La Vuelta de Martín Fierro · Unidad 5 de 8

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794 "De mozo fue muy jinete: no lo bajaba un bagual; pa ensillar un animal sin necesitar de otro, se encerraba en el corral, y alli golpiaba el potro."

795 "Se llevaba mal con todos: era su costumbre vieja el mesturar las ovejas, pues al hacer el aparte sacaba la mejor parte, y despues venía con quejas."

796 "Dios lo ampare al pobrecito", dijo en seguida un tercero. "Siempre robaba carneros; en eso tenía destreza: enterraba las cabezas y despues vendía los cueros."

797 "¡Y qué costumbre tenía cuando en el jogón estaba! Con el mate se agarraba estando los piones juntos. -Yo tallo -decía-y apunto- y a ninguno convidaba."

798 "Si ensartaba algún asao -¡pobre! ¡Como si lo viese!-, Poco antes de que estuviese primero lo maldecía, luego después lo escupía para que naides comiese."

799 "Quien le quitó esa costumbre de escupir el asador fue un mulato resertor que andaba de amigo suyo: un diablo muy peliador que le llamaban Barullo."

800 "Una noche que les hizo como estaba acostumbrao, se alzó el mulato enojao y le gritó: -¡viejo indino, yo te he de enseñar, cochino, a echar saliva al asao!-"

801 "Lo saltó por sobre el juego con el cuchillo en la mano; ¡la pucha el pardo liviano! En la mesma atropellada le largó una puñalada que la quitó otro paisano..."

802 "Y ya caliente Barullo, quiso seguir la chacota; se le había erizao la mota lo que empezó la reyerta: el viejo ganó la puerta y apeló a las de gaviota."

803 "De esa costumbre maldita dende entonces se curó; a las casas no volvió: se metió en un cicutal y alli escondido pasó esa noche sin cenar."

804 Esto hablaban los presentes, y yo, que estaba a su lao al oir lo que he relatao, aunque él era un perdulario, dije entre mí: "¡Que rosario le estan lanzando al finao!".

805 Luego comenzó el alcalde a registrar cuanto había, sacando mil chucherias y guascas y trapos viejos, temeridá de trebejos que para nada servían.

806 Salieron lazos, cabrestos, coyundas y maniadores, una punta de arriadores, cinchones, maneas, torzales una porción de bozales y un montón de tiradores.

807 Habia riendas de domar frenos, estribos quebraos; bolas, espuelas, recaos, unas pavas, unas ollas, y un gran manojo de argollas de cinchas que había cortao.

808 Salieron varios cencerros, alesnas, lonjas, cuchillos, unos cuantos cojinillos un alto de jergas viejas, muchas botas desparejas y una infinidá de anillos.

809 Había tarros de sardinas, unos cueros de venao, unos ponchos aujeriaos, y en tan tremendo entrevero apareció hasta un tintero que se perdió en el juzgao.

810 Decía el alcalde muy serio: "Es poco cunato se diga; había sido como hormiga. He de darle parte al Juez. ¡Y que me venga después con que no se los persiga!"

811 Yo estaba medio azorao de ver lo que sucedía; entre ellos mesmos decían que unas prendas eran suyas, pero a mi me parecía que estas eran aleluyas.

812 Y cuando ya no tuvieron rincón donde registrar, cansaos de tanto huroniar y de trabajar en balde, "Vámosnos", dijo el alcalde, "Luego lo haré sepultar."

813 Y aunque mi padre no era el dueño de ese hormiguero, el, allí muy cariñero, me dijo con muy buen modo: "Vos serás heredero y te harás cargo de todo."

814 "Se ha de arreglar este asunto como es preciso que sea; voy a nombrar albacea uno de los circustantes; las cosas no son como antes tan enredadas y feas."

815 "¡Bendito Dios!", pensé yo, "Ando como un pordiosero, y me nuembran heredero de toditas estas guascas. ¡Quisiera saber primero lo que se han hecho mis vacas!"

XVIII

816 Se largaron, como he dicho, a disponer el entierro; cuando me acuerdo me aterro: me puse a llorar a gritos al verme allí tan solito con el finao y los perros.

817 Me saqué el escapulario, se lo colgué al pecador, y como hay en el Señor misericordia infinita, rogué por la alma bendita del que antes jué mi tutor.

