Languidez · Unidad 1 de 16
Unidad 1 · Portada
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
ALFONSINA STORNI
LANGUIDEZ
VERSOS
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1 920
AGENCIA GKNERAt, DE
librería y publicaciones
RiradAvia 157}
LA AUTOHA
La inquietud del rosal (agotado)
El Dulce Daño (2' edición) (en venta)
Irremediablemente (agotado)
A los que como yo. nunca realizaron uno so lo de sus sueños.
ESTE libro cierra una modalidad mía. Si la vida y las cosas me lo permiten, otra ha de ser mi poesía de tnañana.
Inicia este conjunto, en parte, el abandono de la poesía subjetiva, que no puede ser continuada cuando un alma ha dicho, respecto de ella, todo lo que tenia que decir, por lo menos en un sentido.
Tiempo y tranquilidad me han faltado, hasta hoy, para desprenderme de mis angustias y ver así lo que está a mi alrededor.
Pero, si continúo escribiefuio, he de procurarínc el tiempo y la tranquilidad que para ello me harán falta.
A. S.
nOTIVOS LÍRICOS E ÍNTIAOS
EL LEÓN
A Clemente Onelli.
ENTRE barrotes negros, la dorada melena Paseas lentamente, y te tiendes por fin Descansando los tristes ojos sobre la arena Que brilla en los angostos senderos del jardín.
Bajo el sol de la tarde te has quedado sereno Y ante tus ojos pasa, fresca y primaveral, La niña de quince años con su esponjado seno: ¿Sueñas echarle garras, oh goloso animal?
Miro tus grandes uñas, inútiles y corvas; Se abren tus fauces; veo el inútil* molar, E inútiles como ellos van tus miradas torvas A morir en el hombre que te viene a mirar.
El hombre que te mira tiene las manos finas, Tiene los ojos fijos y claros como tú. Se sonríe al mirarte. Tiene las manos finas León, los ojos tiene como los tienes tú.
Un día, suavemente, con sus corteses modos Hizo el hombre la jaula para encerrarte allí, Y ahora te contempla, apoyado de codos, Sobre el hierro prudente que lo aparta de ti .
No cede. Bien lo sabes. Diez veces en un día Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fué : Diez veces contra el hierro fué inútil tu porfía Tus ojos, muy lejanos, hoy dicen: para qué.
No obstante, cuarudo corta ei silencio nocturno
El nigido salvaje de algún otro león,
1*e crees en la selva, y el ojo, taciturno,
Se te vuelve en la sombra encendido carbón.
Entonces comió otrora, se te afinan las uñas,
Y la garganta seca de una salvaje sed,
La piedra de tu celda vanamente rasguñas
Y tu zarpazo inútil retumba en la pared.
Los hijos que te nazcan, bestia caida y triste, De la leona esc'lava que por hembra te dan, Sufrirán en tu carne lo mismo que sufriste, Pero garras y dientes más débiles tendrán.
; Lo comprendes y ruges ? ¿ Cuándo escuálido un gato Pasa junto a tti jaula huyendo de un mastín \ a las ramas se trepa, se te salta al olfato Que así puede tu prole ser de mis<'ra y niin?
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Alguna vez te he visto durmiendo tu tristeza. La melena dorada sobre la piedra gris, Abandonado el cuerpo con la enorme pereza Que las siestas de fuego tienen en tu país.
Y sobre tu salvaje melena enmarañada Mi cuello delicado sintió la tentación A
De abandonarse al tuyo, yo como tú, cansada. De otra jaula más vasta que la tuya, león.
Como tú contra aquélla mil veces he saltado. Mil veces, impotente, me volví a acurrucar. ¡Cárcel de los sentidos que las cosas me han dadof Ah, yo del universo no me puedo escapar.
Y entre los hombres vivo. De distinta manera Somos esclavos; hazme en tu cuello un rincón. ¿Qué podrías echarme? ¿Un zarpazo de fiera? Ellos, de una palabra, rompen el corazón.
En el Zoo de Buenos Aires, 1920. 14 —