La rosa de Alejandría : leyenda inédita, original y en verso · Capítulo real 4 de 4

EPÍLOGO

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

EPÍLOGO.

Diez semanas despues eran esposos Rosa y don Cárlos. El baron habita con ellos la pacífica casita 'de campo del doctor, mientras los fosos, las torres, las murallas y salones

de su hendido y decrépito castillo, vuelven á recobrar su antiguo brillo gracias de Nasarina á los millones.

Y no se harta el baron de pavonearse de uno en otro aposento,

desde cada ventana sin cansarse

de mirar su castillo remozarse, volverse blanco y ostentar al viento, en vez del esqueleto carcomido

que infundia pavor al pasagero;,

un frontispicio cándido y pulido -cuya vista hace alegre el valle entero.

— 230 — Dos veces cada dia sube y baja con su arquitecto á él, y cada dia en su vieja mansion deja cambiado en gracioso balcon lo que fué raja, tornado en firme lo que ayer se hundia, limpio, gentil, esbelto y acabado lo roido, lo roto y lo combado. Los casados no se hartan de jurarse un amor tan eterno como apacible y tierno, de estar en soledad y acariciarsé, y gozar el placer de verse unidos tras de tantos obstáculos vencidos. Cárlos, del todo de su mal curado, sano del corazon cual de la mente, * comprende con delicia lo pasado, porque su amante Rosa le ha esplicado del doctor el escéntrico espediente, que para realizar su amor ardiente y la salud de su ánimo ha empleado. Y ya mil veces el baron ha oido de su risueña y sonrosada boca la esplicacion, que nunca habia podido comprender solo, de su historia loca. La vuelta de Don Cárlos una noche á la casita del doctor, dejando en el camino servidumbre y coche, y su llegada al mirador de Rosa, y el rico dón que la ofreció pasando de una flor, escultura primorosa trabajada por él, gracioso emblema de su fidelidad, -gentil alarde

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de-su saber y amor; su doble vuelta la misma noche al mirador mas tarde, ¿y del doctor la osada estratagema de mostrarle á su amada sumergida en un sueño letal, cuya esperiencia del mozo ocasionando la demencia, le puso en riesgo de perder la vida.

Este misterio al fin esclarecido, no fué difícil cosa para la amable y seductora Rosa hacer al buen baron que comprendiera cómo ha permanecido oculta en su mansion, cómo ligera, crédula y fácil de engañar con poco la muchedumbre muerta la ha creido, y por un crimen á Don Cárlos loco: en tanto que el doctor pudo segura de su demencia preparar la cura. En el espacio asi de los dos meses que desde aquel suceso han trascurrido, todos tres ocupados Cárlos y Rosa en su pasion constante y el baron en su orgullo é intereses, exentos han vivido de cuidados á un porvenir feliz en adelante juzgándose por Dios predestinados. Del doctor solamente no parece el alma en armonía con la dicha comun y la alegría, y él solo con su faz las entristece andando cabizbajo, silencioso, ceñudo y macilento

y sin obvia razon de mal talante;

y entregado sin duda algun trabajo difícil, pasa el dia en su aposento

del cual no sale mas que lo preciso, y le anubla el semblante

el afan de algun hondo sentimiento que le trae pesaroso é indeciso.

Nadie dá en la razon de la sombría pesadumbre que el alma le desola, de los demás turbando la alegría; mas una noche se esplicó ella sola. Al despuntar el alba de aquel dia, con el negro que tiene á su servicio personal, el doctor salido habia. Nadie estrañó su ausencia

pues por su profesion tal vez se pasa dias de sol á sol fuera de casa, haciendo un ignorado beneficio

ó aliviando del pobre la dolencia. Rosa y Cárlos tal vez placer sintieron, pues, del amor llevado de su ciencia, que iba á volver á comenzar creyeron de sus visitas la escursion diaria, saliendo de la vida solitaria

en que sumido con pesar le vieron. Mas ocultóse el sol, espiró el dia

y se cerró la noche, y avanzada

la hora de la queda iba pasada,

y el doctor no volvia; | y empezó la inquietud de su morada á apoderarse, y la azorada Rosa

