La rosa de Alejandría : leyenda inédita, original y en verso · Capítulo real 3 de 4
CAPITULO IV . -
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO IV. -
Iba á teñir el alba arrebolada con luz de nácar y ópalo los montes con cuyas crestas mil Sierra-Nevada cierra los pintorescos horizontes de la morisca vega de Granada... y antes de continuar, será muy justo que te advierta, lector, por si eres de esos que en apurar las cosas tienen gusto, y quieren que en los libros no haya nada que su razon no tenga, inclusos los excéntricos escesos en que suelo dar yo, que soy el hombre á quien raénos importa que en sus obras la razon por quintales se contenga ó entre en ellas por faltas ó por sobras, y queme dén ó no me dén renombre
- — 170 — como el lector con ellas se entretenga y yolas venda bicn; porque á fé mia que cuando á mí la muerte como á todos allá en la eternidad me precipite dle lo que haga de mí y mi poesía la edad futura se me dá un ardite; pues no hay ¡ibro ni autor feo ó bonito que por diversos modos no tengan á la par por malo y bueno la agena envidia ó el favor ageno. Pero dejando aparte digresiones que no tienen que ver con este escrito, vuelvo á entrar ¡oh lector! en mis razones y á mi presente historia me limito. . Justo será repito que sepas que la vega de Granada, bien ó mal, como supo, por mi pluma en otros muchos yersos celebrada, en aqueste momento no la cito porque al presente libro me presuma que dé importancia ó que valor añada, por añeja costumbre ó por capricho - aunque no venga á cuento para nada, sino porque, aunque arriba no lo he dicho al comenzar mi historia, la torre y el lugar innominados y del doctor la misteriosa casa donde la escena de mi cuento pasa segun la tradicion y la memoria de los libros para ella consultados, al pié de la Alpujarra están situados: en uno de los valles pintorescos -
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que de esta hermosa sierra entre los riscos se abren en los balsámicos confines . de la costa feraz de Andalucía,
que triunfante rival de Berbería,
se aduerme al son de los traidores mares que abrieron paso al africano un dia. País aun hoy sembrado de alminares, alquerías, castillos y lugares
que blanquean enmedio de jardines
y bosques alfombrados de jazmines, de lirios y rosales siempre frescos,
«y que aun guardan sus nombres pintorescos, las tradiciones mil de los moriscos,
y la raza, costumbres y cantares
de sus antiguos dueños berberiscos; que aunque vencidos á Africa volvieron, el risueño pais en que habitaron
con su génio oriental poetizaron
y de recuerdos mágicos le incheron. Por eso al empezar este capítulo
que ha de ser el mejor por solo el título del último, y por ser el que se encarga de llevar á su fin en esta hora
esta leyenda soñolienta y larga, cristiana por mitad, por mitad mora; lo cual si no le pone entre los buenos
le da opcion al accesitt cuando ménos, por eso, digo, cuando en él la aurora comienza á despuntar, no es una pícia esta declaracion no hecha hasta ahora de que salia el sol sobre Granada:
y tu estrañez, lector fuera fundada,
— 472 — y tuvieras muchisima justicia para llamarla intempestiva y necia, si el sol que mi capítulo colora saliera por Pekin ó por Bassora, ó por Sebastopol ó por Venecia. Pero pudiendo yo situar mi cuento en donde mas á cuento me viniere en su derecho está, si mal no siento, cuando á su escena mi capricho quiere al pié de la Alpujarra dar asiento; asi que, cuando dije que salía el sol sobre las costas donde muere la ola del mar que nace en Berbería, lo dije porque el cuento lo requiere: y aun cuando tan á cuento no viniere lo mismo que lo digo lo diria. h Porque á mas que esta clase de leyendas cuyo género á luz dí yo algun dia, por mas'que como yo las den al viento hoy hasta Jos mancebos de las tiendas, tiene la preciosísima ventaja de admitir todo estilo y todo invento y que ninguno su valor rebaja como esté cultivado con talento, quiero, lector carísimo, que entiendas que siendo yo quien mi leyenda cuento, aunque razon mas obvia no tuviera tengo yo por razon muy soberana la de querer contarla á mi manera y como á mí mejor me dé la gana; siquiera me lo tachen de mal modo y estilo y gusto bárbaro y perverso,
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euantas reglas acata el mundo todo
y cuantos sábios cuenta el universo.
Porque en obras de gusto y de capricho
que traen solo placer y no provecho,
todo se puede hacer, si está bien hecho,
y se puede decir, si está bien dicho.
Con que ténlo lector en la memoria
y vamos adelante con mi historia. Iba á teñir el alba arrebolada
con luz de nácar y ópalo los montes
con cuyas crestas mil Sierra-Nevada
cierra los pintorescos horizontes
de la morisca vega de Granada,
cuando el doctor abandonando el lecho vistióse diligente,
y al árabe balcon se fué derecho:
de codos se apoyó en el antepecho
y se puso á mirar atentamente
su casa, que á lo lejos se divisa
á la luz del crepúsculo indecisa.
Del castillejo del baron en frente,
y á la boca del valle alpujarreño,
su casita gentil vé que blanquéa
á través del vapor turbio y calino
que, al soplo del ambiente matutino
resistiendo pesado, lentamente
para arrancarse de la tierra ondéa
entre su móvil velo cristalino,
como un beodo que al romper el sueño
en que le hundió la pesadez del vino
no puede despertarse de repente,
y por mas que procura
— M4 — | el sopor sacudir de su beleño, vacila y bamboléa antes de ser de sus sentidos dueño. Poco á poco la trémula cortina de vaporosa y pálida neblina que de la tierra sobre el haz posada , flotando se mantiene, resistiendo á la brisa del alba perfumada, su masa de vapores oponiendo á su luz purpurina, comenzó á enrarecerse á la influencia del sol, del horizonte enrojecido ya próximo á saltar, y fué cediendo de la brisa creciente á la violencia con la vuelta del sol fortalecida: se dilató, osciló, cedió arrancándose de la falda del monte, y desprendida de la tierra una vez, conforme sube en la atmósfera limpia disipándose se perdió entre las orlas de una nube; y libre al fin de su flotante gasa, apareció del médico á los ojos, del sol naciente á los fulgores rojos, entre los verdes árboles su casa. Contemplóla el doctorun breve instante fresca, sencilla, alegre,-blanca y bella destacarse en la falda del collado, -á un corderillo blanco semejante tendido entre los céspedes del prado. Contemplóla tenaz, como un amante la mansion donde está su objeto amado, esperando: tal vez ver su semblante
—= 115 — por ventana ó balcon inesperado _ parecer y ponérsele delante. Contemplóla el doctor no corto trecho en sus recuerdos hondos enbebido, silencioso, sereno y distraido: mas brotó de repente allá en su pecho un recelo tal vez en él dormido, y tan sola y pacífica al mirarla comenzó con afan á contemplarla: y su ojo penetrante de su pupila inmoble y dilatado, luz de impaciencia á su pesar destella, profundizar ansiando dentro de ella por su quietud y soledad turbado; pues de ella inquieto aguarda ver á alguno salir que en salir tarda. Y á la faz del corazon espejo la luz de su impaciencia reflejaba, y empezaba á fruncir el entrecejo, y á contraer los labios comenzaba, cuando su casa de repente abierta vió que salir dejaba por su puerta varias personas, cuya forma impide distinguir la distancia y el reflejo de la luz esplendente que los hiere: y que al darlas de lleno, contribuye á cambiar sus contornos que aunque quiere determinar la vista no los mide ni les aprecia bien; pues la influencia del esceso de luz y la distancia les dan una fantástica apariencia; y su forma real turba y destruye
