La Vuelta de Martín Fierro · Unidad 4 de 8
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671 Nos remitió, como digo, a esa justicia ordinaria, y juimos con la sumaria a esa cárcel de malevos que, por un bautismo nuevo, le llaman penicentiaria.
672 El porqué tiene ese nombre naides me lo dijo a mí, mas yo me lo esplico ansí: le diran penitenciaria por la penitencia diaria, que se sufre estando allí.
673 Criollo que cai en desgracia tiene que sufrir un poco; naides lo ampara tampoco si no cuenta con recursos. El gringo es de más discurso: cuando mata, se hace el loco.
674 No sé el tiempo que corrió en aquella sepoltura; si de ajuera no lo apuran, el asunto va con pausa; tienen la presa sigura y dejan dormir la causa.
675 Inora el preso a que lado se inclinará la balanza, pero es tanta la tardanza que yo les digo por mí: el hombre que dentre allí deje ajuera la esperanza.
676 Sin perfecionar las leyes perfecionan el rigor; sospecho que el inventor habrá sido algún maldito: por grande que sea un delito, aquella pena es mayor.
677 Eso es para quebrantar el corazón mas altivo; los llaveros son pasivos, pero más secos y duros tal vez que los mesmos muros en que uno gime cautivo.
678 No es en grillo ni en cadenas en lo que usté penará, sino en una soledá y un silencio tan projundo, que parece que en el mundo es el único que está.
679 El más altivo varón y de cormillo gastao allí se verá agobiao y su corazón marchito, al encontrarse encerrao a solas con su delito.
680 En esa cárcel no hay toros, allí todos son corderos; no puede el más altanero, al verse entre aquellas rejas, sino amujar las orejas y sufrir callao su encierro.
681 Y digo a cuantos inoran el rigor de aquellas penas, yo, que sufrí las cadenas del destino y su inclemencia: que aprovechen la esperencia del mal en cabeza ajena.
682 ¡Ay! Madres, las que dirigen al hijo de sus entrañas, no piensen que las engaña, ni que les habla un falsario lo que es el ser presidiario no lo sabe la campaña.
683 Hijas, esposas, hermanas, cuantas quieren a un varón, díganles que esa prisión es un infierno temido, donde no se oye más ruido que el latir del corazón.
684 Alla el día no tiene sol, la noche no tiene estrellas; sin que le valgan querellas encerrao lo purifican, y sus lágrimas salpican en las paredes aquellas.
685 En soledá tan terrible de su pecho oye el latido; lo sé, porque lo he sufrido, y, creameló el aulitorio, tal vez en el purgatorio las almas hagan más ruido.
686 Cuentan esas horas eternas para más atormentarse; su lágrima al redamarse calcula, en sus afliciones, contando sus pulsaciones, lo que dilata en secarse.
687 Allí se amansa el más bravo, allí se duebla el más juerte; el silencio es de tal suerte que, cuando llegue a venir, hasta se le han de sentir las pisadas a la muerte.
688 Adentro mesmo del hombre se hace una revolución: metido en esa prisión, de tanto no mirar nada, le nace y queda grabada la idea de la perfección.
689 En mi madre, en mis hermanos, en todos pensaba yo; al hombre que alli dentró de memoria más ingrata, fielmente se le retrata todo cuanto ajuera vió.
690 Aquel que ha vivido libre de cruzar por donde quiera, se aflige y se desespera de encontrarse allí cautivo: es un tormento muy vivo que abate la alma más fiera.
691 En esa estrecha prisión, sin poderme conformar, no cesaba de esclamar: ¡qué diera yo por tener un caballo en que montar y una pampa en que correr!
692 En un lamento constante se encuentra siempre embretao; el castigo han inventao de encerrarlo en las tinieblas, y alli esta como amarrao a un Fierro que no se duebla.
693 No hay un pensamiento triste que al preso no lo atormente; baja un dolor permanente agacha al fin la cabeza, porque siempre es la tristeza hermana de un mal presente.
694 Vierten lágrimas sus ojos, pero su pena no alivia; en esa constante lidia sin un momento de calma, contempla con los del alma felicidades que envidia.
695 Ningún consuelo penetra detrás de aquellas murallas; el varón de mas agallas, aunque más duro que un perno, metido en aquel infierno sufre, gime, llora y calla.