818 No se calmaba mi duelo de verme tan solitario; ahí le champurrié un rosario como si juera mi padre, besando el escapulario que me había puesto mi madre.

819 "Madre mía", gritaba yo, "¿dónde estarás padeciendo? El llanto que estoy virtiendo lo redamarías por mí, si vieras a tu hijo aquí todo lo que esta sufriendo."

820 Y mientras ansí clamaba sin poderme consolar, los perros, para aumentar mas mi miedo y mi tormento, en aquel mesmo momento se pusieron a llorar.

821 Libre Dios a los presentes de que sufran otro tanto; con el muerto y esos llantos les juro que faltó poco para que me vuelva loco en medio de tanto espanto.

822 Decían entonces las viejas, como que eran sabedoras, que los perros cuando lloran es porque ven al demonio; yo creia en el testimonio como cré siempre el que inora.

823 Ahi dejé que los ratones comieran el guasquerío y como anda a su albedrío todo el que güerfano queda, alzando lo que era mío abandoné aquella cueva.

824 Supe después que esa tarde vino un pión y lo enterró; ninguno lo acompañó ni lo velaron siquiera; y al otro día amaneció con una mano dejuera.

825 Y me ha contao además el gaucho que hizo el entierro -al recordarlo me aterro, me da pavor este asunto- que la mano del dijunto se la había comido un perro.

826 Tal vez yo tuve la culpa porque de asustao me fuí; supe, despues que volví, y asigurárselos puedo, que los vecinos, de miedo, no pasaban por allí.

827 Hizo del rancho guarida la sabandija mas sucia -el cuerpo se despeluza y hasta la razón se altera-; pasaba la noche entera chillando allí una lechuza.

828 Por mucho tiempo no pude saber lo que me pasaba; los trapitos con que andaba eran puras hojarascas; todas las noches soñaba con viejos, perros y guascas.

XIX

829 Anduve a mi voluntá, como moro sin señor; ese jué el tiempo mejor que yo he pasado tal vez; de miedo de otro tutor, ni aporté por lo del Juez.

830 "Yo cuidaré", me había dicho, "De lo de tu propiedá: todo se conservará, el vacuno y los rebaños, hasta que cumplas 30 años, en que seás mayor de edá."

831 Y aguardando que llegase el tiempo que la ley fija, pobre como lagartija y sin respetar a naides, anduve cruzando el aire como bola sin manija.

832 Me hice hombre de esa manera bajo el más duro rigor; sufriendo tanto dolor muchas cosas aprendí; y, por fin, vítima fuí del mas desdichado amor.

833 De tantas alternativas esta es la parte peluda infeliz y sin ayuda, fué estremado mi delirio, y causaban mi martirio los desdenes de una viuda.

834 Llora el hombre ingratitudes sin tener un jundamento; acusa sin miramiento a la que el mal le ocasiona, y tal vez en su persona no hay ningún merecimiento.

835 Cuando yo mas padecía la crueldá de mi destino, rogando al poder divino que del dolor me separe, me hablaron de un adivino que curaba esos pesares.

836 Tuve recelos y miedos, pero al fin me disolví: hice coraje y me fuí donde el adivino estaba, y por ver si me curaba, cuanto llevaba le di.

837 Me puse, al contar mis penas, mas colorao que un tomate, y se me añudó el gaznate cuando dijo el hermitaño: "Hermano, le han hecho daño y se lo han hecho en un mate."

838 "Por verse libre de usté lo habrán querido embrujar." Despues me empezó a pasar una pluma de avestruz, y me dijo:"De la Cruz recebí el don de curar."

839 "Debés maldecir", me dijo, "A todos tus conocidos; ansina el que te ha ofendido pronto estará decubierto, y deben ser maldecidos tanto vivos como muertos."

840 Y me recetó un hincao en un trapo de la viuda, frente a una planta de ruda, hiciera mis horaciones, diciendo: "No tengás duda; eso cura las pasiones."

841 A la viuda, en cuanto pude, un trapo le manotié; busqué la ruda y al pie, puesto en cruz, hice mi rezo; pero, amigos, ni por eso de mis males me curé.

