miserias, ellas acabarían por devorar el alma como un harapo comido por las polillas. Yo paso repentinamente de la tristeza al gozo, — cuando digo gozo no quiero decir sino uno de aquellos contentos del alma tan suaves, tan tranquilos que no se manifiestan sino por medio de una expresión de serenidad. Una carta de alguno

MUJERES LITERATA!? 2Co

de mis parientes, un amable pensamiento de Dios ó una palabra de los que amo, basta para causarme un sentimiento ya de alegría, ya de penal »

k pesar del placer que Eugenia encontraba en escribir su diario, solía tener el escrúpulo de que perdía mucho tiempo de aquella manera, y entonces lo abandonaba por algunos días para volverlo á empezar : « Debemos, decía, dar cuenta á Dios hasta de los momentos de la vida; ¿no será mal hecho emplearlos en esto ? »

¡Qué de palabras piadosas en aquel diario ! ¡Cuántos ensueños poéticos, ilusiones, tristezas, engaños y desengaños ! En aquellas páginas todas las mujeres encontramos á cada momento algo de lo que ha pasado por nuestra alma en alguna época de la vida.

Sin embargo, las ocupaciones de Eugenia eran bien prosaicas, aunque es verdad que en medio de todo siempre encontraba modo de elevar su alma á Dios, á lo bello y al sentimiento de una noble poesía.

« Un día gastado en el lavadero, dice más lejos, no será por cierto digno de descripción. ¡Pero ¡cómo no hemos de confesar que el espectáculo es bonito 1 aquella ropa blanca extendida sobre el verde prado ó flotando al aire en las cuerdas impelidas por el viento, le hacen á una acordarse de la Nausicaa de Homero ó de aquellas princesas de la Biblia que lavaban las túnicas de sus hermanos. Tenemos un lavadero muy hermoso en el arroyo, grande, con bastante agua, en un recodo del riachuelo, bajo la sombra de los árboles en donde cantan las aves...

266 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

» ... Hoy entró papá á la cocina en el momento en que yo bajaba el caldero del fuego, y me dijo que no le gustaba que hiciera yo aquellos oficios ; pero le referí que san Buenaventura estaba lavando la loza de su convento cuando le llevaron el capelo de cardenal. En este mundo, le dije, no degrada ningún oficio, ni humilla á los ojos de Dios otra cosa que no sea el pecado. Así, mi caldero me hizo hacer esta linda reflexión que me impedirá en lo futuro tener asco á ciertos oficios que manchan las manos y las ennegrecen. »

«... He pasado el día cosiendo y aplanchando ; he leído poco, salvo algunas páginas de san Francisco de Sales... »

Á pesar de estas ocupaciones caseras, Eugenia leía mucho y con provecho, y tenía tino, perspicacia particular para juzgar á los autores; por ejemplo, he aquí lo que dice de A^íctor Hugo :

« ¡ Qué hombre tan singular es Víctor Hugo ! Acabo de leer algo de él; es divino, infernal, sabio, loco; es pueblo, es rey, es hombre, mujer, pintor, poeta y escultor : es todo. Me sorprende, me repugna y me encanta... sin embargo no he leído de él sino su Cromwell, Maña Tudor y algunos fragmentos de Nuestra Señora de París. »

¿Quién que haya leído á Víctor Hugo no encontrará que en aquellas pocas frases está descrito el más grande poeta de este siglo? Aquel sublime y repulsivo prosador, aquel poeta audaz, profundo, tierno y aterrador : ¡ la encarnación del siglo XIX ! Sin embargo, quien lo juzgaba era una pobre niña, modesta y retirada en un campo toda su vida, sin conocimiento absolutamente del mundo.

MUJERES LITERATAS 2G7

Entre tanto, su hermano pasaba por todos los grados universitarios con lucimiento y tomaba parte en el movimiento literario de París. Él también llevaba un diario, que fué publicado después de su muerte; es el de uno de aquellos espíritus atormentados por el mal del siglo : el tedio. Mauricio de Guerin al principio de su carrera se apartó del camino trillado del catolicismo y fué por algún tiempo discípulo de Lamennais; pero merced á mejores influencias, á poco abandonó á su maestro y se volvió á la de sus mayores, siendo colaborador de varios periódicos marcadamente católicos. Pero, en aquel Diario de una alma, ni una vez menciona á su hermana con la estimación y cariño que le debía : Mauricio se dejaba amar por su familia é idolatrar por su hermana con el egoísmo de los niños, y aceptaba todo aquel entusiasmo que Eugenia derramaba en su diario cuando hablaba de él : ésta es la diferencia entre el amor de hermana y de hermano. Se entiende que hay excepciones y viceversas en toda regla.

La salud de Mauricio era mala y estaba amenazado de morir de tisis. Sin embargo, se casó con una persona muy buena, aunque, según parece, insignificante, á quien Mauricio amó tranquilamente durante su vida matrimonial, que fué muy corta. Eugenia asistió á su matrimonio, yendo entonces por primera vez á París, cuya residencia no fué de su gusto, y se volvió á Gayla. Sabiendo á poco que la salud de su hermano empeoraba día por día, creyó salvarle llevándole á su castillo natal. Pero fué en vano : ni los aires del campo, ni el clima suave del sur de Francia no pudieron restaurar aquella naturaleza débil y agotada por una vida demasiado intelectual. Mauri-

208 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

cío murió á los pocos días de su llegada al castillo de Cayla.

Muerto su hermano, se dirá : debe concluir el dia rio, pero como hemos dicho antes, Eugenia continuó su tarea, dirigiéndose « á Mauricio en el cielo ».

He aquí el principio de esta segunda parte, tan tocante y original.

21 de julio de 1339.

« No, amigo mío, la muerte no nos separará ni te borrará de mi pensamiento : la muerte sólo separa el cuerpo : el alma, en lugar de estar en este encierro corporal, está en el cielo, y este cambio de mansión no quita nada á los afectos. Al contrario, estoy llena de esperanzas; en el cielo se ama más que aquí, porque allí todo se diviniza. ¡Oh! Mauricio, ¿estás lejos de mí? ¿me oyes? ¿En dónde te hallas ahora? ¿Cómo es ese Dios tan hermoso, tan bueno, tan poderoso, que te dará tanta dicha con su vista inefable por toda eternidad? Tú ves ahora lo que yo espero, tú posees lo que yo deseo, tú mbes lo que yo creo. ¡Misterios de la otra vida, cuan profundos sois, cuan terribles y también cuan dulces! ¡Sí, muy dulces cuando se considera que en el cielo es en donde se encuentra la eterna felicidad ! ¡ Pobre hermano mío! aquí abajo no encontraste la dicha, y en una vida tan corta no hallaste nunca reposo. ¡Oh! ¡Dios mío! ¡sostenedme, restableced la fe en mi corazón ! i Ay de mí ! no siento suficientemente este apoyo... ¡Mauricio, te velamos largas horas, tus hermanas y tu mujer, muerto en tu cama, la cabeza sobre la almohada como si durmieseis! En seguida, te acompañamos al cementerio y te vimos bajar á la

MUJERES LITERATAS 2G9

tumba, tu último lecho ; allí oramos y lloramos mucho... y heme aquí otra vez escribiéndote durante tu ausencia, como si estuvieras en París... ¿Será cierto que no te volveremos á ver en ninguna parte?... Yo no puedo olvidarte; algo de muy tierno me hace pensar que estás cerca, lo cual me consuela, me tranquiliza y me impide llorar... Á veces lloro á torrentes y después se seca el alma. ¿Por ventura no lo sentiré bastante?... ¡Oh! no, toda mi vida será de un prolongado luto; el corazón está viudo; no tengo intimidad con nadie. Amo mucho á María y al hermano que me queda, pero no siento aquella simpatía que nos ligaba... »

Más lejos leemos :

« Tengo necesidad de escribir, de pensar, de estar sola, no sola, sino con Dios y tú, Mauricio. ¡Me encuentro tan abandonada en medio de todos! ¡Oh! soledad llena de vida aún, ¿cuánto durarás?... »

« He comenzado á leer los Santos deseos de la muerte, y me gustan mucho... Mi alma vive en un ataúd, ¡ oh ! sí, estoy enterrada contigo, hermano mío ; así como yo vivía con tu vida, he muerto con tu muerte. He muerto á toda dicha, á toda esperanza en la tierra. Todo lo tenia en ti como una madre en su hijo : era yo más bien madre que hermana. ¿Te acuerdas cómo me comparaba á Mónica llorando á su Agustín, cuando hablábamos de mis aprehensiones por la salud de tu alma, de esa querida alma sumida en el error? ¡Cuánto no oré, supliqué, pedí á Dios tu conversión ! Un santo sacerdote me dijo una vez : « Vues- » tro hermano volverá al redil. » Sí, así fué, volvió,

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pero al punto nos abandonó para ir al cielo... ¡espero que fué al cielo ! Así lo creo : hubo en aquella muerte señales evidentes de gracia, de misericordia, de paz. Dios mío, I es cierto que tengo más motivos para bendecirte que para quejarme!... »

Hay momentos de angustia al invocar á su hermano en aquel diario que tienen eco en todos los corazones sensibles, pues con la elocuencia del verdadero dolor le suplica que se le aparezca, que vuelva del otro mundo, que le dé una señal que la pruebe que no la ha olvidado... ¿Quién al perder los seres queridos que alegraban su vida no ha tenido ese deseo con vehemencia? Sin embargo, la tumba es muda, el silencio contesta á nuestros angustiados gritos; ni un aviso, ni un recuerdo... ¡nada. ¡Esto es matador !

Otras veces pretende consolarse, consolando á los desgraciados en lejanas regiones, y proyecta viajes al interior de África ú á otros países salvajes, en donde procuraría dar objeto á su vida en adelante sin el menor interés. También piensa varias veces hacerse monja, pero la detiene su padre á quien debe acompañar; ya no tiene gusto en las ocupaciones caseras y deja el cuidado de la casa á su hermana menor.

« Mauricio, dice seis meses después de su muerte, ocupaba una gran parte de mi corazón; muerto él, Dios tiende á ocupar todo el espacio vacío, y pronto sólo ÉL será dueño de mis sentimientos y afectos. Como el arca sobre las aguas, todo lo que se ha salvado del diluvio es mi amor á Dios. »

MUJERES LITERATAS 271

« Los sentimientos Únicos, escribe, crecen con la soledad hasta lo infinito, así como las raíces se propagan en un prado, ellos cubren el alma. Creo que debería salir de aquí por algún tiempo. Las ideas fijas que se nutren de todo y recuerdan todo son muy perniciosas; la vida es un deber que tenemos que aceptar. Desde el punto de vista religioso deberíamos desear nuestra conservación. El dejarnos morir sería una mala acción delante de Dios. Si no tuviera esa idea, sin el cielo que me anima veo que me dejaría caer, — lo cual sería mal hecho, pues como cristiana no debería imitar á los que no tienen ese divino apoyo. ¿Acaso Dios no está á nuestro lado que nos dice : yo estoy con los que sufren? ¡Fe consoladora! ¡Oh! ¡cuánto le debemos á la fe! Yola considero como el único apoyo del hombre. Hay otras consideraciones que parecen sostenernos, pero no son sino apariencias, columnas de vapor...»

Á medida que pasaban los meses y los años, su dolor era más hondo y menos comunicativo ; así su diario se hizo intermitente y al fin acabó por completo. Sólo encontramos fragmentos y notas escritas en hojas volantes que su familia recogió después. He aquí algunos de estos fragmentos, todos ellos tan llenos de aquel dolor vehemente que rara mujer experimenta si no es madre, pues todos los demás afectos se borran con el tiempo en el corazón humano, y sólo las madres pueden llevar el duelo con la misma violencia al cabo de años como en el primer momento de su pena.

« ¡Mauricio, escribía, habitante del cielo ! mis

272 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

relaciones contigo serán como con un ángel ; hermano celestial, te considero como mi ángel guardián...

» • Oh ! tengo necesidad de que me oigan en la

otra vida, que me contesten, porque en ésta nadie lo hace; desde que tu voz se extinguió, se acabó para mí toda comunicación con otra alma. ¡Silencio y soledad en todas partes! tal parece como si estuviera en una isla desierta ; ¡ ah ! cuánto sufro con esto ! Sufro mucho. . . ¡ Me gustaba tanto, era tan dulce para mí escucharte, gozar de esa conversación elevada y profunda, de aquel lenguaje espiritual, tan delicado y encantador, el cual sólo tú podías usar! Desde niño me distraía el oírte hablar; con tus primeras palabras empezaron nuestras íntimas conversaciones. Paseando por el bosque vecino, discurríamos acerca de las aves y de sus nidos, de las flores y de las semillas. Todo nos parecía bonito, todo incomprensible, y nos hacíamos mutuamente preguntas que no sabíamos contestar. »

En medio de estos secretos pesares también tenía tiempo para ocuparse de la suerte y del carácter tan generalmente frivolo de la mujer, efecto de la mala educación que se la da en todas partes del mundo.

(( En las mujeres, escribía, no hay nada fijo, durable ni vigoroso en los sentimientos ; sus amistades entre sí no son sino lazos de delicada cinta. Yo he visto aquellas ternuras pasajeras de unas amigas con otras. ¿Acaso no podremos amarnos de otro modo? No conozco ejemplo alguno de Orestes y Pílades femeninos. Me irrita el pensar que los hombres tienen en el corazón un sentimiento que nos falta. En ca:. -

MUJERES LITERATAS ^73

bio, nosotras tenemos un espíritu de sacrificio y abnegación que ellos no poseen.

» ... En general, nuestra educación es errónea, y me parece que contraría la misión que tenemos en el mundo. Nosotras, que nacimos para sufrir, no tenemos para consolarnos una fuerza moral adecuada á las circunstancias. Cultivan nuestros nervios y nuestra sensibilidad sin contrariar la vanidad, que es lo principal en la educación femenina ; nos enseñan religión y moral pro fórmula, sin que estos estudios sean serios y útiles... ¡Oh, pobres mujeres, pobres mujeres! »

Lo último que escribió, según parece, aunque en calidad no tiene fecha, es una págma volante escrita un 31 de diciembre :

« En otro tiempo, escribía, acostumbraba acompañar mentalmente á Mauricio el último día del año. Pero muerto él, mi pensamiento está solitario y no simpatiza con nadie. Yo guardo ya para mí misma los acontecimientos que se suceden en mi alma en su marcha hacia la eternidad... ¡Hoy es el último día del año! ¡Cuan solemnemente triste es este pensamiento! »

Eugenia de Guerin murió en mayo de 1848 y sobrevivió nueve años á su hermano. Antes de morir tuvo la satisfacción de ver publicadas las estimabilísimas, aunque escasas obras de su Mauricio, que era su anhelo. Ella no se contentó con amar y admirar á Mauricio, deseaba que el público supiera también apreciarle, y lo consiguió.

El escritor Barbey de Aurevilly coleccionó las cortas poesías de Eugenia (pues también era una regular versificadora), el diario y algunas cartas de ella.

274 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

y publicó (como lo había hecho con las de Mauricio, poco después de su muerte) un volumen de sus obras, el cual gozó de una grande popularidad, tanto en Francia como en todo país en donde se lee francés, es decir, en todo el mundo.

Jorge Sand y Sainte-Beuve, á pesar de los genios tan distintos que los distinguieron, eran ardientes admiradores de aquellos dos hermanos, « cuyos destinos, dice Sainte-Beuve, están tan íntimamente enlazados, que es menester ocuparse del uno cuando se tiene que hablar de la otra, pues ella se referirá á él siempre ».

Otras plumas, pues, han juzgado á Eugenia de Guerin en el punto de vista de la literatura y de su singular afecto fraternal, pero nosotras, al tratar de hablar de Eugenia, no hemos visto sino á la mujer de elevados y tiernos sentimientos, á la mujer virtuosa y abnegada que vivió siempre para los demás, la que en lugar de lamentarse de su pobreza, supo poetizar los oficios caseros y hacer amables y encantadores los sentimientos religiosos que la distinguían : grande arte es éste en la mujer y digno de todo elogio.

De adrede dejaríamos para lo último el hablar de la mujer de más genio que ha tenido este siglo después de madama de Stael, la cual iguala á ésta en el talento y es superior á la primera en el conocimiento de la lengua y el estilo de sus numerosísimas obras : hablamos de Aurora Dupin Dudevant, conocida por su nombre de pluma : Jorge Sand.

MUJERES LITERATAS 275

Para formar esta mujer se necesitó que la naturaleza hiciese uso de muchos elementos heterogéneos : descendiente de una famosa actriz, de un rey polaco, de una gran dama de la aristocracia francesa, de un mi.i.ar de Napoleón y de una hija del pueblo, fué criada á la Rousseau, educada en un convento é instruida en las cosas de la vida por su abuela, anciana que había lucido en la corte del rey más corrompido que hubo en Francia, la de Luis XV.

Dotada de imaginación y talentos asombrosos, indudablemente si hubiese permanecido en el convento sería una segunda santa Teresa; si se educara al lado de una familia virtuosa, aquella mujer hubiera hecho un gran bien á sus contemporáneos con su ejemplo y con su pluma. Desgraciadamante no tuvo quien dirigiera una alma criada para el bien, pues tenía grandes cualidades; sino que al contrario, salvo los pocos años que pasó en el convento, su vida fué de luchas, en las cuales recibió malísimos ejemplos de su madre y de su abuela, que se disputaban su afecto. Aquello falseó su mente y corrompió su corazón. Casada con un hombre que no la quería ni podía comprenderla, y careciendo de sentimientos religiosos y morales, se separó del señor Dudevant al cabo de pocos años de matrimonio y se lanzó á París en busca de independencia, sin recursos pecuniarios.

Al principio vivió con dignidad ganando trabajosamente su subsistencia y la de sus hijos con los productos de su pincel, pues pintaba agradablemente ; pero después tomó la carrera de la literatura (firmando con el seudónimo de Jorge Sand), carrera en la cual en breve se hizo un nombre : se vio rodeada

276 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

de una sociedad corruptora y perdió la delicadeza y el sentido moral. Sus primeras obras, que llamaron muchísimo la atención, tienen un estilo viril, entusiasta, aunque sencillo, que oculta ideas disociadoras y altamente inmorales, no tanto por la trama de sus novelas como por la impresión que dejan en el alma una vez leídas. Republicana y socialista en 1848, Jorge Sand se constituyó en campeón del partido más exagerado y en la vocera de la filosofía de moda entonces en Francia. Después de muchos desengaños y aventuras, Jorge Sand pareció enmendarse y escribió una serie de novelas campestres muy bellas, llenas de poesía y de espíritu tierno y pastoril ; pero á poco volvió al camino trillado por ella antes, en el cual atacaba el matrimonio y las ideas religiosas.

Durante los 36 años que duró la carrera literaria de Jorge Sand, en la cual escribió no solamente novelas sino también sus memorias, sus viajes y artículos sobre toda clase de asuntos, dramas, etc., etc., no flaqueó jamás su inimitable estilo, siempre sencillo, natural, fresco, apasionado y á veces lleno de felicísimas imágvenes y en el cual manifestaba muchos conocimientos en ciencias naturales y en bellas artes, estética y filosofía.

El alma de Jorge Sand se nos presenta como un grande espejo que hubiese guardado una parte de su prístino brillo, aquí y allí aisladamente, aunque enteramente desfigurado por algún golpe que lo hubiera roto. Á pesar de su fama y de la controversia que sucitaron sus obras, no hay duda que la memoria de Jorge Sand vivirá, no en sus novelas filosóficas é irreligiosas, que carecen de verdad, sino en los encantadores cuadros campestres y pastoriles de las

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novelas rurales que escribió y que llevan el sello de su grande amor á la naturaleza.

Á pesar de la poca virtud de su vida, la caridad inmensa que formaba el fondo de su carácter puede haber rescatado una parte de sus faltas. Los aldeanos que viven en las cercanías de sus propiedades conservan de ella un recuerdo imperecedero ; pero el mal que sembró en el corazón de los que leyeron sus obras y creyeron en sus doctrinas, ¿podrá rescatarse jamás? No jamás, jamás...

Como dijimos antes, gran número de escritoras francesas que se han distinguido más ó menos en la carrera de las letras pudiéramos citar ; pero nos hemos propuesto, para no alargarnos demasiado, hablar solamente de las más distinguidas literatas de cada país, y hemos de abreviar un estudio que puede volverse cansado é insoportable quizá.

Quédanos una literata más que no podemos menos que mencionar ; es ésta la más moderna de todas y la que actualmente está más de moda, á pesar ó quizá más bien, á causa de los tipos un tanto corrompidos que ha sabido crear con una maestría en la intriga, una corrección en el lenguaje, una viveza en las escenas que pinta, que ha llamado muchísimo la atención. Nos referimos á la señora Maña Aiitonia de Riqíietti de Mirabeaii, Condesa de Martel de Janville, más conocida por el seudónimo de Gyp, con que firma sus producciones. Es lejana parienta del famoso Mirabeau de la Revolución francesa y parece haber heredado la elocuencia y el sentimiento ó conocimiento del por qué de los hechos humanos. Empezó á escribir (hemos contado más de treinta tomos) en 1882; pero no son por cierto lectura pro-

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pia para las jóvenes, pues en todas sus novelas y revistas sólo procura pintar la vida parisiense, en la parte elegante pero corrompida de este fin de siglo.

Literatas y poetisas inglesas.

Aunque el entendimiento de la mujer ha sido cultivado con particular esmero en Inglaterra desde tiempo atrás, hace 30 años la cuestión de la educación científica de la mujer era enteramente desconocida en aquel país, y si se trataba de instruirla era en literatura, artes, etc., pero no se hablaba de ello con la misma seriedad con que se ocupaban de la de los varones.

Hoy día, como hemos visto en otro capítulo, pululan en las universidades de Inglaterra las niñas, y muchas de éstas se educan para todas las carreras, tanto profesionales como literarias. Una hija de la reina Victoria, la princesa Luisa, es presidenta de una sociedad titulada : Asociación nacional para promover el adelanto de la educación de la mujer en todas las clases sociales.

He aquí el objeto de dicha sociedad :

I.'* Comunicar entre sí todas las asociaciones é individuos que trabajan en pro de la educación de la mujer, y recoger y reunir para dar cuenta á los miembros de la asociación todos los datos acerca del asunto ;

2.° Promover el establecimiento de buenas escuelas,

MUJERES LITERATAS 279

baratas, para niñas, fuera de las que provee el gobierno ;

3.* Proteger de todas las maneras posibles el perfeccionamiento de la educación de la mujer después de la edad de la escuela, promoviendo lecciones y clases públicas para niñas mayores de 18 años, y clases nocturnas para las trabajadoras ;

4.° Mejorar el tono de la opinión pública con respecto á la necesidad de la educación, etc.

La literatura inglesa del día cuenta un número prodigioso de mujeres que se han distinguido en todos los ramos del saber humano : hablamos ya de las que se han dedicado á la ciencia, al profesorado, á la medicina, á las artes y á los viajes; réstanos ahora ocuparnos de las historiadoras y literatas, es decir, de las más notables entre las historiadoras, novelistas, dramaturgas, poetisas, etc., — aunque para decir verdad, no alcanzaremos á mencionar ni siquiera las más importantes y de primer orden, y muchas de éstas tendremos que dejar en el tintero.

Entre las poetisas inglesas se distingue en primera línea Isabel Barrett Browning, la cual ha sido comparada á los mejores bardos de su patria.

Gomo su salud era muy delicada, Isabel Barrett vivía encerrada y dedicada al estudio de los clásicos ydelas lenguas muertas; pero no se le había ocurrido componer nada ella misma, hasta que grandes [penas domésticas la aislaron enteramente de la sociedad; entonces, para consolarse, acudió á la poesía, y su musa despertó ecos que asombraron á sus compatriotas. La primera obra que dio á la luz pública fué una traducción del Promoteo de Esquilo, la cual llamó mucho la atención, así como los poemas origina-

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les que dio después á la estampa. Entre sus más afamadas producciones se cuenta un canto en el cual pinta los sufrimientos de los niños empleados en las factorías, lo cual produjo tanta impresión que contribuyó mucho á aliviar la suerte de aquellos desgraciados. La poetisa casó no muy jovea con el poeta Roberto Browning y pasó sus últimos años en llalla, en donde murió en 1861.

Amelia Opie, hija de un artista, y Ana Grant, cantaron en cadenciosas estrofas sus penas é impresiones : la primera tuvo el don de conmover á sus lectores de una manera excepcional , y la segunda interesar á todos en las costumbres de Escocia, su país natal. Amelia Opie murió de 85 años, y Ana Grant de 83 años , ambas muy honradas por cuantos las conocieron, y después de haber tenido la satisfacción de ganar su subsistencia con el producto de su pluma.

Otra poetisa, María Fighe, se dedicó á la literatura con el objeto de hacer obras de caridad, y aunque murió de 35 años, dejó un edificio para asilo de huérfanos, que llevó el nombre de una de las producciones de su estro poético que más fama la diera.

Felicia Hemans y Leticia Isabel Landon obtuvieron el afecto de todos los amantes de la poesía, en la primera mitad del presente siglo. Ambas poetisas tuvieron una suerte melancólica; ambas murieron jóvenes, casi en la misma época, y fueron lloradas por la Inglaterra entera.

Participaron de mucha popularidad dos prolíficas escritoras y poetisas : Elisa Gook y Adelaida Proctor. Esta última fué heredera de los talentos poéticos de su padre Barry Gornwall.

Tres hermanas pertenecientes á la alta aristocracia

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inglesa se dedicaron con entusiasmo á la poesía : eran estas damas herederas de un nombre famoso en los anales de la literatura inglesa, así como de la belleza física más notable. La mayor, cuya hermosura fué sorprendente, Carolina Sderidan Norton, hacía gala de un estilo byroniano por sus arranques de pasión, aunque felizmente carecía de la misantropía del poeta su compatriota ; las otras dos hermanas,

— la BARONESA DE DUFFERLN y la DUQUESA DE SOMEftSET,

pulsaron también la lira con gran talento y originalidad.

Podríamos citar muchas otras poetisas quizá igualmente sobresalientes, pero nos falta lugar para hablar de las historiadoras, novelistas, etc., que tanto se han lucido en Inglaterra en este siglo.

La historiadora femenina de mayor fama es Lnés STRicKLAND,la cual,— eu unión de sus tres hermanas Margarita, Catalina y Susana, — empezó por escribir libros propios para la enseñanza, luego novelas y poesías, y por último produjo ella sola una obra interesantísima : Vida de las reinas de Inglaterra, desde la conquista normanda en i 066 hasta la actual soberana de la Gran Bretaña, en doce volúmenes. Después, con una de sus hermanas, escribió una Biografía de las reinas de Escocia, en cuatro volúmenes. La vastísima erudición que manifiesta, su brillantísimo estilo, sus juicios críticos, filosóficos y morales acerca de los hechos históricos, y sus vastos conocimientos; todo esto prueba que la mujer cuando tiene tais.

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lento puede escribir obras históricas como cualquier hombre.

La seíiora Matoew Hall publicó después una serie de Biografías de las reinas de Inglaterra anteriores á la conquista normanda; pero el estilo descuidado y difuso de esta señora le ha impedido tener la reputación que merecería por su erudición.

Otra escritora, Margarita Oliphant, también se ha dedicado particularmente á estudios históricos, y sus obras no solamente son populares en Inglaterra, sino también en Francia, en donde las han traducido. Empezó su carrera literaria escribiendo novelas que publicó durante muchos años en una revista inglesa, las cuales forman más de doce volúmenes. En 1861 escribió la Biografía del literato Irving, en 1870 y 71 la Vida de [san Francisco de Asís y las Memorias del conde de Montalembert, y en 1881 la Historia de la literatura inglesa desde\mediados del siglo XVI II hasta principios del siglo XIX, y otras obras biográficas é históricas. Sus obras forman más de 60 volúmenes sobre todas materias, y durante los 37 años que ha durado su carrera literaria jamás ha dejado pasar un año sin publicar por lo menos dos obras.

María B. Howit ha sido una de las más prolíficas escritoras de Inglaterra : primero, en unión de su marido, Guillermo Howit, escribió varias obras de literatura, y después, sola, se ha ocupado de historia política, de historia natural, poesías, novelas y obras pedagógicas. La lista de sus obras es larguísima y formarían por sí solas una librería sobre todos los temas posibles.

Una hija de la anterior siguió las huellas de sus padres y hoy tiene reputación como escritora y crí-

MUJERES LITERATAS 28^

tica de bellas artes. La madre murió en 1888 en el seno del catolicismo pocos días después de haber ido á Roma á arrojarse á los pies de León XIIL

Esposa de un distinguido arquitecto, escritor y critico de bellas artes, Ana Elisa Bray es autora de varios estudios históricos y biográficos, novelas y viajes. Cuando murió su marido, éste dejó sin concluir una obra descriptiva sobre los monumentos antiguos de la Gran Bretaña; ella la acabó entonces, y trabajó con tanto ahinco que estuvo á punto de perder la vista. Á pesar de haber quedado algo ciega, la señora Bray no cesa de escribir y dictar libros sobre diferentes materias.

Muchísimas más mujeres historiadoras y biógrafas inglesas podríamos citar, pero tenemos que ocuparnos de las novelistas, género de literatura en el cual se han distinguido tanto las inglesas que hoy día hay, por lo menos, sobre cada tres novelistas contemporáneos en la Gran Bretaña, dos mujeres.

La más importante escritora de Inglaterra, que iguala, si no supera, á todos los actuales novelistas ingleses, indudablemente es Ana María Evans, conocida con el seudónimo de Jorge Eliot : émula de Jorge Sand, tan ardiente, tan instruida ó tal vez más que ésta, llena de talento y de genio, y un tanto desprovista de sentido moral, según el mal ejemplo que dio en su vida, no en sus obras, Jorge Eliot es la literata más afamada de la Gran Bretaña. Al ha-

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blar de su vida veremos cuales fueron las causas de su extravío en la senda de la moral doméstica. Ni una sola gota de sangre aristocrática corre por sus venas : sus abuelos paternos eran descendientes de los primeros habitantes de Inglaterra, oriundos del país de Gales, y su padre fué primero carpintero y después campesino. Sus antepasados por parte de madre fueron todos agricultores y pertenecían á la antigua raza sajona pura que la invasión normanda dejó en el país que conquistó hace más de ocho siglos. Ana María se crió con toda libertad en el campo y desde muy niña se notó en ella un carácter muy original, violento, tenaz y amante de la instrucción. Era entonces y lo fué siempre muy fea, de facciones toscas, cabeza inmensa, cuerpo endeble, modales encogidos ; felizmente la futura literata jamás pretendió ser bella ni le importó ser fea; nunca fué vanidosa, sino que desde niña la atormentaba el deseo de la gloria, de ser algo en el mundo, de dejar una huella luminosa en la memoria de los hombres.

Su padre la hizo dar una educación muy esmerada en un colegio de niñas, y después de regreso á su hogar devoró con entusiasmo todos los autores antiguos y modernos de Inglaterra. Gomo buscase con ahinco una verdad que no encontraba en la religión protestante á que pertenecía, cambió varias veces de secta sin hallar consuelo. Guando Ana María hubo cumplido 20 anos, su padre fué á radicarse en una ciudad, y la joven obtuvo en ella maestros de latín, griego, hebreo, alemán, francés é italiano; leyó varios libros filosóficos, las obras de Rousseau y de Jorge Sand, y al cabo de pocos meses anunció á su familia que no era cristiana ya; rehusó ser miembro

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de ningún culto y, para distraerse, se puso á traducir La Vida de Jesús, libro anticristiano del alemán Strauss. Ésta fué publicada primero, y después algunos artículos suyos obtuvieron buena acogida y la propusieron la redacción de una revista importante de Londres.