696 De juror el corazón se le quiere reventar, pero no hay sino aguantar aunque sosiego no alcance. ¡Dichoso, en tan duro trance, aquel que sabe rezar!
697 ¡Dirige a Dios su plegaria el que sabe una oración! En esa tribulación gime olvidado del mundo, y el dolor es más projundo cuando no halla compasión. 698 En tan crueles pesadumbres, en tan duro padecer, empezaba a encanecer después de muy pocos meses; alli lamenté mil veces no haber aprendido a leer.
699 Viene primero el juror, después la melancolia; en mi angustia no tenía otro alivio ni consuelo, sino regar aquel suelo con lágrimas noche y día.
700 ¡A visitar otros presos sus familias solían ir! Naides me visitó a mí mientras estuve encerrado. ¡Quien iba a costiarse allí a ver a un desamparado!
701 ¡Bendito sea el carcelero que tiene buen corazón! Yo sé que esta bendición pocos pueden alcanzarla, pues si tienen compasión su deber es ocultarla.
702 Jamás mi lengua podrá espresar cuanto he sufrido; en ese encierro metido, llaves, paredes, cerrojos se graban tanto en los ojos que uno los ve hasta dormido.
* * * * *
703 El mate no se permite; no le permiten hablar; no le permiten cantar para aliviar su dolor, y hasta el terrible rigor de no dejarlo fumar.
704 La justicia es muy severa; suele rayar en crueldá: sufre el pobre que allí está calenturas y delirios, pues no esiste pior martirio que esa eterna soledá.
705 Conversamos con las rejas por solo el gusto de hablar, pero nos mandan callar y es preciso conformarnos; pues no se debe irritar a quien puede castigarnos.
706 Sin poder decir palabra sufre en silencio sus males, y uno en condiciones tales, se convierte en animal, privao del don principal que Dios hizo a los mortales.
707 Yo no alcanzo a comprender por que motivo será que el preso privado está de los dones más preciosos que el justo Dios bondadoso otorgó a la humanidá.
708 Pues que de todos los bienes, en mi inorancia lo infiero, que le dió al hombre altanero su Divina Majestá, la palabra es el primero, el segundo es la amistá.
709 Y es muy severa la ley que, por un crimen o un vicio, somete al hombre a un suplicio el más tremendo y atroz, privado de un beneficio que ha recebido de Dios.
710 La soledá causa espanto; el silencio causa horror; ese continuo terror es el tormento más duro, y en un presidio siguro está demás tal rigor.
711 Inora uno si de allí saldrá pa la sepoltura; el que se halla en desventura busca a su lao otro ser, pues siempre es güeno tener companeros de amargura.
712 Otro más sabio podrá encontrar razón mejor; yo no soy rebuscador, y ésta me sirve de luz: se los dieron al Señor al clavarlo en una cruz.
713 Y en las projundas tinieblas en que mi razón esiste, mi corazón se resiste a ese tormento sin nombre, pues el honbre alegra al hombre y el hablar consuela al triste.
* * * * *
714 Grábenlo como en la piedra cuanto he dicho en este canto, y, aunque yo he sufrido tanto, debo confesarlo aquí: el hombre que manda allí es poco menos que un Santo.
715 Y son güenos los demás (a su ejemplo se manejan), pero por eso no dejan las cosas de ser tremendas; piensen todos y compriendan el sentido de mis quejas.
716 Y guarden en su memoria con toda puntualidá lo que con tal claridá les acabo de decir: mucho tendran que sufrir si no creen en mi verdá.
717 Y si atienden mis palabras no habrá calabozos llenos; manejense como güenos; no olviden esto jamás; aqui no hay razón de más; mas bien las puse de menos.
718 Y con esto me despido (todos han de perdonar): ninguna debe olvidar la historia de un desgraciado. Quien ha vivido encerrado poco tiene que contar.
EL HIJO SEGUNDO DE MARTÍN FIERRO
XIII
719 Lo que les voy adecir ninguno lo ponga en duda: y aunque la cosa es peluda, hare la resolución; es ladino el corazón, pero la lengua no ayuda.
720 El rigor de las desdichas hemos soportado diez años, pelegrinando entre estraños, sin tener donde vivir, y obligados a sufrir una máquina de daños.