de uno en otro balcon iba y venia,

A Na

— 233 — mirando sin cesar sobresaltada y á través de la sombra tenebrosa escuchando, sin ver ni sentir nada. Y en una de las veces que afligida azares mil á bulto recelando y del doctor temiendo por la vida, iba el estrecho corredor cruzando . á salir a buscarle decidida, acertando á pasar ante la puerta del gabinete del doctor, abierta vió que estaba su cámara y metida dentro la cerradura vió la llave; y como siempre de llevarla cuida consigo, y tál descuido en él no cabe, de una nueva sospecha acometida, del doctor en la ausencia que no acierta á esplicar receló causa muy grave: con que en investigarla ya empeñada y obstáculo no hallando que la entrada de la secreta cámara la impida, entró en su estancia mas la halló desierta . y hallando franco al par aquel retrete donde á solas el médico se mete, donde tal yez encierra su tesoro y ante un altar y crucifijo de oro arde una luz que aroma el gabinete, Rosa por él resuelta se adelanta: - mas en el misterioso y solitario camarin al fijar su osada planta, aquel lúgubre aspecto de santuario que le dá de Jesús la imágen santa que sobre el ara del altar bendito

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enfrente de la puerta se levanta,”

en su febril exaltacion la espanta

y en su terror dió un grito.

Don Cárlos y el baron que á él acudieron, pálida de terror allí la hallaron,

“y cuando á Rosa su valor volvieron e y el camarin estraño registraron,

al que buscaban con afan no vieron,

mas esta carta del doctor hallaron.

DESPEDIDA DEL DOCTOR.

«Rosa, mas que hija para mí querida, mi mansion en Europa está acabada, mi mision á tu lado está cumplida pues te dejo feliz, rica y casada; mas el punto al llegar de mi partida no ha de poder mi voz atribulada en el hondo pesar de mi alma tierna darte un ¡á Dios! de despedida eterna. Cárlos, yo te he mirado desde niño . con un sincero y paternal cariño: solo yo comprendí desde tu infancia y aprecié en su valor tus sentimientos; yo supe con política y constancia conducir á buen cabo mis intentos sobre tí, y logré hacer campo mas vasto dar á tu educacion, á tus pasiones pronta esperiencia, á tu alma mejor pasto

— 236 — de los queen sus oscuros torreones. te diera de tu padre la arrogancia, basada solo en la nobleza rancia y el vacio esplendor de sus blasones. Porque yo al fin con pertinacia artera trabajando mi plan, le obligué á enviarte jóven á visitar tierra estrangera, dó entre el bullicio del sangriento Marte supiste hacerte profesor de unarte que en cualquier tiempo y en pais cualquiera, podria en vida independencia darte y gloria entre la gente venidera. Yo te he seguido por la inquieta Gália. y la clásica Italia, - con paternal solicitud: mimano iba dando dó quier á tu destino proteccion invisible, y veces hartas debiste el encontrar en tu camino oro, favor y amigos á mis cartas; hasta que digno hallándote de Rosa te la dí satisfecho por esposa. Mas no miento hoy el bien que ayer te hice para que de él me estés agradecido, | ni porque tú no le hayas merecido: pues yo propio con él me satisfice. Lleva en sí mismo el bien su recompensa en el placer de hacerle, y solo el necio que es necesario que le muestren piensa por el bien que hace inestinguible aprecio. Lo he mentado no mas para probarte que desde tu niñez al par que á Rosa no he cesado como hijo de mirarte

—= 237 — en el fondo de mi alma cariñosa. El velar por los dos se hizo costumbre -en mí: esta ocupacion llenó mi vida; no me atrevo á rostrar la pesadumbre de anunciaros yo mismo mi partida por lo cual escríbiroslo prefiero. Léed: lo que al partir que sepais quiero, mucho mas fácil ha de ser en suma á vosotros oir y á mí deciros con las inertes cifras de la pluma, que con la voz ahogada'entre suspiros.

Veinte y tres años há que encomendados me fueron Nasarina, Sensitiva, y los montones de uro atesorados por el rey Idalkan; como no es viva la reina, y ya es casada la princesa, aqui mi encargo y mi tutela cesa: sin esperar á que él me las exija las cuentas de su hacienda me interesa presentar al marido de mi hija. He sido su tutor: este es el giro de los negocios: esta mi conciencia. Yo de vuestros negocios me retiro: no mireis á la forma de mi ausencia, yo así al obrar á mi conciencia miro. Yo que pasé por todos los estados sé lo que en todos los estados pasa: quiero que vivais solos: los casados quieren la independencia de su casa.

