La vieja verde: Estudios al natural · Capítulo real 15 de 18
Capítulo 15
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
Una alianza utilitaria.
Encontré hecha una divinidad á mi jamona, á mi Loreto, á la que no me atrevo á llamar vieja verde.
Nos consagramos el uno al otro por espacio de una hora.
Teniamos una gran necesidad de hablar de nuestros asuntos particulares.
--Chiquito,--me dijo,--eres un grande hombre: me uno á tí; juntos nos vamos á tragar la Biblia.
Dicen vulgarmente que no hay hombre sin hombre.
Esto es una tontería.
Lo que es una verdad innegable es que no hay hombre sin mujer.
Las mujeres gobernamos al mundo.
¿Hay acaso quien se consagre con más asiduidad, con más inteligencia, con más astucia y con más audacia á los negocios que la mujer?
En nosotras existe por excelencia el sentido práctico.
Abusamos de los vicios y de las debilidades de los hombres, y los dominamos.
Una mujer política vale por un ejército.
La mujer política cuando no es altamente diplomática, es doctora en _gramática parda_.
Para tí ha sido una fortuna tropezar conmigo.
Loreto se me iba haciendo de momento en momento más preciosa.
Me iba pareciendo verdaderamente más jóven.
--Ya verás, ya verás lo que vale una mujer como yo en esta tierra clásica de la _filfa_; tú serás todo lo que quieras ser.
Te advierto que yo no soy celosa.
Para que un hombre aborrezca á una mujer, basta con que ella le haga sufrir celos.
Yo sé lo que sois los hombres.
Sé también lo que somos las mujeres.
Mucho cálculo y mucho positivismo, hijo; lo demás es _pringue_.
Me chocó esta última palabra de mi hermosa.
Ví que en cuanto á positivismo habia llegado hasta el revés de la sarten.
--Yo estoy,--continuó,--por la libertad absoluta; porque cada cual haga aquello que quiera; por consecuencia, quedan suprimidos los celos entre nosotros.
--Convenido,--dije:--todo es cuestion de estómago.
--Bien dicho: tú prosperarás: yo te daré lo que pueda, y yo no quiero que me dés más que tu aprecio: ¿conoces tú todo el valor de esta palabra: _espera_?
--¡Pues ya lo creo!
--Yo haré todo lo que pueda por complacerte, y de tal manera, que de puro complacido, viendo en mí todos los dias algo nuevo y bueno, no te fastidies y conozcas que en ninguna parte estás mejor que á mi lado: amor, y siempre amor, y no más que amor empalaga; pero en los negocios hay una gran variedad, y cuando son productivos y aumentan la posicion, encantan; se adora á la mujer que trabaja por engrandecer á su amado, y cada dia parece más hermosa.
Yo estaba encantado.
Loreto me iba pareciendo una divinidad.
Luego añadió en un verdadero arranque de pasion:
--¡Yo te adoro, pollo mio!
Yo me sentí arrastrar de nuevo por el torbellino.
Loreto era una libre pensadora.
Una volteriana.
Una doctora.
Un _non plus ultra_, y con las dos columnas, y con los dos globos.
Yo me ahogaba.
Aquella mujer me absorbia.
--Vengamos á la cuestion subsidiaria,--me dijo Loreto con el acento conmovido por un afecto muy natural, puesto que me amaba, y teniendo en cuenta que nada hay más egoista ni más exclusivo que el amor:--no soy yo la sola mujer de quien estás enamorado, y esto lo comprendo.
La que cree ser única, es una inocente.
¿Ni qué diablos vale un hombre que se contenta con una sola mujer?
Si hoy te he hecho un bonito obsequio, ha sido haciendo un esfuerzo, y para abrirte el apetito.
Mi marido, aunque hizo grandes negocios cuando fué ministro y tiene una suerte loca á la Bolsa, es muy miserable.
Apenas si me da para unos mezquinos alfileres.
Yo tengo que buscármela.
Ya sabes que los negocios no andan muy bien.
La concurrencia los ha matado.
Así, pues, yo necesito una alianza.
Yo debo procurarte una posicion que te haga independiente.
Es necesario que te cases.
Tu gravísima aventura con la polluela del coronel Arrumbales, nos viene á pedir de boca.
No sabes tú qué rico es ese diablo de vejestorio de coronel.
No sabes lo enamorado que está de mí.
Juzga por lo que voy á decirte.