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la ilusion que con trémula inconstancia la alumbra á-su capricho, y la avecina * 6 la aleja, la aumenta ó disminuye siempre, pero jamás la determina. Mantúvose el doctor al antepecho pegado del balcon, los que salian de su casa mirando y en acecho de quienes fuesen, aunque no podian' reconocerse bien á tanto trecho. Mas fuéronse los que eran acercando y su forma se fué determinando: «le modo que al llegar del montecillo en que el castillo se alza á la ladera, que eran comenzó á ver distintamente dos criados á pie y una litera que suben lentamente por la empinada senda del castillo. Dejóles e! doctor que se acercaran y su presencia en el balcon notaran; y entónces el doctor por un pasillo escusado tomando la escalera, bajó al zaguan y levantó el rastrillo, que aunque ya no se echaba por el dia se bajaba de noche todavía. Nuestro viejo baron que nunca pudo comprender que ningun hombre sesudo, cuanto ménos un noble castellano, pudiera ni en invierno ni en verano por el solo placer de ver la aurora levantarse temprano, cosa en que nunca halló ningun provecho, estaba en esta hora
—= 11M — del sueño en lo mejor allá en su lecho. Y como por dó quiera se aprovecha la baja y perezosa servidumbre “de los defectos que en el amo acecha, . y la guarida oculta de sus vicios de sus señores con los vicios techa, la del baron tomando su costumbre viéndose en la mansion de un perezoso, cuando se echa en los brazos del reposo como el baron á la bartola se echa; asi que á tales horas toda inerme _la servidumbre del castillo duerme; ¿de modo que el doctor abrió el postigo dió á aquella gente en el castillo entrada y á su aposento la lleyó consigo, y la dejó en su cámara encerrada, sin hallar de su paso ni un testigo * : y sin que nadie apercibiera nada; y si hubiera tenido tal empeño, del castillo el doctor se hiciera dueño. Mas es muy otra su intencion sin duda y no vienen tal gente y tal litera en tan villana accion á darle ayuda; pues una hora despues saliendo solo de su cuarto el doctor y en él cerrados dejando su litera y sus criados, mostró muy bien queno era capaz su alma de tan negro dolo, del baron á la gente despertando, con voz y accion de autoridad y mando rompiendo la pereza de costumbre de aquella perezosa servidumbre.
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Saltaban los domésticos del lecho á la voz del doctor, que ante él derecho les afeó su vergonzoso vicio: y cuando estuyo ya bien satisfecho de que iba cada cual á hacer su oficio y que en muy breve espacio ibaá ser hecho por él pedido el matinal servicio, yendo á la habitacion del castellano llamó atento á su puerta con la mano, * y asi le dijo con acento amigo y cortés sí, pero con voz sonora: | «Vamos, baron, arriba: que ya es hora.»
El buen anciano, que al sabroso abrigo . de sus calientes sábanas dormía, despertóse á su voz sobresaltado sin comprender muy bien qué sucedía: é interrumpido á ser no acostumbrado hasta que bien entrado estaba el dia, dijo: ¿Quién diablos és tan de mañana?» Y el doctor de la puerta al otro lado dijo: «Yo soy, baron: vestíos presto que todo está dispuesto.» - Al conocer su yoz, la blanda lana abandonando del mullido lecho de malísima gana, de la puerta á través por un estrecho resquicio el buen baron de esta manera habló con el doctor que estaba fuera: J'
¿Qué sucede, doctor?
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«Que ya os espero para dar á Don Cárlos el postrero remedio': y fio en Dios que será sano.
¿Pues qué hora és? Las siete. ¡Qué temprano!
Tengo mucho que hacer y he de partirme: con que abreviad, baron.
Voy á vestirme. _ Pues á la puerta del salon aguardo.
Allá voy. No os tardeis.
Id: no me tardo.
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Dijeron, y el doctor á paso lento + - fuéle á esperar del loco al aposento. Entre tanto el baron con mucha priesa : se comenzó á vestir: mas como. en caso tál suele acontecer que en priesa ó fuga todo se traba, todo se atraviesa, y no puede á derechas darse un paso, asi el pobre baron por despacharse' ni prenda, ni útil á las manos halla; lavóse, mas el rostro al enjugarse no encuentra la tohalla, y al cabo con la sábana se seca; se apura más y cuanto más se afana todo lo hace al revés y lo trabuca: busca medias de raya y son de greca, y las que cree de seda son de lana; cálzase, y los zapatos de pié trueca; ' va con ira á patear y en vago pisa y por poco un tobillo no se enchueca: pónese con la prisa ántes que la camisa la peluca, de modo que al pasarse la camisa el mechon del tupé quedó en la nuca. Desespérase, rábia, y con la ira todo lo toma mal, todo lo tira; equivoca los broches del justillo, rasga el jubon y la valona arruga: pero resuelto de cualquier manera» á acabar de una vez, ya solo mira ; á á que aguarda el doctor y échase fuera de su aposento al fin; por el pasillo | lánzase á paso que parece fuga, |
— 18 — y cruzando sin tiento su castillo va diciendo de cólera amarillo : «¡Demonio de doctor cómo madruga!»
IT.
Pero dejemos tan trivial estilo soportable no mas por un momento: obrar dejemos al baron tranquilo segun su educacion y su talento:
y reanudemos el dorado hilo
con que até las figuras de mi cuento
á su historia gentil: porque és materia que merece en verdad conclusion séria.
MI.
Lejos ya de su oriente el sol cruzaba el firmamento azul de Andalucía, y á su suelo poético auguraba limpio, templado y apacible dia: y ya su luz espléndida doraba los arcos de la abierta galería donde espera el baron, aun soñoliento, á que vuelva el doctor de su aposento.
— 182 — La mesa del almuerzo preparada tiene ante sí: mas fastidiado ahora de esperar, la cabeza reclinada tiene en la mesa cuyo centro dora el sol con solo un rayo; luz cortada en cuádruple losange por la mora labor de la estaláctica techumbre de la masa total de su auréa lumbre, Sobre el agua y cristal de una botella este rayo de luz vá á caer perdido, y un iris circular en torno de ella traza descomponiéndose: teñido en sus siete colores los destella sobre la plata y el metal bruñido de la bajilla, que en reflejos rica en derredor los quiebra y multiplica.
Y este fulgor multíplice en reflejos que brota de la mesa y la circunda
cual si le produjeran mil espejos,
de estraño resplandor la estancia inunda : y'al sol opuesta y de su foco lejos
no parece su luz del sol oriunda,
si no que nace á iluminar dispuesta alguna estraña y misterissa fiesta.
¿Quién sabe?—He aqui que procurando el ruido cáuto evitar, apareció en la puerta del salon el doctor, sin que sentido fuera por el baron que no está alerta: y antes de pechos en la mesa, hundido
¡ 088: +
el rostro entre los brazos, mal acierta el médico á entender si es que medita hondamente el baron ó si dormita.