Si en aquella época Jorge Eliot, en lugar de amigos que la extraviaron más y más, hubiera encontrado quien le señalase y enseñase la religión católica, es muy probable que se hubiera convertido : ella deseaba conocer la verdad ; las hipocresías de las sectas protestantes la indignaban, y prefirió no tener ninguna religión; pero eso no la satisfacía, y la prueba de ello es que jamás hizo alarde de su infidelidad, ni faltó en sus escritos á las leyes morales. Sus primeras novelas, Escenas de la vida clerical, publicadas cuando tenía cerca de 40 años de edad, obtuvieron un éxito inmenso, como todas las que escribió después hasta 1880 en que murió. Gomo dijimos antes, Jorge Eliot es la primera novelista inglesa de la época, é indudablemente sus novelas se considerarán en lo porvenir como obras clásicas.

Después de Jorge Eliot son tantas las novelistas inglesas que pueden ocupar el segundo lugar, que apenas mencionaremos unas pocas, escogiendo entre las más conocidas.

La prolífica pluma de Francisca Gore tuvo embelesada á Inglaterra durante 38 años. Dedicóse, en una multitud de novelas que escribió, á describir la vida íntima de la aristocracia y de la clase media inglesa : las interesantes escenas que supo inventar, unidas á un estilo incisivo, brillante y frecuentemente sarcástico, llamaron tanto la atención de cuantos escribían

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en la primera mitad de este siglo, que ha tenido muchos imitadores. Fué también dramaturga (varios dramas suyos se representaron en Londres), poetisa y música (algunas canciones que compuso son muy populares); en resumen, se la considera como una de las literatas [más [meritorias de ¡la Gran Bretaña.

Contemporánea suya fué Francisca Trollope, madre de dos conocidos novelistas ingleses. Esta dama no empezó á escribir sino cuando iba á cumplir 50 años. Viuda entonces y privada de recursos, escribió una relación de un viaje que había hecho á los Estados Unidos. Gomo esta obra fuese bien acogida por el público, escribió inmediatamente varias novelas. En algunas hacía descripciones de las costumbres norteamericanas, y ponía tan en ridículo los usos de aquel país que se dice que ella tuvo parte en la reforma de varios hábitos inciviles que había allí entonces y que ya no se practican sino entre las gentes más vulgares. La señora Trollope ganó una fortuna con su pluma; escribió grandísimo número de obras, y no cesó de trabajar hasta su muerte, acaecida en Florencia en 1863, á la avanzada edad de 83 años.

Llámase á la brillante y gráfica escritora Ana María Hall « elWalter Scott irlandés )),y efectivamente en todas sus novelas tendió á pintar las costumbres y los paisajes de la antigua y moderna Irlanda, con todo el patriotismo y entusiasmo de una alma generosa. Aunque sus producciones han sido siempre acogidas con grande aprecio, desgraciadamente la novela histórica ha pasado de moda en Inglaterra, con motivo del abuso que se hizo de ella y la nube de falsos imitadores que tuvo Walter Scott.

Curiosa es por cierto la carrera literaria de tres

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hermanas : Carlota, Emilia y Ana Bronté, las cuales, después de desplegar un raro talento lleno de originalidad, murieron de tisis todas tres, jóvenes aún, víctimas de esa espantosa enfermedad que siega cada año una parte de la población de la Gran Bretaña. La mayor de ellas, Carlota, es la autora de una de las novelas más populares de su tiempo, Juana Eyre, la cual fué traducida inmediatamente en varias lenguas, y goza todavía, al cabo de 30 años, del favor del público.

Isabel Gaskell escribió la vida de aquella familia talentosa y desgraciada. Esta dama se hizo un nombre no solamente en la literatura, sino que despertó grandes simpatías en todos los corazones humanitarios llamando la atención hacia las costumbres de los obreros de las manufacturas de un condado de In^Xd.- térra. En su novela, ilí«?'2/5<2r/o/i, supo de tal manera producir favorable impresión en pro de la reforma de los abusos que se cometían con los trabajadores, que cambió la suerte de éstos. Todas sus obras tienen tendencias moralizadoras y fllántropas, que hacen grande honor á su juicio y buen corazón.

Citaremos aquí á las novelistas que se han dedicado nada más que á moralizar entreteniendo y mejorar instruyendo á la juventud y á las mujeres.

Una de las escritoras más populares es Dinah María MuLocH. Hija de un hombre instruido y amantísimo de las letras, Dinah creció en un hogar lleno de efluvios cargados de buenas ideas y de nobles pensamientos, que la inspiraron el deseo de hacer el bien á la humanidad, á la medida de sus fuerzas. Sus primeras novelas fueron bien acogidas por el público, pero su reputación llegó á su apogeo cuando publicó

288 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

una llamada : Un Caballero cabal : John Balifax, en la cual pinta con extraordinaria maestría lo que debe ser un verdadero caballero. Su matrimonio, — que tuvo lugar en 1864, cuando contaba ya 38 años, — no le truncó su carrera literaria, y cada año publica una ó dos novelas. El gobierno inglés le ha dado una pensión literaria, la cual ne se prodiga en ese país y sólo la obtienen aquellas personas cuyas obras son benéficas á la sociedad. En los 50 volúmenes que hasta ahora tiene publicados Dinah María Muloch, se encuentra que en todos ellos su mayor deseo es inculcar al lector la convicción de que todas las desgracias que nos sobrevienen sirven para enseñarnos que nuestras acciones deberían siempre tener por móvil el amor de Dios, y que las pruebas y dolores de la vida realzan los nobles caracteres y ponen los malos en evidencia.

Carlota María Yonge sigue los pasos de la anterior escritora. Sus numerosísimas obras, á más de ser escritas con maestría, tienen el mismo tono moral, sano y sin pedantería ni empalagoso sentimentalismo. Sorprende la lista de las obras de esta escritora (106 volúmenes), en la cual se encuentran libros propios para todas las edades y todas las circunstancias de la vida; de manera que sus obras completas formarían una librería para el hogar, y en donde todos, desde el abuelo hasla el niño que empieza á leer, encontrarían lo necesario para entretenerse é instruirse. Con el producto de una de sus más bellas novelas, — La Cadena de inargarita, ($ 10,000) fundó un colegio de misioneros en Nueva Zelandia ; y con lo que ganó en otra. El Heredero de Radcliff, mandó fabricar un buque para el obispo de Auck-

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land, jefe de aquellos misioneros. ¡Qué vida tan benéfica y llena de encantos será la de aquella mujer que haciendo el bien ha atravesado esta vida que tantas mujeres desperdician en tristes devaneos y esterilizan en tantas diversiones ó conversaciones ociosas !

Tanto Dinah Muloch como Carlota Yon ge, empezaron á publicar sus obras hacia 1844, es decir hace más de 40 años, y desde entonces nunca han tenido un día inútil ni desperdiciado. Casi todos estos libros han pasado por varias ediciones y se han publicado no solamente en Inglaterra, sino en Norte América bajo diferentes formas; hanse traducido al francés, al alemán, y en todas partes del mundo su nombre es seudónimo de bondad, virtud y moralidad.

Iguales intenciones han tenido Catalina March y Emma Marshall : la primera ha trabajado sin cesar en escribir libros para entretener y moralizar á las clases proletarias, presentándoles buenos ejemplos bajo la capa de novelas divertidas y al alcance de sus entendimientos ; la segunda se ha entregado á escribir paa los niños y las jóvenes, y sus obras (más de 20 volúmenes) se han traducido al francés y al alemán.

Por el estilo de estas damas, aunque menos afamadas, podríamos citar á más de 50 literatas inglesas, pero bastarán aquéllas para dar idea [del bien que esas mujeres hacen con su pluma.

Veamos ahora otra clase de escritoras, las que buscan la gloria y el arte en primer lugar, y que, aunque sus obras no son enteramente inmorales, no todas sus novelas pueden ser leídas sin discernimiento.

Las dos más populares en este género son induda-

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blemente Isabel Braddon y Luisa de la Ramé, de origen francés, conocida con el seudónimo de Oüida, con el cual ha firmado todas sus obras.

Isabel Braddon Maxvell empezó su carrera literaria publicando un libro de poesías y una pequeña comedia que fué representada en un teatro de Londres. Su primera novela, publicado en 1862, que se intitulaba : El Secreto dé lady Aiidley, llamó muchísimo la atención, y desde entonces no ha cesado de escribir y publicar novelas, todas fundadas en algún crimen secreto y que atormenta al autor de él. Esta clase de lecturas, sin ser propiamente inmoral, no deja de estragar el gusto y producir males en las personas impresionables.

Ouida se apartó enteramente de la tradicional moralidad de la literatura inglesa. De niña, fué un verdadero prodigio de precocidad, de manera que no había cumplido cinco años cuando ya había escrito en caracteres de imprenta un cuento inventado por ella. Su padre la dio una educación enteramente masculina y se entretuvo en cultivar su talento excepcional con estudios serios. Sus primeras novelas metieron mucho ruido en la sociedad de Inglaterra. Su estilo claro y duro, las escenas frecuentemente inmorales que presenta, pintando de una manera escandalosa á los miembros de la aristocracia y su inmoral modo de vivir la dieron fama, y hubo quien aceptara con entusiasmo sus obras, mientras que otros se pasmaron con su osadía. Naturalmente las novelas de Ouida han sido traducidas al francés, al italiano y al alemán, pues tienen un sabor á fruta prohibida que llama la atención del público fin de siglo.

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Hay que confesar, sin embargo, que si Isabel Braddon ha tenido imitadoras, no así Ouida, la cual no ha ormado escuela en Inglaterra.

Entre las novelistas secundarias, pero de mucho mérito artístico, mencionaremos á Rhoda Broughton, cuyo estilo gracioso y divertido, su gran sentimiento de lo cómico y los extraños caracteres que describe la han dado un puesto aparte en la literatura inglesa contemporánea.

Concluiremos mencionando á las hijas de dos famosos literatos ingleses, cuyos nombres son muy conocidos.

Florencia Marryat, hija del afamado capitán que tantas interesantes aventuras escribió, se propuso desde su niñez seguir la carrera literaria como su padre. Á los once años escribió una novela que ilustró con dibujos hechos por ella; sin embargo, no fué sino ya de más de veinte años que publicó su primera obra. Casó con un empleado en la India adonde le acompañó, y á su regreso escribió una novela en que describía gráficamente la vida en la India; se dice que este libro es indispensable para el que visita esa parte de Asia. Desde 1865 ha escrito sin descanso y es directora de un periódico titulado : La Sociedad de Londres. Sus novelas han sido traducidas en la mayor parte de las lenguas europeas. Desgraciadamente se ha entregado al espiritismo.

La otra hija de literato de que hablamos, es Ana J. Thackeray, la cual, educada y dirigida por su padre, aprendió desde su niñez el arte de escribir, de manera, decía ella, que no comprendía la vida sin escribir alguna cosa. Así, pues, apenas había cumplido diez y ocho años cuando ya tenía hecha su repu-

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tación en Inglaterra. Casó muy joven con un primo suyo, y á pesar de cumplir estrictamente con todos sus deberes de ama de casa, no cesa de escribir para el público, el cual acepta con aplauso cada una de sus obras.

Gomo dijimos en un principio, sería interminable esta sección si quisiéramos mencionar, aunque fuera de paso, á la mayor parte de las literatas inglesas contemporáneas que han hecho carrera lucida en las letras.

Sin embargo, como nuestra intención es probar que la mujer es capaz de hacer carrera y ganarse su subsistencia en todas las vías del saber humano, aun cuando no goce de las ventajas que por lo general se proporciona á los hombres, mencionaremos antes de concluir á la inglesa más digna por cierto de los mayores elogios, tanto por su perseverancia, como por su valor moral y consagración : nos referimos á Francisca Brown, llamada la ciega del Donegal.

Francisca Brown era hija de un pobre cartero del Donegal (en Irlanda). Ciega desde su primera juventud, no había obtenido una educación práctica como ella deseaba, pero suplicaba á sus hermanos que recitasen sus lecciones en su presencia y en cambio de cuentos que ella inventaba pedía que le leyesen libros de historia. Desde los siete años de edad componía versos, pero habiendo oído leer, cuando tenía quince años, un volumen de las obras de Homero, mandó quemar sus producciones y se dedicóal estudio. Á los diez y ocho años compuso una serie de canciones llamadas : Canciones de mi patria, las cuales fueron publicadas en periódicos irlandeses. Después siguió enviando sus producciones á Jas casas

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editoriales de Dublín, las cuales las publicaban. El gobierno inglés la recompensó decretándola una pensión vitalicia de veinte libras esterlinas anuales ; al mismo tiempo sus producciones literarias le produjeron una renta que la permitió ir á radicarse á Londres, en donde vivía hasta hace pocos años entregada á labores literarias tanto en prosa como en verso, unas serias y otras ligeras, pero todas interesantes y bellísimas.

Literatas alemanas.

A.unque la educación científica y profesional de la mujer ha sido muy descuidada en Alemania, ésta, á pesar de la poca protección que encuentra en los hombres, hace grandísimos esfuerzos para ponerse al nivel de otros países civilizados. Una escritora filántropa, María Galm, fundó una Asociación general de alemanas para promover la educación de la mujer; dicha asociación tiene un periódico que trabaja en sus intereses, y cada año se reúne un congreso para dar cuenta de lo que se ha hecho en pro del objeto para el cual fué fundada la sociedad.

No deja de llamar la atención la indiferencia del alemán, tan amante de la ciencia, de los estudios pedagógicos é invención de nuevos métodos de enseñanza, con respecto á la educación literaria y científica de la madre de sus hijos. Allí no se permite que las mujeres se gradúen en las universidades; no se las emplea en las oficinas públicas, ni en los correos

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y telégrafos. El bello ideal de la mujer alemana es el que se la considere siempre inferior al hombre, cuya voluntad es para ella sagrada, — sea la del padre ó del esposo, — y en la que cumpla estrictamente con sus deberes caseros y nada más.

A pesar de esto, muchas mujeres alemanas han hecho notabilísima carrera en la literatura, aunque siempre contra la opinión pública del vulgo, que piensa que una mujer no puede atender á los deberes de su hogar y á los de la escritora.

Al principio de este siglo floreció una de las fundadoras de la literatura femenina en Alemania : Fanny Tarnow. Pobre y sola, ¡Fanny empezó la vida como institutriz en casa de una familia aristocrática. De delicadísima salud y de sentimientos, devoraba en silencio sus dolores físicos y morales, pero la vida práctica la dio lecciones que supo aprovechar para sus futuros escritos. Había cumplido 35 años cuando publicó su primera novela, la cual la dio inmediatamente fama y recursos para vivir con independencia, y después los trabajos de su pluma la produjeron no sólo independencia, sino una renta crecida con la cual vivió en Dresden . La colección de las obras escogidas de Fanny Tarnow consta de 19 volúmenes de novelas y algunas poesías. Murió en 1862 á los 79 años de edad, honrada y respetada por cuantos la trataron.

Contemporánea de la anterior, y, como ésa, nacida á fines del siglo pasado, Enriqueta Hauke dedicó los primeros años de su existencia á sus deberes caseros y nada más. Su vida fué ejemplar como soltera ; y después, casada con un viudo, se dedicó á educar ¿i los hijos de su marido con rara abnegación. Muerto

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éste y crecidos los niños, al fin Enriqueta Hauke se entregó á su estudio favorito y escribió una ó dos^ novelas que fueron bien acogidas por sus intenciones morales y su estilo elegante y fácil, aunque sus tramas son un tanto monótonas. Después de aquellos ensayos afortunados, siguió escribiendo sin cesar, y con tanta laboriosidad que de 1819 á 1862, año en que murió, ¡dio á la luz pública 108 volúmenes! Así pues Fanny Tarnow y Enriqueta Hauke, — nacidas en el mismo año, — empezaron su vida literaria casi al mismo tiempo, rindieron la jornada de la existencia en el mismo año y en el mismo mes, y pueden considerarse como las precursoras de las muchas novelistas que hoy cuenta Alemania.

Hija de un distinguido economista alemán radicado en Rusia, Teresa Albertina yon Jakon ó Jacobi aprendió desde niña las lenguas eslavas y orientales. Á su regreso á Alemania perfeccionó su educación lingüística, estudiando á fondo el hebreo, el griego, etc. Su talento y clara inteligencia llamaron la atención de varios sabios alemanes como los dos hermanos Humboldt, Goethe y otros, los cuales protegieron sus estudios y la dirigieron en ellos. Gozaba de una reconocida reputación como sabia políglota cuando en 1828 se casó con un orientalista norteamericano, Eduardo Robinson, y con él se fué á radicar á Nueva York. En esta ciudad publicó varias obras en inglés : una Historia de la colonización en Norte América, Ydiños estudios acerca de las lenguas de los arborígenes americanos y algunas novelas.

Consíderanse como obras clásicas en lengua alemana las de Carlota Birch Pfeiffer, famosísima dramaturga; igual carrera escogió Ana Lohn, cuyas

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obras dramáticas se representan con grande aplauso en todos los teatros de Alemania.

Nacida en la ciudad de Worms, Enriqueta Bissing se consagró á la poesía desde su más tierna edad : después escribió algunas novelas que fueron muy populares, siendo una de las más conocidas la llamada Manuel Godoy en la cual procura pintar las costumbres de España al fin del siglo pasado y principio de éste. Murió de más de ochenta años, rodeada del respeto de sus conciudadanos, en 1879.

Una de las más conocidas literatas de Alemania es Janny Lewald Stahr, y lo que prueba su buen sentido es que después de haber recibido una educación brillante pero en la cual se la permitió escoger la religión que más le conviniese, se hizo cristiana, cuando pudo no haber escogido ninguna. Antes de casarse con un profesor de estética, Stahr, viajó mucho por toda Europa y escribió sus impresiones no para publicarlas sino para divertir á una hermana enferma. Pero como algunas personas tuviesen conocimiento de aquellos escritos, la obligaron á darlos al público. Obtuvieron muy buen éxito, y desde entonces cada año publica uno ó dos volúmenes sobre todas materias : viajes, novelas, sus memorias, etc. Ha trabajado muchísimo en pro de la Asociación general de alemanas de que hablamos poco ha.

La esposa del conocido literato Juan Fastenrath — amigo entusiasta de todo lo que viene de España, — ha escrito también obras interesantes y hecho buenas traducciones de obras en español.

Sofía Jünghaüs nació en Gassel en 1845 y es hija de un hombre público alemán y esposa de José Schumann, profesor muy apreciado en el Instituto técnico

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de Roma. Sus novelas se distinguen por la energíc» del estilo y sus poesías por el sentimiento y conoci miento del corazón humano."

Elena Ziíimern empezó hacia la misma época que la anterior su carrera literaria, la cual ha sido muy lucida. Sus obras para los niños han tenido repetidas ediciones y sus artículos de crítica tienen mucha reputación. Escribe por lo general para el público inglés y ha traducido varias obras tanto del inglés al alemán como del alemán al inglés.

Isabel Gluck Paoli, así como Janny Tarnow, empezó su vida como institutriz, y en esa calidad estuvo en Rusia y Austria y tuvo ocasión de estudiar las costumbres de esos países. Protegida por una princesa real, logró dedicarse á la literatura, carrera que ha transitado con mucho brillo bajo el seudónimo de Betty. Sus obras encierran toda especie de estilos, desde la poesía sentimental hasta la jocosa, desde los más serios estudios y críticas artísticas hasta la novela de costumbres.

Protegida también por una princesa real alemana, Elgema John,— conocida con el seudónimo de E. MarLiTT, — se había consagrado á la música con el objeto de aprovechar como cantatriz una bellísima voz de soprano que llamaba la atención de cuantos la oyeron. Estudiaba en Viena cuando repentinamente perdió el oído y entonces se entregó al estudio y abrazó la carrera de la literatura. Considérasela como la novelista de más mérito de Alemania; sus obras han sido traducidas al inglés, al francés, etc., y algunas de ellas han servido de base en varios dramas interesantes que se han representado con grande aplauso.

17.

20i '.A MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

Hija, nieta y sobrina de conocidos literatos, Lumi LLA AssiNG había vivido siempre en una atmósfera literaria que formó su natural talento. Sus primeras obras, que publicó con un seudónimo, llamaron la atención. De espíritu independiente y liberal, algunos de sus escritos fueron considerados en Prusia como poco respetuosos hacia los soberanos, y con ese motivo pasó ocho meses en la cárcel. De allí salió para ir á radicarse en Florencia, en donde se casó y continuó escribiendo en alemán é italiano. Su estudio favorito es la biografía y todas sus producciones han sido serias.

Así como Lumilla Assing se crió en una atmósfera literaria, Clara de Glümer vio la luz del día en una casa en que sólo se ocupaban de conspiraciones. Cuando estaba muy nina tuvo que acompañar á su padre al destierro y se educó en Alsacia. Regresó á su patria en 1848, pero á poco tuvo que dejarla, con su hermano también desterrado por revolucionario. Á pesar de estas desgracias domésticas, Clara no ha cesado de escribir y traducir muchas obras de otras lenguas europeas, las cuales conoce á fondo. Sus producciones son muy populares en toda Alemania.

Tipo extravagante es por cierto el de María Esperanza DE Schwartz. Hija de un banquero de Hamburgo,se casó joven, enviudó, y con su segundo marido, el señor de Schwartz, viajó por África y escribió sus impresiones. Á su regreso se separó de su esposo y se radicó en Roma. Allí estaba en 1848 cuando tuvo lugar la invasión de Garibaldi y la fuga del Santo Padre. Entusiasmada con el clamor bélico y los inflados discursos del revolucionario italiano, resolvió ofrecerle sus servicios; vistióse de hombre y acom-

MUJERES LITERATAS 209

paño á Garibaldi en todas sus excursiones hasta 1865. En aquel año riñó con su héroe, y abandonando la vida de los campamentos, se radicó en la isla de Greta, en donde vive aún. Los periódicos y revistas alemanas publican continuamente artículos suyos que tienen bastante aceptación. Las producciones literarias de la señora Schwartz han sido de todo género : relaciones de viaje, descripciones de las islas del archipiélago griego, novelas, poesías, y sobre todo libros acerca de las hazañas de su héroe favorito.

No hablaremos sino de una escritora alemana más, de Ida de Doringsfeld, baronesa de Reinsberg. Vastago de una familia aristocrática de Silesia, esta dama al encontrarse pobre se entregó á la carrera literaria, pero al principio con un seudónimo. Sus producciones — poesías y novelas — obtuvieron muy buena acogida, la cual se aumentó cuando, casada con el barón de Reinsberg, no volvió á ocultar su nombre. Unía á los dos esposos un cariño tan grande que cuando ella murió en 1876, á los 63 años de edad, su marido, en un rapto de desesperación, se suicidó al día siguiente de la muerte de su esposa. Semejante drama causó gran sensación en Alemania, y los manuscritos que la baronesa había dejado inéditos fueron vendidos á muy alto precio.

Podríamos citar á muchísimas más literatas alemanas que se han distinguido en todos los géneros, como : Matilde Kaufmann, escritora mística!; {Amelía BoLTE, prolífica novelista; Jenny Hirsch, Juana Leitinberger, conocida dramaturga ; Emilia Horscüelman, crítica de arte, etc., etc., pero nos falta espacio y hemos de pasar á otros países en donde encontraremos muchas mujeres que nos llaman.

300 LA MUJER EN LA SOCIEDAD ¿10DERN¿

Literatas italianas.

Empezaremos esta parte de nuestra obra con un estudio extenso acerca de lo que es la mujer italiana contemporánea, — ó al menos lo que era hace unos pocos años; estudio que podrá servir de modelo á las doncellas cristianas de nuestros días, y les probará que la instrucción, el amor á las ciencias y á las artes no impiden el ejercicio de las virtudes domésticas de la mujer. Nuestra heroína es la simpática Rosa Ferrucci, hija de la literata Catalina Ferrucci.

Era italiana, nacida en Bolonia el 2 de julio de 1835, hija de un profesor de la universidad de Pisa, el doctor Ferrucci y de Catalina su esposa, cuyas obras didácticas y poesías son muy apreciadas en Italia.

Las italianas han sido en todas épocas, aun en las más turbulentas y sombrías de la edad media, mujeres amantes de la instrucción, inteligentes, las cuales reciben por lo general una educación más varonil y erudita que en otros países de Europa. Así, pues, no es extraño que los padres de Rosa cuidaran de la instrucción de la niña al encontrar en ella terreno propicio en que sembrar. En lo primero en que pensó su madre fué en darla buenos y claros sentimientos religiosos. Á la edad de seis años leía correctamente en italiano, en francés y en alemán, y prefería la lectura á cualquier juego ó diversión propia de su

MUJERES LITERATAS 301

edad. Á poco enseñáronla inglés y latín, y no había cumplido catorce años cuando conocía á fondo la geografía antigua y moderna. Gustábala tanto el estudio de la arqueología que conocía perfectamente el origen de todas las familias italianas desde el tiempo de la Roma antigua. Aprendió después la botánica, y había leído con provecho varias obras científicas sobre diversas materias, pues su madre quiso que fuera á las fuentes mismas de la ciencia ; leía en los textos originales de Tácito, Cicerón, Virgilio, etc. La historia antigua la aprendió en RoUin y en los antiguos cronistas latinos y griegos. Entre los modernos prefería particularmente á Bossuet y Fenelón, y sabía de memoria largos fragmentos de Milton, Schiller, Klopstock, íntegramente de memoria la Divina Comedia del Dante, y desde los once años traducía la Eneida con corrección.

Gomo la señora Ferrucci educaba varias señoritas en su casa, Rosa ayudaba mucho en esta faena, y la claridad y lucidez de sus explicaciones llamaban la atención de cuantos la oían. Había traducido las Paradojas de Cicerón, con notas que ella misma escribió para aclarar el texto, obra que destinaba para el uso de las jóvenes. Tenía el proyecto de compilar una historia de la Iglesia católica al alcance de las mujeres del mundo. Dejó gran número de notas que había reunido con tal objeto, y se ocupaba de ello en la noche misma en que la atacó la enfermedad que la llevó á la tumba. Su espíritu esencialmente religioso buscaba siempre en todo el amor de Dios y trataba de probar que la única fuente del bien y de la verdad está en el catolicismo.

Guando Rosa tenía de quince á diez y seis años su

302 :a mujer en la sociedab moderna

madre reunía en su casa dos veces por semana algunos amigos, con el objeto de leer por turno y al acaso fragmentos de las Geórgicas de Virgilio y de las Historias de Tácito, y explicar los textos. Á todos sorprendía Rosa, cada vez que la tocaba su turno, con las traducciones correctas que hacía y las explicaciones que daba á cada frase aun la más oscura. Su instrucción cristiana era de tal suerte perfecta, que al tratarla sólo se encontraba en ella suma modestia, gran sencillez y un modo de ser tan humilde, puede decirse, que no lastimaba á nadie con su saber : era obediente y amable con sus padres y superiores, y en todo tiempo su profunda y tranquila piedad, su verdadera caridad con cuantos veía sufrir, su carácter igual y benévolo, infundían respeto y cariño en cuantos la trataban. Ella escribía mucho en su idioma natal y su estilo era como su carácter : puro, sencillo, correcto y enérgico. Aunque tenía una alma de poeta nunca escribió sino en prosa, pero su tendencia á la melancolía y á la reflexión hacían que cada fragmento de sus obras pareciese un poema ó una elegía. Amaba con pasión todo lo desgraciado, desde los pobres y mendigos á quienes visitaba para llevarles sus economías y lo que dejaba de gastar en su tocado, hasta los pajarillos errantes y desamparados durante los fríos del invierno. Cuando veía en algún cementerio un sepulcro descuidado, se complacía en llevarle flores diciendo : « ¡Ah ! ¡ cuánto me duele vei una tumba abandonada ! »

Entre las buenas obras que ejecutaba nuestra ita liana desde niña, nótase una, digna de su claro talento y noble carácter : enseñaba á varias niñas pobres que no tenían con qué pagar maestros, la gra

MUJERES LITERAT.A? 3^3

líicUica italiana, geografía y francés, y éstas, merced á Rosa, lograban aprender lo suficiente para enseñar después ellas mismas en las escuelas pobres y ganar una honrada subsistencia.

En un libro que publicó la madre de Rosa, después de la muerte de ésta, refiere que durante un invierno muy crudo, notaron en la familia que si bien en la mesa tomaba el pedazo de pan más grande para sí, no se lo comía, sino que lo guardaba. Gomo su madre la hiciese la observación, Rosa la contestó :

— ¿Por ventura hago mal? No creía que faltaba en esto... ¡pero como el pan está tan caro en este invierno pensé que ese pedazo podría servir para dárselo siquiera á un pobre más !

Á veces sucedía que, durante los paseos al campo, pretendía ayudar á cargar los tercios de leña á las pobres que encontraba cansadas por los caminos, hasta el punto de costar trabajo impedírselo.

Desde su niñez amaba la Italia con pasión y con un patriotismo extraño á su edad. « Ella lloraba las desgracias de su patria, dice su madre, — como en otro tiempo el solitario de Bethlem gemía sobre los infortunios de Roma ; pero nuestros defectos y discordias la afligían más que nuestras desgracias. »

Rosa jamás frecuentó los bailes, ni las tertulias y saraos del gran mundo, pues su alma pura y serena como la de uno de los lagos de su Italia prefería la soledad y el retraimiento de su gabinete de estudio á todo. Así no conocía la envidia ni la emulación en el vestir, ni jamás una innoble pasión turbó la serenidad de su vida, que se componía tan sólo de afectos elevados y el amor de Dios y de los pobres.

304 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

Una de las pocas amigas íntimas que tuvo fuera de su madre (que poseía toda su confianza) era una hija del poeta Manzoni, que murió antes que ella.

Además de los estudios que hemos mencionado, Rosa tenía mucho amor á la música, y una de sus mayores dichas era comprar alguna pieza que no fuera conocida, de sus favoritos Beethoven, Weber, Mozart, Rossini y Bellini. Un día su hermano ofreció llevarla á Florencia á que escogiera lo que quisiese en una tienda de música. Guando partió hablaba con entusiasmo de lo que pensaba comprar, mas su madre la vio regresar muy contenta, pero sin música. He aquí lo que había sucedido : al llegar á Florencia la habían informado que una familia que ella protegía particularmente se hallaba en grandes apuros, tanto que si aquel mismo día no pagaban el arrendamiento atrasado de su habitación serían arrojados á la calle. Por supuesto Rosa olvidó la música, y el dinero que llevaba para satisfacer su capricho fué á parar en manos del casero de sus protegidos. Cuando trataron de reñirla por su caridad, la niña contestó con admirable candor :

— ¿Cómo era posible obrar de otra manera? ¡Decídmelo vosotros i ¿No es cierto que era imposible?

Á pesar de su amor al estudio intelectual, Rosa siempre dedicaba una parte del día á las faenas caseras y ayudaba á su madre á invigilar la casa y las sirvientas y á coser la ropa de la familia. Tenía tiempo para todo, y jamás estaba ociosa, aprovechando incesantemente las horas de su vida para ocuparlas en algo útil. Tomaba siempre interés en lo que hacía, que es el secreto para no fastidiarse jamás. Trabajaba con el mismo buen humor y contento, ya fuese en

MUJERES LITERATAS 305

algún oficio doméstico, al lado de las sirvientas de la casa, ya en el gabinete de su madre, entregada á alguna obra literaria. Ninguna ocupación la fastidiaba ni arredraba, y en todo hallaba motivos de satisfacción, tratando de perfeccionarse.

