La Vuelta de Martín Fierro · Unidad 7 de 8

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1055 Yo sé lo gue hay en la tierra en llegando al mesmo centro; en dónde se encuentra el oro, en dónde se encuentra el Fierro y en dónde viven bramando loe volcanes que echan juego.

1056 Yo sé del fondo del mar donde los pejes nacieron; yo sé por que crece el árbol, y por que silban los vientos: cosas que inoran los blancos las sabe este pobre negro.

1057 Yo tiro cuando me tiran; cuando me aflojan, aflojo; no se ha de morir de antojo quien me convide a cantar; para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar.

1058 Y si una falta cometo en venir a esta riunión, echándola de cantor, pido perdón en voz alta pues nunca se halla una falta que no esista otra mayor.

1059 De lo que un cantor esplica no falta qué aprovechar y se le debe escuchar aunque sea negro el que cante: apriende el que es inorante, y el que es sabio, apriende más.

1060 Bajo la frente mas negra hay pensamiento y hay vida. La gente escuche tranquila, no me haga ningún reproche: tambien es negra la noche y tiene estrellas que brillan.

1061 Estoy, pues, a su mandao; empiece a echarme la sonda, si gusta que le responda, aunque con lenguaje tosco: en leturas no conozco la jota, por ser redonda.

MARTÍN FIERRO 1062 ¡Ah, negro!, si sos tan sabio no tengás ningun recelo: pero has tragao el anzuelo y al compás del estrumento has de decirme al momento cuál es el canto del Cielo.

EL MORENO 1063 cuentan que de mi color Dios hizo al hombre primero, más los blancos altaneros, los mesmos que lo convidan, hasta de nombrarlo olvidan y sólo le llaman negro.

1064 Pinta el blanco negro al diablo, y el negro, blanco lo pinta; blanca la cara o retinta no habla en contra ni en favor: de los hombres el Criador no hizo dos clases distintas.

1065 Y después de esta alvertencia que al presente viene al pelo, veré, señores, si puedo, sigún mi escaso saber, con claridá responder cuál es el canto del cielo.

1066 Los cielos lloran y cantan hasta en el mayor silencio: lloran al cair el rocío cantan al silbar los vientos lloran cuando cain las aguas. Cantan cuando brama el trueno.

MARTÍN FIERRO 1067 Dios hizo al blanco y al negro sin declarar los mejores; les mandó iguales dolores bajo de una mesma cruz; mas también hizo la luz pa distinguir los colores.

1068 Ansi, ninguno se agravie; no se trata de ofender, a todo se ha de poner el nombre con que se llama, y a naides le quita fama lo que recibio al nacer.

1069 Y ansí me gusta un cantor que no se turba ni yerra; y si en tu saber se encierra el de los sabios projundos; decíme cual en el mundo es el canto de la tierra.

EL MORENO 1070 es pobre mi pensamiento, es escasa mi razón, mas pa dar contestación mi inorancia no se arredra: también da chispas la piedra si la golpia el eslabón.

1071 Y le daré una respuesta sigún mis pocos alcances: forman un canto en la tierra el dolor de tanta madre, el gemir de los que mueren y el llorar de los que nacen.

MARTÍN FIERRO 1072 moreno, alvierto que trais bien dispuesta la garganta; sos varón, y no me espanta verte hacer esos primores; en los pájaros cantores solo el macho es el que canta.

1073 Y ya que al mundo vinistes con el sino de cantar, no te vayás a turbar, no te agrandés ni te achiques; es preciso que me expliques cuál es el canto del mar.

EL MORENO 1074 a los pájaros cantores ninguno imitar pretiende; de un don que de otro depende naides se debe alabar, pues la urraca apriende a hablar, pero sólo la hembra apriende.

1075 Y ayúdame, ingenio mío, para ganar esta apuesta; mucho el contestar me cuesta. Pero debo contestar; yoy a decir en respuesta cuál es el canto del mar.

1076 Cuando la tormenta brama, el mar, que todo lo encierra, canta de un modo que aterra, corno si el mundo temblara: parece que se quejara de que lo estreche la tierra.

