Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 14 de 32

Lección XIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

LECCIÓN XIII.

MONEDA. Fnndones y earaetéres de la moneda.

Al hablar del capital, del cambio j del comercio, creemos haber dicho lo bastante para preveniros en parte contra las ilusiones demasiado frecuentes que nacen del empleo de la moneda, y para reducir á su justo valor el papel que desempeña en las transacciones. Sin embargo, el objeto tiene suma importancia para contentarnos con aquellas simples consideraciones generales; por esto en mi lección presente me esplayaré lo posible, tomando por guía y extractando en una parte á Baudrillart, que en mi juicio trata muy bien esta materia.

Todos los valores se miden los unos por los otros. Guando para procurarse una cosa cualquiera se decide uno á dar una cantidad doble de otra cosa, es evidente que la primera es dos veces mas estimada que la segunda.

Así, pues, la relación de su valor está fijada y se pueden cambiar estas dos cosas, sin recurrir á una materia intermedia; se puede dar avena por trigo, trigo por leña, manta por seda, cueros por piedras, libros por azúcar 6 café. En este sentido ha dicho Turgot, que toda mercancía e8 moneda y que toda moneda es mercancía.

Pero notamos todas las incomodidades y toda la dificultad que tendría que vencerse para verificar las transacciones por medio del trueque.

To, por ejemplo, tendría lana y algodón; pero querría proveerme de trigo. Llevo con mil trabajos mi riqueza á la casa de un hacendado: me encuentro con que tiene trigo; pero es vino lo que el necesita: entonces trato de proveerme de vino, cambiando mi lana y mi algodón; pero el viñador no lo necesita, no hay sino dirigirse á un fabricante; pero el fabricante que necesita mi algodón, no tiene ni vino ni trigo que darme en cambio.

¡ Cuánto desquiciamiento ! ¡ Cuánto tiempo perdido ! ¡ Cuántas dificultades !

¡ En el intervalo de los cambios qué de efectos no se inuti- . lizan! Ademas, ¿cómo saber 6 cómo medir las equivalencias de distintos objetos? Sin U7i denominador ctfmitn, el mercado se concluirá penosamente. Agregad á esto que muchas mercancías no son divisibles de manera de corresponder bien con otras. ¿ Cómo hacer para cambiar cuartos de carnero por libros, relojes y muebles?

El interés general de los pueblos se ha dirigido hicia la invención de im medio de cambio, mas cómodo y mas rápido; y este mismo instinto los ha llevado después de varios ensayos á la elección de la misma materia como instrumonto de cambio.

Para que mi objeto fuese propio para medir los valores, es necesario que representase las siguientes cualidades: Vahr »ntrinseco. — IncorruptíhU^imeíble indefinidamente^ para proporcionarse á las compras, homogéneo en todas eus partes^ cómodamente tra^ortable, para ahorro de embarazos y gastos, tan al abrigo cuanto fuese posible de las variaciones del valor y notoriamente de esos cambios que resultan por los accidentes de la agricultura, ó las revoluciones en las otras industrias; en fin, adeetuido para recibir de la avtoridad un sello que fuese garantía para todo el mundo. Para conservar su valor en las diferentes épocas y entre los diversos pueblos, seria necesario que se produjese en pequeña cantidad, sin ser, sin embargo, como lo es el diamante de tal rareza que no pudiese bastar á la inmensa masa de cambios.

Entre todas las cosas útiles hay unas que reúnen las ante-

riores cualidades, j son los metales preciosos, especialmente la plata y el oro.

Ellos son una mercancía como cualquiera otra, en lo que tienen del yalor que resulta del trabajo que cuesta su extracción 7 su trasporte; ellos son adecuados para manufacturas de lujo, y tienen la propiedad de ser fácilmente afinados; de manera que se sabe exactamente la cantidad que se tiene j que todas sus partes son similares, lo que los hace comparables, j no engendra el temor de que sean de cualidades diferentes.