Volvióse pues, con él cuenta no haciendo,
- y abrió de par en par: y levantando -
la cabeza el baron y al doctor viendo
fuese hácia él la mesa abandonando,
mas estraños tras él apercibiendo
preguntó en alta voz «¿Qué está pasando?»
y en la boca el doctor poniendo un dedo respondió: «A verlo vais, pero hablad quedo.»
Entónces los que á pié con la litera al castillo escoltándola subieron, dos Industanis que poséen entera la confianza del doctor, salieron tras él, á brazo del salon afuera á don Cárlos sacando, á quien pusieron tendido en un sofá que prepararon y cerca de la mesa colocaron.
Con leve movimiento de cabeza * su servicio el doctor agradecióles, y en el dintel de la desierta pieza «en su lengua oriental órdenes dióles con digna autoridad mas sin fiereza: ellos dijeron «Bien», y él despidióles; y mientras él la puerta les cerraba atónito el baron lo contemplaba.
Solos al fin los dos, el doctor que ase de su sillon que ante el sofá coloca,
— 184 — hizo seña al baron que le imitase; obedeció sin desplegar la boca, | del doctor la conducta haciendo base de la suya: y aquel que el pulso toca de don Cárlos su faz miró buen rato y aplicóle un espíritu al olfato.
Invadieron sus átomos vitales el cerebro del mozo: á su presencia se tendieron'sus fibras cerebrales cediendo á su benéfica influencia; dió tension á sus órganos nasales una ancha aspiracion, y él de existencia - señal con un suspiro profundísimo, al tual unió su voz un ¡ay! dulcísimo. -
Luego asomó á sus lábios una errante y alhagiieña sonrisa: un carmin puro coloró su pacífico semblante; y roto al fin del sueño el velo oscuro, los párpados pesados un instante ya leyantando, la luz miró inseguro: pero de esfuerzo tál como cansado * volvió á cerrarles y á caer postrado.
Entónces el doctor volvió á hacer uso de su vital espíritu y con tiento otra vez al olfato se le puso; aquella el mozo despertó al momento: de lo que habia en su rédor se impuso con rápida mirada, y movimiento
“recobrando vigor incorporóse solo, y tranquilo en el sofá sentóse. 7
— 485 — - Quedaron contemplándose un instante los tres: el buen doctor se sonreia con el lóco mirándole al semblante y él sonreir atento le veia; contemplábales á ambos vacilante el padre entre el afan y la alegría: y dueño ya de la impresion primera, rompió á hablar el doctor de esta manera:
1Y.
EL DOCTOR, EL BARON, DON CÁRLOS.
A El sueño os ha vencido esta mañana.
X DON CARLOS.
-Que durmiérais os dejamos porque.... ¡dormíais tan tranquilo!...
¿Qué hora es?
Las nueve; tiempo ha que 0s aguardamos para desayunarnos; ¿teneis gana?
No,
No importa: debeis hacerlo ahora porque es preciso alimentarse.
Vamos.
Sentaos á mi lado y hablaremos ¿os molesta el hablar?
No.
Pues hablemos: ¿Cómo está la cabeza?
' Un poco vana la siento.
¿Asi como si fuera hueca?
— 181 —
| ¿Con dolor ligero en los oidos? Si. _ ¿Calor en la piel? ¿la boca seca? Si, ¿Y la memoria?
Creo que la pierdo á veces; otras veces se me trueca y andan mis pensamientos confundidos.
¿Quiénes somos?
No sé: desconocidos creo que no me sois: mas no me acuerdo.
¿Sentís hácia nosotros simpatía? |
— 188 — e
¿Por qué?
Porque estais siempre á mi lado, me dais conversacion y compañía, me sonreís, me entreteneis y cuentos me contais que.... no sé que es lo que tienen que me traen sus historias pensamientos que á solas en el mio van y vienen como sueños de amor.
¿Habeis soñado? Mucho.
¿Qué?
No lo sé; yo me mecia como se mece en el ambiente un ave noble.... el condor.... la garza.... como un dia, no sé cuando ni donde, vi una nave q mecerse dulcemente en la bahía. ,
En Nápoles,,
¿co ANO ¿o
Tal vez. q Alli. ¿Quién sabe? - 7 DOCTOR.
Yo lo sé: aquella nave era la mia: una hermosa galera.
¡Muy hermosa!
Que se llamaba la galera Rosa.
Si ¿qué hay en eso que os asombre?
Nada: mas ese nombre no creia yo que de nave alguna fuera nombre.
Pues ese el nombre de mi náo era: En ella vine yo de Alejandría;
— 190 — Ñ la náo mas gallarda y mas velera que fué á anclar en los puertos del Oriente; cuya historia gentil si se escribiera por fantástico cuento de los libros de Oriente se tuviera.
Contádmela.
Os va á ser impertinente su narracion.
¿Por qué? :
Porque es difusa:
No importa. ti
Es complicada: es muy confusa.
No importa.
En fin, si os empeñais.... consiento.
en ello: atended pues.
si AN —<
Estoy atento.
Hubo una vez un hombre muy estraño que empezando á estudiar desde muy niño, cobró á las ciencias especial cariño:
mas ¿su siglo y sociedad uraño
se hizo, porque al sondar su falso aliño tras uno y otro amargo desengaño concluyó por juzgarles de otro modo
de como les juzgaba el mundo todo.
De ingenio claro, de carácter vivo,
desde su adolescencia reflexivo
y á su edad juvenil mas sério y grave
de lo que en años tan pueriles cabe, afanoso emprendió, dominó activo aquellos fastidiosos rudimentos, necesarios preludios,
precisos elementos
de todos los estudios:
-- mas que una vez vencidos facilitan
la árdua ascension hácia el saber, producen aficion al estudio y habilitan
para la comprension la inteligencia,
la alumbran, robustecen y ejercitan
y abren por fin las sendas que conducen al luminoso templo de la ciencia.
Con su instruccion precoz y mente sana llegó, pues, á ser hombre antes de tiempo; su posicion social, su cortesana
Y É
— 192 — urbanidad , su porte, su familia, su riqueza, y carácter, cuanto auxilia para entrar en el mundo á un mozo imberbe abrió á sus pasos en edad temprana las puertas de ese mundo tumultuoso que se apellida sociedad humana; golfo azul y engañoso bajo cuya haz encantadora hierve la dicha, el duelo, la virtud, el vicio, el mal, el bien, la fé, la inépcia , el crímen, dó fermentan en fin como en un horno cuantas miserias al mortal oprimen, desde la alma honradez hasta el soborno, desde la cobardía al heroismo, lio desde el pródigo lujo de los reyes de la mendicidad hasta el cinismo, desde la caridad al egoismo, desde la estupidez de los villanos á la ferocidad de sus tiranos. Entró en el mundo con su fé evangélica, su vírgen corazon, su recto juicio: el mundo alegre le acogió y propicio y fascinó un momento su alma angélica. Abandonóse un punto á la corriente social: negoció, amó, trabó amistades fué leal y vendido bajamente, y escarmentó... y del trato de la gente y de la tradicion de las edades pasadas y su historia pronto supo estraer su razon inteligente de entre las ilusiones las verdades >» tanto en su juicio cupo!
