La muñeca trágica · Unidad 12 de 32
Unidad 12 · ESCENA VÍII
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
ESCENA VÍII
DICHOS . C'OTKAX
El nuevo i)ersor.aje es hombre que frisa en los cincuenta años. Alto, coi*pulento, fuerte. Viste con elegancia. Su mirada es penetrante y de una gran dureza. Aparece en la puerta del fondo, y tras una nípida ojeada á la escena entra y se dirige á Alicia, á quien toma las dos manos á modo de saludo.
¿Me echarías de menos, verdad? Me h i sido imposible venir antes. ¿Cómo te encuentras? ¿Bien completamente? ¿No es cierto? (Como sugestionada.) Completamente bien.
(a Ernesto.) A ustctl señor Diirán... Nada le digo Mi agradecimiento, tanto á usted como á su señora madre es enorme. Jamás olvidaré el cariñoso desinterés que han demostrado con nosotros.
(Fr:anionto.)No hemos licclio otra cosa que cumplir nuestro deber, señor Gotran. Sí, ya sé, ya sé, que ustedes no le conceden importancia... Pero aquí soy yo el encargado de cotizar la delicadeza de ustedes y de saber
corresponder. (Saca de un bolsillo un pequeño estudie que entrega á Ernesto), Tenga la bondad de entregar á su madre este pequeño recuerdo mío. Muchas gracias. Voy á entregarlo y a decirle que está usted.
Se lo agradeceré. Así nos despediremos de ella, porque... Vengo por ti Alicia. Es preciso que volvamos á París e-ta misma tarde.
¡Eh! ¿Cómo? ¿Tan pronto? (Esta cspoiitaiioiíiafl de Ernesto hace que tanto é! como Alicia se tumben y que Gotran los observe. Li^xu'a pausa.)
(Con ironía.) Es usted muy amable, señor Duran. ¿Le parece á usted pronto y lleva aquí cerca de un mes? Veo que la hospitalidad en esta casa se lleva á la exageración. Desearía tener ocasión de poder corresponder.
Voy á llamar á mi madre, (Mutis primera izquierda.)
ESCENA IX
ALICIA y GOTRAN
(Con temor.) ¿Partimos esta misma tarde? ¿No lo has oído? Para mañana tengo anunciada una gran fiesta y es preciso que asistas. ¡Qué! ¿Hubieras preferido pasarte aquí toda la vida?
Estaba aquí tan bien... Tan tranquila. . ¡Qué ridiculez! Tienes un carácter incompren-
sible, Alicia. Te colmo de toda clase de lujos y comodidades, te presento ante el mundo como á una reina y aún tienes el valor de quejarte de tu suerte. ¿Qué te falta? Me falta todo, señor. Me falta conocer quién soy yo, qué es usted de mí, de dónde vengo, quiénes fueron mis padres...
¡Basta, Alicia, basta! (En voz baja y reconcentrada.)
Ya sabes lo que te tengo dicho respecto á este particular. (En tono amenazador.) Espero no me obligarás á cumplir mi amenaza. (Con terror.) ¡Olí, uo! ¡Perdón! Hágase usted cuenta que no he dicho nada. Perdóneme usted.
Vamos, cálmate, (cogiéndola las manos.) Es preciso que abandones esa tristeza que te domina de algún tiempo á esta parte. ¿Oyes? ¡Lo quiero! Sí, si. Lo que usted mande.
(En voz baja y con tono cariñoso.) Ya SabeS que
yo no quiero más que tu felicidad, que es la mía. Ten un poco de calma. Ya falta poco. Soy rico, pero quiero serlo más. Hoy en día no eres mi mujer más que de nombre, pero dentro de poco lo serás de hecho; mi fortuna será tuya y yo seré el más feliz de los hombres.
(Con reimlsiún.) ¡Oh, callad!