721 El que vive de ese modo de todos es tributario; falta la cabeza primario y los hijos que él sustenta se dispersan como cuentas cuando se corta el rasario.
722 Yo anduve ansí como todos, hasta que al fin de sus días supo mi suerte una tía y me recogió a su lado; allí viví sosegado y de nada carecía.
723 No tenía cuidado alguno ni que trabajar tampoco, y como muchacho loco lo pasaba de holgazán; con razón dice el refrán que lo güeno dura poco.
724 En mí todo su cuidado y su cariño ponía; como a un hijo me quería con cariño verdadero, y me nombró de heredero de los bienes que tenía.
725 El Juez vino sin tardanza cuanto falleció la vieja. "De los bienes que te deja", me dijo, "Yo he de cuidar: es un rodeo regular y dos majadas de ovejas".
726 Era hombre de mucha labia, con mas leyes que un dotor, me dijo: "Vos sos menor, y por los años que tienes no podés manejar bienes; voy a nombrarte un tutor."
727 Tomó un recuento de todo, porque entendía su papel, y después que aquel pastel lo tuvo bien amasao, puso al frente un encargao, y a mí me llevó con él.
728 Muy pronto estuvo mi poncho lo mismo que cernidor; el chiripá estaba pior, y aunque para el frio soy guapo ya no me quedaba un trapo ni pa el frío, ni pa el calor.
729 En tan triste desabrigo tras de un mes, iba otro mes; guardaba silencio el Juez, la miseria me invadía, me acordaba de mi tía al verme en tal desnudez.
730 No se decir con fijeza el tiempo que pasé allí; y despues de andar ansí como moro sin señor, pasé a poder del tutor que debia cuidar de mí.
XIV
731 me llevó consigo un viejo que pronto mostró la hilacha, dejaba ver por la facha que era medio cimarrón, muy renegao, muy ladrón, y le llamaban Vizcacha.
732 Lo que el Juez iba buscando sospecho, y no me equivoco; pero este punto no toco ni su secreto aviriguo; mi tutor era un antiguo de los que ya quedan pocos;
733 viejo lleno de camándulas, con un empaque a lo toro, andaba siempre en un moro metido no sé en qué enriedos, con las patas como loro de estribar entre los dedos.
734 Andaba rodiao de perros que eran todo su placer, jamas dejó de tener menos de media docena, mataba vacas ajenas para darles de comer.
735 Carniábamos noche a noche alguna res en el pago, y dejando alli el rezago alzaba en ancas el cuero, que se lo vendía a un pulpero por yerba, tabaco y trago.
736 ¡Ah!, Viejo más comerciante en mi vida lo he encontrado. Con ese cuero robao el arreglaba el pastel, y allí entre el pulpero y él, se estendía el certificao.
737 La echaba de comedido; en las transquilas, lo viera, se ponía como una fiera si cortaban una oveja; pero de alzarse no deja un vellón o unas tijeras.
738 Una vez me dió una soba que me hizo pedir socorro, porque lastimé a un cachorro en el rancho de unas vascas; y al irse se alzó unas guascas: para eso era como zorro.
739 "¡Ahijuna!", dije entre mí, "Me has dao esta pesadumbre; ya verás; cuanto vislumbre una ocasión medio güena, te he quitar la costumbre de cerdiar yeguas ajenas."
740 Porque maté una vizcacha otra vez me reprendió; se lo vine a contar yo, y no bien se lo hube dicho: "Ni me nuembres ese bicho", me dijo, y se me enojó.
741 Al verlo tan irritao hallé prudente callar. "Este me va a castigar", dije entre mí, "si se agravia." Ya vi que les tenía rabia, y no las volví a nombrar.
742 Una tarde halló una punta de yeguas medio bichocas; despues que voltió unas pocas, las cerdiaba con empeño: yo vide venir al dueño, pero me callé la boca.
743 El hombre venía jurioso y nos cayó como un rayo; se descolgó del caballo revoliando el arriador, y lo cruzó de un lazazo ahi no más a mi tutor.
744 No atinaba don Vizcacha a qué lado disparar, hasta que logró montar, y, de miedo del chicote, se lo apretó hasta el cogote, sin pararse a contestar.