MARTÍN FIERRO 1077 toda tu sabiduría has de mostrar esta vez; ganarás sólo que estés en baca con algún Santo. La noche tiene su canto, y me has de decir cuál es.

EL MORENO 1078 no galope, que hay aujeros, le dijo a un guapo un prudente le contestó humildemente: la noche por cantos tiene esos ruidos que uno siente sin saber por dónde vienen.

1079 Son los secretos misterios que las tinieblas esconden; son los ecos que responden a la voz del que da un grito; como un lamento infinito que viene no sé de dónde.

1080 A las sombras sólo el sol las penetra y las impone; en distintas direcciones se oyen rumores inciertos: son almas de los que han muerto, que nos piden oraciones.

MARTÍN FIERRO 1081 moreno, por tus respuestas yo te aplico el cartabón, pues tenés desposición y sos estruido, de yapa: ni las sombras se te escapan para dar esplicación.

1082 Pero cumple su deber el lial diciendo lo cierto, y, por lo tanto, te alvierto que hemos de cantar los dos, dejando en la paz de Dios las almas de los que han muerto.

1083 Y el consejo del prudente no hace falta en la partida; siempre ha de ser comedida la palabra de un cantor. Y aura quiero que me digas de dónde nace el amor.

EL MORENO 1084 a pregunta tan escura trataré de responder, aunque es mucho pretender de un pobre negro de estancia, mas conocer su inorancia es principio del saber.

1085 Ama el pájaro en los aires que cruza por donde quiera, y si al fin de su carrera se asienta en alguna rama, con su alegre canto llama a su amante compañera.

1086 La fiera ama en su guarida, de la que es rey y señor; allí lanza con juror esos bramidos que espantan, porque las fieras no cantan: las fieras braman de amor.

1087 Ama en el fondo del mar el pez de lindo color; ama el hombre con ardor; ama todo cuanto vive: de Dios vida se recibe, y donde hay vida, hay amor.

MARTÍN FIERRO 1088 me gusta, negro ladino, lo que acabás de esplicar; ya te empiezo a respetar; aundue al principio me rei, y te quiero preguntar lo que entendés por la ley.

EL MORENO 1089 hay muchas dotorerías que yo no puedo alcanzar; dende que aprendí a inorar de ningún saber me asombro, mas no ha de llevarme al hombro quien me convide a cantar.

1090 Yo no soy cantor ladino y mi habilidá es muy poca; más cuando cantar me toca me defiendo en el combate, porque soy como los mates: sirvo si me abren la boca.

1091 Dende que elige a su gusto, lo más espinoso elige; pero esto poco me aflige y le contesto a mi modo: la ley se hace para todos, mas sólo al pobre le rige.

1092 La ley es tela de araña -en mi inorancia lo esplico-. No la tema el hombre rico; nunca la tema el que mande; pues la ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos.

1093 Es la ley como la lluvia: nunca puede ser pareja; el que la aguanta se queja, pero el asunto es sencillo: la ley es como el cuchillo: no ofiende a quien lo maneja.

1094 Le suelen llamar espada y el nombre le viene bien; los que la gobiernan ven a dónde han de dar el tajo: le cai al que se halla abajo y corta sin ver a quién.

1095 Hay muchos que son dotores, y de su cencia no dudo; mas yo soy un negro rudo y aunque de esto poco entiendo, estoy diariamente viendo que aplican la del embudo.

MARTÍN FIERRO 1096 moreno, vuelvo a decirte: ya conozco tu medida; has aprovechao la vida, y me alegro de este encuentro; ya veo que tenés adentro capital pa esta partida.

1097 Y aura te voy a decir; porque en mi deber está (y hace honor a la verdá quien a la verdá se duebla) que sos por juera tinieblas y por dentro claridá.

1098 No ha de decirse jamás que abusé de tu pacencia, y en justa correspondencia, si algo querés preguntar, podés al punto empezar, pues ya tenés mi licencia.

EL MORENO 1099 no te trabes lengua mía; no te vayas a turbar; nadie acierta antes de errar, y, aunque la fama se juega, el que por gusto navega no debe temerle al mar.

1100 Voy a hacerle mis preguntas, ya que a tanto nne convida, y vencerá en la partida si una esplicación me da sobre el tiempo y la medida, el peso y la cantidá.