842 Me recetó otra ocasión que comiera abrojo chico; el remedio no me esplico, mas, por desechar el mal, al ñudo en un abrojal fí a ensangrentarme el hocico.

843 Y con tanta medecina me parecía que sanaba; por momentos se aliviaba un poco mi padecer, mas si a la viuda encontraba, volvia la pasión a arder.

844 Otra vez que consulté su saber estrordinario, recibió bien su salario, y me recetó aquel pillo que me colgase tres grillos ensartaos como rosario.

845 Por fin la última ocasión que por mi mal lo fí a ver, me dijo: "No, mi saber no ha perdido su virtú; yo te daré la salú: no triunfará esa mujer.

846 "Y tené fe en el remedio, pues la cencia no es chacota; de esto no entendés ni jota. Sin que ninguno sospeche, cortále a un negro tes motas y hacélas hervir en leche."

847 Yo andaba ya desconfiando de la curación maldita, y dije: "Este no me quita la pasión que me domina; pues que viva la gallina, aunque sea con la pepita."

848 Ansí me dejaba andar, hasta que, en una ocasión, el Cura me echó un sermón, para curarme sin duda, diciendo que aquella viuda era hija de confisión.

849 Y me dijo estas palabras que nunca las he olvidao: "Has de saber que el finao ordenó en su testamento que naides de casamiento le hablara en lo sucesivo; y ella prestó el juramento mientras él estaba vivo."

850 "Y es preciso que lo cumpla, porque ansí lo manda Dios; es necesario que vos no la vuelvas a buscar, porque si llega a faltar se condenarán los dos."

851 Con semejante alvertencia se completó mi redota; le vi los pies a la sota, y me le alejé a la viuda, mas curao que con la ruda, con los grillos y las motas.

852 Despues me contó un amigo que al Juez le había dicho el cura que yo era un cabeza dura y que era un mozo perdido; que me echaran del partido, que no tenía compostura.

853 Tal vez por ese consejo y sin que mas causa hubiera, ni que otro motivo diera, me agarraron redepente y en el primer contingente me echaron a la frontera.

854 De andar persiguiendo viudas me he curao el deseo; en mil penurias me veo, mas pienso volver tal vez a ver si sabe aquel Juez lo que se ha hecho de mi rodeo.

XX

855 Martín Fierro y sus dos hijos, entre tanta concurrencia, siguieron con alegría celebrando aquella fiesta. Diez años, los más terribles, había durado la ausencia, y al hallarse nuevamente era su alegría completa. En ese mesmo momento uno que vino de ajuera, a tomar parte con ellos suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero de muy regular presencia, y hacía poco que en le pago andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos que venía de la frontera; que había pelao a un pulpero en las últimas carreras; pero andaba despilcho, no traia una prenda güena: un recadito cantor daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición al que causaba la fiesta y, sin decirles su nombre, les declaró con franqueza que el nombre de Picardía es el único que lleva. Y para contar su historia a todos pide licencia, diciéndoles que en seguida iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, la gente se puso atenta, y ansí cantó Picardía en cuanto templó las cuerdas:

PICARDÍA

XXI

856 -Voy a contarles mi historia (perdónenme tanta charla), y les diré al principiarla, aunque es triste hacerlo ansí: a mi madre la perdí antes de saber llorarla.

857 Me quedé en el desamparo, y al hombre que me dió el ser no lo pude conocer; ansí, pues, dende chiquito, volé como el pajarito en busca de qué comer.

858 O por causa del servicio, que tanta gente destierra, o por causa de la guerra, que es causa bastante seria, los hijos de la miseria son muchos en esta tierra.

859 Ansí, por ella empujado, no sé las cosas que haría, y aunque con verguenza mía, debo hacer esta alvertencia: siendo mi madre Inocencia, me llamaban Picardía.

860 Me llevó a su lado un hombre para cuidar las ovejas, pero todo el día eran quejas y guascazos a lo loco, y no me daba tampoco siquiera unas jergas viejas.

861 Dende la alba hasta la noche, en el campo me tenía; cordero que se moría -mil veces me sucedió- los caranchos lo comían, pero lo pagaba yo.

862 De trato tan rigoroso muy pronto me acobardé; el bonete me apreté buscando los mejores fines, y con unos volantines me fuí para Santa Fé.

