Lágrimas · Capítulo real 2 de 3
ESCENA III
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
ESCENA III.
Los mismos y el Abuelo.
Abuél. ¡Hola! Tormenta tenemos...
Marg. No , señor.
Luis. ¡ Oh ! No , señor.
Abuel. (A Margarita,) Me pareció que llorabas.
Marg. Yo?...
Abuel. (a Luis.) Y que tu al diapasón
no te ajustabas muy bien;
y como que sois los dos
un poquito exaj erados
en cuanto habláis , dije yo :
«Vaya, tormenta tenemos»
Si volvió á brillar el sol
mejor, que hacen mucho daño
las tormentas á mi tos. Luis. No es nada , padre : que ésta
ha poco se disgustó ,
por si la modista supo
cumplir con su obligación. Marg. Que éste , como su contrario
al cabo le derrotó
en el distrito... Luis. Que ésta
juzga fué con intención
que á su baile la duquesa
tampoco nos invitó. Marg. Que á éste prometió el ministro
una gran cruz... Abuel. Y que no
se la dió... Pues Jesucristo
la tuvo ya por los dos. Luis. Que ésta exajera sus penas.
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Marg. Como éste su mal humor. Abuel. Y los dos estáis rabiando...
y ninguno con razón. Luis. Si con usted no es posible
entenderse. Abuel. ¡Claro! Yo,
como soy viejo y caduco
¿qué entiendo de polisón,
ni de cruces , ni vestidos ,
ni distritos?... ¿Y á qué no
os acordásteis con eso
de que van á dar las dos
y no mandasteis á Lúeas
por mis nietecillos ? Marg. Voy
á hacer que vayan por Rosa (Váse por la izquierda. )
Luis. Yo, por Juanito y Ramón. (Váse poriade.
r echa. )
Abuel. Eso, y así no escucháis,
ya que os molesta , mi voz.
ESCENA IV.
Abuelo sólo.
Lo de siempre , y lo de todos los hombres según mi cuenta. ¿Qué no hay un dolor ? Se inventa , y á sufrirlo de mil modos. ¿Qué la fortuna es amiga? Pues se la acusa de ingrata. ¿Qué el rigor no nos maltrata? Pues se le azuza y hostiga. Debe haber cierto egoismo
— 12 - en sufrir, cuando á cualquiera le complace á su manera darse tormento á sí mismo. Luis... Querida Margarita... No , no sois una excepción: en el mundo la razón dentro del alma palpita ; pero es, por malos resabios, tan modesta y ruborosa , que si en el alma reposa no asoma nunca á los labios. ¡Y es en vano que el consejo advierta tanto desliz: nadie en el mundo es feliz hasta que va siendo viejo! Que entonces, pensando en Dios, origen del bien fecundo , sólo que vive en el mundo advierte al sentir la tos !
ESCENA V. El mismo, Juan y Ramón.
JuaN. Abuelito. ( Abrazándole. )
Abuel. ¡Hola! Juanín...
¡tú has llorado! (Juan hace signos negati vos.) Ramón. Sí : ha llorado.
Juan. ¿Yo?... Abuel. (Besando á Ramón.)
Y tú, Ramón. Pues, hombre ,
noto señales de llanto
en tí también. Juan. Abuelito ,
•s verdad.
— 13 - Yo seré franco. Así os quiero : Ja mentira mancha del niño los labios. ¿Qué ha sido? Ramón. Yo era en la escuela
el general de Cartago. Abuel. ¿De qué?...
Ramón. Sí : allí hay dos grupos
cartagineses — romanos : y mandan las dos falanges los que son más aplicados.
Abuel. Vamos: ya voy entendiendo un poco de esos dos bandos. ¿Conque tú eras general?
Juan. ¡Vaya! Y estaba tan majo con su banda de oro y seda.
Abuel. ¡ Un Scipión africano con banda !
Ramón. • Pues hoy, don Cleto ,
hallándome descuidado nos preguntó la lección...
Abuel. ¿Y echaste en ella un gazapo?
Ramón. Yo no lo sé; pero al punto, el que se hallaba á mi lado saltó diciendo una cosa y él se ha quedado ocupando el puesto de general y yo el de segundo cabo.
Juan. Y le quitaron la banda.
Abuel. ¡Bah! No hay que afligirse tanto. (Llamando.) ¡Luis! ¡Luis!