1101 Suya sera la vitoria si es que sabe contestar; se lo debo declarar con claridá, no se asombre, pues hasta aura ningún hombre me lo ha sabido esplicar.

1102 Quiero saber y lo inoro, pues en mis libros no está -y su respuesta vendrá a servirme de gobierno-, para que fin el Eterno ha criado la cantidá.

MARTÍN FIERRO 1103 moreno, te dejas cair como carancho en su nido; ya veo que sos prevenido, mas también estoy dispuesto; veremos si te contesto y si te das por vencido.

1104 Uno es el sol, uno el mundo, sola y única es la luna ansí han de saber que Dios no crió cantidá ninguna.

1105 El ser de todos los seres solo formo la unidá; lo demás lo ha criado el hombre después que aprendió a contar.

EL MORENO 1106 verernos si a otra pregunta da una respuesta cumplida: ei ser que ha criado la vida lo ha de tener en su archivo, mas yo inoro que motivo tuvo al formar la medida.

MARTÍN FIERRO 1107 escuchá con atención lo que en mi inorancia arguyo: la medida la inventó el hombre para bien suyo;

1108 y la razón no te asombre, pues es fácil presumir: Dios no tenía que medir sino la vida del hombre.

EL MORENO 1109 si no falla su saber por vencedor lo confieso; debe aprender todo eso quien a cantar se dedique; y aura quiero que me esplique la que significa el peso.

MARTÍN FIERRO 1110 Dios guarda entre sus secretos el secreto que eso encierra, y mandó que todo peso cayera siempre en la tierra;

1111 y sigún compriendo yo, dende que hay bienes y males, jué el peso para pesar las culpas de los mortales.

EL MORENO 1112 si responde a esta pregunta tengase por vencedor (doy la derecha al mejor); y respóndame al momento: ¿cuándo formó Dios el tiempo y por que lo dividió?

MARTÍN FIERRO 1113 Moreno, voy a decir, sigún mi saber alcanza: el tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir;

1114 no tuvo nunca principio ni jamás acabará, porque el tiempo es una rueda. Y rueda es eternidá.

1115 Y si el hombre lo divide, sólo lo hace, en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta que vivir.

1116 Ya te he dado mis respuestas, mas no gana quien despunta; si tenés otra pregunta o de algo te has olvidao, siempre estoy a tu mandao para sacarte de dudas.

1117 No procedo por soberbia ni tampoco por jactancia, mas no ha de faltar costancia cuando es preciso luchar; y te convido a cantar sobre cosas de la estancia.

1118 Ansi prepará, moreno, cuanto tu saber encierre, y sin que tu lengua yerre, me has de decir lo que empriende; el que del tiempo depende, en los meses que train erre.

EL MORENO 1119 De la inorancia de naides ninguno debe abusar; y aunque me puede doblar todo el que tenga más arte, no voy a ninguna parte a dejarme machetiar.

1120 He reclarao que en leturas soy redondo como jota; no avergüence mi redota, pues con claridá le digo: no me gusta que conmigo naides juegue a la pelota.

1121 Es güena ley que el más lerdo debe perder la carrera; ansí le pasa a cualquiera, cuando en competencia se halla un cantor de media talla con otro de talla entera.

1122 ¿No han visto en medio del campo al hombre que anda perdido, dando güeltas afligido, sin saber donde rumbiar ansí le suele pasar a un pobre cantor vencido.

1123 También los árboles crujen si el ventarrón los azota, y si aquí mi queja brota con amargura, consiste en que es muy larga y muy triste la noche de la redota.

1124 Y dende hoy en adelante, pongo de testigo al Cielo para decir sin recelo que, si mi pecho se inflama. No cantaré por la fama sino por buscar consuelo.

1125 Vive ya desesperao quien no tiene qué esperar; a lo que no ha de durar ningún cariño se cobre; alegrías en un pobre son anuncios de pesar.

1126 Y este triste desengaño me durará mientras viva; aunque un consuelo reciba jamás he de alzar el vuelo: quien no nace para el cielo de balde es que mire arriba.