745 Ustedes creerán tal vez que el viejo se curaría... No, señores, lo que hacía, con mas cuidao dende entonces, era maniarlas de día para cerdiar a la noche.
746 Ese jué el hombre que estuvo encargao de mi destino; siempre anduvo en mal camino, y todo aquel vecindario decía que era un perdulario, insufrible de dañino.
747 Cuando el juez me lo nombró, al dármelo de tutor, me dijo que era un señor el que me debía cuidar, enseñarme a trabajar y darme la educación.
748 ¡Pero que había de aprender al lao de ese viejo paco!; que vivía como un chuncaco en los bañaos, como el tero; un haragán, un ratero, y más chillón que un varraco.
749 Tampoco tenía más bienes ni propiedad conocida que una carreta podrida, y las paredes sin techo de un rancho medio deshecho que le servía de guarida.
750 Después de las trasnochadas allí venía a descansar; yo desiaba aviriguar lo que tuviera escondido, pero nunca había podido, pues no me dejaba entrar.
751 Yo tenía unas jergas viejas, que habian sido mas peludas; y con mis carnes desnudas, el viejo, que era una fiera, me hechaba a dormir ajuera con unas heladas crudas.
752 Cuando mozo jué casao, aunque yo lo desconfío, y decía un amigo mío que, de arrebatao y malo, mató a su mujer de un palo porque le dió un mate frío.
753 Y viudo por tal motivo nunca se volvió a casar; no era fácil encontrar ninguna que lo quisiera: todas temerían llevar la suerte de la primera.
754 Soñaba siempre con ella, sin duda por su delito, y decía el viejo maldito, el tiempo que estuvo enfermo, que ella dende el mesmo infierno lo estaba llamando a gritos.
XV
755 siempre andaba retobao: con ninguno solía hablar; se divertía en escarbar y hacer marcas con el dedo, y en cuanto se ponía en pedo me empezaba a aconsejar.
756 Me parece que lo veo con su poncho calamaco, despues de echar un güen taco, ansí principiaba a hablar: "Jamás llegues a parar ande veas perros flacos."
757 "El primer cuidao del hombre es defender el pellejo. Lleváte de mi consejo, fijáte bien en lo que hablo: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo."
758 "Hacéte amigo del juez; no le des de que quejarse; y cuando quiera enojarse vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener palenque ande ir a rascarse."
759 "Nunca le llevés la contra, porque él manda la gavilla: allí sentao en su silla, ningún güey le sale bravo; a uno le da con el clavo y a otro con la cantramilla."
760 "El hombre, hasta el más soberbio, con más espinas que un tala, aflueja andando en la mala y es blando como manteca: hasta la hacienda baguala cai al jagüel con la seca."
761 "No andés cambiando de cueva; hacé las que hace el ratón. Conserváte en el rincón en que empezó tu esistencia: vaca que cambia querencia se atrasa en la parición."
762 Y menudiando los tragos aquel viejo, como cerro, "No olvidés", me decía, "Fierro, que el hombre no debe crer en lágrimas de mujer ni en la renguera del perro."
763 "No te debes afligir aunque el mundo se desplome. Lo que más precisa el hombre tener, según yo discurro, es la memoria del burro, que nunca olvida ande come."
764 "Deja que caliente el horno el dueño del amasijo; lo que es yo, nunca me aflijo y a todito me hago el sordo: el cerdo vive tan gordo, y se come hasta los hijos."
765 "El zorro que ya es corrido dende lejos la olfatea; no se apure quien desea hacer lo que le aproveche la vaca que más rumea es la que da mejor leche."
766 "El que gana su comida güeno es que en silencio coma; ansina, vos, ni por broma querás llamar la atención: nunca escapa el cimarrón si dispara por la loma."
767 "Yo voy donde me conviene y jamás me descarrío; lleváte el ejemplo mío, y llenarás la barriga: aprendé de las hormigas: no van a un noque vacío."
768 "A naides tengás envidia: es muy triste el envidiar; cuando veás a otro ganar, a estorbarlo no te metas: cada lechón en su teta es el modo de mamar."
769 "Ansí se alimentan muchos mientras los pobres lo pagan; como el cordero hay quien lo haga en la puntita, no niego; pero otros, como el borrego, todo entera se la tragan."