— 193 —
Halló que el mundo sin placer vivia creándose sin cesar necesidades, ahogando sus quejidos de agonía con excéntricos himnos de alegría, llamando á mil mentiras y á mil males conveniencias sociales, dado en sustituir de mil maneras al bien y las virtudes verdaderas un bien y una virtud convencionales; de modo que en lugar del paraiso que pudo hacer de la fecunda tierra que darle Dios por patrimonio quiso vió que él hombre social hizo un infierno “ donde vivir en sempiterna guerra dando á su corazon tormento eterno. Vió que alli la doblez, la hipocresía, + Ja usura, la ambicion y la falácia se llamaban talento, cortesía, comercio, patriotismo y diplomácia. En lugar de la fé vió al fanatismo, al favor en lugar de la justicia, presa la ingenuidad de la malicia y la fraternidad del egoismo; y hallando que sus vicios en su seno tiene la sociedad tan arraigados que es imposible hacerla separados ¿ver de una vez lo malo de lo bueno, con disgusto profundo «abandonó la sociedad y el mundo; mas teniendo á los hombres por hermanos y queriendo ser útil á su raza | que para ser feliz no se dá traza,
— 194 — determinó adquirir cuantos humanos” conocimientos adquirir pudiera, y en pró de aquella sociedad demente de aquella loca é insensata gente en lo futuro emplear pudiera su alma caritativa con virtud evangélica y fé viva; y volvió á sus estudios, decidido á emplear filantrópico su ciencia en mejorar del hombre la existencia, el santo fin para que fué nacido cumpliendo cual lo entiende su conciencia. De todos los maestros á las cátedras asistió con afan: con gran provecho las universidades | q cursó, se hizo en sus áulas conocido: en teología, en artes, en derecho discutió, ganó premios y aplaudido en todas las escuelas vogó por suerte rápida impelido por el mar de la fama á todas velas. Mas cuando vió llegar sus opiniones á ser autoridades, cuando midió su ciencia con razones, las varias facultades en que se doctoró le parecieron llenas de rutinarias bagatelas, de inútiles ó locas nimiedades en cuya espesa red las envolvieron los que en vez de estudiarlas con conciencia y en lugar de alumbrar de las edades futuras con su luz la inteligencia,
— 195 —
con sutilezas mil las embrollaron.
Vió que los ergotistas en abismo impenetrable y lóbrego tornaron
la sencillez sublime de la ciencia,
con un intolerable pedantismo, Jlenándola de enormes comentarios;
y con argucias mil y corolarios inútiles y fárrago frailesco
falseando los principios y la ciencia de la jurisprudencia
y los de la divina teología,
los de la medicina y la farmácia
y la filosofía, .
hicieron de la ley. un laberinto,
de la ciencia de Dios una fé impía,
de caer en las manos de algun médico la mas fatal desgracia,
de la farmácia un tiesto enciclopédico de todas las ponzoñas y brevajes dañosos, de la ciencia filosófica
un campo de argumentos y cuestiones en el cual se llevaban la victoria
no Ja simple verdad, no las razones, no el sentido comun, no la oratoria,
- sino la sutileza y la memoria,
la audacia y el vigor de los pulmones. El, que no concibió que siempre inútiles debieran serlas ciencias entregadas
á cuestiones tan sándias ó tan fútiles, ni del sábio las fuerzas empleadas
en probar con argúcias falsos temas,
y en sostener quiméricos sistemas ,
— 190 — empezó á interponer su recto juicio como un antemural á sus errores, cual valla ante el abierto precipicio y cual freno al furor de los doctores; pero á los pocos dias de enunciar sus sencillas teorías | volviéronse contra él todos los sabios, cayó sobre él diluvio de cuestiones,
y no hallando sus áulas ni sus labios suficientes á dar tantas respuestas
á tantas lenguas á la suya opuestas, porque de su valor no sé presuma que cede, ó que le faltan las razones, para evitar tumulto y discusiones ató la lengua y desató la pluma. Abandonó deber y obligaciones, encomendó su hacienda á su familia
y encerrado entre libros y centones leyó, estudió, indagó , puso en el peso de la exacta razon las objeciones
que le hicieron..... y en fin, hilóse- el seso en perpétua beis
analizando escritos á montones ,
hasta que del estudio en el esceso
y en el afan de sostener la lucha
en pró de su razon, su fé y su fama, la carga grave y su salud no mucha, la apoplegía le postró en la cama.
No hay en la ciencia humana, aunque radique en la esperiencia-y conviccion mas puras, razon que mas á fondo modifique - la del hombre 'y que cambie y rectifique
— 197 — de vez sus opiniones mas seguras como una enfermedad. Allá en su lecho en sus noches de insomnio, en ese estado de postracion que queda tras la fiebre, suele, de tiempo viéndose sobrado, registrar los rincones de su pecho el enfermo á sus solas, sin cuidado de que el torzal de sus ideas quiebre, ni en la opinion de su conciencia influya, ni sus buenos propósitos destruya el mezquino interés no satisfecho, la no saciada sed de las pasiones, ó el engaño de locas ilusiones. Y-¡cuántos sábios de opinion cambiaror y su modo de ver rectificaron tan solo con dejar que les arguya su conciencia en el tiempo que pasaron en una enfermedad! Tuvo en la suya el doctor de mi cuento tiempo largo para juzgar su posicion á solas: y aunque se le hizo de tragar amargo y fluctuó mucho tiempo entre las olas del mar de su amor propio, al fin vencido por la fria razon se hizo este cargo: «Yo no podré por más que invente módos »oponer mi razon á la de todos; »no he de poder en mi existencia breve »profesar á la vez todas las ciencias, »ni reformar el mundo.—El hombre debe »profesar una sola, y que se cebe ” »dejar á su talento en ella solo, »en ella procurar ser eminente,
— 198 —
»y estenderla con fé de poe á polo, » y ser útil con ella, »si á su centuria nó porque dtrapaliá val que intenta oponerse á su corriente, »á los que busquen del saber la huella »de su pasada edad en la siguiente. - »Disputar contra todos, será bravo: »mas aunque sean por mí todos vencidos »y me los traiga atados por los codos »ni habré Hoóhá mas que disputar al cabo »ni pasaré de ser un busca ruidos; »mi ciencia sera inútil para todos -»y solo me tendrán mis semejantes »por uno más de tantos disputantes. »De tantas controversias ¿qué he sacado? »la cabeza caliente y los pies frios. »Doy que he triunfado; ¿con los triunfos mios »la sociedad humana qué ha ganado? »reirse en nuestras barbas de nosotros »creyendo al de mas voz y de mas brios »con la mejor razon: por de contado - »sin comprender la de unos ni la de otros. - »Dejemos pues de discutir: la clave »de la ciencia y virtud de los cristianos, - »es que con lo que puede y lo que sabe »sea útil cada cual á sus hermanos.» - Y este cálculo sabio á á tiempo hecho, determinóse á profesar la ciencia que mas útil creyó al género humano: y conceptuando la de mas provecho la de la medicina, su existencia decidió consagrarla cuando sano
— 199 — pudiera al fin abandonar el lecho. Sanó: y la consagró su vida entera; y lleno del desprecio mas profundo por todos los sofistas de su era, juró no discutir aunque viviera un dia mas que el mundo; y con el noble afan de hacer del hombre de todas condiciones y parages' un estudio profundo y verdadero, se propuso correr el mundo entero y atesorar el fruto de sus viages. Visitó, pues, las córtes de la Europa y las tribus de la Africa salvajes, la América; y con suerte viento en popa acumulando ciencia y esperiencia, se encaminó al Oriente cuna del hombre; enriqueció su ciencia tratando con honor la medicina en Siria, en el Egipto, en Palestina, y despues de vivir con opulencia descansando en Alepo algunos meses, salió en union de una familia indiana que él mismo convirtió á la fé cristiana con direccion á la India, donde há dias recojen los audaces portugueses gran cosecha de gloria y de intereses y la siembran de sangre y de falsías. Llegó á Byr, embarcóse en el Eufrates, bajó á Bagdad que es la Babel de ahora, descendió por el Tigris á Bassora - detúvose en Ormuz que es el mercado mas rico del Oriente, fué las perlas
— 200 —
de mayor magnitud y mas quilates que joyeros jamás han apreciado '
á pescar en Bahrain donde el cojerlas tantas vidas de buzos ha costado: logrando al fin desembarcar en Góa hoy llave del tesoro de Lisbúa.