Aún no hace tres horas que estaba aquí, á mi lado.
Yo le habia enviado un recado.
No se debe escribir.
Vino al momento.
--Solamente por usted,--me dijo,--hubiera yo dejado los graves, los gravísimos negocios que me abruman.
He dejado encerrada á mi hija.
¿Y para qué, señora, para qué?
Mi hija ha resbalado como todas.
Es inútil.
No basta el poder humano.
El diablo llega á una mujer aunque se la meta bajo una campana neumática.
Se cuela á través del cuerpo ménos poroso.
Pero yo la caso, la caso y luego mato al miserable.
No se queda sin pagármela ese pillete.
El está escondido.
Pero yo le encontraré.
--¿Cuánto me da usted por el hallazgo?--le pregunté.
--¡Cómo! ¿Usted sabe dónde está?
--Sí, señor: le tengo en el bolsillo.
--Es que el bolsillo de las mujeres es generalmente el seno.
--Pues bien; en el bolsillo le tengo.
--Pues entonces,--dijo Arrumbales--le mato dos veces; primero porque ha enloquecido á mi hija, y despues, y principalmente, porque le tiene usted en lo más hermoso que Dios la ha dado.
--Usted le casará con su hija y le dejará usted vivir.
--¿Y usted quiere que le case con mi hija?
--¡Pues ya lo creo! Si yo le tuviera en el seno á la manera que usted dice, no querria que se casase con ninguna.
--¡Hum!--esclamó el coronel.--Hay mujeres muy hondas.
--Pues aquí no hay más honduras sino que yo me intereso por usted y por su hija.
La chiquilla le quiere.
El está loco por la chiquilla.
Envíeme usted á Eloisita á casa.
Este será un depósito de confianza.
Yo la casaré.
Yo seré la madrina.
--¡Hum, hum!--dijo el coronel.--Esto me escama.
--En fin,--dije tomando una expresion y un acento imperativo:--¡lo mando yo!
Y al mismo tiempo le solté una mirada de efecto.
Le dí la _puntilla_.
El coronel se puso pálido.
Tembló, balbuceó, me miró con una ansiedad angustiosa.
Le arrimé otro puntillazo.
--¡Usted se pone frente á frente de mí!--le dije:--¡Pues bien; nos veremos! ¡No se queje usted cuando sobrevengan las consecuencias!
Se rindió á discrecion.
--Vamos,--me dijo;--está visto que usted hará de mí lo que quiera: empeño mi palabra de honor no sólo de no matarle, sino tambien de tratarle con el mismo amor que á mi hija.
--Pues bien; la niña á casa.
--No, señora, no; que vaya á verme ese tuno.
--¿Palabra de honor de que le recibirá usted como á un hijo querido?
Te advierto que hay que creer como en lo más positivo del mundo, en la palabra de honor del coronel Arrumbales.
Es un hombre que tiene el orgullo de no haber faltado nunca á su honor.
--He empeñado ya mi palabra de perdonarle,--me dijo,--y yo no digo las cosas dos veces; pero hay que deshacer un lio, dos lios, yo no sé cuántos líos.
Yo los desharé.
Hay por medio dos viejas, una jóven y el coronel don Bruno Maturana, mi antiguo compañero.
Estamos desafiados á muerte.
--¿Que está desafiado con don Bruno Maturana el coronel Arrumbales?--exclamé:--por aquí anda doña Emerenciana.
--En efecto; don Bruno, á lo que parece, está tan enamorado de doña Emerenciana, como Arrumbales lo está de mí.
Doña Emerenciana ha sabido tu lio con la hija de Arrumbales.
Como no has parecido por la casa de doña Emerenciana, ésta ha supuesto que Arrumbales te tiene secuestrado, ó que ha hecho contigo alguna brutalidad.
Ha azuzado á don Bruno.
Don Bruno se ha ido á morderle á Arrumbales.
Ha habido sopapos.
Se ha convenido un duelo.
Doña Emerenciana está en la cama baldada de una paliza.
¿No adivinas quién le ha dado para el pelo?
--¡Ya lo creo! ¡Micaela!
--¡Justamente! Una que arregla á doña Emerenciana, y que nunca la ha arreglado como ahora.
Una mujer que te ama: una complicacion del diablo: un _colmo_.
Yo con tantos sucesos estaba mareado.
Me habia olvidado de Micaela.