No era lo que se llama una mujer hermosa; pero era graciosa y tenía los ojos negros y llenos de fuego, frente alta y serena, y aunque muchas veces parecía melancólica, cuando se entusiasmaba sus facciones se transfiguraban y parecía un ángel ó una musa. Además de que la adornaba una abundante y larga cabellera poseía dientes blancos y parejos, sus modales eran distinguidos y señoriles. Hablaba poco, con gracia y cordura, sin alardear de instruida. Siendo Rosa muy niña, su madre la preguntó un día cómo desearía que fuera su novio, si algún día lo tuviera.

— En primer lugar, contestó Rosa, le querría religioso, de modales cultos, inteligente y amante del estudio ; además querría que tuviese una ocupación útil. En cuanto á bienes de fortuna, de eso no me preocupo, así como tampoco de sus prendas de belleza física. Si acaso puedo permanecer en la posición en que nací, eso me bastará para ser feliz ; pero sea rica ó pobre, si acaso puedo cumplir con mis deberes como debo, tengo seguridad de que estaré contenta.

Por una rara casualidad, á los diez y nueve años Rosa se comprometió á casarse con un joven de Liorna, abogado de profesión, llamado Gaetano Orsini, el cual en todo punto era el ideal de sus aspiraciones, — pues era cristiano vehemente, amante de las letras y en todo digno de su novia.

Poco después de su compromiso, Rosa dijo á su

306 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

madre un día de su cumpleaños, llena de contento y alegría :

— ¡Ah! mamá, Gaetano es un hombre excelente. ¡Acabamos de convenir en que después de casados, en los días de nuestros natalicios, en lugar de hacernos mutuamente regalos que serán probablemente inútiles, emplearemos el dinero en dar limosna á alguna familia desgraciada !

Guando Orsini visitaba á su novia, pasaban horas enteras leyendo en alta voz sus autores favoritos, hablando de su vida futura y la manera como deberían emplear su tiempo para cumplir mejor con sus deberes hacia Dios y hacia su prójimo. Nada de secretillos insulsos ni de interminables conversaciones en voz baja, apartados del resto de la familia, como si sufrieran de alguna enfermedad contagiosa ; lo que se comunicaban podía decirse delante de todos. El amor que Rosa profesaba á Gaetano era la perfección de aquel sentimiento espiritual y verdaderamente noble que rara alma es capaz de experimentar, según madama de Stael, quien dice : « La mayor parte de los hombres y aun un número inmenso de mujeres, no tienen la más lejana idea de lo que es el verdadero amor, y hay más gente que sea capaz de juzgar á Newton que comprender aquel sentimiento del alma. » Añade la misma escritora « que la unión de dos almas y dos corazones que se amen con perfecto amor, es imposible que dure en este mundo, porque semejante felicidad sería como gozar en la tierra y en la humanidad de lo que sólo es dable experimentar en el cielo ».

Así Dios no permitió que se consumara la unión de aquellos novios, como lo veremos adelante.

MUJERES LITERATAS 307

De la serie de cartas que se han coleccionado de Rosa Ferrucci, se han reunido en tres idiomas : en italiano, á su novio, y en francés y en 'alemán á algunas amigas.

Rosa escribía á una de aquellas las siguientes líneas, que todas las jóvenes deberían tener siempre presentes antes de elegir novio :

« Tienes razón : las jóvenes no deberían consentir en unirse sino á hombres instruidos y amantes del estudio de alguna ciencia ó de algún arte. ¿Conoces estas palabras del Padre Lacordaire? Jóvenesy averiguad, antes de entregar vuestra mano á un hombre, si él tiene costumbre de inclinarse ante el altar de Dios, y si las manos de aquel á quien entregaréis la vuestra se unen con frecuencia para orar. Lacordaire tenía razón, ¿no es verdad? »

No obstante su profunda instrucción y amor á la lectura, Rosa jamás leía sino aquello que su madre la había recomendado, negándose á mirar siquiera los libros y las páginas que ella la había prohibido.

Entre sus papeles se encontró una pequeña regla de vida que recomendamos á las que quieran perfeccionarse y cumplir con sus deberes religiosos, sociales y domésticos :

« Ver á Dios en todas las cosas.

» Llevar todo pensamiento y obra ante el trono del Señor.

)) Pensar siempre : Dios me ve.

» Amar tiernamente la religión y la Iglesia católica.

» Unir sus obras á las de Jesucristo.

» Guardar en su corazón un gran deseo del cielo.

308 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

» Pedir á Dios la fe y la constancia de los mártires.

» Tener una confianza Invencible en los efectos de la oración.

» Socorrer á los pobres por amor de Dios.

» Velar sobre sí y orar.

» Hacer el bien á todos sin excepción.

» Obedecer á su padre y á su madre.

» Ser sumisa y dócil con sus maestros.

)) Callarse cuando se siente malhumor.

» No leer nunca un libro sospechoso.

» Tener una escrupulosa probidad.

» No hablar mal de nadie.

» Creer siempre en el bien.

» No tener jamás envidia.

» Pedir á Dios el don de la humildad.

» No despreciar nunca las buenas inspiraciones que Dios nos envía.

í) Trabajar y estudiar con ardor.

)) Elevar frecuentemente su espíritu á Dios.

)) Perdonar todo á todos.

» Buscar la felicidad en las virtudes cristianas.

» Hacer lo que se debe y descansar en seguida en la divina misericordia.

» Temer el pecado más que la muerte.

>) Pedir los sacramentos desde el momento en que se empieza á sentir una enfermedad seria.

» Hablar con Dios como al padre más amado.

)) Unir nuestra suerte á la pasión de Jesucristo. »

Merced á las costumbres francas de la alta sociedad italiana, Rosa tenía libertad para comunicarse y escribir á su novio, que vivía en Liorna. Estas cartas llenas de unción, de caridad cristiana y amor de

MUJERES LITERATAS 3G9

Dios, deberían servir de norma y de ejemplo á todas las mujeres cristianas que buscan en sus esposos algo más que una protección física y un amor profano, sino que aspiran á unir bajo el mismo techo á dos almas igualmente templadas para el bien y que se aman santa y noblemente, como verdaderos discípulos de Jesucristo, es decir, bajo el amparo de Dios y en nombre de la religión que les ha unido.

Daremos aquí algunos fragmentos de este admirable epistolario.

ROSA A GAETANO

Pisa, 6 de abril de 1856.

... Jamás podré agradecer suficientemente á Dios, el que me hubiese proporcionado la dicha de que seas, Gaetano, mi guía y mi protector durante esta vida. No puedo menos que decirlo, y se lo repito frecuentemente á mi madre, porque así lo pienso y lo siento en el fondo de mi alma. Á pesar de todos los defectos é imperfecciones que me han impedido tantas veces permanecer fiel á las buenas resoluciones que sin cesar tomo delante de Dios, tengo tan alta idea de lo que debe ser una esposa cristiana y de los deberes con que dentro de poco debo cumplir, que por cierto me aterrarían si no confiara con tanta fe en la bondad de Dios, que todo lo puede y que me ayudará en mi debilidad. Siempre le hablo á mi madre del santo respeto que me inspira el sacramento que vamos á recibir, y te suplico le pidas al Señor las gracias que son necesarias para que me haga lo que debo ser. Te prometo hacer todos los esfuerzos

310 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

posibles para santificarme, y quiero consagrar con esta intención todas las oraciones del mes de María ; espero que la Virgen obtendrá que me sea dado lo que me falta aún. Creo ¡que el camino hacia la perfección sería llegar á corregirse de todos aquellos pequeños defectos que nos parecen insignificantes, pero que deben disgustar tanto á la infinita perfección. Aconséjame, pues, en todo esto y te aseguro que recibiré tus correcciones, como se deben recibir de la persona que reemplazará, por la voluntad de Dios sobre la tierra, al padre y á la madre.

17 de abrü.

... TÚ serás, Gaetano,mi guía, te lo repito; en adeante no tendremos sino una sola voluntad, un solo amor, amándonos en nombre de Dios, por quien todos los afectos se hacen sagrados. Nuestro amor na na nacido sólo de las dotes exteriores ni de las sombras de la belleza, j flor de un día ! Nos amamos porque amamos á Dios. En él está nuestra unión, porque en ÉL está nuestra virtud; toda la pureza de nuestro cariño, porque él es para nosotros el ñn de nuestras acciones. De allí resultan aquellas alternativas de alegría y de tristeza, según nos acercamos ó nos alejamos de esa perfección ideal que forma el fondo de nuestros deseos. . . ¡ Ah! ¡ Dios es muy bueno, y con cuánta adoración no le bendigo por esa esperanza y propósitos que ha puesto en nuestros corazones ! Dios no solamente es para mí el eterno poder que creó el cielo y la tierra, sino la dulce misericordia que me ha dado tu corazón como la mayor de las bendiciones.

MUJERES LITERATAS 311

2 de mayo.

... Creo que aunque no debemos tener en mira un tipo demasiado ideal, al cual sea imposible alcanzar, sí deberíamos fortificar en primer lugar el poder de voluntad. Cuidemos de que ésta jamás se incline al mal, aun en las cosas pequeñas. Tengamos siempre aquella hermosa máxima de la Imitación : « Si cada año de nuestra vida corregiéramos un defecto, ¡cuánto mejor no seríamos! » ... Sí, la fuerza de voluntad nos es muy necesaria, no solamente en las grandes pruebas, sino también en las pequeñas. Allí está, según pienso, toda la virtud cristiana, porque ¿qué puede ser más agradable á Dios sino encontrar que nuestra voluntad es siempre conforme á la suya?...

30 de mayo.

Un afecto que no se fundase en el amor de Dios no podría ser feliz. Consagrémonos á aquel que todo lo hizo para nosotros. Creo que as: como la pompa exterior del culto no vale nada para Dios, si no hay verdadero fervor cristiano, así las obras no pueden merecer la gracia, si no las inspira una intención pura y un deseo ardoroso de agradar á Dios solamente. Es preciso, pues, que todo sea de adentro para afuera; y te confieso que frecuentemente busco en las cosas exteriores y palpables una palanca visible que las eleve hacia las invisibles, descubriendo en todo lo que veo una imagen de aquella belleza eterna que no se presenta á las claras sino á la inteligencia y al corazón. ¡Entonces todo tiene una lengua : las montañas, las estrellas, el mar, los árboles, las aves, me dicen tantas cosas nuevas que sólo la

312 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

VOZ de la naturaleza puede explicar! ¡Cuan admirable no es la bondad de la divina Providencia, que de mil maneras nos lleva é impele nuestras almas hacia los santos afectos para los cuales nos ha creado !...

21 de enero de 1857.

.. En verdad, Gaetano, es preciso que estemos siempre listos para morir cuando y como Dios quiera, y amándole á él infinitamente más que todo lo de este mundo terrestre que pasa como nuestra fugitiva existencia. Nuestra alma inmortal no ha sido formada para esta tierra, en donde todo es brevedad y vicisitud, y por eso aspira al cielo. Por mí, sé decir que muerta ó viva, en este mundo ó en el otro, yo siempre seré tu Rosa en el amor que Dios conoce y bendice...

Cuatro días después de escrita aquella carta, — la postrera que recibió Gaetano de su novia, — Rosa sintió los primeros síntomas de la enfermedad que la llevó á la tumba, víctima de una fiebre miliaria, mal que es casi siempre mortal en Italia, y del cual murió también el rey Víctor Manuel. Á pesar de que al principio de la enfermedad se disimuló á Rosa la gravedad de ella, ésta la presentía así. Como su novio (á quien habían enviado á llamar á Liorna) no pudiese ocultar la pena que le causaba verla sufrir :

— Gaetano, le decía con inefable dulzura, si Dios quiere que vivamos el uno para el otro, no temas, que ÉL me curará... pero si lo hubiese ordenado de otro modo, es preciso resignarse á adorar su santa voluntad, ¿no es verdad?

Desde su lecho de dolor se acordaba de los pobres

MUJERES LITERATAS 313

á quienes socorría, y suplicaba á su madre que les enviara la limosna que ella acostumbraba hacerles. La dulzura, amor de Dios, resignación y perfecta paciencia que la distinguían, se aumentaron á medida que la enfermedad tomaba un carácter más y más grave. Quiso hacer confesión general, y se preparó á la muerte con tanta entereza y tranquilidad como si la vida no se la presentara llena de sonrisas y de dicha, pues á pocas personas la suerte había colmado de más esperanzas y de mayores anuncios de felicidad. Tuvo, sin embargo, un momento de debilidad en el que no pudo menos que llorar su temprana muerte y lamentarse al pensar en la desolación en que dejaría á sus padres y á Gaetano.Pero esta situación de ánimo fué pasajera, y haciendo un supremo esfuerzo, se volvió á su novio diciéndole con un acento dolorosísimo pero vigoroso :

— ¡Adiós, Gaetano, no nos volveremos á ver ya!

Y desde aquel momento formó la resolución de desprenderse para siempre de los afectos humanos para pensar sólo en Dios : no volvió á mencionar á su novio, hasta ya próxima á morir, cuando, quitándose del dedo el anillo de compromiso, se lo entregó á su madre pidiéndola que se lo diese á quien debiera tenerlo...

Pero ¿para qué insistir en describir los últimos momentos de esta virtuosísima doncella? ¿Para qué despertar en nuestra alma horribles penas á las cuales no es posible resignarse, sino con el auxilio de la divina Providencia? ¿Qué madre que haya visto morir á sus hijas en toda la flor de la juventud podrá asistir sin angustia á la muerte de una niña que la recuerda lo que ella misma ha sufrido?...

314 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

El 5 de febrero de 1858, á las dos y media de la tarde, Rosa dejó de existir. ¡ Aun no había cumplido 22 años!...

Su madre estuvo á punto de perder el juicio; pero Dios la tuvo compasión, y la dio no solamente fortaleza y energía para no dejarse llevar por el senamiento más doloroso de la vida de una mujer, sino que presenció la agonía de su hija hasta el postrer momento, y en seguida inclinó la frente ante los decretos de la soberana voluntad, bendiciéndola y resignándose á todo lo que tenía á bien enviarla.

La ciudad de Pisa entera asistió llorando á sus funerales y la proclamó santa en la vida y en la muerte. Todos los periódicos de la Toscana publicaron necrologías, versos, etc., con motivo de esta tronchada existencia.

En seguida la señora Ferrucci se ocupó en recoger materiales para consolarse escribiendo la vida de su hija, y otro tanto hizo un excelente sacerdote, que también murió joven y había conocido á Rosa en los últimos años de su vida.

« ¿Habéis visto alguna vez, dice el abate Perreyve, pasar sobre el horizonte, al empezar el otoño, gran multitud de aves que se extienden en largas filas sobre el cielo azul? Dícese que el ave más fuerte es la que va adelante rompiendo las capas de aire, seguida de las más débiles, que entran fácilmente en la huella abierta por la primera. Así, si somos demasiado débiles para abrirnos sin auxilio el camino que conduce al cielo, sepamos al menos seguir la huella de los santos : su vuelo fuerte y seguro nos llevará en pos suya, y cuando les veamos adelantarse sin vacilar por esa vía, emprenderemos marcha nosotros tam-

MUJERES LITERATAS 315

bien por el camino que conduce hacia el objeto supremo del eterno amor. »

El tipo de Rosa Ferrucci es el más perfecto que podemos presentar á las señoritas de sociedad, pues el ejemplo elevado, noble y amabilísimo de esta doncella italiana es en verdad el bello ideal de la joven cristiana; y si entrásemos las mujeres por aquella vía, sería lo bastante para regenerar la sociedad que amenaza disolverse, merced á la ignorancia y á las malas ideas que cunden sin cesar en todas partes. Á las mujeres toca hacer amable el cristianismo y patentizar que el verdadero catolicismo, en lugar de huir de las luces y la instrucción, busca siempre la luz de la inteligencia, y que la ilustración no es enemiga de las verdaderas ideas de nuestra religión.

En un diccionario biográfico italiano de Osear Greco, publicado en 1875, ¡ se encuentran 418 nombres de escritoras italianas contemporáneas!

No mencionaremos con algunos pormenores sino á las que hemos considerado más importantes.

Al empezar este siglo encontramos el nombre de una poetisa improvisadora muy famosa en Italia, Magdalena Morelli, llamada Corella Olímpica. Su manera de improvisar era realmente sorprendente : no había tema que le propusiesen, aunque fuese dificilísimo, que no la inspirase para componer en el acto una poesía más ó menos larga. Entusiasmados los italianos con aquel prodigio, la pasearon por todas las ciudades de la península^ y después, en Viena, el emperador la dio el título de poetisa real. Á su regreso de Austria la llamaron los romanos para coronarla solemnemente y darla el nombre de Corella Olímpica. Aquello sucedía al fin del siglo pasado. Ya-

316 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

rios reyes, — y entre otros Catalina, emperatriz de Rusia, — la enviaron obsequios en premio de su singular talento. Magdalena Morelli murió de 72 años al empezar el siglo XIX.

Otra improvisador a j Teresa Bandettini, había elegido la carrera del teatro, pero como la protegiesen varios poetas como Alfleri y Monti, y se casase con un hombre acomodado, dejó las tablas y se entregó al estudio del latín y del griego y de la poesía clásica. Teresa era el encanto de toda la sociedad de Lucca,y sus improvisaciones eran obras maestras de poesía. Compuso una tragedia que se representó y fué muy aplaudida en Milán ; publicó varias colecciones de versos, pero se considera la mejor composición suya un poema épico titulado : La Déseide. Se había ocupado de ciencias, estudiando física en la universidad de Bolonia é historia natural en Venecía. Á pesar de sus triunfos, Teresa Bandettini fué excelentísima madre y señora de su casa; murió llorada por cuantos la conocieron en 1837, á los 78 años de edad.

Diodata Saluzzo pertenecía á la alta aristocracia y era hija de Angelo, conde de Saluzzo. Desde su niñez manifestó amor ardiente á la poesía. Sus primeras composiciones fueron campestres y descriptivas; después escribió sobre todas materias : poemas, tragedias, novelas, brotaban de su pluma facilísimamente. Algunas de estas últimas fueron traducidas al alemán y al inglés. Diodata murió soltera en 1840.

Las anteriores escritoras vivieron en una época en que en todo se pensaba menos en instruir á la juventud masculina, y menos á la femenina. Aquella pe-

MUJERES LITERATAS 317

nínsula, que había sido el centro de la civilización del mundo, se hallaba entonces en un estado de decadencia dolorosísima. La mitad de la población no sabía leer en el norte de Italia, y la parte más progresista y en las Dos Sicilias, de 1 .000 personas 900 no conocían las letras.

Las niñas hijas de los nobles y de los burgueses ricos pasaban muchos años en los conventos, en donde se las daba una ligerísima instrucción, pero las niñas del pueblo carecían en absoluto de escuelas. Sin embargo de todo esto, las mujeres son más inteligentes que los varones en Italia ; por lo menos dicen los que se han ocupado de la materia que en las escuelas las mujeres son superiores á los hombres en aplicación y facilidad para comprender.

Esta facilidad es lo que ha obrado indudablemente en Italia para que, á pesar de la poca instrucción que se ha dado á la mujer, se encuentren sin embargo tantas escritoras de mérito en aquel país.

Citaremos las más importantes.

Laura Oliva Mancini y Grazia Mancini, — madre é hija, y ambas renombradas poetisas, — ocupan un lugar preferente en el parnaso italiano. La primera recibió una esmerada educación y en breve se hizo conocer como pintora, música y dramaturga. Gomo se hubiese mezclado en los movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en Italia en 1848, fué desterrada con su marido á Inglaterra, de donde regresó en breve y se dedicó á la educación de su hija Grazia. Niña ésta de talento precoz y despejado, se ejercitó primero en escribir pequeñas comedias y diálogos para que sus hermanitos representasen en familia. En 1868 se casó con un célebre abogado, hoy

18.

318 tA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

profesor en la universidad de Roma. Amantísima de su familia, esta dama ha escrito poesías, novelas y comedias particularmente para la instrucción de sus hijos.

Descendiente de una noble familia española, Aurelia CiMiNo FoLiERO DE LuNA uació eu Ñapóles, y con aquel loco amor por las tablas que distingue á los italianos, quiso seguir la carrera del teatro, á pesar de su noble estirpe. Pero como su familia se lo impidiese, se dedicó á las letras. En 1846 casó con el poeta Gimino, el cual se mezcló en la revolución de 1848 y pasó desterrado con su familia á Inglaterra. Allí ella aprovechó sus conocimientos de música para dar lecciones de canto, con lo cual ayudó al sostenimiento de su familia. Desde que Aurelia Gimino regresó á Italia, se consagró completamente al cuidado de los diez hijos que tuvo de su matrimonio. En 1872 la reina Margarita la pidió que fundase una revista dedicada á la instrucción y moralización de la mujer, y durante largos años redactó La Cornelia, que tenía ese objeto. Esta dama ha escrito obras de toda clase sobre cuestiones sociales, de instrucción pública, etc., en pro del bien de su sexo, y el gobierno de Humberto la comisionó dos veces para que fuese á Francia á estudiar los establecimientos de agricultura para mujeres que existen allí. Sus novelas son muy populares en Italia y se la considera como una de las mujeres más benéficas de su patria.

Después de la tentativa de independencia que hizo Yenecia en 1848, aparecieron en aquella ciudad algunas novelas patrióticas que llamaron muchísimo la atención : eran obra de una dama, Luisa Codemo, de

MUJERES LITERATAS 319

sentimientos patrióticos muy exaltados. No solamente ha escrito novelas, sino piezas dramáticas, recuerdos de viajes y poesías. Considérasela como una de las escritoras modernas más originales de Italia. Es oriunda de Yenecia.

Casi todas las ciudades de Italia han tenido en este siglo alguna escritora de fama : en Parma Catalina PiGORiNi Berti. Civitella se enorgullece con Teodo-

LINDA PiGNOCGHI. JOSEFA GUACCI, ISABEL ROSSI, JOSEFA

ToRRisi, etc. se han hecho notables en Ñapóles, Florencia, Parma, Milán, Roma, etc.

Aun tenemos que citar á Maximina Rosselini, poetisa ; Teresa Bernardi, también poetisa, como lo son Alinda Bonacci, que escribió versos desde la edad de nueve años; Irene Riccardi y Zaira Pieromaldi, presidenta de la Sociedad para la paz universal, fundada en Roma.

Teresa de Gubernatis, — hija ó hermana del famoso literato orientalista Ángel de Gubernatis, — presidenta de la Sociedad para promover la educación de la mujer, protegida por la reina Margarita, es una de las mujeres que más se han ocupado en esa cuestión, y ha escrito toda clase de obras de educación. Otro tanto ha hecho Julia Colombini, la cual trabaja sin cesar en tratar de ilustrar á sus compatriotas, tanto con su ejemplo como por medio de sus numerosos escritos sobre todas materias.

Pudiéramos citar muchas otras á cual más meritoria, pero no nos queda espacio sino para una italiana más.

En 1864 se fundó en Florencia una sociedad con el objeto de estudiar á fondo los escritos y las obras de las italianas del día y conceder un premio á la mujer

320 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

más talentosa de Italia. Obtuvo el premio la señora

GlANNINA MlLLI GaSSONE.

Esta dama había nacido en Teramo en 1827 y desde la edad de cinco años improvisaba poesías. Súpolo el rey de Ñapóles, quiso oírla, sorprendióse con aquel precoz talento y la mandó educar á sus expensas. Sin embargo, poco duró en el colegio en que la habían puesto, y habiendo regresado á su casa, estudió con ahinco cuanto pudo con algunos poetas que habían practicado el arte de la improvisación. Varios periódicos salieron en los siguientes años elogiando á la joven poetisa. Recorrió después algunas ciudades exhibiendo su talento y á poco su fama llegó á todas partes de Italia. Considérasela, pues, como la improvisadora de más mérito que hay ahora en el mundo. Hanse publicado varios tomos de poesías de Giannina Milli ; es directora de la Escuela Normal de Roma é inspectora de los colegios de niñas del sur de Italia.

Literatas rusas

Sofía Swetchine

Hace algunos años que los rusos están continuamente llamando la atención del mundo civilizado, tanto por sus actos, como por su literatura; así no dejará de ser útil estudiar un tanto la historia de una nación semi-bárbara, semi-civilizada, semi-europea y semi-oriental.

MUJERES LITERATAS 321

Los rusos son descendientes de aquellas tribus salvajes cuyo Dios era un sable á quien rendían culto de adoración ; que se vestían con el cuero de sus enemigos muertos en las batallas, y brindaban en sus cráneos. Sin embargo, merced á los esfuerzos de una mujer, Olga, santa de la Iglesia griega, aquel pueblo esclavo se convirtió al cristianismo, si cristianismo podía ser lo que esos bárbaros practicaban, en medio de los más horrendos crímenes. No había jefe ó rey que no muriese asesinado, ni había delito, desorden, exceso y abominación que no tuviese carta de naturalización en aquel país, azotado por su triste y helado clima, y poblado por unas hordas de hombres sin ley ni Dios. La lectura de la historia rusa produce vértigo y causa espanto. Las mujeres no eran las menos salvajes é inhumanas, y pocas son las historias en que, como en la de Rusia, se tropieza á cada paso con el nombre de alguna de ellas. Varoniles, apasionadas, amantes del mando y del poder, rara vez, después de haber sido regentes, abandonaban el mando á sus hijos. La influencia civilizadora de la mujer rusa se hace notar muy poco allí; ella marcha á nivel con el hombre por medio de una charca de sangre y un camino de crímenes. En el trono rara fué la zarina que no diese mal ejemplo y no tuviese malas costumbres : la corrupción oriental reinaba entre los nobles, y el embrutecimiento bestial entre los servios. Allí no ha habido nunca pueblo, sino déspotas y siervos, que naturalmente se odiaban y se hacían mutuamente una guerra sorda ; en los últimos años ha mejorado un tanto la posición de la plebe, pero aquello es más aparente que real.

Pedro I, llamado el Grande, porque lo fué efectiva-

322 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

mente como legislador y como zar, era uno de los hombres más criminales, corrompidos y brutales que registran los anales del mundo. A su muerte reinó su mujer, Catalina I, la que había sido vivandera de sus ejércitos, y mujer de un soldado antes de ser elevada al trono ; naturalmente una mujer criada en medio de los ejércitos de Pedro no podía dar buen ejemplo en su elevada posición. La emperatriz Ana, que reinó después, tampoco tuvo una conducta moral, y otro tanto sucedió con Isabel, que permaneció sobre el trono ilegítimamente más de diez y nueve anos. Seguidamente se presenta Catalina II, á quien también llamó grande su pueblo. Esta famosa zarina, cuya gloria iguala á la de Isabel de Inglaterra, luvo una vida tan desarreglada y escandalosa como pocos hombres malos la han tenido, y después de nna carrera de crímenes, de sangre y de despotismo, al fin murió llena de años y de delitos, de resultas de un banquete demasiado opíparo, en 1796, dejando el trono á su hijo Pablo, á quien siempre había tenido mala voluntad y aun odio, — tanto que éste tuvo frecuentemente temor de que su madre lo mandase asesinar.

¿Quién creyera que en una corte tan corrompida rodeada de ejemplos tan inmorales y escandalosos, naciera una de las mujeres más noblemente virtuosas que se han hecho notar en este siglo? Sin embargo así fué, y la hija de uno de los secretarios privados de Catalina II (descendiente de una noble familia moscovita) se crió allí amante de la virtud, de las grandes ideas y de los elevados sentimientos, en tanto que la sociedad de su patria se hundía en el fango del vicio, y la soberana reinante hacía alarde

MUJERES LITERATAS 323

de una conducta más parecida á la de Luis XV (de Francia) que á la de cualquiera otra mujer por mala que hubiese sido.

Sofía Sogmonof (después Swetchine) nació en Moscova el 22 de noviembre de 1782, y su padre, al notar su viveza singular y grande inteligencia, se propuso educarla lo mejor posible y cultivar su naciente talento, inspirándola gusto por las artes y amor por las letras. Á los doce años Sofía conocía, además del ruso, el francés, el inglés, el italiano y el alemán, y estudiaba con provecho el latín, el griego y el hebreo.— Sin embargo, su padre, como buen cortesano de Catalina II, — la admiradora de Dideroty Voltaire, — olvidó entre tantos estudios enseñarla otra religión que no fuera la que veía en las pomposas ceremonias de la iglesia griega, pero no la hizo estudiar lo que debería creer. Ella no sentía tampoco la falta de un elemento tan necesario en la vida de una mujer, y aunque no era incrédula, era enteramente indiferente á la religión, contentándose con estudiar á los filósofos de la antigüedad y leer frecuentemente los grandes escritores teológicos, como para admirar su estilo y el arte con que habían compuesto sus obras, y no para buscar allí la idea de Dios y admirar y adorarle en sus obras.

Al cumplir diez y seis años, fué nombrada dama de honor de la emperatriz María, mujer de Pablo, y en ella halló Sofía una dulce y amable protectora, pues aquella virtuosa princesa, tan diferente de las anteriores emperatrices, supo apreciar el carácter elevado de nuestra heroína y dispensarla sus favores. Además, esa corte en que el duro despotismo de Pablo pesaba en primer lugar sobre su consorte, — que

324 LA MUJER EN LÁ SOCIEDAD MODERNA

sufría sin quejarse — la ensenó las penalidades de la vida y la triste suerte que llevan los grandes en las posiciones más brillantes; así las vanidades dolorosas de aquellas existencias la hicieron comprender que allí no estaba la dicha.

Sofía, á pesar de su tipo moscovita, tan contrario á la belleza europea, tuvo muchos pretendientes á su mano, no solamente con motivo de la alta posición que ocupaba en la corte, sino por la gracia de sus modales, su agradable conversación y distinción innata. Entre todos, su padre favoreció á un amigo suyo, el general Swetchine, hombre de más de cuarenta años, pero de gran valimento en la corte y de serias cualidades. Sofía, que tenía poco más de diez y siete años, acogió con gusto al elegido de su padre, con tanta más razón cuanto que él le ofreció que jamás la separaría de una hermana menor que tenía, y á quien ella amaba tiernamente por habérsela recomendado su madre al morir.

No hacía mucho que se había casado cuando murió su padre repentinamente, y esto la produjo una impresión tan vehemente que decidió de la vida de su espíritu y de su alma. « Ella no había pensado nunca en Dios, dice su biógrafo, el conde de Falloux; pero esta primera soledad del alma, esta necesidad de un apoyo moral (que hasta entonces había encontrado en su padre, en cuya pérdida no había pensado), la obligó á elevar sus miradas al cielo; su primera oración surgió de su primer dolor, y no teniendo á quien decir ¡Padre mío ! exclamó : ¡ Dios mío! »

Desde aquel momento se propuso buscar consuelo Oí] una religión ; la griega no le era simpática y no

MUJERES LITERATAS 325

llenaba sus aspiraciones espirituales, y quiso buscar la verdad en otra parte; pero aquel pensamiento quedó en embrión en su mente y no fué sino años después que pudo llevarlo á cabo.