770 "Si buscás vivir tranquilo dedicate a solteriar más si te querés casar, con esta alvertencia sea: que es muy difícil guardar prenda que otros codicean."
771 "Es un bicho la mujer que yo aquí no lo destapo, siempre quiere al hombre guapo; mas fijate en la eleción, porque tiene el corazón como barriga de sapo."
772 Y gangoso con la tranca, me solia decir: "Potrillo, recién te apunta el cormillo, mas te lo dice un toruno: no dejés que hombre ninguno te gane el lao del cuchillo."
773 "Las armas son necesarias, pero naides sabe cuándo; ansina, si andás pasiando, y de noche sobre todo, debés llevarlo de modo que al salir, salga cortando."
774 "Los que no saben guardar son pobres aunque trabajen; nunca, por más que se atajen, se librarán del cimbrón: al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen."
775 "Donde los vientos me llevan allí estoy como en mi centro; cuando una tristeza encuentro tomo un trago pa alegrarme: a mí me gusta mojarme por ajuera y por adentro."
776 "Vos sos pollo, y te convienen toditas estas razones; mis consejos y leciones no echés nunca en el olvido: en las riñas he aprendido a no peliar sin puyones."
777 Con estos consejos y otros que yo en mi memoria encierro, y que aquí no desentierro, educándome seguía, hasta que al fin se dormía mesturao entre los perros.
XVI
778 Cuando el viejo cayó enfermo, viendo yo que se empioraba y que esperanza no daba de mejorarse siquiera, le truje una culandrera a ver si lo mejoraba.
779 No cuanto lo vió, me dijo: "Este no aguanta el sogazo: muy poco le doy de plazo; nos van ha dar un epetáculo, porque debajo del brazo le ha salido un tabernáculo."
780 Dice el refrán que en la tropa nunca falta un güey corneta: uno que estaba en la puerta le pegó el grito ahi no más: "Tabernáculo,... ¡Que bruto! Un tubérculo dirás."
781 Al verse ansí interrumpido, al punto dijo el cantor: "No me parece ocasión de meterse los de ajuera; tabernáculo, senor, le decía la culandrera."
782 El de ajuera repitió, dándole otro chaguarazo: "Allá va un nuevo bolazo copo y se la gano en puerta a las mujeres que curan se las llama curanderas."
783 No es güeno -dijo el cantor- muchas manos en un plato y diré al que ese barato ha tomao de entrometido, que no creia haber venido a hablar entre literatos.
784 Y para seguir contando la historia de mi tutor, le pediré a ese dotor que en mi inorancia me deje, pues siempre encuentra el que teje otro mejor tejedor.
785 Seguía enfermo, como digo, cada vez más emperrao; yo estaba ya acobardao y lo espiaba dende lejos; era la boca del viejo la boca de un condenao.
786 Allá pasamos los dos noches terribles de invierno: el maldecía al padre Eterno como a los Santos benditos, pidiendolé al diablo a gritos que lo llevara al infierno.
787 Debe ser grande la culpa que a tal punto mortifica; cuando vía una reliquia se ponía como azogado, como si a un endemoniado le echaran agua bendita.
788 Nunca me le puse a tiro, pues era de mala entraña; y viendo herejía tamaña, si alguna cosa le daba, de lejos se la alcanzaba en la punta de una caña.
789 "Será mejor", decía yo, "Que abandonado lo deje, que blasfeme y que se queje, y que siga de esta suerte, hasta que venga la muerte y cargue con este hereje."
790 Cuando ya no pudo hablar le até en la mano un cencerro, y al ver cercano su entierro, arañando las paredes, espiró allí entre los perros y este servidor de ustedes.
XVII
791 Le cobré un miedo terrible después que lo vi dijunto; llamé al alcalde, y al punto acompañado se vino de tres o cuatro vecinos a arreglar aquel asunto.
792 "Anima bendita", dijo un viejo medio ladiao "Que Dios lo haiga perdonao, es todo cuanto deseo, le conocí un pastoreo de terneritos robaos."
793 "Ansina es", dijo el alcalde; "Con eso empezó a poblar; yo nunca podré olvidar las travesuras que hizo; hasta que al fin fué preciso que le privasen carniar."