863 El pruebista principal a enseñarme me tomó, y ya iba aprendiendo yo a bailar en la maroma, mas me hicieron una broma y aquello me indijustó.

864 Una vez que iba bailando, porque estaba el calzón roto, armaron tanto alboroto que me hicieron perder pie; de la cuerda me largué y casi me descogotó.

865 Ansí me encontre de nuevo sin saber dónde meterme, y ya pensaba volverme cuando, por fortuna mía, me salieron unas tías que quisieron recogerme.

866 Con aquella parentela, para mí desconocida, me acomodé ya en seguida, y eran muy buenas señoras; pero las más rezadoras que he visto en toda mi vida.

867 Con el toque de oración ya principiaba el rosario; noche a noche un calendario tenían ellas que decir, y a rezar solían venir muchas de aquel vecindario.

868 Lo que allí me aconteció siempre lo he de recordar, pues me empiezo a equivocar y a cada paso refalo, como si me entrara el Malo cuanto me hincaba a rezar.

869 Era como tentación lo que yo esperimenté, y jamas olvidaré cuanto tuve que sufrir, porque no podia decir "Artículos de la fe".

870 Tenía al lao una mulata que era nativa de allí; se hincaba cerca de mí como el ángel de la guarda; ¡pícara!, Y era la parda la que me tentaba ansí.

871 "Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la fe". Quise hablar y me atoré; la dificultá me aflige; miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa fé".

872 Me acomodó el coscorrón que estaba viendo venir, yo me quise corregir, a la mulata miré y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa fé".

873 Sin dificultá ninguna rezaba todito el día, y a la noche no podía ni con un trabajo inmenso; es por eso que yo pienso que alguno me tentaría.

874 Una noche de tormenta vi a la parda y me entró chucho; los ojos -me asusté mucho- eran como refocilo: al nombrar a San Camilo, le dije San Camilucho.

875 Esta me da con el pie, aquella otra con el codo: ¡ah, viejas, por ese modo, aunque de corazón tierno, yo las mandaba al infierno con oraciones y todo!

876 Otra vez, que como siempre la parda me perseguía, cuando yo acordé, mis tías me habían sacao un mechón al pedir la estirpación de todas las herejías.

877 Aquella parda maldita me tenía medio afligido, y ansí; me había sucedido que, al decir "Estirpación", le acomodé "Entripación" y me cayeron sin ruido.

878 El recuerdo y el dolor me duraron muchos días; soñe con las herejías que andaban por estirpar y pedía siempre al rezar la estirpación de mis tías.

879 Y dale siempre rosarios, noche a noche sin cesar; dale siempre barajar salves, trisagios y credos; me aburrí de esos enriedos y al fin me mandé mudar.

XXII

880 Anduve como pelota, y más pobre que una rata: cuando empecé a ganar plata se armó no sé que barullo: yo dije: a tu tierra, grullo, aunque sea con una pata.

881 Eran duros y bastantes los años que allá pasaron; con lo que ellos me enseñaron formaba mi capital; cuanto vine, me enrolaron en la Guardia Nacional.

882 Me habia ejercitao al naipe, el juego era mi carrera; hice alianza verdadera y arreglé una trapisonda con el dueño de una fonda que entraba en la peladera.

883 Me ocupaba con esmero en floriar una baraja; el la guardaba en la caja en paquetes, como nueva; y la media arroba lleva quien conoce la ventaja.

884 Comete un error inmenso quien de la suerte presuma; otro mas hábil lo fuma, en un dos por tres lo pela, y lo larga que no vuela, porque le falta una pluma.

885 Con un socio que lo entiende se arman partidas muy güenas; queda allí la plata ajena, quedan prendas y botones: siempre cain a esas riuniones zonzos con las manos llenas.

886 Hay muchas trampas legales, recursos del jugador; no cualquiera es sabedor a lo que un naipe se presta: con una cincha bien puesta se la pega uno al mejor.

887 Deja a veces ver la boca, haciendo el que se descuida; juega el otro hasta la vida y es siguro que se ensarta, porque uno muestra una carta y tiene otra prevenida.

888 Al monte, las precauciones no han de olvidarse jamás; debe afirmarse además los dedos para el trabajo, y buscar asiento bajo que le dé la luz de atrás.