Gomo su marido ocupaba una alta posición en la corteja señora Swetchine era el centro en un círculo escogido de los personajes de más categoría en Rusia, así como de la emigración francesa que se había acogido á la corte de Pablo. Poco antes de la desastrosa muerte del Zar (que murió asesinado), el general Swetchine perdió el favor del soberano y tuvo que alejarse de San Petersburgo. Entonces su estudiosísima esposa aprovechó aquel tiempo para empezar un concienzudo estudio del cristianismo, de sus sectas, progreso y marcha al través de los siglos, con el objeto de escoger entre todas las sectas una religión que fuera enteramente de su gusto y acorde con sus ideas y elevado pensamiento. Alentábala en esta vía el conde de Maistre, aunque ella no aceptaba aún sus ideas que le parecían demasiado exageradas como partidario de la teocracia y de los jesuítas. Aquellos estudios fueron interrumpidos por los acontecimientos político?. En 1811, cuando se anunciaba la invasión de Napoleón, el general Swetchine (que había rehusado los empleos que le ofrecía el nuevo emperador Alejandro) pidió y obtuvo un empleo militar en el ejército defensor del suelo patrio. En tanto su mujer, uniendo sus fuerzas á las de la emperatriz reinante, fundaba una sociedad de socorros para las víctimas de la guerra. En aquel cargo, madama Swetchine desplegó una singular aptitud para regir las instituciones de beneficencia, y á pesar de su salud delicada, era enérgica, activa, prudente y abnegada

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basta el exceso, por lo cual la idolatraban los pobres, la obedecían ciegamente los empleados y la respetaban todos.

Una vez concluida la guerra con Napoleón, madama Swetchine, aguijoneada por el deseo de tener sólidas ideas sobre religión, se propuso retirarse sola á una quinta, — sin admitir visitas de nadie, — y llevando consigo una gran colección de libros de controversia religiosa, entregóse en cuerpo y alma á sus estudios teológicos y filosóficos. Pero no solamente llevó para estudiar los autores defensores del cristianismo en todos sus ramos, sino una colección de filósofos alemanes y franceses enemigos del cristianismo. Quería estudiar la cuestión bajo todas sus faces.

Esta época de la vida de madama Swetchine es sumamente interesante, pues jamás podrá el catolicismo gloriarse con una conversión tan verdadera y tan brillante. Sin embargo, Javier de Maistre no aprobaba aquel método ; él pensaba que para descubrir la verdad Y para ser iluminada por la gracia,%\\dL debería de haberla buscado más bien en la oración que en el estudio. Pero él olvidaba que son muy diferentes las organizaciones meridionales de las razas del norte; las primeras obran siempre por ímpetus y se dejan llevar por la inspiración ; las segundas son hijas de la reflexión y no se dejan dominar sino por un verdadero convencimiento. Después de un estudio detenido de cuantas obras se habían escrito acerca de la religión cristiana y analizado obra por obra, copiando, traduciendo y llenando cuadernos sobre cuadernos de extractos y reflexiones, al fin se declaró católica, apostólica, romana. El diario de su convet'

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sión es una obra en extremo importante y debería ponerse en primer grado entre las manos de aquellos que desean sinceramente buscar la verdad. Nada instruye tanto como el contemplar la lucha de una alma que busca la luz con ahinco, la desea ardientemente y al fin la encuentra alborozada y llena de íntima satisfacción.

Permítasenos copiar aquí algunos párrafos de esta obra que encontramos citados en la vida de madama Swetchine, escrita por el conde de Falloux.

« Este diario, dice, es un verdadero monumento de mis vacilaciones, de la increíble movilidad de mi espíritu, y sobre todo es una prueba irrecusable de los esfuerzos prodigiosos que hice con la mejor buena fe posible para permanecer en la religión en cuyo seno nací. »

« En el curso de la historia se ve frecuentemente que el barco de San Pedro está expuesto á grandes peligros, pero apenas el católico empieza á temblar y levanta los ojos arrasados de lágrimas al cielo para pedirle protección y preguntarle qué suerte correrán sus esperanzas, cuando cesa la tempestad y se restablece la calma. El Señor podría decirnos entonces : Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis? »

« Cuando se estudian los primeros siglos del cristianismo, no se puede menos que admirar su fervor, en aquellos tiempos cuando Dios hablaba eficazmente á los hombres patentizando claramecíe

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á SUS elegidos su predestinación. ¡ Qué cambios en los corazones, cuánta luz había allí para las cosas divinas! En medio de los abismos de la ignorancia humana, ¡qué obras las de aquellos cristianos que todo lo abandonaban por su creencia ! Los más duros sacrificios no los satisfacían y se dejaban conducir al martirio con una alegría increíble ahora. Después de haber puesto la mano á la grande obra, no volvían á mirar hacía atrás; todos sus afectos, todos sus haberes eran para ellos secundarios. La tierra se convertía en un lugar de destierro, tan concentrada tenían su alma en el pensamiento del cielo que el resto era para ella indiferente. »

» En los momentos en que mi alma está dispuesta á todo, cuando los pactos humanos desaparecen á mis ojos, encuentro cierta satisfacción en escuchar la voz de mi conciencia y sacrificarlo todo en aras de la verdad. Entonces comprendo mejor la importancia de mis estudios y la necesidad de recorrer aquella vía sembrada de espinas que me propuse seguir. ¡Dios mío! ¿podré vacilar entre los movimientos que son la pura expresión de mi alma entregada á sí misma en la meditación y la soledad? ¿podré vacilar entre estas inspiraciones y las impresiones nacidas en medio de los salones y las distracciones del mundo que enturbian el espíritu? »

Se comprenderá mejor esta vacilación, este temor

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de abjurar la religión griega que manifiesta á cada paso madama Swetchineen su diario, cuando se sepa que el emperador Alejandro llevó de Alemania á Rusia un espíritu vacilante, y que deseaba encontrar la verdad en otra parte que no fuese en la religión de sus padres; sus consejeros y cortesanos temían aquellos sentimientos y temblaban ante un cambio ; así los católicos eran mal mirados en la corte, y más, naturalmente, los que se atrevían á dejar la religión griega por la romana. Sin embargo, Sofía Swetchine abjuró, pero lo hizo en secreto y sin que lo supiesen sino sus más íntimos amigos. Además, el emperador había manifestado á madama Swetchine particular aprecio,y aquella estimación causó envidiad muchos y mala voluntad entre los más de los cortesanos. Ella, sin embargo, no estaba satisfecha con ese modo de ser y buscaba algún motivo para hacer pública su nueva fe, cuando una circunstancia imprevista la dio pie para llenar su deseo. Ésta fué una orden ó ukase del Emperador desterrando á los Jesuítas por las numerosas conversiones al catolicismo que habían hecho en Rusia. Naturalmente se dirá que aquel disfavor del Zar debía impedir, más bien que alentar, á la nueva convertida en la declaración de su fe ; pero las almas valientes y generosas encuentran en las contrariedades de la vida un alimento á su ánimo, y así sucedió con la noble rusa; cuando el catolicismo se encontraba desamparado y sin apoyo en Rusia, entonces se declaró miembro de aquella religión.

Aunque la alta posición del general Swetchine, y el favor que disfrutaba su mujer en el ánimo del emperador, impedía que sus solapados enemigos la

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hicieran una guerra franca, ambos esposos notaron que su vida en San Petersburgo sería en adelante penosa, y resolvieron abandonar su patria y radicarse en alguna otra nación europea. El Zar manifestó pena por la separación de su corte de aquella virtuosa mujer, y desde entonces hasta su muerte (1825) continuó con ella una interesante correspondencia epistolar, que desgraciadamente se ha perdido.

Cuando madama Swetchine llegó á París (á fines del año de 1816) se encontró rodeada de un círculo de amigos, puesto que durante la Revolución y el subsiguiente Imperio gran número de nobles emigrados habían hallado acogida y hospitalidad en la corte de Rusia en general, y particularmente en casa del señor de Sogmonof, su padre, y en la del general Swetchine. Además, iba recomendada por el conde de Maistre, por su fama como mujer de sociedad y de talento, y en breve supo captarse el carino de cuantos la trataron. El círculo de sus amigos se componía de personajes como Chateaubriand, Montmorency, Cuvier, Abel de Remusat, Villemain, la duquesa de Duras, Humboldt, La Fayette, etc., figuras todas de primer orden en el mundo y la civilización , las ciencias y la literatura.

Madama Swetchine viajó en Italia, y sus juicios críticos de las artes, de la historia y los monumentos de aquel país revelan su distinguido y claro talento. Á su regreso á París, penetró aun más íntimamente en el seno de la alta sociedad del barrio de San Germán. Aunque su salud siempre mala la impedía frecuentar personalmente los salones aristocráticos, los miembros de ella la visitaban en su casa y la consuliaban en las cuestiones más arduas de su existencia.

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Su caridad era inagotable, y tenía organizadas sus limosnas con una maestría, un arte y un conocimiento del corazón humano que producía el mayor bien entre los pobres á quienes socorría. El padre Lacordaire decía que ella tenía palabras celestiales para aliviar á los desgraciados. « Ella tenía el don de la serenidad, decía uno de sus panegiristas, y era el antídoto de todos los males de este siglo ; era indulgente con el error y aun con el mal, porque estaba exenta de él enteramente.

Su influencia benéfica era todo poderosa en la vía del bien; sus consejos, la prudencia misma; su celo por los pobres y desgraciados, infatigable ; su amor al estudio no la impedía dedicar diariamente algunas horas á los establecimientos de caridad y á visitar cada vez que podía los mendigos y los enfermos en sus casas miserables.

« Buscar á Dios (dice su biógrafo), encontrarlo y amarlo fué toda la vida de madama Swetchine. »

La caída de los Borbones del trono francés hizo en aquella señora rusa, ya connaturalizada con Francia, una impresión tan grande que jamás lo olvidó. Ella amaba y respetaba personalmente á los príncipes, á quienes había conocido y admirado en la corte rusa durante su destierro, — y además temía las consecuencias de una revolución que exaltaba las masas y sacaba de raíz á la sociedad.

Consejera del conde de Montalembert, del padre Lacordaire (á quien ella corrigió de su mano el manuscrito de la vida de santo Domingo), del padre Ravignan, del abate Dupanloup (después el famoso obispo de Orleáns) y de otros muchos eclesiásticos y literatos, bs reunía frecuentemente en una capilla

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que tenía en su casa, y en donde los unos decían misa ó predicaban y los otros escuchaban. Mucho se ha hablado de la congregación de reyes que logró Napoleón reunir en torno suyo en Alemania — ante quienes representaba el famoso trágico Taima, — pero esta reunión de hombres virtuosos predicando delante de personas como Chateaubriand, Lamartine, Donoso Cortés, de Broglie, de Maistre, y de tantos reyes de la inteligencia, nos parece un espectáculo mucho más imponente y respetable.

La revolución del año de 48 turbó completamente ia paz de aquella tranquila sociedad; la parte política que tomó entonces Lamartine, la muerte de Chateaubriand, la dispersión de los nobles del barrio de Sari Germán, que temían siempre una nueva revolución de 89, — los acontecimientos políticos que se sucedían, sin que se hubieran podido prever, la muerte de sus mejores amigas, la de su hija adoptiva, la del anciano general Swetchine (en 1850) á los 92 años de edad, que había gozado hasta entonces de buena salud; la de Donoso Cortés (en 1853), la guerra entre Francia y Rusia (en 1855) : todos aquellos golpes seguidos la afligieron tanto que ya no quiso vivir sino en la soledad, entregada á Dios no más y al deseo de ir á reunirse en la otra vida á los seres que tanto había amado en ésta. Sin embargo, si madama Sw etchine se retiraba m^i y más del contacto con el mundo, no por eso dejaba de tomar interés en el movimiento intelectual y sobre todo religioso. Comunicábase frecuentemente, por medio de cartas, con todos los hombres áó buenas influencias que había en la sociedad parisiense; daba francamente su opinión; refutaba con toda sinceridad los errores que encon-

HUJERES LITERATAS 333

traba en sus obras ó discursos, y siempre éstos acataban sus consejos y obedecían sus indicaciones.

Los últimos años de la vida de nuestra rusa fueron de grandes sufrimientos. Padecía una enfermedad del corazón y no podía aliviarse sino á costa de mil sacrificios y de un retiro casi exclusivo en el campo, lejos de los pocos amigos que su salud la permitía recibir; además, su amor al estudio, al trabajo inteectual fué aumentando con la edad, y el privarse de ello la hacía sufrir mucho.

Después de muchos días de una lenta agonía soportada con la entereza de una cristiana, la sumisión de una santa y el comportamiento de una mujer de buena sociedad, sin quejarse nunca, sin molestar jamás á sus enfermeras, ni tener un solo capricho ni a menor exigencia, el 10 de septiembre de 1857 madama Swetchine dejó de existir, en París, rodeada de algunos de sus sobrinos y de sus numerosos cuanto sinceros amigos. Basta decir que Lacordaire,Montalembert, Augusto Nicolás, el príncipe de Broglie y otros personajes del mismo jaez pronunciaron su oración fúnebre, llorando aquella irreparable pérdida para la sociedad. La faltaba poco más de dos meses para cumplir 75 años.

Sus obras y cartas han sido coleccionadas por el conde de Falloux en varios volúmenes, aunque desgraciadamente se perdieron muchos de sus manuscritos y no pudieron encontrarse después de su muerte.

19.

3ü4 LA LiU£R EN LA SOCIEDAD MODER.NA

Veamos ahora cuál es la situación de la mujer en Rusia en la época actual, ya que ligeramente diseñamos lo que fué antes.

En Rusia no hubo jamás lo que se llama feudalismo, ni ley de primogenitura. En todas las épocas de su historia los varones y las hembras han sido iguales en sus derechos hereditarios, y unos y otros heredan las propiedades de sus padres. Y no solamente eso, sino que la mujer propietaria tiene derecho de votar mandando á algún hombre que la represente en las urnas. El respeto á los padres es ilimitado, pero los hijos tienen que obedecer á la madre al igual del padre. Así es que si la mujer ha sido casi esclava durante la vida de sus padres y de su marido, al perder á éstos se convierte en una verdadera autócrata. Son dueñas absolutas de la suerte de sus hijos, de manera que basta una simple petición suya á las autoridades para que éstas condenen á sus hijos á trabajos forzados y á toda clase de tormentos. Las autoridades no averiguan ni preguntan si es cierto ó no lo que aseguran los padres, y el hijo de cualquiera edad es condenado á lo que éstos pidan.

La mujer en Rusia tiene un libertad completa en cuanto á la elección de marido, y los padres no pueden forzarla á que se case contra su gusto ; ésta también es dueña absoluta de su dote, y aunque el marido sea un tirano, jamás la quitará la fortuna que llevó al matrimonio y de la cual ella puede disponer siendo viuda.

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Como hemos visto en otra parte, las rusas se han lucido en la carrera de la medicina, y desde que se las permite estudiar ciencias, cerca de mil mujeres estudian anualmente matemáticas, mineralogía, botánica, astronomía, anatomía, y se preparan para seguir la carrera de la agricultura. Las enseñanzas primarias y secundarias están muy adelantadas en Rusia y miles de niñas presentan anualmente lucidos certámenes; las escuelas industriales y artísticas para mujeres son muy concurridas en San Petesburgo, y las que se ocupan de literatura llevan una vida Iiol^'ada. Los editores y directores de periódicos pagan las obras literarias de las escritoras al igual de las de los hombres*.

Una de las escritoras más afamadas de Rusia en la actualidad es María Zebrikoff. Después de recibir una educación esmerada en su casa, se entregó completamente á la literatura. En 1868 pubiicó su primer ensayo, que llamó mucho la atención; después escribió una serie de estudios acerca de varios caracteres femeninos, que se consideraron de mucho mérito. Hoy dirige una revista educacionista que tiene muchísima circulación en Rusia.

Sin embargo, la que lleva la palma entre las literatas rusas es la que se firma con el seudónimo de Krestovsky, la cual hace 30 años que sin cesar escribe novelas en todos los géneros.

Ya desde 1837 la Academia de ciencias de San Pe-

1 . SegÚQ an libro reciente, The wommn question in Europe, se paga por cada 16 páginas (que tienen de 30,000 á 40,000 letras) de 50 á 200 rublos, según la reputación de que goza el escritor : las traducciones valen menos, pero las cientiflcas se pagan á razón de 25 rublos por 16 páginas.

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lesburgo había concedido una premio literario á la señorita Yarzoff por un libro sobre la enseñanza de la juventud. Dicha señorita ha publicado después varias obras sobre el mismo asunto.

Una señora Manascina ha escrito en las revistas rusas muchos artículos científicos, como lo ha hecho la señora Alejandra Efimenio.

Las obras de las señoras Nekrasoff^ Braloff, Vodovasoff, Markivitcii y Novikoff han sido traducidas al inglés, francés, alemán, etc.

Esta ultima, Olga Novikoff, es una noble rusa políglota, que conoce á fondo la mayor parte de las lenguas europeas y ha escrito con el seudónimo de K. O. en muchas resistas y periódicos franceses é ingleses. Nacida en Moscovia en 1842, no había pensado nunca escribir para el público. Pero en 1876, la muerte de un hermano en la guerra la afligió tanto que quiso dedicarse á las letras para tratar de hacer conocer á su país fuera de él, é influir en lo posible en reconciliarle simpatías, lo que pensaba impedirían las guerra?. La primera obra que escribió, en inglés, y publicada en un periódico de Inglaterra, llamó muchísimo la atención; publicóse en un tomo y en pocos días se agotaron dos ediciones consecutivas. Desde entonces ha contribuido con su pluma en varias revistas artículos de alta política, que han llamado siempre la atención.

Fuera de éstas, hay otras muchas escritoras rusas, pero sus obras no han sido traducidas y sólo son conocidas dentro de Rusia.

MUJERES LITERATAS 337

Literatas polacas, bohemias y húngaras.

Quien dice polaca dice patriota. No hay en el mundo mujeres que más hayan trabajado en pro de su nacionalidad como las polacas. Además de patrio tas, las polacas son particularmente inteligentes.

Ha sucedido en Polonia una cosa no vista antes en ningún país y es que, como en sus tentativas de emancipación han perdido la mayor parte de los jó venes, — unos muertos, otros desterrados y confinados en Siberia, — hay una grandísima mayoría de mujeres, de tal manera que éstas no sólo tienen que trabajar para ganar su subsistencia, sino que se han visto en la necesidad de abrazar carreras que antes se habían reservado exclusivamente para los varones. Las mujeres en Polonia tienen una educación muy esmerada, y rarísima hay, aun entre las clases proletarias, que no sepanleer, escribir, etc. Casi todas las escuelas de primeras letras y los colegios, telegrafías, librerías, oficinas de ferrocarril, imprentas, encuadernaciones, etc. , están servidos por mujeres ; las mujeres agricultoras son muy numerosas y han aprendido científicamente su oficio.

Las mujeres de la alta sociedad, varias princesas y ricas propietarias, han trabajado muchísimo en pro de la educación de la mujer. Ana Jablonocoska, princesa riquísima, no solamente trabajó en la emanci-

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pación de los siervos, sino que dio libertad á los suyos y fundó escuelas para las niñas pobres de sus propiedades. Las princesas Radzewill y Gzartoryska se han ocupado mucho en la instrucción de la mujer; han publicado libros acerca de agricultura, y la segunda es autora de la mejor historia de Polonia que existe hoy. Esta misma princesa fundó en uno de sus palacios un museo con esta inscripción : El Pasado ai Porvenir. La princesa Wirtemberg es una novelista fie mucho mérito, así como Elisa Oresko. Esta última i,^ pííetisa también : su estilo viril y levantado llamó mucho la atención del público desde que publicó su primera obra en 1863. Además de sus poesías y novelas de costumbres. Elsa Oresko escribió una obra filosófica en 1880 y ha dado conferencias públicas muy renombradas.

Una de las escritoras más benéficas de Polonia es Tanoka Hoffmann. Esta dama se propuso corregir con sus obras la futilidad de sus compatriotas, apelando á su patriotismo. Sus libros tuvieron mucha popularidad y logró con sus consejos reformar la educación de las niñas.

Esposa de un conocido etnógrafo polaco, Severina Duchinska, ejercitó sus talentos en el destierro, adonde siguió á su marido, perseguido por el gobierno ruso. Esta dama había estudiado á fondo la lengua, la literatura y la historia de Polonia con el objeto de popularizar en el estranjero á su patria y poderla presentar bajo todos los aspectos posibles. Escribió entonces numerosísimas obras en todos los géneros, que ilustran las virtudes y las desgracias de los patriotas polacos. Para instruir á sus compatriotas se ocupaba al mismo tiempo en traducir obras ')c' inglés y fran-

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cés al polaco, las cuales envió á Polonia y las difundió en aquel país, haciendo con ello mucho bien. Severina Duchinska ha publicado más de 70 volúmenes» fuera de gran número de artículos que no se han coleccionado.

Esposa de un general al servicio de Rusia, la polaca Bárbara J. P. Rautenstrauch no olvidó su patria; aunque ausente de ella, en sus novelas y relaciones de viajes, — que la han dado un lugar en la literatura polaca, — siempre se refiere á Polonia y nunca olvida las desgracias del caro lugar de su nacimiento.

Aunque los extraños á Alemania consideremos un mismo país aquel que pensamos habla la misma lengua, los bohemios no lo piensan así y se consideran de raza muy diferente de la prusiana, sajona, etc., y tanto más cuanto que la lengua del país no es alemana, sino eslava.

Las mujeres bohemias, tan entusiastas patriotas como las polacas, son las que más trabajan en su independencia, y ya que no han podido recuperar la política y civil, al menos procuran conservar separada su literatura : dícese que á éstas se debe la conservación de su lengua y nacionalidad. Con ese objeto hanse fundado algunas asociaciones para proteger las escuelas primarias, las industriales, etc., á cargo de mujeres. Gomo hay 200.000 mujeres más que hombres, éstas han tenido, como las polacas, que emprender carreras que parecían que sólo deberían ser propias de los hombres, y aunque las mujeres no

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pueden seguir estudios en l^:^ universidades, hay muchas que se han dedicado á carreras profesionales fuera de su patria. La asociación para proteger la enseñanza de industrias, etc., ha fundado también escuelas de pintura, artes, etc. La de comercio no más cuenta más de 500 alumnas, las cuales se preparan para seguir la carrera comercial en todos sus ramos.

La lengua de Bohemia, que en los anteriores siglos había sido casi abandonada, revivió al principio de éste, gracias á los esfuerzos que hicieron varios patriotas. Este idioma es una rama de la lengua eslavi (llámase lengua tcheca), y según dicen los que la conocen, es perfecta en sus formas gramaticales.

Pero si los hombres empezaron aquel movimiento en favor de la lengua nacional, las mujeres se han ocupado últimamente más que ellos en ese empeño. La directora de ese movimiento se llama Carolina SvETLÁ, seudónimo de Johanna Muzaková. Nacida en 1830, se dio á conocer en 1857, y desde entonces no ha cesado de escribir novelas históricas y artícnlos para enardecer el amor patrio. Una hermana suya ha seguido sus huellas y muchas otras las han imitado.

Una de las escritoras más conocidas dentro y fuera de Bohemia, pues se han traducido sus obras á varios idiomas europeos, es Elisa Krasnohoroka, — ó Elisa Pech, pues el primero es seudónimo. Hija de un pobre pintor de casas, de oficio costurera, fué protegida por Carolina Sveltá, la cual la hizo tomar lecciones y dedicarse á la literatura. Elisa ha escrito novelas, dramas, poesías, biografías, etc., y desde 1875 redacta en Praga una revista llamada Periódico

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de la mujer, costeado por una asociación de beneficencia, que se ocupa particularmente del arte de cuidar á los enfermos.

Émulas de las polacas y las bohemias, las mujeres húngaras son tan amantes de su país como las anteriores. Son todas inteligentes, de manera que el 'gobierno las prefiere á los hombres en las oficinas telegráficas, en los correos, etc., y si no las emplea más, es porque los hombres se han opuesto á ello ; dicen que les hacen una gran competencia y trabajan por sueldos inferiores á lo que ellos exigen.

Entre las húngaras, la que más se ha distinguido como escritora es Teresa Walter Pülszkt. Gomo hubiese recibido una esmerada educación, al encontrarse desterrada en Inglaterra y sin ningunos recursos (era esposa del conocido patriota húngaro Francisco A. Pulszky), apeló á su pluma y por medio de ella logró sostener á su familia durante algún tiempo. Allí escribió en inglés algunas obras acerca de costumbres é historia de Hungría, las cuales fueron después traducidas á otras lenguas. Además, Teresa Pulszky colaboró en un libro que escribió su marido y fué publicado en inglés y traducido al alemán en 1852.

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r^itcratas suecas, noruegas, canesas.

La mujer sueca está muy favorecida por el gobierno y las leyes de su patria, y puede decirse que tiene abiertas todas las carreras que en otros países han reservado exclusivamente para los hombres.

La educación de la mujer empezó á recibir un grande impulso desde 1831, cuando el arzobispo Wallen mandó fundar con particular esmero un colegio para niñas en Estockolmo, en donde se las daba una educación muy elevada; más tarde, en 1859, se abrió otro colegio en que se enseñaba al bello sexo nociones de todas las ciencias, y en 1861 la Escuela Normal, fundada por el gobierno, preparó maestras muy instruidas en ciencias físicas y naturales. En 1870 se admitieron ya algunas mujeres como estudiantes en las universidades suecas, y tres años más tarde se las concedieron algunos grados inferiores. E?i 1883 se matricularon para seguir todos los cursos más de 50 jóvenes; cuatro se graduaron como doctoras en leyes y en medicina al año siguiente. Ya en otra parte hemos dicho lo muy adelantadas que se hallan las suecas en bellas artes, ciencias, etc.

Entre las literatas suecas más conocidas se encuentran dos, cuyas obras han sido traducidas en varias lenguas europeas y gozan de popularidad en todas partes : hablamos de Federika Bremer v Emilia Garlen.

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La primera nació en Finlandia en 1808. Desde los ocho años de edad componía versos en su lengua materna, y aquella precocidad fué perfeccionada con la esmerada educación que la dieron en Estockolmo. En breve empezaron á publicarse sus novelas ; y de 1828 á 48 sus numerosas obras la hicieron popular en su país y fuera de él con las traducciones que hicieron de sus obras en varios idiomas europeos. El arte con que Federika Bremer describe las costumbres y los helados paisajes de su patria ha sido tal, que puede decirse que nadie como ella ha hecho tan simpática á la Suecia ni la ha dado tanto á conocer.

Émula de la primera, Emilia Garlen, nacida casi al mismo tiempo que Federica Bremer, no se dedicó á la literatura sino para aliviar las necesidades de su familia. Á pesar de la carga de una larga familia, Emilia CjS^lén no descuidaba los quehaceres de su casa, y al mismo tiempo escribía sin cesar novelas que vendía á los editores de Estockolmo, que las pagaban muy bien. Hasta 1862 había escrito más de 30 novelas, la mayor parte de las cuales fueron traducidas al inglés, ai alemán y al francés.

Rosalía Ulrica Oliveirona nació en Estockolmo en 1822; recibió una esmerada educación en su país natal, la cual fué á perfeccionar á Nueva York, en donde se dedicó particularmente al estudio de la botánica y formo un riquísimo herbario americano. Regresó á Suecia al cabo de algunos años y allí casó con un famoso jurisconsulto. Es miembro de la Sociedad tnter nacional prehistórica y arqueológica de Gopenhaguen y de varias otras sociedades científicas. Esta ilustrada dama ha escrito mucho en favor de la educación de la mujer, y hace algunos años que ü¿ 1í ¿e-

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gunda directora de la Revista del hogar sueco, en unión de su fundadora, la baronesa Adlesparre.

Las obras de la sueca María Sofía Schwartz han sido traducidas todas al alemán y forman 59 volúmenes, los cuales han tenido dos ediciones en pocos años. Muy niña aún, quedó huérfana y pobre, lo cual procuró remediar aprendiendo pintura para ganar su subsistencia; pero como se hubiese casado con un sabio profesor, abandonó el pincel para dedicarse al estudio. Sin embargo, aunque su marido odiase la literatura, ella publicó ocultamente una novela que firmó con un seudónimo, la cual tuvo muy buena acogida. A la muerte del profesor, se dedicó á escribir novelas que fueron acogidas en su patria con entusiasmo y, traducidas al francés, inglés, etc., son conocidas en toda Europa.

Emilia Risrerg, otra sueca, fué protegida por Federica Bremer, que la alentó en la carrera literaria; ha escrito varias novelas muy populares en Suecia, pero que no han sido traducidas á otras lenguas.

Noruega ha tenido también varias literatas que se han ocupado en describir aquel país y hacerlo conocer en el resto de Europa. La más conocida quizás entre todas es Sofía Golran, la cual no solamente ha escrito en su lengua nativa, sino también en francés. Hoy vive en Roma, y aunque cuenta más de 80 años es asidua corresponsal de varios periódicos noruegos y franceses.

Casada con un francés, Jacobina Wergeland Gol-

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LET ha ocupado su pluma particularmente en la cuestión de la educación de la mujer y los dilemas sociales. Dícese que pocas mujeres la han aventajado en el tono viril, filosófico y profundo de sus pensamientos, siempre originales y llenos de naturalidad y frescura. Es miembro de algunas sociedades literarias de su país y de Dinamarca, en las cuales hasta ahora no habían admitido mujeres.

Hija de un pobre carpintero del Jutland, Ana M. Thoresen desde muy niña manifestó un gran genio poético ; esto la proporcionó protectores, los cuales la mandaron educar en Gopenhaguen; allí logró casarse con un pastor protestante que la llevó á vivir á un pueblo en el norte de Noruega. La vida en aquel lugar la dio ocasión de estudiar las costumbres campestres del país. Habiendo muerto su marido, se fué á radicar á Gopenhaguen, en donde publicó algunos cuentos descriptivos que llamaron la atención y fueron traducidos en lengua alemana. Alentada con el buen éxito de sus primeros esfuerzos, escribió novelas y después dramas, y hoy tiene asegurada una fortuna con los productos de su pluma.

Tekla, Ring y FaníNY Svensson — conocida la primera por el seudónimo de Karl Krone, — son tres hermanas naturales de Dinamarca, que se dieron á conocer por algunos cuentos y tres dramas que escribieron juntas y tuvieron muy buena acogida en Gopenhaguen. Tekla escribió después sola algunas poesías de mérito y varias novelas muy apreciadas

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en Dinamarca, pero que no han sido traducidas á otros idiomas.

En 1874 llamó mucho la atención de los críticos de Copenhaguen una colección de cuentos nacionales escritos con maestría y feliz desarrollo de caracteres que probaba que la autora, Elena J. Schjorring, no era novicia en el arte de escribir. Efectivamente, la autora de los cuentos tenía ya cerca de 40 años, y si no se atrevió á publicar antes sus producciones, no por eso había dejado de ejercitarse desde años atrás en el arte literario. La buena acogida que tuvo su primera publicación la alentó para dar otras á luz, que han tenido igual aceptación.

Compatriota de la anterior es Isabel Schojen : hija de un alto funcionario real, diéronla una esmerada educación qué fué á perfeccionar en Roma y en París. En aquella ciudad escribió varias novelas y un drama que se representó con aplauso en Copenhaguen. En 1876 publicó en París varias novelas, las cuales vieron la luz simultáneamente en danés y en francés. En París llamaron tanto la atención, que fué elegida miembro de la Sociedad de hombres de letras de aquella capital. Sus novelas pintan la sociedad antigua y moderna de Dinamarca con tanto arte y una ciencia y color local tal que prueban un gran fondo de estudio é instrucción histórica y social.