1127 Y suplico a cuantos me oigan que me permitan decir que, al decidirme a venir, no sólo jué por cantar, sino porque tengo a más otro deber que cumplir.

1128 Ya saben que de mi madre jueron diez los que nacieron, mas ya no esiste el primero y mas querido de todos: murió por injustos modos a manos de un pendenciero.

1129 Los nueve hermanos restantes como güerfanos quedamos; dende entonces lo lloramos sin consuelo, creanmeló, y al hombre que lo mató, nunca jamás lo encontramos.

1130 Y queden en paz los güesos de aquel hermano querido; a moverlos no he venido, mas, si el caso se presienta, espero en Dios que esta cuenta se arregle como es debido.

1131 Y si otra ocasión payamos para que esto se complete, por mucho que lo respete, cantaremos, si le gusta, sobre las muertes injustas. Que algunos hombres cometen.

1132 Y aquí, pues, señores míos, diré, como en despedida, que todavía andan con vida los hermanos del dijunto, que recuerdan este asunto y aquella muerte no olvidan.

1133 Y es misterio tan projundo lo que está por suceder, que no me debo meter a echarla aquí de adivino; lo que decida el destino después lo habran de saber.

MARTÍN FIERRO 1134 al fin cerrastes el pico después de tanto charlar; ya empezaba a maliciar, al verte tan entonao, que traías un embuchao y no lo querías largar.

1135 Y ya que nos conocemos, basta de conversación; para encontrar la ocasión no tienen que darse priesa; ya conozco yo que empieza otra clase de junción.

1136 Yo no sé lo que vendrá; tampoco soy adivino; pero firme en mi camino hasta el fin he de seguir: todos tienen que cumplir con la ley de su destino.

1137 Primero jué la frontera por persecución de un juez; los indios jueron después, y, para nuevos estrenos, aura son estos morenos pa alivio de mi vejez.

1138 La madre echó diez al mundo, lo que cualquiera no hace, y tal vez de los diez pase con iguales condiciones: la mulita pare nones, todos de la mesma clase.

1139 A hombre de humilde color nunca sé facilitar; cuando se llega a enojar suele ser de mala entraña: se vuelve como la araña, siempre dispuesta a picar.

1140 Yo he conocido a toditos los negros mas peliadores; había algunos superiores de cuerpo y de vista...¡Ahijuna! si vivo, les daré una... historia de las mejores.

1141 Mas cada uno ha de tirar en el yugo en que se vea; yo ya no busco peleas, las contiendas no me gustan, pero ni sombras me asustan ni bultos que se menean.

1142 La creia ya desollada, mas todavía falta el rabo, y por lo visto no acabo de salir de esta jarana; pues esto es lo que se llama remacharsele a uno el clavo.

XXXI

1143 Y después de estas palabras que ya la intención revelan, procurando los presentes que no se armara pendencia, se pusieron de por medio y la cosa quedó quieta. Martín Fierro y los muchachos, evitando la contienda, montaron y paso a paso, como el que miedo no lleva, a la costa de un arroyo llegaron a echar pie a tierra. Desensillaron los pingos y se sentaron en rueda, refiriéndose entre sí infinitas menudencias porque tiene muchos cuentos y muchos hijos la ausiencia. Allí pasaron la noche a la luz de las estrellas, porque ese es un cortinao que lo halla uno donde quiera, y el gaucho sabe arreglarse como ninguno se arregla: el colchón son las caronas, el lomillo es cabecera, el cojinillo es blandura y con el poncho o la jerga; para salvar del rocío, se cubre hasta la cabeza. Tiene su cuchillo al lado -pues la precaución es güena-, freno y rebenque a la mano, y, teniendo el pingo cerca, que pa asigurarlo bien la argolla del lazo entierra -aunque el atar con el lazo da del hombre mala idea-, se duerme ansí muy tranquilo todita la noche entera; y si es lejos del camino, como manda la prudencia, mas siguro que en su rancho uno ronca a pierna suelta pues en el suelo no hay chinche y es una cuja camera que no ocasiona disputas y que naides se la niega. Ademas de eso, una noche la pasa uno como quiera, y las va pasando todas haciendo la mesma cuenta; y luego los pajaritos al aclarar lo dispiertan, porque el sueño no lo agarra a quien sin cenar se acuesta. Ansí, pues, aquella noche jué para ellos una fiesta, pues todo parece alegre cuando el corazón se alegra. No pudiendo vivir juntos por su estado de pobreza, resolvieron separarse y que cada cual se juera a procurarse un refugio que aliviara su miseria. Y antes de desparramarse para empezar vida nueva, en aquella soledá Martín Fierro, con prudencia, a sus hijos y al de Cruz les habló de esta manera:

XXXII

1144 -Un padre que da consejos más que padre es un amigo; ansi como tal les digo que vivan con precaución: naides sabe en que rincón se oculta el que es su enemigo.

1145 Yo nunca tuve otra escuela que una vida desgraciada: no estrañen si en la jugada alguna vez me equivoco, pues debe saber muy poco aquel que no aprendió nada.

1146 Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo, sin ser muy ducho: es mejor que aprender mucho el aprender cosas gúenas.

1147 No aprovechan los trabajos si no han de enseñarnos nada; el hombre, de una mirada, todo ha de verlo al momento: el primer conocimiento es conocer cuándo enfada.

1148 Su esperanza no la cifren nunca en corazón alguno; en el mayor infortunio pongan su confianza en Dios; de los hombres, sólo en uno; con gran precaución en dos.

1149 Las faltas no tiene límites como tienen los terrenos; se encuentran en los mas güenos, y es justo que les prevenga: aquel que defetos tenga, disimule los ajenos.

1150 Al que es amigo, jamás lo dejen en la estacada, pero no le pidan nada ni lo aguarden todo de el: siempre el amigo más fiel es una conducta honrada.

1151 Ni el miedo ni la codicia es güeno que a uno le asalten, ansi, no se sobresalten por los bienes que perezcan; al rico nunca le ofrezcan y al pobre jamás le falten.

1152 Bien lo pasa, hasta entre pampas, el que respeta a la gente; el hombre ha de ser prudente para librarse de enojos: cauteloso entre los flojos, moderado entre valientes.

1153 El trabajar es la ley, porque es preciso alquirir; no se espongan a sufrir una triste situación: sangra mucho el corazón del que tiene que pedir.

1154 Debe trabajar el hombre para ganarse su pan; pues la miseria, en su afán de perseguir de mil modos, llama en la puerta de todos y entra en la del haragán.

1155 A ningún hombre amenacen, porque naides se acobarda; poco en conocerlo tarda quien amenaza imprudente: que hay un peligro presente y otro peligro se aguarda.

1156 Para vencer un peligro, salvar de cualquier abismo -por esperencia lo afirmo-, más que el sable y que la lanza suele servir la confianza que el hombre tiene en si mismo.

1157 Nace el hombre con la astucia que ha de servirle de guía; sin ella sucumbiría: pero, sigún mi esperencia, se vuelve en unos prudencia y en los otros picardía.

1158 Aprovecha la ocasión el hombre que es diligente; y, tenganló bien presente: si al compararla no yerro, la ocasión es como el fierro: se ha de machacar caliente.

1159 Muchas cosas pierde el hombre que a veces las vuelve a hallar; pero les debo enseñar, y es gúeno que lo recuerden: si la verguenza se pierde, jamás se vuelve a encontrar.

1160 Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque, si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera.

1161 Respeten a los ancianos: el burlarlos no es hazaña; si andan entre gente estraña deben ser muy precavidos, pues por igual es tenido quien con malos se acompaña.

1162 La cigüeña, cuando es vieja, pierde la vista, y procuran cuidarla en su edá madura todas sus hijas pequeñas: apriendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura.

1163 Si les hacen una ofensa, aunque la echen en olvido, vivan siempre prevenidos; pues ciertamente sucede que hablará muy mal de ustedes aquel que los ha ofendido.

1164 El que obedeciendo vive nunca tiene suerte blanda, mas con su soberbia agranda el rigor en que padece: obedezca al que obedece y será gúeno el que manda.

1165 Procuren de no perder ni el tiempo ni la vergüenza; como todo hombre que piensa, procedan siempre con juicio; y sepan que ningún vicio acaba donde comienza.