Alli tenia ya la ley de Cristo estendidas raices: la memoria - de Francisco Javier embalsamaba aquella rica costa do bien quisto
era el cristiano que á su Eden llegaba; la santa cruz, el lábaro cristiano
se alzaba alli como pendon de qn sellando la victoria | la audacia y la piedad del Lusicario. Góa era del comercio y la fé centro pero el tenaz doctor de mi leyenda ganoso de otros triunfos fué su tienda plantando cada noche mas adentro
de estas tierras espléndidas y estrañas de suelo ardiente y áureas entrañas. Y curando al enfermo y consolando
al triste, y amparando al desvalido, la luz del Evangelio propagando
un paso. cada dia fué avanzando dentro de aquel pais desconocido.
Y sucedió que un rey de una comarca llamada Arungabad que en sus fronteras un opulento territorio abarca
del golfo de Cambay á las riberas, tenia á su pais de afliccion lleno porque de tiempo atrás adolecia
— 201 — de enfermedad que le causó un veneno que por irreflexion tragado habia. Y este rey Idalkan el cual era hombre de ley tan justa y corazon tan bueno como sonoro y bárbaro' su nombre, oyendo de aquel médico estrangero hablar como de un ser maravilloso (porque es muy hiperbólico, ampuloso y enfático el hablar del pueblo indiano) quiso ver por sí mismo el soberano si era el hablar del vulgo verdadero y si el doctor de quien hablar oia - tanto bien, de su mal le curaria. Al enunciar deseo semejante salió á buscarle un cortesano, hallóle y á la presencia de Idalkan le trajo. El monarca al hallársele delante - con sonrisa benévola acogióle, sereno humor y plácido semblante El doctor conoció que su futura suerte iba á depender de aquel instante y fué con diplomática mesura: con la mayor dulzura de su mal los detalles preguntándole; y el buen rey Idalkan iba esplicándole sus síntomas, sus causas, sus periodos y el atento doctor se iba de todos haciendo cargo y esperanzas dándole. Y arreglóse tan bien que en la primera consulta sin trabajo la simpatía de Idalkan se atrajo y el rey se pagó de él de tal manera
— UN — que aposento en su alcázar ofrecióle mientras durara de su mal la cura;
y el doctor aceptó, y el rey tratóle
con liberal y espléndido agasajo
y el sincero doctor por cuantos medios pudo idear solícito cuidóle
y á fuerza de cuidado y de remedios
del veneno los gérmenes le estrajo.
El rey sanó por fin: y cuando un dia oficialmente el médico lo dijo
á la córte y al pueblo, la alegría +
fué universal, y el pueblo que queria
bien á su rey al médico bendijo.
Entónces Idalkan, en cuyo pecho
se germinó con el afan prolijo
del médico por él una sincera
amistad, que á su trato se habia hecho
y que sintió que necesaria le era
la amistad del doctor mas cada dia,
mas grata cada vez su compañía |
se empeñó en detenerle al lado suyo -
y le hizo las mas pródigas ofertas > para ganar su voluntad: y ciertas
debieron de salir segun arguyo,
porque el doctor las aceptó, y las puertas del alcázar á abrirse ante las plantas
del doctor para irse no volvieron
ni hácia él por el monarca se infringieron - de la hospitalidad las leyes santas. Quedóse, pues, el médico contento
de Arungabad en el palacio Indiano, y debió de tener algun intento
e A secreto tal favor del soberano para aceptar asi: porque yo siento que fuera pensamiento muy villano y hacer á su carácter injusticia pensar que se quedára por codicia. Ello es que se quedó, y en el palacio del buen rey Idalkan establecido, de él no se separaba ni un momento: y como el rey le estaba agradecido, y tenia alta idea de su ciencia, y para hablar con él sobrado espacio, comenzó mi doctor con mucho tiento mano á poner á su secreto intento. Primero unas palabras fué soltando, despues estableció proposiciones, con ejemplos despues las fué afirmando, mas tarde fué leyendas, tradiciones, historias y parábolas narrando: bíblicas y evangélicas lecciones se arriesgó á hacer al fin, con el objeto de ir minando su espíritu en secreto. El rey á sus palabras prestó oido al principio por pura deferencia, á sus proposiciones sorprendido, á sus historias ya con complacencia; al fin su mismo espíritu atraido las pedia, y entonces dulcemente iba el sagaz doctor con gran paciencia, con interés y método prudente
“inculcando en su alma la creéncia
de la cristiana fé, que siempre ha ido recta á alumbrar la sana inteligencia
— 204 —
y á hablar al corazon y al buen sentido, y al fin de mucho tiento y muchos dias de afanes, Idalkan el rey indiano, renegando por fin de las impías creencias de su fé, se hizo cristiano; y el médico por fin logró el objeto... que con cristiano afan labró en secreto. Sus pueblos que á su vez al rey amaban por su justicia y corazon benigno, y que el saber del médico juzgaban por el bien que les hace de fé digno, imitaron al rey. A su demanda envió al puerto de Góúa misioneros la asociacion de fide propaganda; » y á su predicacion pueblos enteros de Marabúts y Brachmas energúmenos, *- desengañados de su fé nefanda pidieron la pelliz de catecúmenos.
Y hé aqui cómo el doctor por raro modo: los caminos por Dios encontró abiertos para elevar su ciencia á grande estado, + para franquear el cielo á un pueblo todo y á nuestra Europa comercial sus puertos, - dó nunca su marina habia fondeado: pues cuando el bien el hombre se propone, Dios todo para el bien se lo dispone.
Aqui el doctor, que á su historia ;
ya de suyo algo confusa 0” introduccion tan difusa <> no puso sin Su razon, 00
— 205 — cortóla y quedó en silencio considerando un instante de Don Cárlos el semblante con la mayor atencion.
Y sin comprender Don Cárlos su interrupcion, proseguía escuchando todavía, contemplándole á su vez
con tan segura mirada,
que de dudar no habia modo de que estaba en el período de su mayor lucidez.
Si os canso lo dejaremos, dijo el doctor frente á frente mirándole: y el demente replicó: no me cansais.
¿Comprendeis bien?
+ Os comprendo _ perfectamente.
¿Os agrada mi cuento?
DON CARLOS. e
No pierdo nada de él ¿por qué no continuais?
Porque temia que el hilo de mi cuento estrafalario habíais perdido.
Al contrario, le sigo con interés.
¿Y en verdad os entretiene?
¡Si á fé mia!
En ese caso sigamos, porque ahora viene lo mejor.