Podríamos citar á varias otras danesas literatas*, pues aquel país ha procurado siempre proteger y dar instrucción á la mujer, pero tememos cansar al lector. No solamente en las universidades de Dinamarca tienen entrada las mujeres y reciben los grados (me-

1. Cristina Federscksen, Paulina Wom, Atalia Schwartt, Kamma Rahbeck, etc.

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nos el de teología), sino que hay una universidad exclusivamente femenina, en la cual en 1883 la directora obtuvo licencia de conferir grados á varias de sus alumnas.

Hay en aquel país muchísimos establecimientos de caridad, escuelas de artes y oficios, oficinas que están enteramente á cargo de mujeres.

Literatas belgas, holandesas, suizas rumanas y griegas.

Bélgica es una Francia en miniatura ; sin embargo, si su lengua oficial y muchas de sus leyes y códigos han sido calcados sobre los franceses, la nación siempre ofrece notables diferencias y su literatura tiene un espíritu muy diferente del parisiense.

Sabido es que aunque la lengua francesa en Bélgica es la oficial, la de la corte y la de las altas capas sociales, el pueblo y aun los burgueses conservan las costumbres y la lengua flamenca. Además allí se carece de la ligereza, de la vivacidad francesa; pero si en las poblaciones de las ciudades parecen todo? pesados y poco inteligentes, en cambio el pueblo es más serio y juicioso. La mujer allí recibe menos educación que en Francia y según las leyes del país depende del hombre en todo. Empero es tan digna en su porte, tan trabajadora é industriosa que merece el respeto de todos. La belga, sin jactarse, sin hacer alarde, es frecuentemente la que mantiene la familia

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con SUS esfuerzos, de manera que si según las leyes ella depende del hombre, según la práctica se ve que la persona más importante del hogar doméstico es la mujer.

De algunos años á esta parte la educación femenina ha adelantado mucho en Bélgica, y en varias ciudades se han gozado los profesores en admitir en las universidades á muchas mujeres que reciben instrucción profesional y científica.

Conocemos pocos nombres esclarecidos entre las escritoras belgas, y esto consiste en que se ha confundido la literatura belga con la francesa, por escribir en la misma lengua, como sucede con los literatos de la parte suiza en que se habla y se escribe en francés.

Una de las principales escritoras belgas es Josefina Amory de Longerack. Nació en Ámberes en 1831 y desde que por primera vez díó á la estampa su obra acerca de la Historia de la mujer cristiana no cesó de producir libros que se distinguen por su moralidad y altas miras religiosas.

Además, han sobresalido las escritoras Margarita DE Weele, Condesa de Keuchove, las hermanas LiveLiNG, las señoras Nizet, Courtmans y Van-Agkere y otras cuyas obras no conocemos.

En Holanda las novelistas se han distinguido particularmente. Citaremos unas pocas. La holandesa Ana L. Toüssaint Bosboon empezó su carrera literaria con una novela titulada Almagro, y ésta gustó tanto

MUJERES LITERATAS 349

que las que escribió después fueron traducidas al francés y al inglés. Llámanla el Wálter Scott holandés, pues en sus numerosísimas novelas históricas describe toda la historia de su patria. Ésta se presta por lo interesante y dramática á descripciones de combates, de triunfos y de peripecias más ó menos novelescos ; y en la larga lucha que Holanda sostuvo con España, se encuentran caracteres propios para describirse en obras de imaginación. La señora Bosboon ha sido tan apreciada en su patria que la han concedido todos los honores á que puede aspirar una mujer y es miembro de cuantas sociedades científicas y literarias existen en Holanda. Además su ciudad natal le concedió los derechos cívicos.

Otra literata del mismo país es Elisa Van Calcar. Se dedicó desde su juventud á trabajar sin descanso en mejorar los planteles de educación, con cuyo objeto visitó todas las cuidades de su patria y en todas partes hacía conferencias sobre aquel asunto y escribió muchísimos libros sobre educación. Fundó y regentó un liceo de niñas durante doce años, en el cual todos los textos que allí se enseñaban eran obra suya. Desgraciadamente, al fin de su vida se entregó á la secta espiritista y todo lo abandonó para dedicarse á redactar un periódico espiritista que ve la luz pública en la Haya.

Tipos curiosísimos son los de dos novelistas holandesas que vivieron y escribieron juntas durante larguísimos años; no eran parientas sino amigas; llamábase la una Ágata De Ken y la otra Isabel Bekker. Nacidas en el siglo pasado, estuvieron en París durante la época de la Revolución francesa y tuvieron en el Terror aventuras curiosísimas. Regresaron des-

350 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

pues á Holanda y escribieron juntas las primeras novelas de costumbres holandesas que se conocen. Su estilo, moralidad, acción é interés es tal que aquellas obras son consideradas como clásicas, y apreciadas entre las mejores producciones de la literatura holandesa. Murieron en los primeros años del siglo XIX y así como habían vivido juntas murieron en el mismo mes y sólo con nueve días de diferencia.

La vida de la mujer en Suiza es más bien la de una sirvienta que la de una señora; aun entre las clases elevadas de la sociedad, la dueña de casa tiene que hacer todos los oficios serviles de su hogar, y muchas damas de las mejores y más acomodadas familias no tienen domésticas y ellas hacen todo lo que hay que hacer en una casa de familia.

Con aquel sistema, podría creerse que las mujeres no deben alcanzar á ocuparse sino de los quehaceres caseros ; pero no es así : se encuentran en Suiza mujeres tan industriosas y ordenadas que tienen tiempo para todo y algunas se han distinguido en la literatura.

Ya nos ocupamos de Madama Necker, la madre de la baronesa de Stael, la cual, a pesar de que se la cuenta entre las escritoras francesas, era suiza de nacimiento y de educación. También se distinguió otra dama que llevaba el mismo nombre ; Albertina db Saussüre Necker; esposa de un sobrino del ministro Necker y autora de la interesantísima obra pedagógica llamada La educación progresiva.

MUJERES LITERATAS 35 i

Además de éstas, deben mencionarse la Baronesa DE MoNTTOLiEü (Juana Isabel Paulina de Bottens}, cuyas obras (100 tomos) ya han pasado de moda; María GcEGG — la presidenta de la Sociedad Internacional ae Mujeres — y las señoras Gel\se.\dorf, Pighet de Seigneux, Berta Verdier, Alicia de Chambrier, Ana Rothpletz, Sofía Haller. María Dossekil, Tourte Cherbuliez, María Yon Berg y Yaleru Boissier, Condesa DE Gasparin.

Esta última, natural de Ginebra, es en extremo popular y sus obras han sido traducidas en varias lenguas.

Realmente Madama de Gasparin merece su fama, pues nada hay más tierno, dulce, filosófico y cristiano como sus obras ¿Quién no ha sentido hondo dolor y al mismo tiempo consuelo con la lectura de sus Tristezas humanas, sus Horizontes celestes y próximos ? La señora de Gasparin escribió hasta una edad muy avanzada y sin embargo su estilo fué siempre el mismo : puro, bello, sencillo y hondamente religioso.

Carmen Sylva.

La mujer que ha tomado el seudónimo que encabeza estas líneas lleva sobre su frente varias coronas : la del nacimiento, la de la virtud, la del talento y la de la belleza; llámase Paulina Isabel Atilia Luisa, princesa de Werd; es actualmente reina de RumaNL\ y nació en 1843. La educó su padre entre escritores y literatos, y su natural talento recibió brillo excepcional de la educación que la dieron, '^asó con

352 LA MUJER ,EN LA SOCIEDAD MODERNA.

Garlos, príncipe de Hohenzollern-Singmaringen, rey de Rumania, en cuyo reino goza de singular popularidad por su carácter, sus buenas acciones y por el brillo que ha hado al trono con sus numerosas obras literarias. Éstas han sido escritas en francés, alemán y rumano y versan sobre todo ramo de literatura, á saber : poesías, novelas, estudios filosóficos, etc. Con su compatriota, madama Ghremnitz, la reina de Roumania ha escrito varias novelas y traducciones de obras alemanas. La señora Ghremnitz ha dado á la estampa sola una interesante biografía de Garmen Sylva.

Literatas griegas.

Las mujeres griegas empiezan á tomar parte en la obra literaria de su patria. Existen en Atenas grandísimo número de escuelas para niñas de todas las clases de la sociedad, las cuales prometen devolver á aquel país el brillo que arrojaron sobre sus contemporáneos las mujeres griegas de la antigüedad.

Las griegas se distinguen por su inteligencia, su patriotismo, — en esto son superiores á los hombres, — y por sus instintos caritativos ; pero desgraciadamente son poco industriosas y amantes del trabajo. Gustan muchísimo de la política y se ingieren en las intrigas eleccionarias. Guando sus maridos tienen algún cargo administrativo, toman gran parte en ello y se las ve recorrer personalmente los distritos y trabajar activamente entre los electores con el objeto de conseguir el nombramiento del candidato de su partido.

MUJERES LITERATAS 353

Desde 1850 la mujer griega ha tomado singular empeño en fundar sociedades de beneficencia corporal y mental, con lo cual han acrecentado el bienestar del pueblo. La reina Olga fundó una institución de caridad en Atenas, la cual tiene ramificaciones en las demás ciudades importantes del país y están todas á cargo de mujeres.

Aunque pocas, algunas griegas se han entregado á la carrera literaria; mencionaremos las siguentes :

Una de las más importantes es Margarita-Migxaty Albana, natural de Corfú; nació allí en 1830. Con una tía suya, casada con un general inglés, pasó á la India, volvió á Europa, vivió en Roma y allí se casó con un afamado pintor de Cefalonia : Mignaty. Hoy vive, ó vivía hasta ahora pocos años, en Florencia. Durante muchos años fué corresponsal muy apreciada del Daily News de Londres y de otros periódicos. Escribe corrientemente en griego, inglés y francés. Sus obras son serias y versan principalmente sobre asuntos de arte é historia. Una de ellas — El pasado de Italia — en lo concerniente al arte y las 11- tras, — fué dedicada á M^ Gladstone.

Aunque nacida en el Asia Menor, Kaloilpe A. KeNAGA es vastago de una noble familia griega, la cual la mandó educar en Atenas en un colegio inglés y en el Seminario Nacional. En este último llamó la atención por los brillantísimos exámenes que pasó para obtener un diploma de maestra graduada. Deseosa de continuar estudiando, pasó á Londres y á París. En esta última ciudad hizo conferencias públicas en las cuales procuró honrar á su patria y describió costumbres griegas. Ha publicado varias obras pedagógicas y filosóficas y al regresar á su patria fundó una

20.

354 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

sociedad llamada de Mujeres griegas. Dícese que esta dama tiene todas las dotes de un distinguido orador é improvisa con asombrosa facilidad.

Entre las literatas griegas podríamos contar también á la princesa Elena Ghika Koltsova Masalska. Nació en Bucarest en 1829 ; era sobrina del hospodar de Yalaquia y casó con un príncipe ruso. Diéronla una educación literaria tan selecta que á los quince años tradujo con maestría la ¡liada de Homero al alemán. Desde antes de esa edad ya había escrita ensayos originales en verso y en prosa. Concluida su educación, viajó mucho y escribió sus impresiones con el seudónimo de Dora d'lstra (Istra significa Danubio en su lengua).

En 1867, la legislatura griega, en prueba de respeto y consideración, la declaró ciudadana ateniense. Es miembro de muchas sociedades científicas, y sus obras, que son numerosísimas, han sido escritas en alemán, francés, italiano y rumano. Todas ellas versan sobre filosofía, política, historia, crítica de arte y cuadros de costumbres de Servia, Rumania y Grecia. Las principales revistas del mundo han tenido á honor dar hospitalidad á sus producciones tanto en París, como en Bélgica, Turín, Roma, Berna, Atenas, Viena, etc. Esta dama, gloria de su sexo, murió en 1888.

Literatas norte-americanas

Ta en otra parte hablamos de la mujer en los Eslados Unidos como política, reformista, filántropa^

MUJERES LITERATAS 355

misionera sabia y artista; vamos ahora á mencionar someramente á las principales literatas que se han distinguido allí en la carrera literaria. Son tantas las que se han hecho un nombre en todos los ramos del saber humano que será preciso, aun entre las más notables, dejar de mencionar á muchas.

Desde la época de la Colonia, las mujeres norteamericanas descollaron por sus méritos é inteligencia ; y no bien se hubo proclamado la independencia al fin del siglo pasado, cuando empezaron á tomar una parte activísima en la sociedad, merced al respeto, á la estimacióny consideraciones que los norteamericanos se han preciado siempre á rendir al sexo femenino. Sin embargo, creemos que esos miramientos y esa veneración de que goza la mujer en los Estados Unidos proviene de su manera de conducirse, y si la atienden y son con ella particularmente corteses, es porque ellas lo merecen.

Una de las primeras damas que se distinguieron en la carrera de las letras fué Ana Carlota Lynch BoTTA. Hija de un insigne patriota, casada con un sabio profesor, se hizo notable por sus poesías todavía populares en Nueva- York. Sus producciones siempre puras, entusiastas y en molde artístico, respiran singular amor patrio.

En 1812 nació la señora Isabel Pearody, la cual se precia también de pertenecer á una de las familias que primero se declararon en favor de la independencia de Inglaterra. Desde su infancia se dedicó al estudio y se ha distinguido particularmente por sus obras históricas. Su fuerte es la cronología, y sus libros son singularmente apreciados por sus compatriotas. Éstos han recompensado los laudables es-

356 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

fuerzos que ha hecho la señora Peabody para llegar á obtener un esclarecido nombre en la literatura de su país, haciéndola grandes manifestaciones de respeto, admiración y simpatía. Es hermana de otra literata, la señora Hawthorne.

Ya en otra parte nos ocupamos de los bienes que produjo la señora Beecher Stowe con su libro La Cabana del tío Tom. Además de esta novela, produjo como 60 volúmenes sobre todas materias, desde sencillos cuentos para los niños hasta eruditas disertaciones teológicas.'Nació en Litchfield, Gonnecticut, en 1812, murió en 1891.

Dícese que de cada cien novelas que se leen en los Estados Unidos, 86 son de la señora Beecher Stowe.

Isabel Gady Stanton, nacida hacia la misma época que la anterior, en Johnstown, pasó su existencia dedicada á trabajar primero en favor de la emancipación y libertad de los esclavos, y después en pro de una educación más científica é ilustrada para las mujeres. Para llevar á cabo aquellos nobles propósitos, hacía conferencias no solamente en los Estados Unidos y en Inglaterra, sino que ha tenido al fin la satisfacción de ver coronados sus esfuerzos.

Hija como la anterior de un famoso abogado de Nueva York, Susana Warner no ha cesado de escribir, desde 1849, novelas interesantísimas y moralizadoras. Sola, ha publicado treinta y dos, y junto con una hermana diez y nueve libros más.

En 1819 nacía en Nueva York Julia Ward-Howe, la cual no solamente se la considera como una crítica muy notable sino como dramaturga. Se han representado dos tragedias suyas y son populares sus poesías^ muy leídos sus í;¿¿7;>5 á diferentes partes del

MUJERES LITERATAS 357

mundo y particularmente estimadas las biografías que ha escrito. Tuvo la gloría de que aceptasen un himno compuesto por ella como nacional^ y durante la guerra civil era el que cantaban los ejércitos del Norte al empezar los batallas. Además, la señora Howe es una vigorosa y elocuente oradora que ha llamado la atención en los numerosos congresos á que ha asistido.

Oriunda de Massechussets es Susana Brownell Anthony. Nació en 1820 de una familia metodista. Ha dedicado su vida á la Sociedad de Temperancia y es abogada entusiasta en favor de la emancipación política de la mujer. Además de la multitud de discursos y conferencias que ha pronunciado en pro de su idea favorita, se asoció con otras damas de su mismo modo de pensar para fundar un periódico llamado la Revolución y ha escrito una obra acerca de la mujer en la política.

Periodista activísima y popular en los Estados Unidos es Juana Gunningham Groly. Hija de padres ingleses pero establecidos en Nueva York, esta dama empezó á escribir para el público en 1855. Redactaba al mismo tiempo dos periódicos y enviaba artículos suyos cada semana á 27 periódicos diferentes en varias ciudades, Fundó una sociedad llamada Sorosís con el objeto de ofrecer toda suerte de ventajas á las mujeres que quieran entregarse á estudios serios. Es presidenta de la sociedad de Mujeres médicas, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York; trabajó para que se llevase á cabo un congreso de mujeres que se reunió por primera vez un Nueva York hace algunos años. Casó con el editor del Graphic y el World de Nueva York.

358 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

Nacida en Irlanda pero criada y educada en Nueva York, Elisa Greatorex vive allí desde 1840. Casó con un conocido músico que pronto la dejó viuda y pobre. Para ganar su subsistencia y la de su familia se dedicó al arte de la pintura y á la literatura, con lo cual ha hecho fortuna y es miembro de varias academias y sociedades artísticas.

María Ashton Livermore — natural de Boston, en donde nació en 1821, — empezó su vida en calidad de institutriz ; pero habiéndose casado con un escritor, se entregó con su marido á trabajos periodísticos. Hizo gran papel durante la guerra civil, no solamente como patriota, sino como escritora. Habiendo visitado los hospitales de sangre, quiso que éstos fuesen administrados científicamente ; estudió entonces medicina é higiene, y durante trece años se ocupó en hacer conferencias sobre asuntos sanitarios, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra. Se publicaron 150 conferencias suyas, y hoy es directora en jefe del Woman's Journal de Boston.

La señora Ana Cora Mowatt es escritora y autora de piezas dramáticas. Nació en 1824 en Bordeaux, en donde estaba su familia de paso. Se casó con un abogado de los Estados Unidos que la dirigió en sus estudios. Pero como su marido hubiese estado á punto de perder la vista, ella trabajó para sostener la familia hasta que curó. Muerto M. Mowatt, se casó en segundas nupcias con un periodista, M. Ritchie, y desde entonces se ha ocupado en escribir novelas y revisar sus obras dramáticas.

Hija de la ciudad de Boston y contemporánea de la anterior — pues nació en el mismo año, — es Adelina D. F. Whitney. Ésta es una poetisa renombrada

MUJERES LITERATAS 359

y popular en los Estados Unidos, en donde admiran mucho las cualidades naturales y artísticas de la escritora y de la poetisa.

Constante periodista y articulista de fama es Luisa Larcom. Oriunda de Beverly (Massechussets) ha contribuido con sus producciones en dar lustre á la mujer literata de su patria.

Raquel Littler Bodley, nacida en 1831 en Gincinati, ha sido una de las primeras mujeres que en Norte América ha consagrado su vida al estudio y al profesorado. Se la considera además como una química de primer orden, cuyas lecciones en ese ramo de la ciencia humana son tan excelentes como las d« los mejores profesores de ambos mundos. Gomo es natural, es miembro de las principales sociedades científlcas de los Estados Unidos.

Gonocida escritora y periodista, contemporánea de la anterior, era María Booth. Hace poco que muril dejando un vacro difícil de llenar en la casa editorial de Harper ÍNueva York). Tenía allí una parte activísima en la reaacción de los periódicos que da <x la estampa esa casa y admistraba completamente una de aquellas revistas.

Entre todas las escritoras vivas de los Estados Unidas, la más popular de todas es Luisa May Alcott. Ha escrito innumerables libros, pero el más leído se llama Liítíe Women (mujercitas). Es tal la popularidad de esta novela que todos los años hacen nuevas ediciones que se agotan al cabo de pocos meses. Una hermana de la señora Alcott es artista y se la considera como una de las mejores pintoras de su país.

En gran número de periódicos y revistas en lengua inglesa se encuentra al pie de preciosos artículos

360 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

de crítica el nombre de Clara Erskine Glement. Natural de San Luis (Misouri) en donde nació en 1834, esta dama ha dedicado su vida á la literatura. Su fuerte son las biografías de artistas célebres, antiguos y modernos, y artículos de crítica. Ha publicado además una historia de Egipto y algunas obras de amena literatura.

Con el seudónimo de Marian Harland escribe en los periódicos de los Estados Unidos desde que cumplió catorce años de edad, María Virginia Terhune, hija de un rico comerciante de Richmond. Hoy ya de cerca de sesenta años, vive entregada á trabajos literarios que le proporcionan una renta crecida.

Tan precoz como la anterior fué Enriqueta J. PrescoTT Spofford, hija del Estado de Maine. Desde los diez y siete años de edad llamó la atención del público en un certamen literario, en el cual ganó el primer premio. Desde esa época — 1852 — bástala hora presente, no ha cesado de escribir novelas y cuentos que se publican en las más importantes revistas de los Estados Unidos. Es tan prolítica é imaginativa que á veces en tres años ha producido hasta cien cuentos cortos, fuera de otra clase de obras serias.

Igualmente notables son las señoras S. M. B. Plvtt, de Kentuky ; Nora Perry, de Massechussets, y Ana Adams Fields, de Boston. La primera es una poetisa de bastante mérito ; la segunda también poetisa — escribe además artículos en prosa muy gustados en los Estados Unidos ; — y la tercera, esposa de uno de los miembros de una casa editorial de su ciudad natal, contribuye activamente en los periódicos que esa imprenta tiene á su cargo.

Sara Orne Jewet y Susana Goolinde se han dedica-

MUJERES LITERATAS 361

do á escribir libros para los niños; pero en medio de sus sencillas historias y cuentos para la infancia, las americanas poseen el don de despertar hondas reflexiones é ideas cristianas que después germinan en el corazón de los niños y sin sentirlo los obligan á inclinarse al bien,

Pero nos falta espacio para mencionar otras damas de igual mérito y tenemos que dejar muchos nombres en el tintero, pues aun reclaman nuestra atención otras muy importantes y de las cuales hemos de hablar aunque sea de paso.

Dos escritoras se han distinguido últimamente — es decir en los últimos quince años, — y que sin ser parientas llevan el mismo apellido, á saber Abba GooLD WooLSON y CoNSTANCu Fenimore Woolson. La primera ha escrito : La Mujer en la sociedad americana, La literatura inglesa en su relación con la historia. Influencia de otras naciones en la literatura inglesa, y varias obras sobre asuntos análogos. La segunda es parienta lejana del famoso y clásico novelista Fenimore Gooper, y ha heredado el arte de escribir novelas, discribir paisajes de la naturaleza norte-americana y trazar caracteres vivos y naturales.

María Ajigail Dodge, que ha escrito con el seudónimo de Gail Hamilton, Mary Springer, Helen CoNANT, Alicia Freeman son escritoras conocidas por los artículos y cuentos que de ellas publican las revistas americanas. La última es profesora de matemáticas, latín, griego é histeria en varios colegios normales. La universidad de Michigan la concedió en 1883 el grado de doctor en filosofía.

En Norte-América, más que en ninguna otra parte

362 LA MUJER EN LA. SOCIEDAD MODERNA

del mundo, la mujer se ha distinguido por la inteligencia, el talento, la independencia de carácter y la

moble ambición de emular al hombre en todos los

''caminos y veredas del saber humano.

¡ Ojalá que la mujer de raza hispana — de la cual nos ocuparemos en la parte VI de este estudio, — imitara á su hermana de Norte- América !

Literatas españolas y portuguesas.

Si hemos de creer á los escritores y escritoras españolas, en España no es bien vista en la buena sociedad á la mujer literata, de manera, dice don Juan Valera, que si una jovencita sale aficionada á literatear ó á versificar, ella misma lo oculta como un defecto ó impedimento dirimente, cuando no es la propia familia la que procura ocultarlo. Sólo la más ardiente y firme vocación y un extraordinario mérito pueden sobreponerse á tanto cúmulo de inconvenientes.

La señora doña Concepción Jimeno de Flaquer — ■autora de gran número de obras interesantes que ha publicado en México y en Madrid — en donde actualmente reside, dice (en un libro llamado la Mujer española) al hablar de la situación de la mujer hispana en la literatura :

« ¡Cuántos talentos de mujeres españolas pasan ignorados, por las preocupaciones ridiculas y el oscurantismo de los hombres !

)) Muchas mujeres brillarían si no se alzase el

MUJERES LITERATAS 363

hombre á cada paso, diciéndoles que al tomar la pluma usurpan un derecho que sólo á ellos está concedido.

» Hay mujeres que, careciendo de valor para sostener perpetua lucha con el hombre, abandonan la pluma y matan su inspiración, guardando un mutismo eterno.

» El hombre español permite á la mujer ser frivola, vana, aturdida, ligera, superficial, beata ó coqueta, pero no le permite ser escritora.

» ... Las literatas, tenemos en contra nuestra á los estúpidos, los ignorantes, los burlones de oficio, los pedantes de profesión, los poetastros, los retrógrados, los entendimientos apoUilados, los hombres de ideas rancias y las mujeres necias.

» ... Los laureles que alcanza en España la literata están rociados de lágrimas.

» Los más insignificantes actos de la literata son fiscalizados, todas sus acciones comentadas y narradas de mil diversas maneras, sus frases interpretadas, sus miradas espiadas, sus movimientos analizados.

» Si la üterata es reservada, la apellidan orguUosa ; si es expansiva, charlatana; si seria, altanera; si es alegre, loca; si es triste, romántica... »

La misma escritora cita á don Severo Gatilina, que dijo :

« Se necesita todo el talento de las que en realidad son mujeres de talento, para no abatirse y sucumbir ante esa especie de cruzada que en ciertas épocas han sostenido los críticos adustos contra las autoras de libros (en España). »

Sabido esto, no es raro que en la Península Ibérica

364 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

abunden poco las literatas y poetisas en razón de la población de aquel país.

En un artículo escrito por nosotros acerca de doña Emilia Pardo Bazán, decíamos que en el siglo XIX la española no se ha distinguido como la francesa, inglesa y norte-americana, por sus grandes dotes literarias ; sea que la educación y modo de ser de la española la predispongan poco á hacer uso de su pluma, — pues no carecen absolutamente de viveza natural, sino que al contrario la superan quizás á las mujeres de otras naciones, — sea que su amor al hogar doméstico y consagración á todos sus deberes de familia, ó probablemente las costumbres del sexo femenino en todos los países en que se habla castellano, se lo impidan, no se puede negar que, en iguales proporciones y circunstancias, son proquísimas las mujeres que en España y en Hispano- América se dedican francamente á la carrera de la literatura. ; Cosa rara empero ! como ya lo habíamos observado antes (al ocuparnos de doña Concepción Arenal de García Carrasco), si es cierto que no son numerosas las escritoras en lengua castellana, en cambio en España, cuando llegan á tomar la pluma para dirigirse al público, sorprenden por sus levantadas ideas, sus nobles intenciones y su inteligencia varonil, de manera que de un salto se colocan entre los pensadores de primer orden.

Bastaría nombrar á santa Teresa, gloria imperecedera de España y honra del sexo femenino.

Si el plan de esta obra nos lo permitiese, podríamos citar además de la doctora Celestial de Ávila, nombres y obras de muchas mujeres españolas de los pasados siglos que se distinguieron en varios ra-

MUJERES LITERATAS 365

mos del saber humano — como por ejemplo doña Beatriz de Galindo — la latina y maestra de Isabel la Católica, — las toledanas doña Luisa y doña Angela Sigea, que escribían en latín, griego y hebreo, y la primera fué calificada de Minerva española; doña Oliva Sabuco de N antes Barrera, que compuso una obra titulada Nueva filosofía de la naturaleza de'' hombre, — maravillosa disertación fisiológica contra las doctrinas de Galeno, la cual sorprende por su profundidad á los fisiólogos modernos ; las sabias Catalina Badajoz, Isabel de Córdoba, Cecilia Montllas y Juana Morella, que eran sabias lingüistas y filósofas — poseyendo esta última catorce lenguas y era además doctísima en teología. El siglo XVII vio nacer en España á la novelista María de Zayas ; en el siguiente, á la académica duquesa de Huéscar y de Arcos — escritora, poetisa é insigne pintora, — y á otra dama aristócrata no menos renombrada por sus prendas morales, talentos y sapiencia, doña María IsiDRA GuzMÁN Y LA Cerda, la cual murió al empezar el siglo XIX.

Acerca de esta última nos vamos á extender algo más y será la primera española de que hablaremos por ser honra y prez de la mujer peninsular. Hija de don Diego Guzmán Ladrón de Guevara — conde de Paredes y de Oñate — y de su esposa doña Isidra de la Cerda, — habíanle dado una educación muy culta y merced á ésta y á sus talentos naturales en breve se hizo célebre en la corte por su saber. Quiso el rey Carlos III que le diesen el grado de doctor, si acaso la universidad de Alcalá de Henares la consideraba digna de esa distinción. No había cumplido diez y siete años — en 1785, — cuando se presentó á sufrir

3G6 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

los exámenes. Por ser aquel acto nunca visto hasta entonces en España, los estudiantes de la universidad [le Alcalá y gran número de vecinos la salieron á encontrar; lleváronla en triunfo al palacio arzobispal que la dio hospedaje, y los doctores en corporación fueron á visitarla y darla los puntos sobre los cuales versarían los exámenes al siguiente día. Éste vio á la joven dirigirse con sus padres al paraninfo de la universidad, en donde la aguardaban gran número de señores y damas de la corte así c">mo los más doctos académicos que deberían interrogarla.

Examináronla sobre filosofía, lengüística, retórica, metafísica, historia natural, teología, astronomía, física, etc., durante hora y media, y todos quedaron asombrados con los conocimientos de la niña, su fácil oratoriay palabras claras y elocuentes. Declaráronse los doctores más que satisfechos con la instrucción y talentos de la postulante y aclamáronla doctora por unanimidad, á lo cual contestaron los circunstantes con ensordecedores vítores.

El acto de la investidura fué aun más solemne. El Cancelario de Estudio le propone la siguiente tesis :

¿Podrá la mujer, aunque virtuosa y docta, enseñar en las universidades las ciencias profanas y sagradas ?

María Isidra sube á la cátedra sin vacilar y en elocuente y claro discurso contesta afirmativamente y acaba dando las gracias á la universidad por las que acaba de concederla. El Rector la nombra en el acto catedrática de filosofía moderna, consiliaria perpetua de su claustro y examinadora de cursantes filósofos.

Acógela á su salida una ovación popular al son de

MUJERES LITERATAS 367

las campanas de las iglesias echadas al vuelo y el de I las bandas de música que recorren las calles.

La universidad manda colocar el retrato de la doctora en el paraninfo y dispone que se acuñe una moneda de plata que conmemore el acto de una nueva era para España.

La Real Academia española de Madrid la declaró por unanimidad miembro de número, y su discurso de recepción, muy aplaudido en España, fué traducido al francés y elogiado en París.

Esto sucedía en España, en época que se ha calificado de atrasada, y sin embargo ya á ñnes del siglo siguiente los españoles miran con desdén á la mujer de talento y á la literata, y han cerrado las puertas de sus academias á mujeres que merecerían tomar asiento en ellas.

La académica doctora doña Isidra casó en Madrid con el marqués de Guadalcázar é Hinojares; vivió en Córdoba, entregada á sus estudios y al cuidado de sus tres hijos, y murió á los 35 años de edad, el 5 de marzo de 1803.