Pero Micaela no se habia olvidado de mí.
Según me explicó Loreto, Micaela habia hecho responsable de mi traicion amorosa á doña Emerenciana.
La habia dicho, que si no me hubiera llevado á casa de don F... yo no hubiese conocido á Eloisita.
Todo se habia descubierto, como se descubren las cosas que dán escándalo.
Micaela se habia enterado.
Habia averiguado.
Lo sabia todo.
Yo no parecia.
Micaela estaba terrible, y prodigaba todo género de lindezas á su señora.
Esta, que aunque vieja, era hembra brava, se habia agarrado al moño de Micaela.
Pero habia sobrevenido la Nicanora, que estaba tambien irritada porque yo no parecia.
En toda comedia hay clases.
Nicanora representaba la parte plebeya en la comedia de las viejas verdes que estaban enamoradas de mí.
Arrimó un golpe de mano de almirez en los riñones á doña Emerenciana, que dió un graznido de grajo, se enderezó á causa del golpe y soltó á Micaela.
Esta cayó sobre doña Emerenciana.
La desconcertó á bofetadas.
La desnudó.
Salió por una parte la peluca.
Por otra los dientes postizos.
Le dió la alferecía á doña Emerenciana.
Fué necesario buscar al tio Calostros para que la curase.
En fin, un lio más.
Un _tiberio_ infinito.
¡Y todo por mis méritos!
Yo estaba que reventaba de orgullo.
--Ya ves, hijo, si tienes partido,--me dijo Loreto:--por tí se pierde el mundo.
Y no es esto sólo.
Don F... se empeña en que te cases con su cuñada; quiere tenerte en la familia.
Con que elige, hijo mio, elige.
--Lo que tú quieras, lo que te parezca.
--Pues me parece que la niña.
Ajustemos cuentas.
Porque, hijo mio, en este mundo todo es cuestion de suma y resta.
Tanto más cuanto, cuanto ménos tanto.
Un millon de dote la niña.
Cuando herede, otros cinco ó seis.
--Sin vacilar la niña,--exclamé fascinado,--yo te pagaré tu comision, Loreto.
--Mira, no me vendria mal, chiquillo, porque no estoy en mis aguas.
Se gasta mucho.
La moda cuesta muy cara.
¡Y luego el otro es tan tacaño!...
¡Cuidado que darle un hombre á su mujer para que vista y calce trescientos reales mensuales!...
¡Esto es horrible!
Acepto la comision de esta boda.
¡Qué vida, niño, qué vida!
¡Qué negocio para como están los negocios!
¡Ni aún queda ya el negocio de las cajas de imposiciones!
Comamos entre tanto con la polla.
--Convenido.
--Don F... te haria diputado, y puede ser que ministro.
Pero yo tengo tanta influencia como don F...
Yo enredo, yo destornillo, yo revoluciono.
Yo soy la hermosa Loreto.
La hermosa á la moda.
Pero yo no me cuento para nada.
Yo no seré jamás para nadie, sino para tí.
Basta ya de campaña.
Me retiro.
Tuya, tuya, tuya, y no más que tuya.
Te adoro, chaval.
Me has embrujado.
Pero no olvidemos lo que importa.
¿Qué se decide?
--La polla.
--Pues á Dios, hijo mio: y díme: ¿dónde te vas tú á ir ahora?
--A dar vueltas: ¿habrás concluido á las once?
--Pues ya lo creo: vamos tú quieres que nos vayamos de huelga.
--Pues, por supuesto: á casa de Santiago.
--Para eso será necesario que me disfrace: á propósito, hay baile en la Zarzuela.
--Es verdad.
--Espérame á las doce y media en la entrada del baile.
--Por supuesto que no permaneceremos.
--¿Y qué diablos tenemos que hacer en el baile? Espero llevar conmigo á Eloisita.
--¿A Eloisita?
--Sí.
--¿Te la dará su padre?
--Ya lo creo: además es necesario acostumbrarla, tú no debes casarte sino con una mujer digna de tí.
--Pues convenido: hasta las doce y media.
--Cuidado, que no hagas alguna calaverada, tú no te perteneces, hijo mio: mira, llévame en tu carruaje á casa de Arrumbales.
--Sea.
Salimos.
Dejé en la puerta de Arrumbales á mi hermosa Loreto.
Faltaban dos horas y media para nuestra cita.
--A andar por las calles,--dije al cochero.