La redoma encantada, comedia de magia en cuatro actos en prosa y verso · Capítulo real 5 de 24

ESCENA IX

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

ESCENA IX.

Ya salí del apuro. No: en llegando á Madrid, me voy derechito á la btiliardilla de la tia Marizúpalos á ver que' riquezas habla adquirido. Esto se entiende si no han acudido anteslos alguaciles, porque ülieiidoque chupar, andan mas listos que los brujos. ¿ Pero cómo me dirijo yo ahora á Madrid? Esa famillota ha renunciado solemnemente á la hechicería; pero su primer dignatario hechizado se queda. Derechos ad(|ulridos, que se respetan en esta revolución. Sirvámonos de las noticias que se me han dado. Consultemos al protomaestro de la facultad. Aquella es la redoma encantada, donde está en forma de álcali volátil el marques de Vilieiia: restituyamos al mundo un hombre de bien; no abundamos hoy dia tanto , que uno mas nos estorbe. {Coge del suelo un pedazo del bastón de archimnga.) A la una, á las dos: ¡ pimi! {Rompe la redoma. Sale de ella una llama primevo^ y humo después que se va aclarando y dejando ver lo figura de don Enrique.) ¡Calle! pues se ha disipado ; se cotíoce que la tal combinación mágica se habla desvirtuado con el tiempo. Pero no: allí distingo no se' que pajarraco, que casi tiene figura humana. Sí, cada vez lo veo mas claro, El es.... digo, e'l puede ser, que yo no he alc;inzado los tiempos de su sefioria. {Don Enrique baja del nicho al labiado.)

ESCENA X.

DON KNRIQüE. GARABITO.

Enrique. Deste parage non guardo

membranza. jDios elernal!

¿dó esto? ¿Qne ha sido de mí?

Melendo , Ñuño, Ferran... —

Ningún servidor me acude.

Dormir he debido asaz.

Vos, ¿qnie'n sodes? Garabito, (/íparfe. Yo no entiendo

pizca de tal guirigay.)

Si usted pregunta r^uien soy,

le diré' en primer lugar

que no soy lo que parezco. Enrique, ¿En que paríame fablais?

De lucñe venís, la fembra

de arreo descomunal. Garabito. Arreo es cosa de bestias,

y bien que pobre pelgar,

nombre de aguda cabeza

por todo Madrid me dan. Enrique. ¿Esto es Madrid? Garabito. No señor.

es Barahona. Enrique. ¿Dó yaz

la caverna en que se ayuntan

los nigromantes? Garabito. Cabal.

Enrique. (/íparfe. A las micnles se me viene

la mi redoma, mi gran

encantamento...) ¿Cuál año

corre de la era volgar? Garabito. Mil setecientos y diez,

si no miente el almanac. Enrique. ¡Oh triunfo del mi saber!

Sciencia fallada por Cam,

yo á la perficion te aduje,

yo fiz lo que nadie faz.

Ves, don rey de lus esferas.

cujo dedo es el pilar do asienta la pesadumbre de la máquina mundial, de fiíiojos vos adoro: mi superbia perdonad. Cá , señor, ¿quien so guaresce de un tanto de vanidnt, si torna en aquesta guisa á ver la lumbre solar? Docienlos setenta y tres años he posado en paz en mi escondredijo.

Ha sido una siesta regular, ¿Y despierta usted con toda su mágica habilidad? ¿Qué cosa es usted"?

Usted....

es usted.... cuando yo á hablar

me pongo con el,.... soy yo, si me habla un pelafustán; y el y todos son ustedes ^ si se lo quieren llamar. '^ Dios me fine, buena vieja, si vos entiendo.

Alio allá: si soy vieja, es que me han hecho que me madure en agraz, envolviendo en esta cascara un hombre como un varal. Rumjnad lo que fablardes. ¿Traen en aquesta edad los varones de Castilla ese aparejo?

No tal; pero hace poco me di , bien contra mi voluntad, un baño en cierto calducho, preparación infernal que una bruja en su tejado tenia puesto á enfriar; y míreme usted trocado

en ella, sin mas ni mas. Enrique. (yaparte. El mi anillo prepotente

ganoso estoy de probar.)

Criatura contrafecba,

torna á tu ser natural. (Desiparecen los vestidos miigeriles de Garabito ^ que-

daido en su traje ordinario.) Garíbito. ¡Ajajáí Ya me conozco.

Sentia una frialdad

antes en la s.ingre... abora

no, hierve como un volcan.

Mil gracias, señor marques;

no se muera usted jamas.

Usted es hombre de pro:

Lien hice yo en quebrantar

su redoma. Enrique. ¿Q"e tú fuiste?

Gualardonarte me cal.

Garzón bien queriente mió, I demándame á tu solaz,

I y en acudir al tu gusto

n)i prestcdumbre verás. Garabito. A un conde que sin razoa

me ha mandado apalear,

quisiera yo darle asi...»

una lección de moral,

para que á la pobre plebe

tratase con caridad. ,

Enrique. ¿Tú eres pechero ? Gftrabito. Artesano.

Enrique. ¿Pobre?

Garabiío. Cuanto gano el pan.

Enrique. ¿E á Un grande aborreces ? Garabiío. Pues,

y por el á los demás. Eirique. Grande ansimesmo so yo;

memhrede^lo , don fulan. Garabito. {Aparte. ¡Bestia de mí! ¡A buena parte

vine mis (¡nejas á dar!

Dos lobos de una camada, digo, ¿si se morderán?) Enrique. Palos, desorejaduras ,

azotamientos, é lo al

desta guisa, lo sofrian

antaiio con homildat

los villanos, cá tal era

ley e' usanza general. Garabito. {Aparte. Pues no hemos perdido poco

los pobres con no alcanzar

ese siglo!) Enrique, Plazme empero

la facienda averignar

de esotro conde, é si peca,

punido de mi será.

¡ Ah de los genios del aire

que obedescen mi mandar!

Sepades poner por obra

mis disinios. Voz dentro. Ya lo están.

{Ábrese en el muro del Jondo un boquete, y se ve al conde en su casa^ acompañado de don Gaspar y don Ramón.) Enrique. ¿Cuál es tu inimigo? Garabito, Aquel.

Enrique. Oigámosle en poridad.