Pues proseguid. Quedó el doctor aun un punto con íntima complacencia mirándole, y su esperiencia percibir en él debió sin duda los buenos síntomas que espiaba en su semblante y porque al cabo de un instante sonriendo prosiguió:
— 207 —
«Bautizado Idalkan fué buen cristiano: y atento al bien del pueblo y de su alma á cuanto creyó bien tendió su mano; protegió á los cristianos misioneros que al abrir á la Fé nuevos senderos, iban de luz, prosperidad y calma abriendo en el pais hondos veneros; y atento á sus terrenos intereses y aconsejado del doctor su amigo, sus puertos franqueó á los portugueses y dió en sus plazas al comercio abrigo. Dió proteccion al arte y á la ciencia, adelantos planteando y novedades, y derramó la paz y la opulencia y el placer.por sus campos y ciudades: iba en suma su reino viento en popa elevando al nivel de los de Europa. Pero nadie es feliz sobre la tierra: no hay bien que de algun mal no se acompañe: no hay horizonte que vapor no empañe, y un gérmen siempre de pesar encierra y á algun secreto torcedor dá asilo el corazon mas recto y mas tranquilo. Al.tomar Idalkan nuestra creéncia, dió á las costumbres de la vida indiana el sello casto de la ley cristiana, y comenzó á llevar otra existencia de mas virtud y de moral mas sana. Abandonó la córte y su palacio de Arungabad, y dando nuevo giro á su gobierno, se labró un retiro en la ciudad de Ahmednaggur , situada
—-A
de una vega feraz en el espacio. ' que de huertos y bosques alfombrada regada por dos rios y por montes
de límpidos y azules horizontes * en torno circundada, “SOL SY se parece á la vega de Granada. Y abandonando á Arungabad, en ella. dejó los sibaríticos placeres
de la vida oriental, siguió la huella cristiana y adoptó los pareceres
de su doctor, á quien consulta á solas, y dió la libertad á sus mugeres, ; y al abrirlas su harém enriqueciólas. - Una entre ellas habia
de estremada beldad y gallardía,
á quien amaba el rey: la soberana
del serrallo: judía
de 1é y de raza: se llamaba Lia;
pero que asaz esquiva ó virtuosa
jamás correspondió de buena gana á las caricias de Idalkan. A aquella
la dijo al despedirla «Sé cristiana, - »quédate y serás tú mi única esposa», mas Lia contestó con aire fiero
y laconismo bárbaro: «No quiero».
y le volvió la espalda desdeñosa
sin recoger su parte de dinero. Arrasáronse en lágrimas los ojos.
del rey amante, al verla que partia;
y por si fueran de muger antojos . 000
lo que desden y saña parecia, a á un eunuco mandó seguir su paso;
— 209 — y cuando en sombra se cerraba el dia envió al doctor á verla, todavía con la esperanza de que el sabio acaso la convenciera y á su amor volvia. El doctor la buscó del rey dolido: mas ya de Ahmednaggur habia partido; tomó un caballo rápido y siguióla las huellas el doctor y la vió al cabo cruzar los arrabales: iba sola, á caballo y seguida de un esclavo. Alcanzóla el doctor, y sin dureza _ántes bien con cariño—«Al fin os hallo, - la dijo: al rey volved que su corona os dá y su amor,» mas ella su caballo parando, replicóle con fiereza: «Yo desprecio su reino y su persona »porque amo á otro: se lo dije un dia »y en lugar de apreciar como debia »de mi amor y carácter la entereza, yen el harén espuso mi belleza »desnuda y ordenó que me azotara »á un eunuco: en mi espalda todavía »están rojas las marcas de la vara. »Mi sangre no se paga. con riqueza » y un ultraje tan vil su amor no abona; »decidle, pues, que acepto su corona, »pero es si me la dan con la cabeza.» Tál dijo: y con un salto repentino partiendo á escape la feroz judía, dejó al doctor plantado en el camino. Volvió á palacio: al despuntar el dia, por ella el rey á preguntarle vino; 17 Y
— 20 —
mas cuando el rey le dijo: «¿Qué es de Lia?» dijo el doctor: «Partió, ¡y al cielo plegue »que no vuelva jamás y hasta tí lleguél» Costó olvidarla al rey tiempo y trabajo, y muchos meses distraido anduvo, melancólico, triste y cabizbajo, porque un amor hondísimo la tuvo, mas con el tiempo de olvidársele hubo: pues de uno ú otro modo en esta ruin y deleznable vida con el tiempo á la fin todo se olvida, porque el tiempo voraz lo acaba todo. Y corrieron los años tras los años y siete ya que gobernaba hacia Idalkan, y feliz se mantenía con los suyos en paz y los estraños sin acordarse ya de la judía, cuando un rey de Guzárate, á quien guerra hacia Guir adorador iluso del fuego, una alianza le propuso por salvar del idólatra su tierra. Y de lograr su fin con la esperanza, su apurado vecino proponia dar á Idalkan en prenda de alianza una hija muy hermosa que tenia. De oro y de tropas Idalkan sobrado, sin hijos, pues su harén ha suprimido, y acaso aun presa del amor pasado, echó sus cuentas y aceptó el partido al fin, por el doctor aconsejado. Envió al rey de Guzárate al instante gran tren de guerra y numerosa gente,
o .
— 2M — y al doctor del ejército delante mandó con ún magnífico presente para su hija: y mientras él pujante del idólatra Guir la buena estrella hace cambiar en su favor, y bravo con el refuerzo aliado le atropella, y le alcanza en la fuga y le hace esdiavo, vuélto el doctor á Arungabad, triunfante entró en Ahmednaggur con la doncella. Y á fé que incomparable en hermosura - es la muger que la alianza sella; de mirada tan dulce y espresiva, de sonrisa y de voz de tal dulzura, que á quien habla, sonrie y ve cautiva; tán agil y flexible de cintura cual rama nueva de jugosa oliva: y con un nombre que la cuadra tanto como si fuera cifra del encanto que produce: se llama SENsITIva. La vió Idalkan y la adoró: el cariño del rey encendió pronto el amor de ella, y al verla tan sensible como bella la rodeó de halagos como á un niño. Su amor sencillo y virginal en la alma del rey echó raices, como fresco tallo de nardos en jarron chinesco, ó en un oásis solitaria palma. En vez de aposentarla en un palacio, en medio de un jardin, 'como conviene á la flor casta cuyo nombre tiene la puso, y la dió luz, aire y espacio para vivir en libertad y holgura
— 212 — entre flores, rival de su hermosura, Tenia alli en lugar de un áurea sala un kiosko que entoldaba y que ceñia un tejido rosal de Alejandría y un cerco de rosales de Bengala: que en árabe (al que son tan naturales las palabras compuestas, especiales para la propiedad y alegoría) se llamaba este kiosko iwanaurdales, es decir: camarin de los rosales, voz llena de espresion y poesía. Pronto de aquel amor de pasion lleno, boton de aquella flor de sávia rica, : un capullo crecer sintió en su seno que el amor de Idalkan solidifica. Al acercarse el crítico momento . de brotar de su amor aquel retoño, cual la flor de su nombre en el otoñodobla sus tallos al sentir el viento, las castas hojas de sus ramas plega y se estremece cuando á herirlas llega; la Sensiriva real del modo mismo al peso del dolor dobló su frente | | y del sepulcro se asomó al abismo: ¡o y en aquel punto, de su amor ardiente | la fé se abrió á la fé del cristianismo, pues comprendiendo ál fin que su fé indiana será forzoso que al- dejar la vida, de ella y del rey la eternidad divida su alma para seguir se hizo cristiana. Y Dios que del amor por complemento ¿la virtud de la muger dar quiso
— 213 —
el amor maternal, y al sufrimiento de la maternidad un paraiso de sus hijos abrió en el nacimiento, no la quiso negar placer tamaño; y de nacer la hija en el momento pasó el peligro al disiparse el daño: - y al primer ¡ay! de la reciennacida volvió la madre á recobrar la vida. Y crecieron al par de salud llenas, vigor al par cobrando sus dos vidas, como dos olorosas azucenas en un tallo no mas al par nacidas. Creció en edad la niña y en belleza: «y asi por el lugar dó habia nacido como por heredar la gentileza del tallo de la flor de que ha salido, pues tenia su tez alabastrina, su faz serena y su mirada franca, la pusieron por nombre NaAsarINa: nombre que significa Rosa—blanca,
¡Cuán felices vivieron ambos reyes con la princesa y el doctor tres años, en tan bello pais con sabias leyes con los suyos en paz y los estraños! Mas como dice el árabe: «está escrito: »madie será feliz sobre la tierra:» un dia fatal de la discordia al grito en medio de este Edén surgió la guerra. Fuertes ya los avaros portugueses - dentro de aquella tierra hospitalaria su ley en pró de viles intereses tornaron tiranía sanguinaria;
| — Wi desde las minas de oro hasta las mieses, desde el templo á la choza solitaria,
de todo contra ley se apoderaron '
y hasta el honor de la muger hollaron. Mas tiranía tal siendo insufrible,
hízose el portugués aborrecible para el pueblo Indostan; y ardiendo en ira mas con la calma de su raza astuta, desde Coromandel á Cachemira,
desde Cutch y Guzárate á Calcutta, sagaces en silencio conspiraron
y maduro su plan, se rebelaron.
