La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica · Unidad 19 de 111

Unidad 19 · M. J. 1)K RIÜAI CAKA 63

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rebajar el mérito de Rubalcaba; antes bien imagine el lector que cuando censuramos algo, culpa será de la colección hecha por el Sr, Balart.

Mas, á pesar de la falta de pericia con que procedió este señor, como quiera que Rubalcaba sabía sentir y expresar lo que sentía, no dejamos de encontrar algunos rasgos felices, tal cual asomo de belleza. Sirvan de ejemplo estos tercetos:

\\' cuántos del relánipngo ayudados, sólo bosquejan la anchurosa vía para darles sepulcros ignorados!

Vo escucho al ruiseñor tal vez en la haya, y al ver el horizonte que refleja, requiebra su polluelo que desmaya; y en la tierna impresión que su voz deja no se puede juzgar si es de ccnitento el natural idioma de su queja.

¡Va son oscuras noches mis auroras; volvedme, sí, volvedme, amigas mías, la posesión de mis antiguas horas!

No es menos bello el soneto á A^/se bordando un ramillete, que termina así:

Me parece que al verte colocada cerca del bastidor dándole vida, sale Flora á mirarte avergonzada;

04 LA POESÍA LÍRICA EN CUliA

Llega; ve tu labor mejor tejida que la suya de abril; queda enojada, y, sin más esperar, vase corrida.

En el género festivo, en las lijeras anacreónticas, también nos dejó traza de su numen. Dígalo, si no, aquella graciosa letrilla que dice:

Lusca, amor,

quien te descifre mejor.

Pero en medio de estos rasgos, que dejan adivinar el talento y la imaginación poética de nuestro autor, poco trabajo nos costaría encontrar versos tan detestables como estos:

¡Oh noche, tu retórica figura es la del sueño!

Como hemos dicho al principio, Rubalcaba, lo mismo que Zequeira, fomentaron el progreso literario de nuestro país, y sólo por respeto y consideración á esto mismo, colocamos sus nombres al frente de nuestra galería. Es inútil buscar en sus obras el fuego pindárico de Heredia, la sencillez y armónica cadencia del cantor de La Madrugada, la valentía y gallarda expresión de Luaces. Apega-

M. r. DK KUDAI.CABA

dos al estudio de nuestros clásicos, luchando con las preocupaciones de la época en que florecieron, nótanse en sus versos reminiscencias de los Argensolas, aves de desaliento y de amargura, que revelan claramente la verdad con que exclamó el poeta de Las meditaciones ^ refiriéndose á otro no menos inspirado:

Musa, ton templa tu víctima.

José María de Heredia

.\'om onmis morijr.

Este poeta, el más notable de los nacidos en Cuba, alcanzó una época de relativo progreso y adelanto. En ella se crearon diferentes cátedras hasta enton"- ces olvidadas-, se dio mayor impulso á la imprenta, desarrollándose gran afición al estudio de las letras. Enseñaba la ciencia de Platón y de Aristóteles, en el Real Seminario de San Carlos, el Padre Valera, tino de los cubanos más ilustres, maestro, amigo y compañero del sabio José de la Iaiz de quien nos reservamos el placer de decir algo en el apéndice de esta obra, si nuestras ocupaciones no nos permiten dar remate y finamiento á otra que intitulamos Filósofos cubanos, y en la cual