Una vez afinado el oro de California, líada le distingue del del Brasil 6 la Siberia. La plata de Méxko es igual ¿. la de Sajonia. Es visible la facilidad del trasporte.

Para dar una idea del gran valor comparativo de una moneda, reflexiónese en que un kilogramo de oro equivale á veinte mil kilogramos de pasto, y que bastan ochenta 6 noventa gramas de oro para comprar un buey.

Todo el mundo recibe la moneda en cambio, seguro de guardar y conservar sin alteración el valor.

El oro y la plata tienen los caracteres que constituyen una verdadera moneda, independientes de toda convención. Bu adopción ha sido general en los pueblos civilizados. Antes de esto se servían de moneda para sus cambios; pero estas mone* das eran muy diversas y muy imperfectas.

El cuero tuvo empleo de moneda en Rusia hasta Pedro I. No hace dos siglos que el tabaco llenaba las funciones de moneda en la Nueva-Inglaterra; antes fungia de moneda el fierro ^n Lacedemonia, la sal en Abisinia, los clavos en Egipto, &c. Ya se ve cuan defectuosas no serian estas monedas.

En los primeros tiempos se servían y se sirven aún, como en China, de los metales preciosos, hechos polvo 6 barras.-— Cuando la sociedad avanza, la autoridad competente interviene para hacer el cambio mas cómodo. Ella divide estos metales en porciones adaptadas á los usos mas ordinarios: ella les imprime una marca que certifique el peso total, y en este peso la cantidad de materias extrañas que ha sido preciso introducir para la facilidad de la fabricación y la solidez de la piesa;

pero que no se cuenta por valor real, sino lo que se llama el peso y el ñtulo,

Gomo todos los otros valores, el del oro y el de la plata se arregla por los gastos de producción, y por la ley de li oferta y la demanda. Cuando los gastos de producción disminuyen, el valor baja: cuando hay mucha abundancia, el valor baja también. La proporción en que el oro y la plata son ofrecidos, determina igualmente su valor relativo: asi es que si el oro se multiplica, permaneciendo en un estado el valor de la plata, pierde su valor, sea* con relación á los otros efectos, sea con relación á la plata misma: en otros términos, se cambia por una cantidad menor de plata que antes. Esto es lo que se ha verificado en diversos mercados con motivo del descubrimiento de la California.

Cuando se dice con la legislación francesa que el oro vale quince veces y media la plat«, se afirma un hecho sujeto á variaciones, y que varia en realidad siempre mas 6 menos; es decir, un hecho que no es exacto 6 que no lo es sino muy accidentalmente.

Un pueblo tiene preciosas ventajas con la posesión de una cierta cantidad de moneda para facilitar sus cambios. Sin embargo, el interés que le ofrece este acrecimiento tiene límites.

Adam Smith compara la moneda á un carruaje que conduce dentro los objetos de que tenemos necesidad.

Ahora, todo mecanismo costoso tiende ii ser simplificado: el punto importante es, que la circulación de la riqueza se opere fácil y violentamente. Llevad mas all¿ de cierto limite la circulación de la moneda, y no tendréis por efecto sino un acre* cimiento nominal en todos los valores. Si la cantidad de moneda existente en el mundo se doblase mañana, todos los productos doblarian su precio.

El descubrimiento de las minas de América encareció las mercancias.

El falso principio de que la moneda se confunde con la riqueza, conduce á una observación incompleta.

Es muy verdad que un individuo que posee mucho dinero

puede procurarse con él gran suma de satisfacciones; pero un pueblo bien podria tener mucho dinero y faltarle la^as, sedas^ linos, útiles de labranza, &c.: en fin, una masa de consumos útiles 6 necesarios para la vida, que los pueblos extraños no le pudiesen suministrar. Este pueblo, con todo y sus metales preciosos, soria pobre en realidad, como el rey Midas en medio de sus pretendidas riquezas. Se ha citado con este motiyo el ejemplo ccncluyente de Espaffa, cuando poseia las Américas.

