Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 12 de 32
Lección XI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
LECCIÓN XI.
GAHBIO.
El cambio, dice Bastiat, es la economía politica, la sociedad entera; porque es imposible concebir la sociedad sin cambio, ni el cambio sin sociedad.
En efecto, en todas las lecciones que he expuesto á la benévola atención de vdes. está como subentendido el cambio, ba jugado como un hilo oculto, sin el cual se habrian desgranado y quedado sin conexión mis palabras.
No podia ser de otra manera: admitida por nosotros en la definición del hombre, y como inherente á su naturaleza la sociabilidad, no se puede concebir esta sin el cambio.
Necesidad, esfuerzo, satisfacción, señala Bastiat como funciones capitales del ser humano; y cada una de ellas contiene en su capullo los gérmenes de los cambios con una invencible constancia. La necesidad produce el esfuerzo, el esfuerzo se espanse en cambio de servicios^ sin ellos no es posible la satisfacción de las. necesidades del hombre en sociedad.
Y no obstante, las ideas humanas están sujetas á descarries tales, que se ven apologías del individualismo y del aislamiento, propaladas por hombres eminentes.
Montaigne considera como una felicidad la ruptura de todos los vínculos sociales. Rousseau convierte casi en sistema de perfectibilidad el aislamiento; y la escuela mística, pervirtien-
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do en su raiz los sentimientos mas espontáneos y mas benéficos de la humanidad, considera la cercanía á Dios repeliendo & los hombres, j hace del celibato, que es una especie de suicidio, la glorificación del apartamiento contranatural de los sexos.
En el principio de las sociedades reinó el trabajo en común j la división de los frutos. Los hombres se dedicaban á la caza y á la pesca; las necesidades eran cuasi ningunas. Los cambios no tenian objeto, el trueque mismo se hacia en una escala mas reducida: el cambio es hijo de la civilización, y para presentarlo en toda su plenitud, nos valdremos de un cuadro del mismo Bastiat, que copia Baudrillart por su belleza y exactitud.
<r Tomemos á un hombre de la clase modesta de la sociedad, un carpintero do aldea por ejemplo, y observemos todos los servicios que hace á la sociedad y todos los que recibe de ella. No tardará en sorprendernos la inmensa desproporción aparente.
tf Este hombre pasa su dia en cepillar tablas y fabricar muebles: quéjase frecuentemente de su condición, y veamos lo que recibe de la sociedad en cambio de su trabajo.
<f De^de luego al levantarse se visto, y no ha hecho de seguro ninguna de las numerosas piezas de su vestido. Para estos vestidos tan pobres como son, ha sido necesario que una enorme cantidad de trabajo, de industria, de trasportes, de invenciones ingeniosas se hayan ejecutado.
<r Ha sido necesario que los americanos hayan producido algodón, los indios añil, los franceses lana y lino, los brasileños cueros, que todos estos materiales hayan sido trasportados de pueblos & pueblos, y que hayan sido preparados, teñidos, hilados, tejidos, &c.
«En seguida se desayuna. Para que el pan que come le llegue á él todas las mañanas, es necesario que las tierras hayan sido cultivadas, que se hayan recogido y guardado las cosechas: es forzoso que el trigo haya sido lavado, cernido, molido, y para esto se ha hecho indispensable piedra, fierro, acero, ma*
dera, &o., convertidos en instrumentos de trabajo; que ciertos hombres se hayan apoderado de la fuerza de los animales, de una caida de ^gua, &c.; cosas que tomadas aisladamente, suponen sumas enormes de trabajo.
<r Este hombre no pasa su dia sin gastar un poco de azúcar, de aceite, sin algunos utensilios.
<r Enviará á su hijo á la escuela para recibir una instruccion, que aunque limitada, suponga grandes indagaciones, estudios anteriores y conocimientos que espantan á la imaginación.
<r Sale, se encuentra en una calle empedrada y alineada. Se le disputa su propiedad, y encuentra abogados para defender sus derechos, jueces para sostenerlos, ejecutores de su sentencia; todas cosas que suponen conocimientos adquiridos, esto es, luces y medios de existencia.
«Ya á la iglesia, ella es un monumento prodigioso; y el libro que lleva en la mano es un monumento mas prodigioso de la inteligencia humana. »
Y mas adelante: «r Si el artesano emprende un viaje, halla que para ahorrarle tiempo y disminuir su fatiga otros hombres han aplanado y limpiado el terreno, desecado pantanos, rebajado montafias^ hecho vadeables los rios, multiplicado vehículos, aplicado el vapor.