889 Pa tallar, tome la luz; dé la sombra al alversario; acomódese al contrario en todo juego cartiao: tener ojo ejercitao es siempre muy necesario.

890 El contrario abre los suyos, pero nada ve el que es ciego: dandole soga, muy luego se deja pescar el tonto; todo chapetón cre pronto que sabe mucho en el juego.

891 Hay hombres muy inocentes y que a las carpetas van; cuando azariados están -les pasa infinitas veces- pierden en puertas y en treses, y dándoles mamarán.

892 El que no sabe no gana aunque ruegue a Santa Rita; en la carpeta a un mulita se le conoce al sentarse, y conmigo era matarse: no podían ni a la manchita.

893 En el nueve y otros juegos llevo ventaja y no poca, y siempre que dar me toca el mal no tiene remedio, porque sé sacar del medio y sentar la de la boca.

894 En el truco, al más pintao solía ponerlo en apuro; cuando aventajar procuro, sé tener, como fajadas, tiro a tiro el as de espadas, o flor, o envite siguro.

895 Yo sé defender mi plata y lo hago como el primero: el que ha de jugar dinero preciso es que no se atonte; si se armaba una de monte, tomaba parte el fondero.

896 Un pastel, como un paquete, se llevarlo con limpieza; dende quc a salir empiezan no hay carta que no recuerde; sé cuál se gana o se pierde en cuanto cain en la mesa.

897 También por estas jugadas suele uno verse en aprietos; mas yo no me comprometo porque sé hacerlo con arte, y aunque les corra el descarte no se descubre el secreto.

898 Si me llamaban al dao, nunca me solía faltar un cargado que largar, un cruzao para el mas vivo, y hasta atracarles un chivo sin dejarlos maliciar.

899 Cargaba bien una taba, porque la sé manejar; no era manco en el billar, y por fin de lo que esplico, digo que hasta con pichicos era capaz de jugar.

900 Es un vicio de mal fin el de jugar, no lo niego; todo el que vive del juego anda a la pesca de un bobo, y es sabido que es un robo ponerse a jugarle a un ciego.

901 Y esto digo claramente porque he dejao de jugar; y le puedo asigurar, como que fuí del oficio: más cuesta aprender un vicio que aprender a trabajar.

XXIII

902 Un nápoles mercachifle que andaba con un arpista, cayó también en la lista sin dificultá ninguna: lo agarré a la treinta y una y le daba bola vista.

903 Se vino haciendo el chiquito, por sacarme esa ventaja; en el pantano se encaja, aunque robo se le hacía; lo cegó santa lucía y desocupó las cajas.

904 ¡Lo hubieran visto afligido llorar por las chucherías! "Me gañao con picardía", decía el gringo y lagrimiaba, mientras yo en un poncho alzaba todita su mercheria.

905 Quedó allí aliviao del peso sollozando sin consuelo; había caido en el anzuelo, tal vez porque era domingo, y esa calidá de gringo no tiene Santo en el cielo.

906 Pero poco aproveché de fatura tan lucida; el diablo no se descuida, y a mí me seguía la pista un ñato muy enredista que era Oficial de partida.

907 Se me presentó a esigir la multa en que había incurrido, que el juego estaba prohibido, qus iba a llevarme al cuartel tuve que partir con él todo lo que había alquirido.

908 Empecé a tomarlo entre ojos por esa albitrariedá; yo había ganao, es verdá, con recursos, eso sí; pero el me ganaba a mí fundao en su autoridá.

909 Decían que por un delito mucho tiempo anduvo mal; un amigo servicial lo compuso con el Juez, y poco tiempo después lo pusieron de Oficial.

910 En recorrer el partido continuamente se empleaba; ningún malevo agarraba, pero traia en un carguero gallinas, pavos, corderos que por ahi recoletaba.

911 No se debía permitir el abuso a tal estremo. Mes a mes hacía lo mesmo, y ansí decía el vecindario: "Este ñato perdulario ha resucitao el diezmo."

912 La echaba de guitarrero y hasta de concertador: sentao en el mostrador lo hallé una noche cantando y le dije: "Co...mo...quiando con ganas de oir un cantor."