La vieja verde: Estudios al natural · Capítulo real 16 de 18
Capítulo 16
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
En que se vé hasta qué punto es un inconveniente el amor.
Pero apenas se habia puesto en marcha el carruaje, cuando se detuvo.
Una mujer, una jóven se habia acercado y le habia hecho parar.
En cuanto abrió la portezuela el lacayo, aquella mujer se lanzó dentro y dijo:
--A la calle de Hortaleza, almacen de trajes.
Reconocí la voz de Micaela.
Me dió el corazon un vuelco.
Me alegré.
Estaba verdaderamente enamorado de Micaela.
--No tengo á nadie más que á tí en el mundo,--me dijo.
Me he emancipado.
Le he dado una tunda á esa maldita vieja por tí, y no tengo casa ni hogar.
Por lo pronto nos vamos al baile de la Zarzuela.
--Al diablo,--dije yo para mí:--esto se enreda.
--Ahora bien,--dijo Micaela;--hablemos algo de lo que importa: tú estás enfermo, hijo mio; si sigues con esa vida turbia estás expuesto á que yo _te la de_.
--¿Y qué me vas tú á dar?
--Una puñaladita que te deje seco: ¡pues no faltaba más, pimpollo! yo tengo un claro y perfecto derecho de propiedad sobre tí.
--¡Me gusta el desenfado!
--¡Pues claro está! Por lo que ha dicho doña Emerenciana, que está furiosa, tú has cargado con todas las viejas verdes de Madrid y con las que no son viejas. Si yo no lo hubiera sabido todo, no te hubiera esperado á la puerta de la casa del coronel Arrumbales.
¡Vaya un apellido!
¿Y vas á tener tú la pésima ocurrencia de casarte con una jovenzuela que se llama la señorita de Arrumbales?
--Esto es _camama_, niña, esto es _camama_; esa polla es millonaria.
--¡Vaya una _camama_! ¡cómo si fuera una _camama_ el dinero!
--No señor: la _camama_ es cogerla la dote antes de casarme con ella: ¡un millon!
--Mira, no me vengas á mí con _infundios_; tú me tienes miedo y quieres dármela.
--¡Pues si ya te he dado el alma, vida mia!
--Usted es muy poco _chulo_ para mí; usted ha cogido veinticuatro horas de buena fortuna, y está usted _lililó_.
Vamos, lleveme usted á casa de Casacon.
Quiero comerme un besugo y tragarme un cañaveral.
Estoy celosa, reventando.
Yo no le dejo á usted ya.
Es usted muy poco de fiar, caballero.
Me coso á usted.
Vamos á sacar los papeles y á casarnos por lo civil, y luego por lo religioso, y si fuera necesario por lo militar y por lo criminal.
¿Pues qué no hay más que haber yo echado al agua mi honor, y haberme decidido por usted y haber sido su esclava, para que usted me deje plantada?
--¿Pero y el millon, niña?
--Eso es aparte: ya se estudiará lo del millon.
Y se quedó pensativa.
--No puedo exponerme á que otra te me quite,--dijo al fin:--con millon ó sin millon es necesario que yo sea tu mujer.
Y no te chancées conmigo.
¿Seria yo la primera mujer que matase al canalla que la ha engañado?
Eso va en génios, en madera.
Y yo no soy de madera de chopo, que ni para carbon sirve.
Con que no te agarres á lo del millon para darme la _cambiada_, _chaval_; eres tú muy niño todavía, y no me engatusas, cariño.
Cuando nos casemos, yo te dejaré que le estruges el bolsillo á todas esas viejas y á todas las _pluminas_ del mundo; pero antes, te lo repito, casaca aunque sea raida, que luego la bordaremos de oro.
A Segura lo llevan preso.
¡Para que yo vuelva á fiarme de tí!
Micaela se hacia peligrosa.
Era necesario prescindir de ella.
A lo ménos por el momento.
--Yo ya estoy casado,--la dije:--yo tengo conciencia.
--Como los caballos del coche.
En fin, bien, eso ya se verá.
Manda que nos lleven á casa de Casacon.
Yo tiré del cordon y dí la órden.
Poco despues el carruaje se detenia en los andaluces de Casacon.
Esto era _in illo tempore_.
Casacon ha pasado.
Donde estaba el nunca bien ponderado _restaurant_ andaluz, calle de Barcelona, esquina á la de la Cruz, hay un sastre en este año de 1883.
El local no ha cambiado de objeto en una de sus partes.
Antes se forraba allí el estómago.
Ahora se forra la persona.