Después ae la doctora y académica que murió al principiar el siglo XIX, tócanos hablar de otra mujer que gozó en su tiempo de bien merecida fama de poetisa y escritora. Nos referimos á doña Vicenta Maturana y VÁSQurz, que nació en Cádiz á mediados de 1793 de padres distinguidos. Su juventud primera se pasó en época aciaga para España y no vio en torno suyo sino guerra, sangre y desgracias de familia. Contrariada en su amor al estudio, lo cual

368 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

se consideraba entonces (y suele suceder todavía lo mismo en muchas familias) como un defecto capital, la joven Vicenta cultivó en secreto las musas. No fué sino después de muertos sus padres y su marido — ,'• el coronel Gutiérrez Pérez Gálvez, que se atrevió por • primera vez á publicar una novela y un tomo de poesías. Era entonces camarista de la reina doña María Josefa Amalia (tercera mujer de Fernando Vil) y muy amada por esta soberana. Sus virtudes y sobre todo el talento singularísimo que la distinguía la proporcionaron mil disgustos y amarguras en la corte, de manera que habiendo muerto la reina (1829; tuvo que emigrar á país extranjero para poder vivir en paz con su numerosa familia. Una de sus mejores composiciones es un poema en prosa á la luna y tiene arranques de verdadero genio, una elegía titulada la Desesperación, que se considera como su mejor obra poética.

Nacida también á fines del siglo XVIII en Cádiz, doña Cecilia Bohl de Faber — marquesa de Arco Hermoso y casada en segundas nupcias con don Antonio de Arrón, — debió á su padre, que era alemán, la afición y cultivo á las letras que la distinguió desde niña. Empero, en obedecimiento á las preocupaciones españolas no empezó á publicar sus obras sino con el seudónimo de Fernán Caballero. ¿Quién en España y sobre todo en América no ha leído con admiración y deleite la serie de novelas que publicó sin descanso durante más de veinticinco años, con el nombre de Relaciones y cuadros de costumbres? Gran parte de sus obras han sido traducidas al inglés, al francés, y creo que al alemán. Su estilo natural, animado, sus imágenes naturalí simas, el sen-

MUJERES LITERATAS 369

limiento cristiano que la anima, así como la instrucción y conocimientos de toda especie que revelan sus obras, hará que las novelas de Fernán Caballero no pasen nunca de moda, y se citarán algunas de sus novelas como clásicas de la lengua española; gráficas respecto á costumbres y en extremo morales para lectura en familia. Además, los talentos de doña Cecilia Bohl iban acompañados de las más altas virtudes y de una caridad inagotable hacia todo el que sufría y necesitaba de socorro.

Fama europea había adquirido hacía la mitad del siglo XIX doña Carolina Coronado. Oriunda de la provincia de Badajoz, nacida en Almendradijo en 1823, desde la tierna edad de quince años ya empezó á citársela entre las poetisas españolas. Sus composiciones llamaron la atención desde 1840 y las reproducían en todos los periódicos de España y América. En 1843 se dio á la estampa un tomo de sus primeras poesías, las cuales fueron acogidas con entusiasmo por los críticos más notables de España. Hiciéronse después repetidas ediciones de las novelas que compuso, así como de las comedias y dramas que produjo y la narración de sus viajes. Disputaba ía palma de la poesía á su contemporánea doña Gertrudis Gómez de Avellaneda, la cual no mencionaremos sino como gloria del Nuevo Mundo, por ser natural de Cuba.

Doña Carolina Coronado había casado muy joven con el secretario de la legación norte-americana en Madrid

21.

370 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

— M. J. Horacio Percy, — pero su obras (algunas fueron traducidas al inglés) sólo llevan su nombre español. i

Entre las poetisas catalanas se distingue doña Josefa Massanés de González. Era nacida en Barcelona, en donde murió también; pero la mayor parte de sus composiciones fueron escritas en lengua castellana.

La mallorquína doña Victoru Peña de Amer goza de popularidad por sus versos en lengua catalana ; doña María de Belloch, doña Joaquina Santa-María, doña Inés Armongol de María, doña Antonia Gila, doña Dolores Monserda de Magia han cultivado las letras en prosa y verso en Barcelona : la última ha publicado novelas, y doña Pilar Pascual de San Juan y doña Antonia Opisso se han dedicado á escribir obras de pedagogía, así como la mallorquína Manuela Herreros de Bonet.

En 1889 la Academia Real española premió un estudio biográfico y crítico sobre Tirso de Molina^ obra de doña Blanca de los Ríos, y doña Joaquina Hernández de Moya obtuvo un premio de poesía en 1884.

Cuenca cuenta entre otras con la escritora doña

NOTBURGA HaRO.

En Málaga vieron la luz dos poetisas y novelistas : las señoras Gheix y Martínez y María Mendoza de Vives ; y en Oviedo, la señora de Álvarez.

Maravillosa precocidad se había señalado en el ingenio de una niña de Irún — Alejandrina Arqüelles Jora, — la cual murió á los quince años de edad después de haber dejado preciosas poesías muy elogiadas por los críticos. Hermana de los dramaturgos

MUJERES LITERATAS 371

Echegaray, doña Pastora Echegaráy ha publicado cnj 1893 unos Pensamientos que han llamado la aten-; ción,y una hija del malogrado Luis Eguilaz, — doña Rosa Eguilaz, — ha compuesto también (como su padre) piezas dramáticas.

El drama ha llamado la atención de las escritoras españolas; se han distinguido en este ramo de la literatura entre otras la señora Rosa de Gálvez, las señoras Grassi y Pech, Larra y otras muchas que han escrito, con más ó menos éxito, dramas y comedias.

Galicia se engalana con el nombre de su poetisa favorita, doña Rosalía Castro de Murgüeitio, cuyos cantares son popularísimos y cuyas obras en gallego las saben de memoria caballeros y pecheros, damas y pastoras de su país natal. Sus compatriotas la lloraron muerta y la han levantado un famosísimo monumento de mármol en una de las iglesias de Santiago de Gompostela.

Á Galicia pertenecen pues las tres mujeres que indudablemente se han distinguido más en diferentes géneros de literatura en la España contemporánea : doña Emilia Pardo Bazán — natural de Goruña, — doña Rosalía Castro de Murgüeitio — nacida en Santiago, — y doña Concepción Arenal de García Carrasco — oriunda del Ferrol.

De un libro publicado en Nueva York hace unos cuatro años con el título del Problema de la mujer en Europa — el cual ha sido escrito por las mujeres de cada país á quienes el editor del libro pidió su contingente — queremos extractar una parte de lo que tocó escribir á doña Concepción Arenal con respecto á España, pues indudablemente es la parte del libro que más nos puede interesar.

¿12 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

« La Española, — dice la insigne escritora, — es una inhábil trabajadora manual, así es que sus obras de mano tienen poco valor y son mal pagadas. Su escasa educación no la permite trabajar sino con su aguja, en bordados, costuras en blanco y modistería. Pero en estos oficios demuestra poco gusto artístico y la superan mujeres de otros países. Con este motivo no solamente los vestidos que usan la mayor parte de las españolas y españoles son llevados de otra parte, sino que las pocas casas de costuras que se ven en España están servidas por obreras extranjeras.

» Esto es muy perjudicial, porque la multitud de costureras ordinarias que se dedican á ese oficio son mal pagadas, por la competencia que las hacen las extranjeras.

» Gomo trabajadoras de campo y m¿nem5^aun ganan menos, por ser menos robustas que los hombres que las hacen competencia. Además la mayor parte de las mujeres no tienen oficios en los cuales se perfeccionan, y las maestras de escuela no hacen carrera porque su imperfecta educación se lo impide.

» Como artistas, son también inferiores, y hoy día no hay ninguna artista española realmente notable. Algunas hacen copias de pinturas para adorno de abanicos y objetos de poco mérito. No hay tampoco arqidtectas y escultor as de mérito. En cuanto á la música, solamente en algunas grandes cuidades suelen encontrarse maestras de méritos relativos. Tampoco hay cantatrices que sean realmente superiores. Las médicas graduadas son desconocidas en España en la práctica porque tienen contra sí la opinión popular. Todo esto consiste : 1.° en la falta de educaión; 2.° en la fuerza de las costumbres; 3.» en Ja

MUJERES LITERATAS 373

competencia que se las hace; 4.° en el desprecio en que se tiene al sexo femenino.

» Si la educación de los varones en España está descuidada, se puede decir que la de las ninas no existe en realidad. Las pocas que asisten á las escuelas aprenden á leer mal y los nombres de ciertas ciencias que sus propias maestras ignoran. En las grandes ciudades hay buenas escuelas para el pueblo, pero como allí no se las enseña ningún oficio lucrativo, salen de ellas inútiles para la vida práctica.

» La costumbre que se tiene de mirar con desdén el trabajo de la mujer, y como no se las permite ensayar ningún oficio para el cual es preciso tener fuerza y arte y en que sea preciso apelar á la inteligencia, las obliga á hacerse competencia unas á otras ó á ser víctimas de los que especulan á su costa. »

Las niñas de las altas capas sociales — según asegura doña Concepción Arenal, — aprenden muy superficialmente los elementos de educación más usual, elementos que olvidan al salir al mundo, y no vuelven á leer sino novelas y libros de oraciones.

El gobierno las permite ejercer la telegrafía, pero si sus padres, maridos ó hermanos están empleados en la misma oficina.

La española no pierde su nombre patronómico al casarse y puede conferir sus títulos, si los tiene, á su marido. Pero éste puede abandonar á su mujer y á sus hijos y derrochar la dote de su mujer sin que se le pueda tomar cuenta, ni hay leyes para castigarlo.

Sin embargo, la situación moral de la mujer empieza á mejorar notablemente. La Asociación para

374 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

la enseñanza de la mujer ha hecho grandes bienes í en Madrid. Desde 1882 las niñas concurren por cen-| tenares á la Escuela de Música y cursan en las universidades. En Madrid, Málaga, Valladolid y Barcelona muchas mujeres han obtenido el grado de bachilleras, y aunque algunas se han graduado como médicas, no se las permite que lleven el título de doctoras ; eso ciertamente no impide que sean instruidas y de mérito. En Barcelona se graduó como médica en la universidad la señorita Alen y Riera, y no solamente hace gran bien con su ciencia á la humanidad doliente, sino que ha escrito un libro sobre enfermedades de las mujeres.

Al conocer la situación inferior en que se encuentra la mujer en España, debemos admirar más aún á las que apartando las dificultades é inconvenientes que las rodean han logrado, á pesar de la guerra que se las hace, conquistar un nombre y ganar palmas €n la literatura.

Doña Emilia Pardo Bazán es indudablemente la mujer española que hoy día llama más la atención en su patria y fuera de ella, no solamente por su extraordinaria erudición, sus muchos conocimientos científicos y filosóficos, su cultivadísimo ingenio, sino también por la escuela de avanzadísimas ideas á que se ha afiliado. Que un descendiente del Cid, que un compatriota de Calderón, de Espronceda y de Zorrilla tome la defensa del realismo, el positivismo, el naturalismo y demás evoluciones del espíritu humano, es cosa rara y poco creíble ; pero que una mujer

MUJERES LITERATAS 375

(le la patria de Isabel la Católica y de doña Blanca de Castilla levante la voz para abogar en favor de la literatura revolucionaria inventada en Francia; que á la luz del día, en sus libros y conferencias del Ateneo de Madrid, sin rodeos y sin ambajes, proclame sus opiniones, es aun más extraño, más extraordinario y fuera del orden natural que caracteriza les tendencias de los linajes humanos.

Un académico español, sabio erudito, literato de primer orden, hizo ya en la introducción á la Vida de San Francisco de Asís, escrita por doña Emilia Pardo Bazán, un panegírico tan justo cuanto respetable acerca del altísimo mérito de los escritos de esta señora, cuyos estudios científicos y filosóficos están tan fuera de las veredas que por lo general transitan las mujeres. En aquel terreno no podemos seguir las huellas de la ilustre dama, y hemos de dejarla penetrar en el templo en que se elaboran las ciencias, acompañada tan sólo por aquellos que pueden calificar concienzudamente la grande profundidad de sus conocimientos.

En poco más de quince años, la señora Bazán ha escrito muchísimas obras sobre múltiples materias; desde poesías hasta estudios sobre el dar\vinismo; desde la Vida de San Francisco de Asís, hasta novelas en que pinta costumbres non sánelas; mezclando un erudito ensayo sobre el P. Feijoo con artículos entusiastas en favor del naturalismo de la escuela francesa de Zola y de Goncourt, y otras obras místicas é idealistas en que da razón de una peregrinación á Roma. Pero en medio de todo y por cima de todo no se puede negar que doña Emilia Pardo Bazán es en España, como lo fué Jorge Sand en Francia

376 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

y Jorge Eliot en Inglaterra, la primera prosista de su nación, — pues en dicción, riqueza de expresiones, estilo sólido y variado, energía, virilidad, ardor y elocuencia, aventaja á todo otro literato de los tiempos modernos en su país.

Ya, al mencionar á las ivajeras que más se han distinguido en el mundo moderno, hablamos de la señora doña Emilia Serrano, Baronesa de Wilson; tócanos ahora hablar de ella como historiadora, moralizadora, novelista y escritora en todo género. Gomo historiadora^ viajera y biógrafa ha dado á luz do? volúmenes de Americanos célebres; un volumen de El Mundo moderno; un volumen de Arnérica y sut Mujeres; un volumen de La peregrinación delRhin; un volumen de El Danubio.— De las siguientes novelas suyas se han hecho varias ediciones : Guanátemoc^ — Novela histórica^ — El mundo americano, Leyendas americanas, — Magdalena, — Pablo el Minero, — El mundo en Carnaval, — La Pordiosera de Trae. Ha dado también á la estampa las siguientes obras : Un tomo de Poesías; libros de instrucción y recreación para la juventud : La Ley de: Progreso, 6 ediciones; Siembra y Cosecha; Perlas del Corazón, 5 ediciones; El mundo en miniatura; el popularísimo Almacén de las Señoritas, que ha tenido ya 14 ediciones; El Ángel de paz; Sembrar para recoger; El Árbol sano; La Senda del Deber; Espillas y abrojos. — Además, prepara desde hace años una Historia general de América en 20 tomos, y varios de viajes.

Grandísimo número de escritoras educadoras, moralizadoras, que han dedicado sus esfuerzos á entretener é instruir á las mujeres de España y América

MUJERES LITERATAS 377

podríamos mencionar. Mucha popularidad tienen en Hispano-América las obras de doña Pilar Sinués del Marco, quien ha escrito sobre todo tema que pueda interesar á sus lectores. Tan conocida como la anterior es doña Faustina Sáez de Melgar, cuyos pasos ha seguido una hija suya.

La señora Patrocinio Biedma también ha escrito muchísimo sobre toda materia y en España goza de singular popularidad.

Poetisas hay más de doscientas que podríamos citar, desde la ciega Díaz Caballero, hasta las gradas del trono en donde ha cantado con talento y maestría la infanta doña Paz de Borrón, tía del actual rey de España, Alfonso XIII.

En Extremadura descuella la señora García y MiR.\NDA, llamada el Homero estremeño, la infeliz Blanca Garzo y Ortiz y la señora de Lujía.

En las islas Ganarías, la de Mazzi, etc.

Una hija de la famosa heroína Agustina Zaragoza, que se distinguió en el sitio de la ciudad de su mismo nombre, en 1808, ha escrito también una novela histórica en que relata las hazañas llevadas á cabo por su madre.

Citaremos apenas los nombres de las señoras Leopolda Garissó, Matilde Troncoso, Rosario Acuña de la Iglesu, Bravo y Macus, Carlota Cobo, Matilde Coer-

NER, ROGELIA LeÓN, AuRORA LiSTA, LoZANO DE WiLCHES,

Sofía Tartilán, etc., etc.

Como en España se ha cuidado de que las niñas de la alta aristocracia obtengan esmerada educación, hay muchas damas de la nobleza que cultivan las bellas letras, pero lo hacen ocultamente la mayor parte, obedeciendo á las preocupaciones de que ya

378 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

hemos hablado. Sin embargo, la duquesa de Alba ha dado á la estampa últimamente una serie de documentos históricos importantísimos — arreglados y anotados por ella misma con singular maestría. La marquesa de Heredia — esposa de un poeta, hija del famoso don Ángel Saavedra, duque de Rivas, y hermana del actual duque, académico, poeta, etc., tiene reputación bien sentada de literata y poetisa, pero no ha querido nunca publicar cosa alguna de sus producciones.

Según escritores contemporáneos, la educación que se dio desde tiempo atrás á las portuguesas ha sido poco más ó menos calcada sobre la española. En los pasados siglos se distinguieron en los conventos de monjas muchas religiosas de talento que escribieron poesías místicas y epístolas edificantes ; en el siglo XIX empezó á contarse en la literatura el elemento mujer ^ y muchas damas de todas las clases sociales han publicado las producciones de su cultivado entendimiento.

Desde el fin del siglo XVIII se hizo notable la condesa de ViMEiRO. Nacida en 1796, la señora María Luisa DE Valiere, compuso estudios históricos y poesías. En 1853 murió la señora María Joaquina de Leixas Brandas — natural de Villarica, — poetisa estimable; doña María Antonia Gertrudis Pussich, oriunda de San Nicolás de Cabo Verde, en donde nació en 1805, se distinguió en el periodismo, la poesía y compuso obras dramáticas. Un año antes que esta escritora, vino al mundo en Buenos Aires la señora

MUJERES LITERATAS 379

Margarita Triarte y Somallo, Aymerik Bioslada. Sin embargo, como sus obras no se publicaron sino en Portugal y en lengua portuguesa, se la considera como escritora de esa nación, á pesar de haber nacido en América.

María Peregrina de Souza nació en 1809 y es conocida y apreciadísima en Portugal como novelista y poetisa. Ha sido extraordinariamente fecunda y la lista de sus obras es larga.

Doña Leonor Almeida, marquesa de Alorna, es una escritora de primer orden por su saber, su instrucción y sobre todo por el conocimiento tan profundo del latín que tradujo con maestría á Horacio y ha sido elogiada por Menéndez y Pelayo como mujer de gran saber. Nació en Lisboa en 1750 y murió de cerca de noventa años en 1839.

Además de la famosa traducción de Horacio, la marquesa de Alorna, gloria de la mujer portuguesa, publicó varios tomos de poesías sueltas : un poema, unas Recreaciones botánicas de mucho mérito; una traducción de una obra del poeta inglés Pope; una paráfrasis de los Salmos ; un tomo de biografías y críticas y un libro de Memorias íntimas^ que parece que no se ha publicado.

En Portugal hanse escrito varias biografías extensas de esta notabilísima literata.

También tienen fama en su patria doña María Adelaida Fernández Rata, escritora; doña María Cecilia AaLAUD, de Goímbra, poetisa; la condesa de Montemerli; Maruna Antonia Pimentel; Josefa de Meneses; cuyas poesías se han insertado en las colecciones selectas de los literatos portugueses.

Una de las más celebradas poetisas de Portugal es

380 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

la señora María Felicidad do Gouto — muerta en 18G4, — la cual se considera como un verdadero genio poético, digno de una compatriota de Camoens.

Leonor Correa da Sa ha escrito obras morales y novelas apreciadas debidamente en Portugal.

Juana Margarida Mancia Ribeiro da Silva escribió la relación de la campaña de Napoleón I á Rusia en 1812, varias poesías y un Elogio á lord We¿¿¿n(/- ton, que es su obra maestra.

PARTE SEXTA

LITERATAS EX LA AMÉRICA ESPAÑOLA

Misión de la escritora en HispanoAmérica-.

La cuestión que desearíamos — no diremos delucidar, — pues no nos alcanzan las fuerzas para tanto, — pero sí toc-ar de paso, es ésta en primer lugar : ¿cuál es la misión de la mujer en el mundo? Indudablemente que la de sua\"izar los costumbres, moralizar y cristianizar las sociedades, es decir, darles una civilización adecuada á las necesidades de la época, y al mismo tiempo preparar la humanidad para lo porvenir; ahora haremos otra interrog-ación : ¿Cuál es el apostolado de la escritora en el Nuevo Mundo?

Estudiemos primero lo que el señor de Varigny dice en su obra sobre la Mujer en los Estados ifíi-

1. Ya esto se había publicado antes (en la Columbia Ututrada de Bogotá), articulo qiie fué reproducido en periódicos «ud-ama-

ñcanos.

382 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

dos, « Cada raza, escribe, se ha formado un ideal particular de lo que debe ser la mujer. Las ideas, como las lenguas, varían, y para explicar mi pensamiento veamos cuál es éste. Para los franceses la mujer personifica y incarna en sí todas las exquisitas y delicadas perfecciones de la civilización; para el español es una virgen en una iglesia; para el italiano, una flor en un jardín; para el turco un mueble de dicha. No olvidemos la queja candorosa de la joven árabe : « Antes de ser mi esposo besaba la » huella de mis plantas y ahora me engancha con su » asno á su arado y me hace trabajar ».

» El inglés, precursor del americano, ve sobretodo en la mujer la madre de sus hijos y la señora de su casa. Al abandonar á Inglaterra, la mujer que fué á establecerse á la América del Norte, no dejó en Europa sus costumbres y sus tradiciones. Todo emigrante, rico ó pobre, lleva un mundo consigo, mundo invisible de ideas, resultado de la primera educación, herencia de las anteriores generaciones, cosas que no abandona cuando todo lo abandona, sino al ca])0 de mucho tiempo, y que casi siempre conserva piadosamente. » Así pues, para el americano del Noi'e, su ideal es igual al del inglés, pero allí la mujer 63 todavía más señora de su casa que en Inglaterra.

El hispanoamericano, más adelantado en estas cosas que el español — su antepasado, — ve en la mujer algo más que « una virgen en una iglesia ». Se ha notado que en todas las repúblicas que se formaron después de la independencia, se ha tratado desde su fundación de dar á la mujer una educación mejor y un papel más amplio en la vida social. Los

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 383

gobiernos han hecho grandes esfuerzos para redimiri nos de la situación secundaria, y no diremos secunf daria sino ínfima, á que nos condenaban las costum- ^bres coloniales, hijas de las españolas.

En Colombia, por ejemplo, se da una educación bastante adelantada en las escuelas normales á las señoritas que después son maestras de escuela para niños de uno y otro sexo, y se ha observado que en las escuelas de primeras letras superan en mucho á los hombres en instrucción, orden, comportamiento, etc. En Bogotá hay una Academia de música para niñas, de la cual han salido maestras de primer orden; y hubo en años pasados otra de dibujo y pintura en que el sexo femenino no se quedó atrás de lo llevado á cabo por los jóvenes. De la escuela de telegrafía regida por una señora consagrada á esa enseñanza, han resultado empleadas muy notables que sirven al gobierno en gran número de oficinas de la República. En la Escuela de medicina de Bogotá se ha dado entrada á señoritas que asisten á las clases con los estudiantes y son altamente respetadas por ellos. Se abre, pues, un horizonte más extenso á las aspiraciones de la mujer en Colombia y en otras naciones hispanoamericanas (como lo hemos visto en otras secciones de este libro) y en breve sucederá en estas repúblicas como en NorteAmérica, que se contará con la influencia femenina para la buena marcha de la sociedad.

Una vez que la mujer ha conquistado la importante posición que ocupa en la sociedad hispanoamericana, es preciso que medite en ella y sepa qué se espera de esa influencia que va á ejercer en [esos países nuevos (los cuales parece como si ya empeza-

384 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

sen á abandonar la época de turbulencias y conjuraciones políticas que durante más de ochenta años obscurecieron el horizonte social de las nuevas repúblicas) para entregarse al trabajo y á elaborar un progreso juicioso; debemos reflexionar maduramente acerca del papel que hará la mujer en el nuevo orden de cosas que se prepara.

Concluyó para estos gobiernos su estado de fermentación, indispensable, según las leyes de la naturaleza, para que se produzca una nación con elementos encontrados, heterogéneos y distintos. « Compararía voluntariamente, decía Garnot (el padre del que fué presidente de Francia), un país revolucionado á nuestros grandes cubos de vendimia : en el cubo de las pasiones todo se agita, de la superficie hasta el fondo, desde el vino más generoso hasta las heces más inmundas ; pero la fermentación purifica y ennoblece el licor. »

De aquí para adelante no hay duda que se verán trastornos públicos, cambios de gobiernos y quizás de sistemas, pero las naciones se salvarán en brazos de la civilización, cuyas leyes impedirán que se atrase en las veredas del progreso por las cuales transitan con conocimiento de causa, y los gobiernos se reconstruirán en breve sobre bases sólidas y respetables.

Los Estados Unidos, en donde la prosperidad es tan asombrosa, nos deben dar en esto ejemplos saludables para Hispano-América ; y en aquel país que en adelantos materiales se halla á la cabeza de todos los demás, la mujer goza de una inmensa y reconocida influencia. ¿Por qué así? Porqué es respetada por todos. ¿Y por qué es respetada? Porque sus acciones,

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 385

SU carácter, su valor moral la hacen respetable ; porque, á más de cumplir sus deberes como esposa y como madre, es real y positivamente la compañera del hombre; no es una flor, un ensueño, un juguete, un-adorno, una sierva; es igual á su marido y á su hermano por la solidez de su instrucción, la noble firmeza de su carácter, por sus dotes espirituales, y por consiguiente para ella todas las carreras le están abiertas, menos una, la menos envidiable — la de la política. En Norte-América no solamente son empleadas públicas, abogadas, médicas, agriculturas, banqueras, etc., etc., sino que hacen competencia á los hombres en esos puestos de igual á igual. No se las da ningún empleo ó recompensa por favor ; no se las elogia sino cuando lo merecen ; no se las concede premio, ni son elevadas á un puesto honorable sino porque pueden ocuparlo mejor que cualquier hombre. Ésta es la verdadera justicia, y á ella debemos aspirar si queremos ejercer una verdadera y benéfica influencia sobre nuestros conciudadanos; pero para merecerla es preciso que trabajemos con seriedad, que renunciemos á favores especiales y que no pidamos sino estricta justicia y nada más.

Entre las naciones de raza española, aun se mira á la mujer como á un ser inferior, como á un niño, y se la elogia cuando se eleva un poquito sobre la medianía con una exageración que abochorna. Debemos, empero, rechazar cierta clase de ponderaciones como una ofensa casi, porque éstas prueban que se aguardaba tan poco de nosotras, que cualquiera cosa que hagamos, y que prueba alguna instrucción ó talento, es extraña en nuestro sexo y se debe aplaudir como una rareza fuera de lo natural. No nos enva-

386 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

nezcamos, pues, con elogios pasajeros que se lleva el viento, porque no tienen peso, y ocupémonos en la misión de la cual debemos encargarnos.

La moralización de las sociedades hispanoamericanas, agriadas por largas series de revoluciones, de desórdenes y de malos gobiernos, está indudablemente en manos de las mujeres, cuya influencia, como las madres de las futuras generaciones, como las maestras de los niños que empiezan á crecer y como escritoras que deben difundir buenas ideas en la sociedad, deberán salvarla y encaminarla por la buena vía.

Pero, se dirá, aunque hay escritoras hispanoamericanas, son éstas tan pocas, en realidad, tan contadas; confían, además, tan poco en sus facultades intelectuales, que será imposible que tengan influencia, ni la más pequeña, en la marcha de la sociedad. Así parece realmente, y, sin embargo, hubiera muchas más mujeres escritoras si fueran menos tímidas, si se persuadiesen de que tienen una misión benéfica que desempeñar, pues la mujer siempre quiere ser útil cuando es buena, y olvida todo si se persuade de que en su mano está el hacer el bien.

En Colombia, por lo menos, la mujer es altamente respetada y confío en que en otras repúblicas sudamericanas no sucederá, ¡á Dios gracias! como en España, valga el dicho del insigne literato y diplomático, don Juan Valera, en donde « toda mujer que se lanza á ser autora hay que suponer en ella valentía superior á la valentía de la Monja-Álferez, ó á la propia Pentesilea ». « Cada aaiiüy, añade, si por acaso la encuentra, será contra ella un Aquiles, más para matarla, que para llorar su hermosura después

LITERATAS EN LA AMÉUICA ESPAÑOLA 387

de haberla muerto. Quiero decir, dejando mitologías á un lado, que en literatura suelen ver en las escritoras los solterones algo de anormal y de vitando de desordenado é incorrecto, por donde crecen las dificultades para una buena boda, etc., etc.. »

No, entre nosotros en Hispano-América, no sucede así, y una mujer que escribe para la prensa no es mal mirada en la sociedad; al contrario se la atiende y respeta (cuando no se la envidia y se la hace la guerra bajo cuerda). Esto debe provenir de que las poetisas han sido todas mujeres de su casa, que no la han descuidado porque acaso en sus horas perdidas emborronan papel. Con este motivo, no solamente se las permite sin dificultad escribir versos y prosa, sino que se las anima y aun se las elogia mucho por la prensa, demasiado, como ya dijimos antes, porque esto envanece á las principiantas.

Una vez que la carrera de escritora está abierta y pueden las mujeres abrazarla sin inconveniente, todas las que se sientan llamadas á ello deberían fijarse en una cosa : en el bien que pueden hacer con su pluma. Si Dios les ha dado cualidades intelectuales, aprovéchense de ello para empujar á su modo el carro de la civilización; no imitemos el estilo de moda hoy día en literaturas extranjeras y mucho menos el francés; no pintemos vicios ajenos, sino virtudes propias de nuestro suelo. No en vano el Altísimo ha prodigado en América todos los dones de la naturaleza más bella del mundo para que desdeñemos describirla; no nos ha puesto Dios en esos países nuevos, que trabajan en formarse, para que no estudiemos su historia y sus costumbres y de ellas sac;uemos enseñanzas provechosas.

388 LA MUJER Ex\ LA SOCIEDAD MODERNA

Mientras que la parte masculina de la sociedad se ocupa de la política, que rehace las leyes, atiende al progreso material de esas repúblicas y ordena la vida social, ¿no sería muy bello que la parte femenina se ocupase en crear una nueva literatura? Una literatura sui generis, americana en sus descripciones, americana en sus tendencias, doctrinal, civilizadora, artística, provechosa para el alma; una literatura tan hermosa y tan pura que pudieran figurar sus obras en todos los salones de los países en donde se habla la lengua de Cervantes ; que estuvieran en manos de nuestras hijas; que elevaran las ideas de cuantos las leyesen ; que instruyesen y que al mismo tiempo fueran nuevas y originales como los países en donde hubiesen nacido... En esta literatura de nuestros ensueños no se encontrarían descripciones de crímenes y escenas y cuadros que reflejaran las malas costumbres importadas á nuestras sociedades por la corrompida civilización europea ; pues digan lo que quieran los literatos de nuevo cuño, la novela no debe ser solamente la descripción exacta de lo que sucede en la vida real entre gentes de mala ley ; la novela puede interesar á pesar de ser moral, y debe pintar gráficamente la existencia humana y al mismo tiempo lo ideal, lo que debería ser, lo que podrían ser los hombres y las mujeres si obraran bien.

¿Qué misión más bella para una mujer que proporcionar solaz y dulces lecciones á la sociedad? Nótese que todas las obras que sobreviven en el ramo de la bella literatura tienen no solamente un fondo de moralidad, sino que también su lenguaje es pulcro, elegante y que sólo despierta imágenes puras y her-

UTEBATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 38'J

mosas. Las excepciones á esta regla son contadas y la confirman.

Nuestros países empiezan á formarse ; es preciso que como el árbol pequeño que puede enderezarse ó torcerse, nuestras costumbres crezcan derechas y bien formadas, y que podamos presentarnos las mujeres escritoras del nuevo mundo sud-americano con todo el realce y la vitalidad sana y benéfica de las de la América del Norte.