' y

En el primer cajon de mi bufete

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están todas las llaves de Jas cajas y armarios de mi oculto gabinete, donde hallareis completas las alhajas de Idalkan y su esposa. En un secreto, cuyo modo de abrir os dejo escrito de mi pupitre en el cajon chiquito, y abierto en el altar con tál objeto, encontrareis los títulos legales que por dueños os dan de posesiones, y acreditan por vuestros capitales impuestos sobre casas y naciones distintas: con sus créditos y vales mi exactitud os deja previsora las cuentas de sus réditos anuales que administré hasta hoy.—Obrad ahora como querais; mudad de imposiciones, retirad ó dejad vuestros caudales en las manos que están, que son leales. Si quereis realizar, teneis millones, pues todos vuestros fondos están prestos y los banqueros á entregar dispuestos.

Yo parto: está resuelto: Dios derrame sobre vosotros el placer sin tasa. ¡A Dios! —mas permitidme queos reclame un favor al partir: en vuestra casa dad un asilo á Inés, su vida escasa hasta que corte Dios y á sí la llame. Rosa, Inés es la esclava que dió aviso á tu padre Idalkan que de un veneno cada manjar de Gur estaba lleno, cuando con él bajo su tienda quiso

— 239 — ir á cenar de su traicion ageno. Yo la compré despues á fuerza de oro y la dí libertad; agradecida á tu servicio consagró su vida, y te amó, y te veló como una madre el casto sueño de tu edad temprana. Dála tú estimacion, dála decoro en tu casa, y el oro que Ja dejo deja que emplée cual mejor-la cuadre.. Fia en ella sin miedo á un mal consejo: una alma tiene de virtud tesoro y un grande corazon; nació Romana,

- fué robada en las costas de Sicilia, .

y hoy que ya no la tiene, en tu familia quiero que la recibas como hermana; pues si conmigo donde voy viniera, por ir conmigo deshonrada fuera

por la social murmuracion villana.

Otra súplica aún. Contar la historia de Rosa, fuera hacer una imprudencia,

de su estirpe una inútil vanagloria.

Al casarse empezó nueva existencia

y á la muger la basta el apellido,

la fama, los recuerdos y la gloria

de la raza y honor de su marido. Descubrir su pasado á la malicia,

á la curiosidad ó á la codicia

Europea, sandez fuera notoria,

dar con la inquisicion ó la justicia.

¿A qué de admiracion hacerse objetos? la fama trae disgustos muy prolijos:

— UN We : ¿e en vuestra alma están bien vuestros secretos, Dadme pues un placer: si teneis hijos, dad al uno aunque sea una alquería no mas, con cuatro tierras, á las cuales poned por nombre y en memoria mia mi apellido paterno, que es RosaLes,

Viniste entre ellos á la luz del dia: *

á tus hijos por mí pónsele, Rosa;

cual si apellido de su madre fuera: | 4 y pues le consagré mi vida entera, . | quede de mí en tu sangre alguna cosa,

xiva en tí algo de mí cuando yo muera.

Hijos mios ¡adios! vivid y amaos.

En lágrimas la vista se me arrasa

al daros este ¡adios! De mí acordaos

siempre, como de un padre; mas que pena

no os dé pensar lo que sin vos me pasa:

aun tengo un capital, y en tierra amena

una tranquila y cómoda alquería,

donde esperar en paz mi último dia

sin deber nada á la merced agena. e

Baron, puesto que sois por vuestra raga! pe antigua generoso y caballero, daros satisfaccion no me embaraza por lo pasado; que olvideis espero mi conducta con vos. ¿Es necesario qúe os la esplique, baron?—No es árdua empresa; Yo ví que vuestro humor atrabiliario | y pertinaz carácter altanero ' al consejo mejor no harian plaza, * y de hurtaros á Cárlos me dí traza e

So 19

y de vos á alejarle me dí priesa:

su educacion me interesaba tanto

entónces, cual su dicha hoy me interesa:

pues por su ingenio y alma generosa

le juzgué digno del amor de Rosa.