(f En un solo dia consumimos cosas que no podría producir en cien afios. »
He aquí presentado como en sinopsis el cuadro de la perfectibilidad humana, operada por el cambio en sus referencias al individuo, en sus relaciones con la especie humana, en su elevación y progreso. *
La práctica del cambio está subordinada, como observa muy bien Skarbek, á tres condiciones esenciales.
La apropiación de las cosas, su trasmisibilidad, su diversidad.
La apropiación^ porque nadie podría cambiar, esto es, disponer de lo que no es suyo.
La trasmisibilidadj porque hay objetos útiles preciosos que
no pueden considerarse como objetos de cambio, tales como el talento, la luz, la lluvia, &c.
La diversidady porque si todos produjeran una misma cosa, no habrá necesidad de cambio.
Entre nosotros hay obstáculos naturales que se oponen 6 paralizan los cambios, y otros artificiales.
Entre los primeros debemos contar la identidad de productos, las pésimas vías de comunicación y la interrupción de estas por varias causas: es forzoso fijar la atención en el apartamiento de la clase indígena, la manera con que bace sus cambios, y sobre todo, su falta de consumos.
Si hubiera una persona que calculara la influencia de algunos frutos en los fenómenos económicos, nos quedaríamos realmente asombrados. Los plátanos en nuestras costas y tierras calientes; las tunas en una zona que comienza en Querétaro y pasa de San Luis Potosí, y el palmito en la Huasteca; todos éstos frutos, realizando una vida mas atrasada quó la dé Robinson, hacen degenerar al hombre hasta el orangután, con poca diferencia.
Sobre esos inconvenientes, dignoá de un especial estudio, están el pasaporte, la alcabala, la leva, el emb¿trgo, el salteador, el plagiarlo, la suspicacia de la policía, los odios locales.
La educación colonial, tan influyente aun en el malestar de nuestra sociedad, alimenta preocupaciones sobre los cambios funestísimas, entre otras las relativas al comercio exterior; y aunque este es un ^unto que debemos tratar especialmente en la lección relativa á la libertad de comercio, bueno es tenerlo desde ahora presente, por ser el libre cambio una de las creencias fundamentales de la escifela economista.
Los agentes mas poderosos del cambio son: la moneda, el crédito y la facilidad de las comunicaciones.
Al gobierno no pide la economía política mas que libertad y garantías.
No obstante las preciosas indicaciones que sobre la libertad de los cambios os ha hecho en esta lección la ciencia, tenemos la gloria de que nuestra constitución las haya elevado al rango
de derechos imprescriptibles y de preceptos constitucionales. En cuanto al hombre, el art. 49 de nuestro código dice:
«(Todo hombre es libre para abrazar la profesión, industria 6 trabajo que le acomode, siendo útil y honesto, y para aprovecharse de 8U8 productos. Ni uno ni otro se les podré impedir sino por sentencia judicial cuando ataque los derechos de tercero, 6 por resolución gubernativa dictada en los términos que prevenga la ley cuando ataque á toda la sociedad, d
En el artículo anterior no solo está, como veis, aniquilada la tradición del monopolio, del aula, del estanco y del gremio; no solo está reconocida la excelencia de la propiedad que cria el trabajo, sino establecida su división por la naturaleza de la libertad.
La división del trabajo, como ya sabemos, es el alma de la actividad del cambio. En las prescripciones constitucionales se profundizaron las previsiones económicas, puosto que se trataba de una sociedad que tenia hondísimas raices en contra de esos principios. Al prevenir el aprovechamiento de los productos combatió en sus últimos atrincheramientos el privilegio. La venta, la compra, el trueque, todo quedó bajo la salvaguardia de ese derecho, y para destruirse es necesaria la constancia del daño á un tercero ó á la sociedad entera.
Ved/ pues, hasta en sus mas imperceptibles consecuencias, el anhelo de los legisladores.de 57 para hacer los intereses armónicos representando y haciendo respetable el principio sagrado de la libertad. El articulo 59 dice:
ff Nadie puede ser obligado á prestar trabajos personales sin la justa retribución 7 áin su pleno consentimiento. La ley no puede autorizar ningún contrato que tenga por objeto la pérdida ó el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación ó voto religioso. Tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte su proscripción ó destierro. j>
Como observa muy bien el Sr. Castillo Velasco en sus sabias lecciones de derecho constitucional, el artículo que acabamos de copiar integro cria un sorites forzoso nacido de la
libertad del trabajo, que podia reducirse á estos términos escolásticos: «El trabajo es libre, luego nadie puede prestarlo sin su consentimiento; el consentimiento puede y debe tener un precio, luego á nadie se puede bacer quo trabaje sin pagarle; j» 6 mas sencillo: «De mi propiedad nadie puede disponer sin darme el precio de ella por el tiempo que 70 la ceda en beneficio de otro. »
Decimos, avanzándonos al Sr. Castillo, que no solo importan las anteriores prevenciones el triunfo de ciertos principios, sino la muerte de muy perjudiciales abusos.
