Languidez · Unidad 7 de 16
Unidad 7 · HAN VENIDO...
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
HAN VENIDO...
OY han venido a verme Mi madre v mis hermanas.
Hace ya tiempo que yo estaba sola
Con mis versos, mi orgullo... casi nada.
Mi hermana, la nia.^ grande, c.^ia crecida,
Es rubiecita; por sus ojos pasa
Kl primer sueño: He dicho a la pequeña:
■ — La vida es dtilcc. Todn mal acaba. . .
— 59
Mi madre ha sonreído como suelen Aquellos que conocen bien las almas; Ha puesto sus dos manos en mis hombros, Me ha mirado muy fijo. . .
Y han saltado mis lágrimas.
Hemos comido juntas en la pieza Más tibia de la casa. Cielo primaveral. . . para mirarlo Fueron abiertas todas las ventanas.
Y mientras conversábamos tranquilas De tantas cosas viejas y olvidadas, Mi hermana, la menor, ha interrumpido: — Las golondrinas pasan. . .
6o -
ROSALES DE SUBURBIO
CLARO, como llegó la primavera, sobre las pobres casas de ladrillos, de latas y maderas, •le los suburbios, buen rosal que trepas, te has cubierto de rosas.
Si tu- fueras como los hombres, oh rosal, sin duda como ellos, prefirieras
para bien florecer las ricas casas, las paredes lujosas; y desiertas dejaras las paredes de los pobres.
Pero no eres asi .
La dulce tierra te basta en cualquier parte y te es lo mismo, para tu suerte. Acaso, tú prefieras las modestas casuclias donde luces mejor, enredadera.
Único adorno que no cuestas nada. . . (El agua, buenas rosas, todavía se baja de los cielos sin gabelas) .
En las bellas mañanas, cuando miras las ventanas abiertas, tus brazos verdes y jugosos, buscan el espacio sin vidrios, y penetran al interior del cuarto : — i Buenos días ! tus corolas intentan decir con sus rosados labiezuelos a la modesta pieza.
62 —
Luego, si muy risueño
se te íicerc.i el niño síucio de azulauos ojos
y carnes prietas, te haces el que no entiendes y nu miras pero entiendes y miras, y le sueltas con un gran disimulo,
como quien no quisiera, sobre sus rizos de oro, una corola sabiamente deshecha.
El niño, entonces, d€ suburbio, luce
en la rubia cabeza
la corona divina. No la siente
}>orque nada le pesa
y como un Eros, haraposo, canta,
V corrienrlo «^e aleja.
TRISTEZA
ñh lado de 'la gran ciudad se tiende el rio. Cieno muy líquido. Parece
qiue no se mueve, que está muerto, pero se mueve.
Justamente como es cieno se va buscando el mar azul y limpio, y hacia él, muy pesado, mueve el cuerpo, sin detenerse nunca; siempre otro
64 -
aunque parezca el mismo.
Rio muerto, desde esta torre, mientras muere el día,
ensoñando lo veo que se ensancha en un vasto semicírculo
y se pierde allá lejos bajo la bruma gris, cortada a ratos
por un triángulo blanco.
Sobre el puerto buques y buques se amontonan, y estos parecen peces monstruos afanados sobre un mismo alimento.