Cinco reyes entraron en la liga
con oro y tropas, y á Idalkan pusieron por adalid: sin perdonar fatiga
él la campaña dirigió: rindieron
en combate ó asalto yeces muchas plazas y guarniciones portuguesas:
y vencedor en repetidas luchas, estendió velozmente sus empresas Idalkan, por dó quier teniendo escuchas y por dó quier haciéndoles sorpresas, hasta sitiarles en la misma Góa
á pesar del refuerzo que les trajo
y que en Góa metió con gran trabajo
el caballero Ataide de Lisbóa.
Y tras un año de valor y afanes
y despues de un bloqueo de tres meses, á punto estaban de lograr sus planes
é iban de la Indía ya los Indostanes
á echar á los rapaces portugueses, cuando á Dios plugo, ordenador de todo,
— 25 — concluir esta guerra de otro modo. Nezim, rey de Lahor y de los cinco que en la liga pusieron oro y gente, que por ser de Idalkan déudo y pariente fué el que mostró en la guerra mas ahinco, á ir una noche le invitó á su tienda á cenar: cortesía inescusable en un pais donde un convite es prenda de fé leal y de amistad estable. Fué Idalkan: y al cruzar el campamento del rey Nezim en nombre de su amo sin decir quién, con grande acatamiento una esclava gentil le ofreció un ramo de flores: Idalkan iba al momento á compensar su ofrenda generosa, cuando rápida y ágil como un gamo huyó en la sombra y se perdió la esclava. Dió Idalkan á un wazir el oloroso ramillete á guardar mientras cenaba; cenó, y á media noche satisfecho á su tienda volvió, pidió sus flores, las puso en un jarron junto á su lecho de campo, y despidió á sus servidores.
Entónces penetró segun costumbre
de tiempo atrás el médico eristiano en la tienda del rey, quien mano á mano consultaba con él la muchedumbre de negocios que á un rey sin tregua abruman. Cuando Idalkan con él se encontró á solas le mostró aquellas flores que perfuman su pabellon : el médico tomólas y á la luz admirando sus colores
ss DA
preguntó al rey: «¿Leísteis el billete que os enviaron en este ramillete?
Y sacando un papel de entre las flores se le fué á presentar: mas en el punto de leerlo Idalkan de espanto lleno de horror ahogando en su garganta un grito: tembló y palideció como un difunto :
y el doctor colocándosele junto,
sin respeto á Idalkan por sobre su hombro, sin poder resistir leyó lo escrito, quedándose al leer yerto de asombro. Decia: «Huid, señor: os han vendido. »Nezim de las tinieblas en el seno
»en Góa ha entrado ayer; y ha prometido »vivo Ó muerto entregaros, dar por bueno »todo y alzar el sitio, si en partido
» vuestro reino le dan y han admitido. »Nezim para mataros os convida,
yde fé, de honor y lealtad agéno:
» no comais ni bebais, os va la vida: «cuanto os van á servir lleya veneno.»
¿Y habeis comido?
Si; pero ¡Dios santo! ahora que lo recuerdo...
y ¿Qué?
— UT —
Ella era, yo la miraba y ella sonreia, pero reconocerla no podia
bajo de su disfraz tras tiempo tanto.
¿A quién?
A la que el vino me servia. Es ella, sí.
Mas ¿quién es ella?
¡Lia! Quedóse al recordar á la judía el doctor como herido por un rayo, 6 Idalkan apoyándose en la mesa dijo con débil voz «Yo me desmayo.» Acudióle el doctor, mas ya la marca de la ponzoña rápida, patente vió en su faz descompuesta; hízole apriesa acostar, mas el rey sobre su lecho esclamó revolcándose, «¡Esto es hecho! Aun no, dijo el doctor.
Si, esevidente,
— U8 — que es la segunda vez que me envenena, (repuso cadavérico el monarca).
Yo os salvé la primera. Voy...
Detente. Todo es inútil hoy: mi muerte es fija. Entre Lia y Nezim... fuerza es que muera, mas ¿quién sabe su plan á cuánto abarca? abandóname á mí, salva á mi hija. Toma mi anillo real, coge la gente que te parezca mas leiál, y corre ' á escape á Ahmednaggur: abre la torre del Norte, descerraja mi tesoro, cárgalo en mis camellos y huye con NAzARINA Y SENSITIVA. Si te persiguen y lidiar con ellos no puedes y salvarlas con su oro, mátalas: que ni pobre ni cautiva sea ninguna de las dos: ninguna caiga jamás entre sus manos viva.
¡Mas dejaros, señor!