El primero es la leva: el plagio de orden suprema en que se arranca de su hogar al ciudadano para dedicarlo forzadamente al servicio de las armas.
La leva en sus trascendencias para los cambios, es el mas terrible de los azotes: cuando aparece este minotauro que se alimenta con carne humana, el tráfico se paraliza, los mercados quedan desiertos, los hombres huyen á los montes. En tiempos anteriores el odio á la leva era tan profundo, que los indios llegaban á cortarse los dedos de los pies y de las manos para inutilizarse.
A los indios se les forzaba á servir á los curas de domésticos sin retribución alguna.
Para los servicios públicos de las iglesias y municipalidades se obligaba á los indios & las /a«na«, trabajos forzados sin retribución, que muchas veces aprovechaba el interés privado. «En estos tiempos toda via, dice el Sr. Castillo y repetimos nosotros, hay lugares de la República en que se imponen trabajos por la fuerza y sin remuneración á los desgraciados indios, ji
Los embargos están en una situación análoga; el cambio es imposible con ellos, la ruina de las fortunas instantánea, los atropellos inicuos, el impulso- que dan á las revoluciones vigorosísimo. En un solo ramo, en el de pulqtieSy se ha visto en México en los tiempos calamitosos de los embargos, que de un dia á otro la alcabala de aquel artículo, importante ochocientos pesos diarios, ha bajado á doscientos.
Los embargos se ejecutan aán con motivo de servicio de correos en varios pantos de la República, j este es uno de los atentados que tienen de combatir con mas energía la prensa y la opinión.
El art. 11 de la constitución dice:
«t Todo hombre tiene derecho para entrar j salir do la Re» pública, viajar por su territorio y mud&r de residencia siti necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto ú otro requisito semejante. El ejercicio de este derecho no perjudica las legitimas facultades de la autoridad judicial 6 administrativa en los casos de responsabilidad criminal 6 civil. »
Poco me detendré en encareceros el beneficio del anterior articulo constitucional y mas en un país agitado por las convulsiones políticas; muchas veces ese pasaporte y esa carta de seguridad se convirtieron en instrumentos de espionaje y de persecución; otras veces el pasaporte exigia un gasto al que lo solicitaba trayendo esta contribución manejo de caudales en las oficinas, abusos de empleados, &c., &c.
La abolición de los monopolios está contenida. en el art. ¿8, que dice:
«No habrá monopolios ni estancos de ninguna clase, ni prohibiciones á título de protección á la industria. Exceptúanse únicamente los relativos á la acuñación de la moneda, á los correos y álos privilegios que por tiempo Umitado conceda la ley á los inventores 6 perfeccionadores de alguna mejora, j»
El art. 23 de la constitución entrafia una revolución completa en materias económicas; es el triunfo de la filosofía y de los intereses de los pueblos, es la restitución de sus fueros á la actividad humana y la derrota del privilegio, que no es, en último término, sino el sacrificio de las mayorías en favor de los intereses de las minorías.
Por otra parte, es el rompimiento mas completo con la tradición colonial fincada toda en este bárbaro sistema.
El estanco y el monopolio son los dos gemelos feroces de la espoliacion, ambos como las serpientes de la fábula que asaltaron á Hércules en la cuna, se apoderaron de esta infeliz soso
ciedad casi desde su nacimiento, agarrotándola, entumeciéndola, reduciéndola á una parálisis funesta.
Basta recorrer, aunque sea muj superficialmente, la lista de las contribuciones que en la época del gobierno español y en sus mejores dias, constituian la masa común, para que se vea si puede darse un orden de cosas mas estúpido, más tiránico y mas esterilizaíor de la riqueza.
La alcabala estableciendo mil formalidades, distintos suelos y marcada ruta, la fianza 6 tornaguía, la inquisición y la confiscación.
JEl estanco de lít pólrora que á la miniería esencialmente hizo males sin cuento.
La vajilla convertida en beneficio del fisco y los plateros.
Las salinas, estanco que contribuyó al atraso dé la minería, á la carestía de Ibs ganados, á la mala condimentación de los alimentos.
' Los oficios que convertian en artículos do comercio determinados destinos estancándolos realmente.
Los cordobanes, estanco que encarecia el calzado. . . .
La nieve, estanco de su producto y comercio. ' Los gallos, privilegios á determinados monópolizadores de ése-juego salvaje.