Yo os obligué irritándoos á mandarlo

á estrangero pais donde se hizo hombre:

y escuchadme y saberlo mo os asombre,

baron, yo en nombre vuestro hice velarle

y nada le faltó: perdon si hé errado;

mas espero baron que al recobrarle

ni os hé su corazon enagenado

ni le encontrais indigno de su nombre. Una palabra mas, baron. Un dia

en que á verme vinísteis, arrastrado

de mi bilioso humor creo que os dije

algo que haberos dicho no querría,

algo que ahora el corazon me allije,

porque me temo que la lengua mia

fué tal vez descortés, tal vez impía.

Escuchadme, baron: yo me hé eriado

entre gente mas ruda y primitiva,

cuya sencilla raza ha conservado

corazon mas sincero y fé mas viva

que nuestra sociedad civilizada,

la cual su prez divinizando altiva

y sus laureles de la edad pasada,

la esperiencia del siglo progresiva

y sus impulsos rechazando esquiva,

por teorías falsas descarriada,

á sus viejos errores aferrada,

. — 9 — y por la ley absoluta y abusiva

de sus viejos gobiernos humillada,

por sus vicios sociales gangrenada

y á todas las reformas agresiva,

hoy bajo el nombre de derechos, de usos,

de moral, de principios inconeusos, —. y de razon de estado, en las naciones diviniza tal yez supersticiones, - respeta infamias y establece abusos. Baron , por lo que de ella llevo visto mientras hice en Europa residencia, - temo que su saber y su existencia, de luz y error inconcebible misto, en su forma de ser, sinó en su esencia, de la virtud difieren y la ciencia

de la sencilla ley de Jesucristo.

Su sociedad actual tiene verdades

y leyes de purísima justicia

y alta necesidad; mas que de edades mas atrasadas son : y ellas las vicia con la doblez y error que las inicia. para satisfacer necesidades

nuevas, y por su error ó su malicia...

en pró particular las beneficia;

«v cuando una verdad ya asi viciada y imponer á la tierra se propone 14 | por ley, á sombra de la fé sagrada y la ampara, y á la tierra se la impone

á la luz del cañon y de la espada.

Mas Dios es uno: es una su creéncia: una son la verdad y la justicia,

cosas que, como solas en esencia,

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puestas por Dios del hombre en la conciencia,

jamás pueden unir con la avaricia, con la supersticion, con la injusticia

y con la fuerza bruta su existencia.

Y todos los ejércitos del mundo,

y todos los sofistas de la tierra,

no arrancarán con discusion ni guerra la fé y la conviccion de lo profundo

del alma donde Dios nos las encierra. El sofisma, el error, la fuerza armada, contra la conviccion que el centro llena de nuestra alma inmortal, no puede nada: contra la fé por Cristo predicada,

son humo de vapor, polvo de arena: Cristo vino á sellar su ley sagrada derramando la suya, no la agena.

¿Mas á qué traer aqui disertaciones ' excéntricas, ni utopias peregrinas?

en el olvido echad mis opiniones

á la actual sociedad tal vez dañinas ; juzgadme nada mas por mis acciones,

no me juzgueis, baron, por mis doctrinas. Porque tal vez soy yo quien está loco,

yo tal vez quien no entiende á Jesucristo: y acatando su ley como la sola

buena, tal vez en la heregía toco

old en hacer del Evangelio insisto

la una Jey del mundo, á quien provoco

de mi fé en el error... ¡y me desola

tal duda el corazon desde que existo!

Como quiera que sea, me despido

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de vos, aquí, baron: y:á Dios le pido. que os haga muy feliz.—Si es que se aferra: mi alma en el error, mientras decide el tiempo si mi juicio acierta Ó yaa ye | cual mi cristiana caridad lo pide pienso ir haciendo el bien sobre la tierra. ¡A Dios! vuestro país no me conviene, - pues mi fé con la suya no se aviene. En vuestra sociedad la moral mia, Se ; de ser no pasará una teoría que gérmenes de mal para ella encierra; la sociedad al fin me hará la guerra, y, como yo colgada no la deje, t la Inquisicion me colgará algun dia: si para convencerme de herejía no me quema en la plaza por hereje.

Dios os libre, baron, de manos tales; y pues que me debeis, con sus caudales, que padre de una infanta os haya hecho, 7 guardad mientras vivais en vuestro pecho y buena memoria del doctor Rosales..

» Jose ZORRILLA.

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FIN.

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