Es importuna tenacidad. A Dios mi alma fia: corre y no dejes ir la hora oportuna porque siento llegar la última mia;
pon — 219 — corre: no te se vuelva la fortuna, y corran mas que tú Nezim y Lia.» Dijo Idalkan, y dando un gran suspiro se retorció como un reptil: sus ojos la luz perdieron y sus miembros flojos dejando, murmuró: ¡corre... yo espiro! Vió el doctor que remedio no tenia y que su reflexion era oportuna y que la astucia y rapidez urgía: y abandonando al rey á su destino, montó de su veloz caballería el mejor escuadron hecho ya á empresas tales, y el alba al despuntar, corria con él de Ahmednaggur por el camino. Salvó á tiempo el tesoro y las princesas:
y cuando detrás de él Nezim y Lia llegaron, figurándose en sus manos tenerlos, de las armas portuguesas y de ellos libre con las dos partia á bordo de un bagel de venecianos. Mas nunca un mal va solo: los pesares los eslabones son de una cadena, y siempre que se rompen son por pares lo ménos. Habia hecho á vela llena una navegacion libre de azares el doctor, con buen viento y mar serena, y ya traspuesto Suez iba tranquilo del Cáiro á vista descendiendo el Nilo, cuando cual ruiseñor que en la estrecheza de una jáula echa ménos la nativa selva dó le crió naturaleza
- con aire, amor y libertad, esquiva
— RE A | el halago y espira de tristeza sin dar un vuelo, ni exhalar un pío asi la bella reina SENSITIVA espiró de pesar en el navío. | Nazarina asistió á sus funerales como á una fiesta, porque aun no podia | comprender ella ceremonias tales;
y el doctor encontrando á Alejandría
centro de los negocios comerciales j
dó emplear con ventaja lograría ,
de su tesoro real los capitales, | )
alli se estableció, ¿inteligente
enviando á un tiempo á la India y á Venecia
á Egipto, á las Américas y á Grecia,
alli un corresponsal, allá un agente
activo, realizar logró en diez años
á fuerza de cuidados y de afanes,
con la ayuda de Dios y por estraños
medios y hado feliz todos sus planes;
y su cariño paternal, su fina ,
penetracion, su prevision esperta, -
su fé, su ciencia y su virtud, lograron
sobre su juventud viviendo alerta -
hacer de la princesa Nasarina |
instruida, opulenta y virtuosa | |
cuanto sana y hermosa,
una muger perfecta y peregrina;
de modo que á la vega Granadina
al trasplantar despues aquella Rosa,
era una Rosa sin ninguna espina.» Volvióse á interrumpir por un momento
el doctor y á observar á su demente,
y ESA EI
E A ES A AS ar
y encontrándole atento,
volvió á tomar el hilo de su cuento: llamando su atencion espresamente
con la mudanza estraña y repentina con que le dijo' con marcado acento: Atended ahora bien, porque mi historia concluye y de su fin se me imagina que debeis guardar algo en la memoria,
Cuando el doctor su, princesa
trajo á tierra Granadina,
al nombre de Nasarina
dar creyó que era esencial
su iraduccion Europea:
así es que la niña hermosa cambió en el nombre de Rosa su bello nombre oriental.
- Dióse el doctor por su padre: y en vez de abrirla la vida
de la córte corrompida,
la abrió una vida de paz
en una casa opulenta
por dentro, humilde y modesta por fuera, y situada en esta:
vega espléndida y feráz.
Y aquí en la cima de un cerro á cuya pié un rio corre, tenia un baron. su torre y un hijo en la mocedad; vió el mozo á Rosa, acercósela
— E juzgándola campesina, y ella le clavó una espina del corazon en mitad.
Y amó á Rosa entonces Cárlos eon un amor tan profundo, - que Rosa formaba el apor para Cárlos.
DOCTOR: y Y á Cárlos llegó á amar Rosa con pasion tan verdadera,
que el mundo de Rosa era solo Cárlos.
Mas pronto los separaron , sus padres: á Italia enviaron á Cárlos y se quedaron
aqui con Rosa.
Y como igual su constancia
— 223 —
resistió á tiempo y distancia, Cárlos en Italia y Francia se hizo hombre de arte!
Fué á la escuela de Cellini, y llegando á ser tan diestro como su mismo maestro, trabajó en la soledad
de su amor una escultura
- de su saber para muestra: una Rosa, obra maestra
de su cincel.
SA DOCTOR.
Volvió y se la dió á su amada con una carta; ella al punto
carta y rosa todo junto ' mostró al doctor. Escuchad.
El doctor que amaba á Rosa
mas que á sí, pues no podia darla á un príncipe, queria
darla la felicidad. ?
Y como se habia propuesto no dársela por esposa
— 224 — sino á aquel que amara á Rosa á par de su eternidad, y espuso al mozo á una prueba tan fuerte, á un choque tan rudo que resistirlo no pudo la frágil humanidad. Ñ
El, con su ciencia hizo á Rosa en una muerte aparente caer.... ¡el Omnipotente - castigó su vanidad! porque al llegar á ella Cárlos creyó verdad la apariencia, perdió el juicio y.... de su ciencia vió el doctor la ceguedad. - 4
¿Sabeis en lo que dió el loco Don Cárlos? En su castillo con el cincel y el martillo hizo otra Rosa.
¿Y sabeis lo que hizo el médico para curar su locura?
pues le robó su escultura
y le dió á Rosa. Mirad.
A esta palabra su mano del salon hácia la puerta
tendiendo el doctor, abierta cual de un conjuro al poder fué de repente, y Don Cárlos dió un grito al mirar por ella á Rosa cual nunca bella sonriendo aparecer.
Era Rosa en cuerpo y alma: era Rosa, el complemento del maravilloso cuento de Idalkan y del doctor: Rosa, que al pecho prendida trae la rosa hecha por Cárlos, y su alba mano tendida al espantado escultor.
En pié y convulso, en sí mismo sintió éste un cambio violento, viéndola que á paso lenfo acercándosele vá.
Llegóse á él, y al contacto de su mano, como herido del rayo, dió sin sentido de espaldas en el sofá.
Rosa aterrada á su lado precipitóse de hinojos, con el llanto de sus ojos queriendo darle calor: y el baron que lo comprende todo al fin, muerto creyéndole
— 226 — quiso acudir, mas asiéndole del brazo á tiempo el doctor *
Le dijo: «No deis un paso: »no le toqueis; su cerecho f »puede estallar como un vaso »sobre el fuego á otra emocion »violenta: en breves instantes »volverá en sí; mas no hay medio »ó vuelve en juicio ó remedio »su mal no tiene, baron.»
Hubo un momento solemne de angustiosa espectativa, al oir tal disyuntiva que infalible saben que es: » y en tal momento á escucharse, oirse hubiera podido el irregular latido del corazon de los tres.
Pasó la crísis; Don Cárlos va á volver á abrir los ojos: mas si vuelve en los antojos - de su locura á caer, no habrá remedio, demente morirá.—Tras un suspiro, los abrió al fin lentamente y en sí comenzó á volver.
Poco á poco fué cobrando seguridad su mirada,
— 221 y segun la fué posando poco á poco en su redor, fué en su boca una sonrisa inefable apareciendo, y al fin rompió á hablar diciendo: ¡Rosa!... ¡mi padre!... ¡el doctor!
Prosternóse éste de hinojos al reconocerle en juicio, reconociendo propicio á su fé el favor de Dios:
y al viejo baron llevándose al inmediato aposento dijo: «Solos un momento dejémosles á los dos.»
De estos supremos instantes de felicidad completa, no podrá ningun poeta hacer jamás descripcion. Yo ceso aqui: hay situaciones que, por muy alto que pique, no hay pluma que las esplique cual la siente el corazon.
Lector, siamas cómo yo amo, si vives como yo vivo para un amor esclusivo, tirano, avasallador, á obligarme á pintarte esta injusto será que lleves
— 228 —
tu empeño, porque tú debes
figurártela mejor.
Mas si por desdicha tuya, ó maldicion de Dios, eres uno de esos ruines séres que no creen en el amor, cual lo siento te lo digo, aqui rompo y no prosigo porque no quiero contigo perder mi tiempo, lector.