Los 'caldos, las tiendas de pulpería, la panadería, el tabaco, sobre' todo, que llevaba el espionaje, el inceíidio y la matanza á todos los puntOí5 que la Providencia había querido favorecer cbn ese ramo de riqueza. ....
lEl art. 28 de la constitución es el hasta a^juí enérgico contra tanta maldad y contra tanta barbarie.
Respecto del art. 49 de nuestro dddigó, advertiremos que la Federación es, en nuestro sentir, una sociedad de sociedades que tienen elementos propios dé vida; es un pacto formado por entidades colectivas que comprometen la paríe que han querido para establecer las buenas condiciones de esa
alianza.
De ahí nacen dos órdenes de obligaciones y derechos; las unas miran á su iiíáivi dualidad, á su gobierno 'interior, y en
esto no tienen mas trabas que las que él pacto les impone; las otras & fungir como miembros de esa gran sociedad, y en tal caso son referentes á esa comunidad sus obligaciones y derechos.
El pacto evidentemente se estableció para el bien común; la libertad que este deja no puede entenderse que será para que se perjudiquen unos á otros nulificando las bases de aquella confraternidad. • Dice el art. 40:
(cEs voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente á su régimen interior, pero unidos en ^na Federación establecida sogun los principios dé esta ley fundamental.»
Como dice muy bien el Sr. Castillo, el régimen interior do los Estados la Federación no existe; pero esta entidad política tiene que sujetarse á leyes generales de bien común, sin las cuales ese mismo pacto seria imposible.
Las condiciones generales para mantener esa alianza, los medios para que no se conviertan en hostiles medidas que podrían interpretarse como de régimen interior, todas son del resorte de los poderes generales; de ahí la justificación de la inspección en las vías generales, la exclusividad eñ el impuesto marítimo, el respeto á las bases de la libre circulación y de los beneficios de los cambios.
La fracción 9? del art. '72 de la constitución asigna entre las facultades del Congreso la de
«Expedir aranceles sobre el comercio extranjero y para impedir por medio de bases generales que en el comercio de Estado á Estado so establezcan restricciones onerosas.»
En cuanto al primero de los puntos que abraza el anterior, ya se deja entender la necesidad de que en las relaciones exteriores la representación sea única y marque la soberanía y autonomía de la nación; no seria concebible una pluralidad de embajadores de cada uno de los Estados manteniendo la unidad de intereses de la nación entera.
Tampoco es concebible la diversidad de impuestos marítimos al arbitrio de cada Estado, j se viene á los ojos la confasion, la anarquía que de esa arbitrariedad nacerian.
La segunda parte tiende naturalmente á mantener la armonía j el bien de los Estados todos; la tradición por una parte j el abuso de los gobiernos en el interior, habian convertido en hostiles algunas leyes que en vez de estrechar los vínculos sociales los lazaban j rompian; tales, por ejemplo, los peajes, la prohibición de determinadas introducciones por el recargo de derechos, &c., &c.
Aeí se vio que el Estado de México recargaba el impuesto á los cerdos procedentes de Morelia; San Luis á la sal de que se surten los minerales de Zacatecas, Guanajuato j Durango; Veracruz á los algodones, materia primera para las fábricas de Puebla, j esta á su vez de las harinas de Veracruz; últimamente se ha visto por un Estado imponer derechos al numerario en su extracción infringiendo el art. 112 de la constitución, 7 luchar en otro Estado por imponer derechos á los efectos extranjeros como si pudiera en uno residir el derecho de que se hiciese la venta y en otro el precio á que se hiciese rompiendo con todos los principios económicos que la constitución ensalza y eleva al rango de leyes.
Por último, la abolición de las alcabalas constante en el artículo 124 de nuestro código, es el homenaje mas espléndido tributado á los buenos «principios, á la moralidad, á la dignidad humana, y sobre todo á la libertad, cuyo espíritu campea en toda nuestra constitución á pesar de los defectos que exageran sus enemigos, que no son otros mas que los enemigos del progreso.
Habréis notado que he repetido tenazmente y faltando á las reglas del buen decir, mucho de lo que expuse al hablar de la industria comercial; pero reflexionad en que este es un modesto trabajo de enseñanza en que deben hacer lugar las {Hretensiones del maestro á las conveniencias de los discípulos.
No puedo resistir, para terminar, á la tentación de tradu-
oiros la siguiente apología de los cambios hecha por M. W. Ellis. Vais á ver.
«Las ventajas de los cambios no se limitan á tal 6 cual pais. En los pueblos de la zona tórrida el sol es ardiente, las plantas gigantescas, la tierra es pródiga de frutos, de perfumes» de filones auríferos. Haj variedad y lujo en el color y en la forma.