En sociedades que no solamente han llegado á su madurez, sino que empiezan á bajar por la pendiente que lleva al ocaso, el escritor puede detenerse en el camino para coger las flores envenenadas, señalar los lodazales, describir las sentinas del vicio que encuentra á su paso. Allí hay lectores de todas clases, y muchos cuyas inteligencias estragadas por el exceso de la civilización necesitan un alimento condimentado con descripciones cada día más violentamente exageradas, y cuadros que conmuevan sus sentidos embotados por un refinamiento cercano á la corrupción, pues toda fruta demasiado madura toca ya á la podredumbre. Pero nuestras sociedades no han llegado á ese punto : están creciendo, no han acabado de formarse, necesitan alimentos intelectuales sanos é higiénicos, y ¡qué gloria sería para la mujer americana si pudiese proporcionar á nuestras incipientes sociedades la literatura que necesita para vivir con el alma, después de emplear sus facultades en trabajar en la parte, por decirlo así, material de nuestras instituciones sociales y políticas.

No creemos que se moraliza á los lectores poniendo ante sus ojos cuadros de vicios y corrompidas costumbres, aunque después se quiera señalar los incon-

22.

300 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

venientes de esos vicios. El lector lee con avidez las descripciones que le llaman la atención, y olvida con frecuencia la moraleja del cuento, y no las escenas de desórdenes y malos ejemplos, cuidándose poco ó nada del castigo del vicio.

Hay la preocupación de que las virtudes y la abnegación de almas nobles, los percances y aventuras de personas buenas no pueden presentar drama interesante, y que solamente lances de amor llaman la atención, y eso si éstos son pecaminosos; que no se leen con gusto sino intrigas rebuscadas que ofenden el pudor y no deben ser leídas por las doncellas ; pero ésta es preocupación y nada más; la verdad unida á un estilo ameno será siempre popular y tendrá más larga vida que toda narración que se dirige á esas pasiones falsas, inconstantes, ligeras, que pasan como las modas, sin dejar rastro ni huella, y que se olvidan como se olvida el corte del vestido del año pasado. No : las escritoras americanas deberían dedicarse con toda seriedad á hacerse un nombre imperecedero, haciendo el bien con las obras literarias que escribirán para cumplir la misión que creo que tienen en la nueva literatura hispanoamericana que alborea.

Escritoras hispanoamericanas.

Antes de la época llamada en Hispanoamérica de la Independencia, las mujeres educadas según la tradición española, si descollaban por sus atractivos fígicog, sus virtudes y sus méritos morales, no podían

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 391

por cierto lucir entre sus conciudadanos como escritoras, puesto que ni á escribir se las enseñaba. Así, pues, las únicas que alcanzaron á hacerse un nombre en los anales de la literatura eran monjas que escribían para obedecer á sus confesores. Tenía que ser así, porque sólo á las religiosas se permitía escribir, y sólo ellas aprendían algo de lo que las laicas ignoraban, en las obras piadosas que solían estudiar para instruirse en las verdades de la religión.

En Chile — al principiar el siglo XVIII, — escribió un libro místico una monja del convento de la Victoria, llamada sor Úrsula Suárez. Hacia la misma época, en la ciudad de Tunja (en Colombia) la monja clarisa doña Francisca Josefa de Castillo y Guevara se hizo notable por escritos que han sido elogiados por insignes críticos españoles. Contemporánea de las anteriores era la famosa doña Juana Inés de la Cruz,— llamada la décima musa por su instrucción, sus talentos y sabiduría ; ésta era también religiosa en un convento de Méjico ; cultivó la poesía con grandísimo éxito, y sus obras han sido reimpresas repetidas veces en América y en España.

Con los albores y reflejos que arrojaba adelante la idea de la independencia de España, prodújose en toda la alta sociedad de las colonias americanas una efervescencia intelectual que estimuló también á las damas que veían preparar en torno suyo la revolución que debería estallar en primera ocasión.

En Santa Fe de Bogotá reinaban en una tertulia (llamada del Buen Gusto) dos damas : doña Manuela Santamaría de Manrique y su hija doña Tomasa Manrique. Las reuniones tenían lugar en casa de estas damas en los primeros años del siglo XIX. Doña Ma-

'¿di LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

nuela era no solamente literata (dice Vergara en su Histo?ia de ¿a literatura en Nueva Granada), sino también naturalista. Poseía un valioso y curiosísimo gabinete de historia natural formado y clasificado por ella, el cual visitó y admiró el barón de Humboldt cuando recorrió el país. Doña Tomasa era poetisa.

La educación de la mujer dio un paso adelante ; salieron éstas del marasmo en que se consumía su inteligencia, y las primeras que se dieron á conocer fueron patriotas elocuentes que usaron de la palabra para atraer á su causa á sus conciudadanos, como Mercedes Tapia, Martina Céspedes, Juana Azurdy, Jerónima San Martín en la Argentina y Solivia; Javiera Carrera, Paula Sara Quemada, María Cornelia Olivares, Luisa Rogabarren, Gertrudis Serrano, las ilustres Toros en Chile; en el Ecuador se contarán varias patriotas. En el Perú rindió su vida por la Independencia María de Vellido. En Méjico la historia señala á doña Leona V. de Quintana Roo, María Josefa Ortiz de Domínguez y Agustina Ramírez. En Colombia, señoras de la alta sociedad se unieron á las del pueblo para trabajar en pro de la independencia y libertad de su patria; las más importantes de éstas fueron las señoras Andrea Ricaurte de Lozano ; Juana P. Navas de García Hevia; Carmen Rodríguez de Gaitán ; PoLiCARPA Salavarruta y Antonia Santos. Estas dos últimas murieron en el cadalso más bien que denunciar á sus compañeros de conspiración. La primera era oriunda de la villa de Guadnas y la segunda del departamento de Santander (Charalá). Doña Carmen Rodríguez de Gaitán, madre de un general, hermana de un guerrillero ínclito, fué patriota entu-

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siasta desde que se preparaba la revolución contra el gobierno español, que estalló el 20 de julio de 1810. Tan apreciada fué por sus compatriotas que su retrato se encuentra en la Biblioteca Nacional de Bogotá; además, la Cámara de Provincia de Gundinamarca expidió un decreto de honores cuando murió en Bogotá en 1852, ya de avanzada edad. En casa de doña Andrea Ricaurte de Lozano, que pertenecía á una de las familias más distinguidas de Bogotá, fué capturada Policarpa Salavarrieta y, sin duda, debido á la importancia de sus parientes, se logró el que no la hubiese fusilado también el virrey Samano, que entonces gobernaba el país. Compañera de éstas era doña Juana P. Navas Serrano, esposa del que fué gobernador de Cundinamarca (don Francisco J. García Hevia) y que murió en el cadalso por orden de Morillo. Doña Juana P. Navas sufrió persecuciones, confiscaciones de sus bienes, destierro, y obligaron á sus tiernos hijos á servir en los ejércitos realistas; sin embargo, vivió largos años siempre patriota y amante de la Independencia hasta la hora de la muerte.

Señalamos tan sólo á éstas como tipos de mujeres de esa época y por consiguiente no mencionaremos á otras que siguieron sus huellas y ejemplos. Las mujeres en Colombia se han distinguido siempre por su ardor patriótico y por la parte que han tomado siempre en luchas políticas.

Olvidada en gran parte por sus conciudadanos, la señora Josefa Gordon de Jove nació en Cartagena (de Indias) en 1796, pero emigró á Caracas desde muy joven y allí murió en 1850. Se distinguió por su cultura, su instrucción y por las poesías que -um-

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puso, algunas de las cuales se publicaron y la mayor parte quedaron inéditas.

Llevada á cabo la independencia de España, en todas partes empezaron á abrirse escuelas de niñas y fundarse colegios públicos y privados en los cuales se ofrecía á la mujer hispanoamericana una educación adecuada á las necesidades de la época en las incipientes repúblicas. Aparecieron en breve muchas poetisas y algunas escritoras, fruto de aquella instrucción que se las brindaba.

Las primeras que ensayaron su pluma en las lides literarias lo hacían con desconfianza; temiendo las críticas, no se desprendían sino paulatinamente délas preocupaciones añejas que los peninsulares habían legado en América á sus hijos.

Años después, escribía el notable literato ecuatoriano don J. León Mira estas líneas que copiamos por parecemos que vienen de molde aquí ; pues lo que dice de las ecuatorianas puede referirse á las demás hispanoamericanas ahora treinta ó cuarenta años.

« El ingenio no escasea en las mujeres ecuatorianas, y siempre se le halla junto con la sensibilidad, la dulzura de carácter y otras prendas del corazón que las constituyen un verdadero tesoro de nuestra sociedad. Pero ¿por qué no brillan como deben en las regiones de la inteligencia? ¿Por qué no dan muestras de que piensan y sienten, y tienen facultades para pintar la naturaleza y fuerzas para disputar al hombre las coronas y los lauros apolíneos? ¿Por qué enmude-

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cen? ¿ por qué se esconden? ¡ Ah ! es porque no se las comprende, ni se las educa, ni se las estimula. Somos todavía semibárbaros en nuestro porte con respecto á las mujeres ; las miramos como inferiores nuestras, á lo más como compañeras de nuestra vida material y objetos destinados al placer y al servicio interior de nuestras casas. No apreciamos en ellas el alma, sino el cuerpo, no buscamos las dotes de la inteligencia sino la efímera belleza de las formas exteriores. »

Á pesar de esto, desde el principio de la formación de las repúblicas hispanoamericanas varias mujeres empezaron á darse á conocer como poetisas y escritoras.

Sin distinguir naciones diferentes en la gran patria americana, — que debería constituirse en confederación para ayudarse, defenderse y darse mutuamente gloria, — vamos á hacer aquí un pequeño estudio de las mujeres escritoras de mayor mérito que se han dado á conocer en las antiguas colonias españolas. Procuraremos seguir el orden cronológico, aunque á veces nos apartaremos de ello cuando lo consideremos conviente.

Hija de uno de los mayores patriotas de la primera Colombia — de don José Acevedo Gómez, — doña Josefa Acevedo nació en Bogotá en 1803. En casa de su padre primero, y más tarde en la de su esposo, don Diego Fernández de Gómez, doña Josefa tuvo ocasión de tratar de cerca á los hombres más eminentes de la naciente república. La primera educación que recibió no pudo ser muy profunda ; pero su inspiración eranaturalísima,su acento vigoroso, y si hubiese encontrado un medio intelectual más propicio, indudablemente desarrollara las grandes cualidades

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que poseía y que sólo necesitaban cultivo adecuado para que rivalisase con los mejores escritores de Colombia. Sus obras en prosa son superiores A sus versos. Escribió un tratado de Economía doméstica, un Ensayo sóbrelos deberes de los casados, una biografía de Don Vicente Aziiero, una de su hermano Alfonso y una de su padre, además un tomo de Cuadros de costumbres, que es su obra capital. Aquellos cuadros de la vida y escenas de familia, aquellas bellas descripciones de paisajes americanos descubren una alma noble y un grande espíritu de observación. Posee el don de pintar en pocas pinceladas un carácter y un paisaje andino, cualidad que rara vez se encuentra entre los americanos que son por lo general demasiado exuberantes en sus descripciones, y queriendo pintarlo todo ahogan al lector en un mar de detalles que anublan y obscurecen aquello mismo que pretenden retratar.

Después de una vida triste y desgraciada siempre, la señora Acevedo de Gómez murió en 1861, marchitada por las penas, pero siempre joven de corazón y de espíríru.

Á pesar de que Chile era una de las colonias que España tuvo siempre descuidada, hacíase notar allí desde antes de la Independencia un espíritu literario que se acentuó más con las auras de la libertad. Entre los literatos y escritores de mérito que vieron la luz al principiar el siglo XIX, cuéntase una mujer de mérito singular, doña Mercedes Marín de Solar. Había nacido en Santiago en 1804 y en 1818 ya había corapuesto algunos juguetes líricos que revelaban naciente genio. Amantísima de la lectura desde su primera infancia, se entregaba á su pasión ardentísima

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sin cesar y recorría cuantos libros le caían en las manos, una, dos, diez veces. Sucedió entonces lo que acontece siempre, y es que á pesar de la escasez de obras literarias que entonces había en Hispanoamérica, los pocos libros instructivos que leyó la dieron frutos sazonadísimos, pues se los aprendía de memoria y le aprovechaban más que la multitud de obras que hoy se consiguen, las cuales se leen de paso y se olvidan pronto, sin dejar huella en el espíritu. Lo primero que de doña Mercedes Marín se publicó fué un libro sobre educación y algunas biografías ó notas biográficas que publicó anónimas. No fué sino desde 1835 que empezó á conocerse su nombre y en 1837 llamó muchísimo la atención un Canto fúnebre á la muerte de don Diego Portales que se publicó anónimo en muchos periódicos con grandes y merecidos elogios.

Inquietada con el buen éxito de su obra, doña Mercedes Marín, en lugar de cobrar ánimo, enmudeció por algún tiempo. Sin embargo, se vio obligada al cabo de algunos años á robar algunas horas á los quehaceres de su casa, — pues era una matrona ejemplar, — para dedicarlas á las musas. Murió en 1866, y la colección de sus versos es una de las mayores glorias de la literatura chilena, pues sus composiciones son dignas de los mejores poetas de Hispanoamérica.

Durante los últimos años de su vida, la señora Marín de Solar se entregó á obras de benifencia y á trabajar en la educación de sus hijos; uno de éstos, Enrique del Solar, ha seguido las huellas de su madre y es distinguidísimo poeta; ha escrito bellas páginas de crítica y novelas históricas; su hija doñaAMELU Solar del Claro es también poetisa; ha dado á la

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estampa varios poemas, un juguete cómico, que se representó en el Teatro Municipal de Santiago y muchas poesías sueltas.

Contemporáneas de doña Mercedes Marín eran las señoras Dámasa Cabezón de Górdoya y Manuela Cabezón DE Jordán, afamadas institutrices (nacidas en la Argentina], y fueron las primeras que trabajaron en aar adecuada educación á la mujer. Regentaron colegios en la Argentina, Solivia, Chile y el Perú ; enseñaron á cinco generaciones de niñas y murieron muy ancianas después de haber hecho un bien inmenso á las nacientes repúblicas.

Varias señoras de Chile se dedicaron hacia aquella época á escribir obritas propias para la enseñanza de las mnas, como la señora Mercedes Martínez de WalKER, Antonia Chacón y Catalina Miranda. — Esta última se consagró á propagar la instrucción primaria entre las indígenas de la Araucania.

Numerosas íueron las mujeres que desde la época de la Independencia se dedicaron en Colombia y principalmente en Bogotá á fundar escuelas y colegios para instruir á las mujeres que en aquella época eran tan ignorantes. Larguísimos años estuvo dedicada á la enseñanza de niños varones la inteligentísima señora doña Justina Serna de Mendoza, quien no solamente les enseñaba los primeros rudimentos de latín, sino que había puesto en verso toda la historia santa, la geografía, la historia patria y hasta la gramática y la aritmética ; con lo cual los niños aprendían los principios de aquellas ciencias y ejercitaban la memoria sin dificultad. Empero, era tanta la modestia de esta dama ejemplar que nunca quiso que se publicasen sus producciones nedagógicas.

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En las demás repúblicas sucedió otro tanto, y la instrucción de la mujer avanzaba merced á la labor asidua y á los ímprobos esfuerzos de las que más favorecidas por la suerte trabajaban en ello.

Guéntanse en las Antillas grandísimo número de poetisas y escritoras ; pero la más ilustre de todas es indudablemente doña Gertrudis Gómez Avellaneda, cuya fama es europea, y aunque los espaíioles la cuentan entre sus literatas, la verdad es que nació y se crió en la Habana y al sol de los trópicos debe su inspiración, su genio y sus arranques de pasión.

Hija de marino español radicado en Cuba, doña Gertrudis Gómez de Avellaneda permaneció en Cuba algunos años y allí compuso las primeras poesías que se publicaron con el seudónimo de Peregrina. Pero en breve sus composiciones fueron notadas y como era natural no pudo ocultar su nombre. Declaráronla la poetisa de más levantado pensamiento y acento más viril que hasta entonces había tenido el sexo femenino en lengua española. En 1860 fué coronada públicamente en el Liceo de la Habana como nueva Gorina americana. Doña Gertrudis compuso también comedias, tragedias y dramas que se representaron con aplauso en España y novelas muy interesantes. Al ñn de su vida, entregada al dolor y al sufrimiento, compuso un devocionario que fué publicado en Madrid poco antes de su muerte (á los 57 años de edad) en 1873.

Casada en España dos veces, tuvo la pena de perder á sus esposos; el primero, — don Pedro Sabator — al cabo de pocos meses de casada, y el segundo después de seis años de matrimonio. Sus tristezas despertaron en su alma armonías que no hubiera co-

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nocido el mundo sin los sufrimientos de la poetisa, — pues la mujer que escribe frecuentemente acude á ese medio más bien para desahogar su corazón y adormecer sus penas, que por buscar gloría y reputación.

Era bogotana doña Silveria Espinosa de los Monteros DE Rendón y es esta dama una de las glorias femeninas de Colombia. Vastago de una familia distinguida desde la época de la Colonia, nació en el primer tercio del siglo XIX. Escribió con maestría en prosa y verso. Cuéntanse de ella muchas poesías, místicas en su mayor parte, y algunas descriptivas é históricas ; varios folletos, artículos de periódico y rasgos biográñcos y necrologías. Después de su fallecimiento, se public ó en 1886 un tomo de Consejos á las niñas cristianas, libro que había dejado como un testamento á sus compatriotas.

El estilo correcto, la naturalidad y facilidad de sus composiciones poéticas, los nobles y religiosos sentimientos que expresa y el decir sencillo, fácil, ingenuo, encantador de sus versos hacen contraste con cierto amaneramiento artificioso de sus artículos y obras en prosa, estilo aprendido ó imitado de aquellas obra de carácter antiguo, de sensibiUdad exagerada tan en moda hace unos cuarenta ó más años.

Así pues, creemos que el nombre de doña Silveria Espinosa de Rendón vivirá como el de una de las primeras poetisas colombianas, pero no como escritora en prosa.

No de la misma manera juzgamos á su contemporánea argentina^ dona Juana Manuela Gorriti, la cual fué poetisa notable, pero en nuestro sentir su prosa supera á sus versos. Sus novelas históricas ypsicológi-

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cas, SUS le y endas y descripciones de países netamente americanos deberían servir de ejemplo y norma á las jóvenes escritoras del Nuevo Mundo, con gran provecho para ellas, para sus lectores y la buena fama de la literatura americana. Indudablemente las producciones literarias de la señora Gorriti vivirán y se la contará siempre entre las fundadoras de la literatura hispanoamericana.

Compatriota de la anterior y contemporánea — pues ambas nacieron en el mismo año — es doña Juana Manso de Norhona, escritora en todo género, pero especialmente en asuntos de educación.

La señora Eduarda Mansilla de García — nacida en la Argentina — tiene fama europea por sus novelas históricas, las cuales han sido traducidas al alemán, al inglés y al francés.

Nació en Quito — en 1829 — la señora Dolores Veintimilla de Galindo. «Yino al mundo marcada en la frente con el signo del dolor y con aquella sensibilidad extremada la cual, si no está unida á un carácter firme y á convicciones religiosas profundas, produce la desgracia de la mujer. Doña Dolores Veintimilla, inspirada por el sufrimiento, cantó sus penas con acentos vehementísimos, padeció calumnias que la desgarraron el alma y exhaló quejas en forma de apasionadas estrofas, — hasta que no pudiendo aguantar su dolor « abrió con propia mano las puertas de la eternidad, dice don Juan León Mera, y huyó de la vida. Un cúmulo de desgracias abatieron su espíritu con aquella enfermedad moral que hace despreciar todo instinto de conservación y, extraviado el entendimiento, engendra la idea de un estéril y repugnante delito, el suicidio. La infeliz señora, que

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pudo realzar su mérito añadiendo al talento la resignación cristiana en el infortunio, quiso oponerse á éste con una muerte violenta y prematura, acción que tiene más de pagana que de noble y heroica K »

Quedaron pocas, pero bastante bellas composiciones de esta infortunada quiteña, — pues parece que al tiempo de morir se gozó en quemar todos los manuscritos que tenía inéditos.

Antes de abandonar definitivamente al Ecuador, nombraremos otras poetisas más recientes, varias de cuyas composiciones se encuentran publicadas en una Antología ecuatoriana que dio á la eslampa en Quito, en 1892, la Academia correspondiente de la Real Española como homenaje al cuarto centenario del Descubrimiento de América.

Una de las allí mencionadas es la señora Ángela Gaamaño DE Vivero, notabilísima poetisa guayaquileña que desgraciadamente murió joven, y las señoras Dolores Sucre, — cuyas poesías se distinguen por la dulzura y delicadeza de sus sentimientos ; — Carmen Pebres Cordero de Dallen, Carolina Pebres de Cordero ; Mercedes González de Moscoso, Angela Carbo de Maldonado ; Etelvina Carbo : todas guayaquileñas; las quiteñas AnaCortaire de Diago; Isabel Donoso, y de otras partes del Ecuador las señoritas Pelisa Eguez y Pelisa Victoria Nash. Éstas forman, pues, una respetable pléyade de poetisas que hacen honor á su patria.

En Dolivia se han distinguido en la literatura — como en tiempo de la Independencia por su abnega-

1. Historia de la Literatura ecuatoriana, p. 271

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do patriotismo. — varias damas como María Josefa MujíA, poetisa é improvisadora de mérito singular;

LlNDAURA AnZOÁTEGUI DE GaMPERO, MeRCEDES BeL/Ú DE

Dorado (hija de doña Juana Manuela Gornu y de su esposo el general Belzú) ; Adela ZamuDío, Herstlia Fernández de Mujía, Natalia Palacios y Sara Ugarti.

Tócanos ahora hablar de las literatas peruanas, muchas de las cuales son conocidas en el mundo de las letras por obras de resonancia. Como no nos alcanza el espacio para hablar de todas circunstanciadamente, apenas mencionaremos los nombres ya bien afamados de las señoras Carolina Freiré de Jaimes, autora dramática ; Manuela Villarán de Plascencia, Amalia Fuga, Manuela A. Márquez, Leonor Sauri, Leonor Manrique, las señoras de Obregozo, de Eles-

PÜRO, DE BüENDIA, DE CORTÉS, etC

Nos concretaremos á hablar sólo extensamente de tres damas literatas peruanas que se han distinguido en diferentes ramo? de la literatura como periodistas, poetisas y novelistas.

La señora doña Clorinda Matto de Turner ha sido muy popular en el Perú por los periódicos que ha dirigido con habilidad y por sus novelas y artículos de costumbres. Una de sus novelas. Aves sin nido, despertó grandes disensiones entre las diferentes clases sociales que procuró pintar no sabemos si con exactitud ó no, pues es difícil juzgar de aquello que no se conoce. Su obra maestra, según parece, es un drama que fué representado primero en Arequipa en

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1884 y después en el Olimpo de Lima en 1888. El nombre de este drama es Bima-Sumac y es un episodio de la historia de la conquista española en el Perú.

La señora Matto de Turner ha dado á la estampa, entre otras novelas y cuadros, la ya mencionada Aves sin nido é índole^ Tradicio7ies y Leyendas peruanas, etc., etc.

Extractaremos aquí el final de un artículo que publicamos hace algún tiempo en la Colombia Ilustrada de Bogotá, en el cual hablábamos de la misión de la escritoras hispanoamericanas, cuyo principio se encuentra algunas páginas atrás.

Nos ocuparemos ya de dos escritoras peruanas, las señoras Mercedes Cabello de Carbonero y Lastenu Larriva de Llona.

La primera es autora no solamente de varias novelas que conocemos como Eleodora, Amores de Hortensia, Sacrificio y recompensa y Blanca Sol, Consecuencias, sino de varias obras serias (que no hemos tenido el gusto de leer) como hifluencia de las bellas letras en el progreso moral y material de los pueblos, así como Independencia de Cuba, obra que obtuvo el primer premio en certamen literario (Otra que obtuvo también el primer premio en la Argentina y cuyo nombre ignoramos). Además han publicado los periódicos hispanoamericanas muchas notables poesías de esta dama.

La señora Mercedes Cabello de Carbonero, con su estilo acabado, su facilidad de expresión, la redondez de su frase castiza, la evidente instrucción de su espíritu cultivado con las m is bellas flores de las literaturas europeas, y que posee el conocimiento de la

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sociedad de su patria y de los sentimientos y pasiones del corazón, podría indudablemente encabezar en el Perú el movimiento literario de que hablamos al empezar esta parte sexta del presente libro, junto con la bella y dulce autora de Un Drama singular — preciosa novela escrita por la señora de Liona hace algún tiempo. Una y otra podrían dedicar su pluma y privilegiados ingenios á pintar con gráficos colores la hermosa naturaleza de nuestra América, las costumbres curiosas que aun se conservan ; los hechos históricos acaecidos en estos países en los siglos pasados y en el presente, — y no hacer la descripción pormenorizada de las costumbres depravadas y de las pasiones desordenadas de una clase de la sociedad limeña, remedo de la corrupción europea, malamente transplantada al Nuevo Mundo ; ni presentarnos personajes cuyos caracteres son indudablemente tomados del natural, porque viven y se mueven en el cuadro que les señalan las autoras, pero que en el fondo son idénticos á los que se encuentran á cada paso en París y en Madrid.

La autora de Blanca Sol, novela que ha tenido varias ediciones consecutivas en Lima en pocos meses, — (cosa excepcional en Hispanoamérica) y ha sido reproducida en periódicos de los Estados Unidos y otras partes de América, — posee las más notables aptitudes como escritora, como pensadora, como moralista y por consiguiente nadie mejor que ella podría dar á luz libros hermosísimos, «mmc«/zo5 netos y que no fuesen tristes pinturas de las tristísimas pasiones desenfrenadas, espejo de las dañadas costumbres de la alta sociedad limeña, según nos asegura ella misma, aventuras de mujeres apasionadas

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y culpables, que pecan no por ignorancia sino con el cinismo más increíble, ataviadas de sedas y terciopelos, habitando palacios de mármol y rodeadas de todo el esplendor de una cultura reflnada. La señora de Carbonero podría escribir nobilísimas obras literarias que llenasen de entusiasmo á sus lectores por el bien y el deseo de imitar los ejemplos que describiese ; así también la señora de Liona — que se distingue tanto por sus virtudes domésticas como por el estro poético y dotes de prosista y laboriosísima periodista al mismo tiempo ; ella, el tipo de la madre abnegada, la cariñosísima esposa, la amiga fiel y constante, ¿cómo no había de escribir hermosísimas páginas en que describiese lo que en sus viajes, — por las secciones más bellas de la América del Sur, — pudo ver y admirar? ¿Por qué no dar al público aquellos nobles y puros sentimientos encarnándolos en personajes de su invención que pudieran no sólo deleitar al lector profano, sino proporcionar á sus hijas ejemplos de virtud?

Á pesar de la sonrisa un poco sarcástica que vemos dibujarse en los labios de aquellas personas que creen que la virtud es pesada, enojosa, sosa y sin interés; que piensan que es preciso que toda novela tenga cierto sabor picante y descripciones maliciosas para que sea leída, y dicen también que si en Francia y en España se escriben libros en que se pinta á las claras pasiones locas y exageradas, es porque así lo demanda la gran mayoría de los lectores, á quienes es preciso servirla mercancía en la forma que pidan. Á pesar de esa risa sarcástica de los lectores americanos que no quieren salirse nunca de la moda parisiense, cuyos decretos son para ellos leyes ineludibles, sería

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bueno que supiesen que es cosa reconocida que cada día se venden en Francia millares de ejemplares de novelas traducidas del inglés, y esto es así, dicen los periódicos más respetables, porque en esas producciones del ingenio anglosajón se cuida particularmente, no sólo de la moralidad de la trama — con algunas excepciones se entiende, — sino también de las expresiones y de las ideas, y son novelas que podemos entregará nuestras hijas con seguridad *. ¿Por qué es esto? Porque se siente la necesidad absoluta de purificar la atmósfera de la literatura calenturienta francesa soplando sobre ella la corriente pura de la de otros países en que no es moda tratar de asuntos que no podríamos discutir públicamente en un salón de buen tono y delante de personas respetables y de costumbres puras.

Repetimos, la misión de la escritora hispanoamericana podría ser muy hermosa, saludable, brillantísima, si todas las que han recibido de Dios el don de escribir para el público se propusieran ante todo hacer conocer su país ya en la historia, ya en la naturaleza física, ya en las costumbres originales, tan diversas en las diferentes comarcas, y que abandonasen los senderos de la novela llamada social ó de estudios de las costumbres pervertidas, de intrigas, — naturales si se quiere, — pero que no poseen el cuño

1. Hace algunos días que leíamos en un periódico parisiense : « Al fin ha aparecido una novela francesa que hará competencia á los millares de obras traducidas del inglés que se venden diariamente porque allí se encuentra lectura moral para la juventud. Hacían grandísima falta libros como el que acaba de aparecer, porque la lectura moral es escasísima, aunque necesaria en CX' tremo entre nosotros, etc., etc»

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original americano por excelencia, puesto que pueden suceder en todas partes del mundo en donde hay hombres y mujeres y corazones apasionados que no los detiene ningún freno para lanzarse por el mal camino. Dejemos á los novelistas llamados del naturalismo esos estudios odiosos de pasiones y crímenes, estudios qué en lugar de corregir y moralizar, sólo sirven para propagar el mal con la lectura de esos cuadros. Pero lo más importante, según creemos, en la literatura femenina netamente americana debería estar en que fuera cristiana, que estuviera siempre llena de fe en Dios y el culto de la divinidad, ¡Ah! ¡desdichadas de estas naciones, si por querer imitar á la titulada ciencia europea abandonan los senderos que nos conducen al cielo! El día en que la mujer, — esa vestal encargada de guardar el fuego sagrado en el hogar, — dejara de ser religiosa en nuestras sociedades, — sería la señal de nuestro próximo desquiciamiento, de una completa descomposición social, y se entronizaría en todas partes ese desorden, esa corrupción, ese vicio casi inconsciente, esa falta total de pudor que distingue a la heroína de la novela Blanca Sol, de la señora Cabello de Carbonero. Esa niña desventurada, que carecía completamente de piedad religiosa y de moralidad, no podía obrar de otra manera que como nos la pinta la autora, ni era posible que tuviese otro fin que el que tuvo. La lógica condujo á la señora Cabello de Carbonero á aquella catástrofe ñnal de su heroína que acabó por perder « su honor y su reputación » ; pero su autora nos la pinta y no nos dice el por qué de aquella desgracia, y no nos lo dice porque ella misma no lo piensa así, puesto que en el

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prólogo emite estas ideas con las cuales no podemos simpatizar :

« El arte se ha ennoblecido, su misión no es ya cantar la grandiosidaa de las catedrales góticas, ni llorar sobre la fe perdida, hoy tal vez para siempre; y en vez de describirnos los horrores de aquel infierno imaginario, describamos el verdadero infierno, que está en el desordenado curso de las pasiones. Nuevos ideales se le presentan á su vista; él puede ser colaborador de la ciencia en la sublime misión de procurarle al hombre la redención que lo libre de la ignorancia, y el paraíso, que será la posesión de la verdad científica. »

¡No, y mil veces no! si el arte ha perdido la fe en Dios,elarte no se ha ennoblecido, se ha degradado... Pero no, el verdadero arte, el ideal, el puro, el grande, aun canta « la grandiosidad de las catedrales », en donde se adora al verdadero Dios y se evoca esa te que no se ha perdido sino en ciertos corazones maleados ó extraviados ; y si no creyera en la existencia de ese infierno que llama « imaginario », ¿porqué serían desordenadas las pasiones, y por qué no habría cada cual de tratar de gozar en este mundo de un paraíso que no se encuentra fuera de la llamada « verdad científica » ?

Sentimos en el alma que la señora de Carbonero siga la escuela de aquellos que dice ella « pueden hacer de la novela un medio de investigación y de estudio, en que el arte preste su poderoso concurso á las ciencias que miran al hombre, desligándole de añejas tradiciones y absurdas preocupaciones ».

Nosotras confesamos una fe enteramente contraria á la de la ilustrada novelista peruana, y declaramos

410 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

con el malogrado literato esoañol don Pedro Antonio de Alar con, que la moral verdadera es la predicada por Jesucristo; « la redentora del alma, la de la humildad, la de la paciencia, la de la caridad, la del perdón de las injurias, la que dijo : Alten ne feceris quoa ubi fieri non vis ; pues yo creo y confieso que esa moral es la escrita ab initio por Dios en el corarazón humano y obscurecida después por la concupisciencia, que llamaríamos la palabra de Dios hecha hombre... Por lo aue á mi toca — añade, — mieniras aliente y pueda escribir ó hablar, seré el paladín del alma. Ella es mi Dulcinea. ¡En la religión, en la historia, en la poesía, en las artes, veré siempre lucir su maravillosa hermosura I... »

Y esa literatura inspirada por Dios es la única verdadera y útil en las sociedades, la que consuela de las amarguras del alma, de los pesares que debilitan nuestro entendimiento y obscurecen la vida ; sin ella volveremos á la barbarie y caerá la civilización que se ha levantado sobre los cimientos del cristianismo ; arrancad esas piedras fundamentales que forman la base de la cultura, y todo el edificio se vendrá abajo; entonces los mismos que se han entretenido en esa obra de destrucción llorarán con lágrimas de fuego la corrupción de un mundo material, sin más ley que las pasiones Drutales ae la parte animal de la humaniaad.

La misión de la mujer hispanoamericana, repetimos, es cristianizar, moralizar y suavizar las costumbres, y la escritora debe morir sobre la brecha si es preciso, más bien que hacer parte del ejército ateo que procura, inspirado por el genio del mal, destruir las sociedades de que ella hace parte.

UTERATAS EN LA AMÉRinA ESPAÑOLA ^11

Volveremos aliora á Chile. Después de doña Mercedes Marín del Solar, la literata que más reputación ha tenido ha sido doña Rosario Orrego de Chacón. Esta dama nació á Copiapó en 1834 y murió en 1879 á los cuarenta y cinco años de edad cuando pudo haber vivido largos años más para el bien de su patria. Á pesar de haberse casado á la tierna edad de doce años, de ser excelentísima madre y esposa, de no abandonar los quehaceres de su casa, hallaba siempre tiempo para dedicarse á un asiduo estudio, primero, y después á escribir para el público, el cual acogió con estimación sus primeros ensayos literarios. Desde antes de cumplir veinte años, doña Rosario Orrego se hallaba ya con una bien merecida reputación de poetisa. En 1872 fundó en Valparaíso, en unión de sus hijas, una Revista. Insertó allí y en otros periódicos novelas y artículos sobre diversos temas ; había educado á sus hijos varones para marinos y militares que sirvieron á su patria con excepcional patriotismo ; mientras que uno de ellos, Luis Uribe y Orrego, fruto del primer matrimonio de su "madre, corría, merced á su heroísmo, peligro de muerte en un combate naval y se llenaba de gloria el 21 de njayo de 1879, su madre expiraba en Valparaíso. Tal parecía como si con un último rasgo de amor ella hubiese ofrendado su vida al Altísimo en cambio de la salvación de su hijo. Sus hijas Angela Uríbe de Alcalde y Regina Uribe de Bañados han seguido los ejemplos de su madre y también son escritoras.

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Dísci'pula de doña Mercedes Marín de Solar y sobrina de ésta fué doña Qüiteria Varas y Marín, quien nació en Valparaíso en 1838 y murió en Santiago en 1886, dejando para honra de su país muchas poesías notables por su dulzura y estilo cultivado.

Se han distinguido después de esta dama en el ramo de poesía las señoras Clotilde A. López, Rosa Lía NúÑEz, Dolores Olañeta, Mercedes J. Reyes, Elena Salazar, Celia Soto, Delfina Hidalgo y González y otras de igual mérito pero que no alcanzamos á mencionar.

Dedicóse á obras serias la señora Martina Barros de Orrego Luco con traducciones de Stuart Mili, y se ha ocupado preferentemente en todo lo que se refiere á la instrucción pública y á la filantropía y caridad.

Miembro de la Sociedad Geográfica Argentina, doña Antonia Tarrago y González, se entregó á la carrera profesional y es muy apreciada en Chile por sus trabajos en todo lo concerniente á la carrera profesional de la mujer.

Distingüese por su ciencia la señorita Eloísa Díaz Insiniza, — la cual ha sido la primera que se graduó como doctora en medicina en Chile y ha escrito brillantes obras patológicas sobre enfermedades de la mujer. — Émula suya es la señorita Ernestina Pérez Y Barahona, — graduada también en ciencia médica en Santiago, la cual fué á perfeccionar á las universidades de Europa.

Como de todo ha de haber en América, Chile cuenta también con una escritora socialista, la señora Lucrecia Undurraga de Somarri va. Tanto en una Revista que fundó, como en los libros y publicacio-

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 413

nes que ha hecho, se esfuerza en sostener valientemente sus ideas avanzadas y abrir nuevos horizontes á la mujer proletaria.

Después de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda podríamos citar larguísima lista de escritoras y poetisas cubanas, puertoriqueñas y de las demás Antillas que han escrito poesías en lengua castellana. Pero sólo hablaremos de las más conocidas, como doña LuísA PÉREZ DE Zambrano y doña AuRELLA. Castillo de González.

Doña Luisa Pérez nació en Cuba en 1837 y la consideran en su patria con muy poco menos mérito que doña Gertrudis Gómez de Avellaneda. Su ingenio es tan natural que puede decirse que se educó sin maestros y á pesar de eso sus composiciones poéticas tienen grande valor como inspiración y como arte. Además de dos tomos de poesías selectísimas, ha publicado también un Tratado de Educación y Urbanidad.

Doña Aurelia Castillo de González ha escrito obras en prosa, Relaciones de viajes en Europa, artículos de periódicos y revistas y versos de bastante mérito.

He aquí la lista de otras escritoras y poetisas de las Antillas : Sofía Estévez, Carlota Robriño, señoras

DE TlÓ, DE UrEÑA, de MURILLO, DE PERDOMO, DE ARAOZ,

del Mármol, de Montes de Oca, Mercedes Matamoros, La señora deBuxó (que firma Eva Canel) ha escrito últimamente una novela.

414 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

Como toda americana de raza española la mujer de las Antillas se distmgue no sólo por su belleza física, sino también por la vivacidad de su espíritu y la bondaa genial de su corazón, y además, la cubana es ardentísima patriota, valiente, denodada en los peligros, y en épocas de prueba y adversidad un dechado de virtudes y de abnegación.

Después de las señoras Acevedo de Gómez y Espinosa de Rendón en Colombia, en los subsiguientes años podríamos citar á otras muchas damas que con más ó menos consagración se han dedicado al cultivo de las letras.

En el Parnaso Colombiano, publicado por el señor Julio Añez en 1887, se encuentran composiciones de las siguientes poetisas :

Doña Waldina Dávila de Ponce de León, miembro distínguido de la sociedad bogotana, madre de una lucida familia y autora de muchas poesías sentimentales (muy apreciada en su justo mérito por los críticos) y de vanas novelas de costumbres.

Doña Agriplna Samper de Axcizar ; nacida en Honda en 1831 y muerta en París en 1892. Con el seudónimo de Pía Bigan publicó muchas composiciones en verso y prosa en varios periódicos. Hermana de un conocido literato colombiano, el doctor José María Samper, éste incluyó en un tomo de poesías propias — publicadas en 1869, — Ecos de ¿os Andes, — una serie de composiciones de doña Agripina Samper de Ancizar. Fuera de éstas, ella publicó muchas más así como algunos artículos en prosa. Sobrina de esta dama es otra de las poetisas que nombra el Parnaso, la señorita Bertilda Samper Agosta, la cual ha firmado su¿ versos con el seu.dúiiimo de Berenice. Todas las

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 415

composiciones que de ella conoce el público son místicas y descriptivas ^

La señora Agripina Montes del Valle es poetisa, nacida en el departamento de Antioquia (Colombia) en la primera mitad del siglo XIX. Sus composiciones han sido mencionadas con aplauso por don Juan Valera y otros escritores y críticos peninsulares y americanos y premiadas algunas en concursos literarios

i. Madre y cuñada de las dos anteriores es la señora Soledad Acosta de Samper — autora del presente libro. He aqui la lista de las obras que hasta ahora ha publicado en forma de libro, en folletines de periódicos y en páginas de revistas americanas y europeas. Obras históricas : Estudios históricos sobre la mujer en la civilización, 7877; — Preliminares de la guerra de la Independencia; — Biografías de hombres notables; — [Época de la conquista y colonización de América) 1883; — Biografías de hombres notables de la antigua Colombia/ — Biografía del general París, — obra premiada en un concurso histórico, 1883; — Biografía del Mariscal Sucy^e,— obra premiada por la Academia de la Historia de Caracas, 1890. — Novelas históricas : Los Piratas en Cartagena; — Alonso de Ojeda; — Sebastian, Cabot; — Hernán Cortés; — La India de Juan Fernández ; — Bartolomé Sánchez; — La nariz de Melchor Vásquez; — Una aparición; — El fuerte desamparado; — Historia de una flamenca; — Las esposas de los Conquistadores ; — El ángel de doña Juana; — Las dos Reinas de Chipre. — Episodios novelescos de la Historia patria : El Secretario del virrey Arzobispo; — Una familia patriota. — ^Wi^?, : Viaje á Suiza, 1860;— Viaje á España, 1892.— Novelas de costumbres : N. velas y Cuadros de la vida sud - americana ; — Anales de un paseo ; — Constancia, — Laura; — Los tres asesinos de Eduardo; — Historia de dos familias; — Doña Jerónirna: — Una Catástrofe; — El Talismán de Enrique; — Lna Holandesa en América; — El corazón de la mujer, etc., etc. Ha editado además tres revistas en Bogotá: La Mujer; — La Familia;— El Domingo de la Familia cristiana, — en las cuales ha escrito artículos sobre todas materias. Presentó Memorias históricas en los congresos que tuvieron lugar en España durante las fiestas del Centenario del Descubrimiento de América y es miembro de varias sociedades literarias.

(Xota del Editor.)

416 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

en Sud-América. Ha publicado un tomo de poesías selectas, pero desde entonces (1883) han insertado muchas otras en gran número de periódicos y revistas de su patria y fuera de ella. El insigne poeta colombiano don Rafael Pombo, al hacer una crítica de los versos de doña Agripina, dice que en el tomo de sus poesías se hallará una constante y fervorosa aspiración espiritual, un constante dolor de la miseria humana, notabilísimas efusiones de madre y de amiga, frescura y libertad de estilo, grandeza y oportunidad de imágenes y particular felicidad, soltura y colorido poético, aéreo á veces, en los romances octasílabas, varios de los cuales compiten sin desventaja con los mejores, en su género, de su inolvidable paisano, Gutiérrez González.

La señora Isabel Bunch de Gortez es inglesa por su padre, y por su madre vastago de importante familia colombiana. Además de las poesías que de ella han publicado periódicos y revistas, hemos visto bellos artículos en prosa y sesudas críticas de obras inglesas.

Privilegiada es por cierto la familia Antomarchi por sus talentos, su distinción, su carácter noble y levantado y el genio poético que caracteriza á todas las hermanas.

Hermano del médico que consoló en su destierro á Napoleón I, el señor Antomarchi se radicó en Cúcuta ; allí se alió á una de las principales familias de Santander, y se casó con la inteligentísima señora Victoria García Herreros. Las hijas, fruto de este matrimonio, se distinguieron por su hermosura física y moral, y todas, á saber : Hortensia, Victoria, Elmira, Elisa, Emma, Dorila y Delia, fueron poetisas.

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 417

El Parnaso Colombiano no trae sino versos de tres de ellas y por cierto hemos visto otros de estas mismas damas superiores á los publicados en esa antología de la poesía colombiana.

La señora Mercedes Álvarez — hoy de Velasco, — también tiene en el Parnaso una muestra de su ingenio. Es ésta una poetisa inspirada por ardentísimas ráfagas de sentimiento apasionado, las cuales la han hecho encontrar acentos admirables en su lira, dignos de la Safo griega. Sus composiciones poéticas han sido justamente celebradas en España por críticos cuya palabra es ley en literatura.

De doña Eva Verbel y Marea — natural de Cartagena (de Indias), — el Parnaso sólo inserta una composición. Sin embargo, esta talentosa dama ha escrito y publicado un tomo de artículos en prosa y composiciones poéticas que nombró modestamente Ensayos, y además con gran frecuencia publican versos y prosa firmada por ella los periódicos de su ciudad natal en donde es justamente estimada. Hace algunos años la revista La Mujer de Bogotá publicó una novela de ella.

El Parnaso, que tantas veces hemos citado, no insertó composiciones de otras muchas poetisas y escritoras colombianas, algunas de las cuales nombraremos brevemente aquí.

La señora Eufemia Cabrera, — casada en primeras nupcias con el conocido poeta bogotano José Joaquín Borda y por segunda vez con otro poeta, el señor Jorge Roa, — ha escrito bonitas poesías, así como artículos en prosa cuyo mérito no es menor que las de las anteriores escritoras citadas.

Doña Vicenta F. de Ramos, de Cartagena; doña

418 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

Amalia Denis, oriunda de la ciudad de Santa Marta, también son autoras de bellas composiciones en verso. Doña Mercedes Hurtado de Álvarez (madre de la poetisa mencionado de su mismo nombre) ; doña Inés Aminta Consuegra; doña Herminia Gómez Jaimes DE Abadía ; doña Mercedes Peláez de Malo ; doña Mercedes Párraga de Qüijano; doña Mercedes Süárez; doña Mercedes Vargas de Franco ; doña Concepción Borda; doña Feliciana Tejada; doña Concepción AiRAZOLA ; doña Joaquina Cárdenas ; doña Gregoria HaRO ; doña Elena Miralla ; doña Indalecia Camacho ; doña iGNACiA Márquez de Fraser ; doña Pricila de Núñez y otras colombianas cuya modestia se ha ocultado bajo seudónimos que no conocemos, ó que no. han querido dar á la estampa sus producciones, han escrito con buen éxito y más ó menos maestría versos, artículos, novelas y romances.

Poetisa nacida en Andalucía pero criada y educada en Guatemala, era María Josefa García G. de Saborio. Dice la ilustre viajera baronesa de Wilson « que su vehemente imaginación meridional se desarrolló bajo el influjo de un clima y de una naturaleza bella y singularísima, y á despecho de las absurdas preocupaciones de entonces, dio á conocer su talento para las letras y la capacidad para manejar la peñóla satírica no menos que la líricas Murió en 1848 de 52 años de edad.

Poetisas son también otras dos guatemaltecas : Je-

1. Véase América y sus mujeres, p. 378.

LITERATAS EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA 419

SUS DE LÁ Parra y Dolores Montenegro. Salvadoreñas son las escritoras siguientes : Antonia Galindo ; Luisa Arrúe DE Miranda y Antonia Navarro. Esta última recibió el grado científico de ingeniero y sigue la carrera de las ciencias.

La República de Méjico cuenta en el siglo XIX muchas escritoras y literatas dignas de llamarse así. Hija de español peninsular, doña Isabel Prieto de LandazuRi hace parte de las escritoras mejicanas ; fué poetisa y compuso dramas.

Doña Ester Tapia de Castellanos fué tan precoz que desde su más tierna infancia empezó á componer versos y desde los diez años de edad hasta el día su ingenio no ha cesado de dar opimos frutos.

María del Refugio A. de Ortiz, Dolores Correa Zapata, Láureana W. de Kleihans, Lucía G. Herrera, Luisa Muñoz y Ledo, Francisca C. Cuellar, Laura Méndez de Cuellar. Dolores Delahanty, etc., son los nombres de algunas de las muchas mexicanas que se han dedicado á las letras.

Desgraciadamente, de las mujeres del Brasil no hemos podido obtener suficientes noticias.

Mencionaremos, empero, aquellas cuyos nombres han llegado hasta nosotros.

En el siglo pasado se distinguió por sus poesías Amaral Rangel, la cual aunque privada de la vista de la naturaleza material, supo dar forma á su pensamiento en bellas poesías que se repiten en su tierra en todas las clases de la sociedad.

Doña Violante Atabalepa Ximenes de Vellasco nació en Bahía en 1816. Sumamente instruida y talentosa, compuso varias piezas de teatro que fueron representadas, y tradujo dramas y comedias del inglés

420 LA MUJER EN LA SOCIEDAD MODERNA

y el francés. Además, durante algún tiempo redactó en Río Janeiro un periódico que se titulaba Jornal das Senhoras.

Contemporánea de esta dama fué doña Hermelinda Gracia de Gunha Mattos, la cual se dedicó á estudios serios, y publicó un tratado filosófico con el título de Sentencias. Era esta señora hija del viajero y general portugués que fué diputado, uno de los fundadores del Instituto Histórico de Río Janeiro, y además escritor y bibliógrafo.

No sabemos si la misionera Damiana da Gunha, de quien hablamos en la sección de misioneras, pertenece también á esta familia.

FIN,

índice

Introducción 1

PARTE PRIMERA. — La agonía de la Sociedad pasada. 2

Cuatro mujeres de la Revolución francesa 2

I. — La princesa Isabel 2

II. — La marquesa de Lescure 20

III.— La esposa de Lafayette 38

IV. — La señora de Montagu 50

PARTE SEGUNDA. — Bienhechoras de la Sociedad. . 54

I. — María Cristina de Saboya 54

II. — Adelaida de Sajonia 59

III. — Carlota de Sajonia 60

IV. — La marquesa de Barol 61

V. — La condesa de Bellini. — La marquesa de Pas-

toret. — La baronesa Burdett-Coutts. ... 6S

VI. — Dorotea Dix 70

Smith Bodichon 73

Emilia Boucherett. — Lydia Sellon 74

Florencia Nightingale. — Isabel Fry 74

María Hilton. — Isabel Hope 75

VIL — Elisa Ana B. Seton 76

VIII. — Hermana Rosalía 88

IX. — Las Hermanitas del jornalero. . . • 100

X. — Las Hermanitas de los pobres 104

XI. — Las Damas del Calvario 118

XII. — La Hospitalidad para el trabajo Ib3

XIII. — El Hospicio de jóvenes tísicas 144

PARTE TERCERA. — Mujeres misioneras 157

Felipa Rosa Ducbesne 157

Sor Josefina Fabriani. — Sor Magdalena Caracassiuui. . 163

Catalina. — La India norte-americana 163

'^^amiana da Cunha. - • La Brasilera 164

422 LNDICE

La señora Cook Wilson i66

Ana Leonowens 166

Sara Robinson 167

Inés Weston 168

Damas caritativas de Sud- América 168

Mujeres moralizadoras 171

Enriqueta Beecher Stowe 172

Enriqueta Genest de Campano 174

Señoras de Remusat. — Guizot. — Necker de Saussure.

María Edgeworth. — J. Hamilton 175

Españolas moralizadoras. — Doña Concepción Arenal de García Carrasco 17^

Sofía Cottin. — Ana L. Belloc. — B. Gleim. — Federica

Bremer' 190

Francisca P. Cobbe. — Augusta Drane. — María y Emilia

Shireff. — Lady J. Herbert 191

Ana Barbault. — Hannah More. — María y Juana Porter.

Ana Jameson. — Juana Baillie 192

Enriqueta Martineau 193

Margarita Mercier. —Hannah Lee 195

Enriqueta Roland Barnett 195

PARTE CUARTA. — Mujeres doctoras, políticas y artistas 196

Doctoras : Isabel Blackwell. — Isabel Garret. — Isabel

Morgan Hoggan. — Ana Kingford 197

María Putnam. — Raquel L. Bodley 199

Isalü Van Drest. — Nadesjda Souslova, médicas 199

Rosa Welt. — Señorita Verneuil. —Ana Galvez 201

María F. Somerville, astrónoma 202

María Mitchell, astrónoma 205

Señoras Kolavesky y Litoonova, matemáticas 206

María North, botánica y viajera 207

Febe Lankester. — Emy de Leeuw botánicas 207

Leonor Ormerod, entomologista 208

Arabela Buckley, geóloga 208

Aflaja Von Enders, naturalista 209

Condesa Ouvarof. — A. Edwards. — Sofía Von Forma,

arqueólogas 209

Elena Blavatsky. — C. O^ioce, filólogas 210

Clemencia Royer. — Millicent Garret Fawcett. — Tsabel

Garret Anderson. — Rhoda Garret, economistas. . 211 Belva Lockwood. — Susana Rubeastein. — Elena Last. —

índice

42a

E. Von Strich, ahogadas 213

Ida R. Pfeiffer, viajera 214

G. Gordon. — Lady Baker. — Lady Brassey. — Luisa

A. Meredith, viajeras 218

Baronesa de Wilson, viajera española 219

Las hermanas Smith. — Vizcondesa de Strangford. —

Lydia Pachkoíf, viajeras 219

Ana Dickson. — S. Anthony. — Jenny Croly. — Ana Be-

sant. — M. Wollstoncraft, políticas 221

Florencia Nightingale, Isabel Browning, etc., filántropas. 22i Olimpia Adouard. — María Deraisnes. — Luisa Michel,

revolucionarias 222

María Gcegg. — Kasimira Zmichoska, oradoras 223

María T. Lathrap. — F. Willard, predicadoras 224

Nelia Jacquemart. — Isabel Boulanger. — Nelia Gorse.

— Luisa ThuUier. — Emilia G. Leleux. — Matilde Herbelin. — Rosa Bonheur. — Julia Bonheur, pintoras. . 225

Magdalena Lemaire. — Isabel Butler. — Elisa B. Fox.

— L. Veré Boyle. — Ana Blumden Martins. — Inés Bouvier Nicholl, pintoras 227

La señora Parlaghy,j3¿nüvra húngara 228

Magdalena Marrable. — María E. Haweis. — Elena P. Allingham, — G. Bowers. — María Edwards. — Luisa Jopling, pintoras 229

Alicia Chaplin. — Baronesa Voq Cramm. — Antonia Volkmar. — Isabel Weigmann. — Ernestina Freedtichaen. — Clara Onike. — C. Montalba. — J. M. G. Bauck, pintoras 230

Adela Kendt. — María Spartali. — Claudia Vignon. — C. Herbert Bertaux. — María Thornycroft, escultoras. 231

Lea Ahlborn {grabadora). — Elisa Greatoresc. — Sofía Isberg. — N. Moran. — Enriqueta Hormer, escultoras, grabadoras y pintoras europeas y norte-americanas. 232

Margarita Gillies, pintora 233

Agustina Gutiérez. — Mira de Cousiño. — Aurora Mira. Tránsito Prieto. — C. Castro. — Albina Elguin, artistas hispano - americanas 234

Señoras Essipoflf y Tony Raab, wmsícos 235

María Krebs. — Arabela Goddard. — W. Norman Neruda. — M. Graever. — J. Zimmermann. — Luisa Bertin. — Paulina Thys. — T. de Sablón. — Señoras 01agQÍer Sajerofif. — Sainton Dolbey. — C. Schumann, compositoras músicas 235^-

Isabel Philip. — C. Sardieu. — Vizcondesa de Grandval, compositoras de música religiosa y clásica 237

-^24 ÍNDICE

Amanda Mercer, directora de orquesta 238

Teresa Carreño. — Señoras Barra. — Martinez. — Filomeno. — Tanco de Herrera, músicas hispano - americanas 238

Las Milanolo, violinistas 238

La Mará crítica musical 239

PARTE QUINTA. — Mujeres literatas en Europa y en LOS Estados Unidos 241

Francesas. — Señoras de Beauharnais. — De Genlis. — Condesa de Souza. — Duquesa de Duras. — S. Verdier.

S. Gottin 241

Susana de Necker. — Baronesa de Stael. — M. Desbordes Valmore. — S. Tastú. — D. Gay de Girardin . . 243 Luisa Ackermann. — Duquesa de Abrantes. — M. Dumas. — E. de Greville. — O. Mogodor. — Condesa

Dash 250

Alejandrina Bacot. — A Prevost. — Anais Segalás. . . 252 Las hijas de Guizot. — V. Ancelot, dramaturga. — Judit Gautier. — G. Soumet. — L. Balzac de Surville. — Señoras Reybaud. — Michelet. — Lourdoueix. —

D. Stern 253

Luisa Colet 253

Julia Lamber Adam. — Condesa de Gasparin. — Paulina de la Ferronays ó señora Graven 254

Eugenia de Guerin 254

Jorge Sand 255

Gyp 257

Inglesas. — Asociación nacional para promover la educación de la mujer en Ingia'e ra 280

Isabel B. Browning. — Amalia Opu. — A. Grant. —

M. Tighe. — A. Hemans. — Leticia Landon 260

Elisa Cook. — A. Proctor. — C. S. Norton. — Lady

Duflferin. — Duquesa de Somerville. — Las hermanas

Strickland. — Señoras Hall. — Oliphant. — Howit.

Bray 261

María Evans (Jorge Eliot), la mayor novelista inglesa. 261

Francisca Gore.— F. Trollope. — Ana M. Hall. ... 268

Las hermanas Bronte. — J. Gaskel. — D. M. Muloch. 274

Carlota Yonge 274

Catalina Marsh. — E. Marshall. — J. Braddon M. . . 278

Luisa de la Ramé ó Cuida. — R. Broughton . . . i . 279

Florencia Marryat. — A. Thackcray • . • 280

í.NLice 4?5

La ciega del Donegal. — Francisca Brown 280

Alemanas. — María Calm. — Fanny Farnow 282

E. Hauke. — A. Jacobi 284

Cariota Birch. — A. Lohn. — E. Bissing. — F. Le-

wald. — Señora Fastenrath 285

S. Yunghaus. — E. Zimmern 286

J. G. Paoli. — E. Marlett. — Lumella Assing. — G.

Glümer 290

E. de Schwartz. — J. de Reinsberg. — M. Kaufman. . 291

A. Bolte. — A. Schpeler. — J. Hirsch. — J. Leitimberger, — Emilia Horschelman 298

Italianas. —Catalina y Rosa Ferrucci 299

Multitud de escritoras italianas. — M. Morelli. — Teresa

Bandettini 300

D. Saluzzi. — Laura y Grazia Mancini 301

Aurelia Cimino Folliero de Luna 303

Luisa Codemo. — C. P. Berti. — T. Pignocchi. — J. Guacci. — J. Rossi. — J. Torrisi. — M. Rosselini. — T. Bernardi. — A.Bonacci, — J. Ricciardi. — Z. Pieromaldi G. — T. Gubernatis. — J. Colombini. — G. Milli Cassone 316

Rusas. — Sofia Swetchine 325

Situación de la mujer en Rusia 329

María ZebricofF. — Señoras Manascena. — Efimenio Nekrasoff. — BralofiF. — Vodovasoíf. — Markivich, Novikoff 335

Polacas, Bohemias y Húngaras. — Las princesas Jablonowska. — Radzeivil. — Czartoriska y Witemberg. — Elisa Oresko. — Z. Hoffmann. — S. Duchinska. —

B. Rautenshauch, Polacas 339

Carolina Swetla. — J. Musakova. — E. Pech, Bohemias 340

Teresa Walter Pulszky, Húngara 341

Suecas.^ Noruegas, Danesas. — Federica Bremer. — Emilia Carien.— U. Oliveirona. — S. Schwartz. — E.

Risberg, Sueeas 342

Sofía Colman. — J. Colet. — A. Thoresen, Noruegas. 344 Thecla Ring, r— F. Sevensson. — E. Schjórring, Dinamarquesas 345

Belgas, Holandesas, Suizas, Rumanas y Griegas. — Josefina A. de Longerack. — Condesa de Kerchove. — Las hermanas Liveíing. — Las señoras Nizet. — Court-

24.

420 ÍNHICE

maus y Van Ackere, Belgas 348

Ana Toussaint. — E. Van Calcar. — Ágata Bekken. —

J. Bekken, Holandesas 348

Albertina de Saussure Necker. — Baronesa de Montlieu. — María Goegg. — Señoras Geinsendorf. — Seigneux. — B. Verdier. — A. de Chambrier. — A. Rothpletz. — S. Haller. — M. Dorsekel. — T. Gherbuliez.

M. Von Berg, Suizas 350

Valeria Boissier, condesa de Gasparin 351

Carmen Sylva, reina de Roumania 351

Margarita Mignati. — Kalliope. — A. Kehaga. . . . 353 Elena Ghika Koltova (Dora de Istra), Griegas 354

Norte- Americanas. — Ana C. Lynch Botta 354

J. Peabody. — H. Bcecher Stowe. — J. C. Stanton. . . 355 Susana Warner. — S. Brownel. — J. W. Howe. . , . 356 J. C. Croly. — E. Greatbrex. — M. A. Livermore. . . 357 Ana Mowatt. — A. Whitney. — L. Larcome — L.

Bodley 358

M. Booth. — L. Alcott. — CE. Clement. — M. Har-

land. — María V. Ferhune 359

E. Prescott.— S. S. M. Pratt. — N. Perry. —A. Fulds.

S. Orne Jewet. — S. Coolinge 360

A. Goold Woolson y C. Fenimore Woolson. — M. A.

Dodge. — Gail Hamilton. — M. Springer. — H. Co-

nant. — A. Freeman 361

Literatas Españolas y Portuguesas 362

La mujer en España 362

Las primeras escritoras de España. — Santa Teresa. — Doña Beatriz de Galindo. — Las sabias Sigeas. — Doña Oliva Sabuco. — Catalina Badajoz. — Isabel de Córdoba. — Cecilia Monillas. — Juana Morilla. — María de

Zayas 364

Duquesa de Huesear. — Isidrá Guzmán de la Cerda. . 365

Doña Vicenta Maturana 367

Fernán Caballero 368

Doña Carolina Coronado. — J. Massanés de González. Victoria Peña de Amer. — Señoras Belloch Santamaría. — Gila. — Macia — San Juan. — Opisso. — Blanca de los Ríos. — Moya. — Haro. — Cheix. — Vivesa. —

Tora. — Echegaray. — Eguiluz 369

Señoras Gal vez. — Pech. — Larra. — Doña Rosalía Castro de Murgueito 371

La mujer española según doña Coacepción Arenal. . . 372

ÍNDICE 427

Asociación para la enseñanza de la mujer , 373

Doña Emilia Pardo Bazán 374

La baronesa de Wilson 376-

Señoras P. Sinues del Marco. — Diaz Caballero. — Faustina Sáez de Melgar. — Patrocinio Biedma. — La Infanta doña Paz de Borbóa. — Garcia y Miranda. — Mazzi. — Gassó. — Troncoso. — Acuña. — Macias. — Cobo. — Gberner. — León. — Lista. — Wilcbes. —

Tartüán. — Luna 377

Damas de la aristocracia española 377

Literatas portuguesas 378

La mujer en Portugal 378

Condesa de Vimeiro. — Señoras de Vallare. — Brandas. — Pussicb. — Bioslada. — Doña Leonor Al-

meida 378

Señoras Fernández Rata. — Aillaud. — Goimbra. — Condesa Montemerle. — Señoras Pimentel. — Menesses. — Couto. — Sa. — Ribeiro da Silva 379