Es igualmente inexacto llamar á la moneda signo de rique'^ za, — La moneda es un valor equivalente del que por ella se cambia*

Esto tiene su excepción respecto de la moneda de cobre, que vale generalmente mas como moneda que intrinsecamente, lo que da lugar á la falsificación; pero esto tratan de remediarlo los gobiernos, comunicando yalor al cobre por medio de liga, 6 haciendo de modo que no tenga atractivos la falsificación.

La idea de que la moneda ^o es sino un signo de convención, ha conducido y debido ¿inducir á la alteración de las monedas. Toda alteración de moneda ha sido siempre una medida ilusoria y una bancarota.

Una medida ilusoria, porque desde luego el precio de todos los productos ha aumentado en proporción de la alteración, y antes que la economía política lo advirtiese, el instinto de los pueblos rehusaba tomar por un valor lo que era otro; era necesario mas oro 6 mas plata para comprar las mismas cosas, y esto es todo lo que se ha obtenido.

La misma idea de que la moneda no es mas que un signo, ha conducido al papel moneda. En la moneda falsa queda un residuo de plata cualquiera. Bien conozco que es mas cómodo tener moneda la que se quiera, procurándose uñ poco de papel y un sello. Si la moneda es riqueza, no hay sino fabricarla; y si el valor viene del sello, no hay sino sellar indefinidamente.

Sin embargo, es mas diñcil de lo que se cree seguir un absurdo en todas sus consecuencias. Conocieron bien que era imposible hacer tomar el papel como dinero, aun aquellos que

86 mostraban mas convencidos de que el dinero no es sino vn signoy j qiie no tiene otro valor qne el qae recibe de las conven* cienes sociales, j el que le da el Estado. Se comprendió siempre que era necesario garantizar el papel con valores reales. Pero sucedió lo que debia suceder, que la facilidad de fabricar el papel, atribuyéndole un valor nominal, puso la emisión mucho mas baja que el valor real de la prenda hipotecada. Tal es la historia, entre otras experiencias del mismo género, de los billetes de Law; del contineníal-^monet/f j de la época revolucionaria de los asignados. Se emitieron 400 millones hipotecados sobre los bienes nacionales: un afio después la emisión ascendía á un millar 200 millones; en 1792, á 2 millares 200 millones, y progresivamente hasta 1795; & fin de este año se habian fabricado por mas de 40 millares. La depreciación que era de 10 por ciento & principios de 1791, fué d« 78 por ciento á fines de 1794: al último los asignados no valían nada. La teoria de que el signo multiplica la riqueza estaba al fin de su carrera: todo el mundo tenia millones en su bolsa, y no tenia con que vivir. Be poseían los signos y no se sabia que hacer con ellos. Prueba decisiva para esta doctrina famosa de la moneda, simple signo convencional, doctrina que tiene partidarios aán en nuestros dias, como se ve en las épocas de revolución, en que se imagina que basta multiplicarla para aumentar el bienestar popular, y fundar sobre esta suposición los mas absurdos sistemas.

Un reformador contemporáneo, que en esto da una prueba de poca novedad, acusa de todos los males al oro y á la plata, y propone seriamente suprimirlos.

El autor del Banco de cambio concluye por quitar su carácter de moneda á los metales preciosos, y cree con esto suprimir el culto del becerro de oro. ¿No es esto volver á caer en la confusión del dinero y de la riqueza? Que el dinero sea abolido para remplazarlo como en España por aquella moneda de fierro tan pesada, que era necesario un carro tirado por cuatro bueyes para trasportar 800 francos, ó destronado por ese papel tan ligero, que se pueden llevar millares ficticios un una

cartera; ¿este excedente hará que la desigualdad tan temida no se desarrolle relativamente por la posesión de todas las otras especies de capitales ? ¿ La fuente eterna de la desigualdad que está en las facultades del hombre, en el empleo de su libre albedríoy en las circunstancias mas 6 menos favorables en que él se encuentra, permanecerá suprimida con la moneda? ¿El cambio por dPectos 6 por el intermedio de pedazos de papel, impedirá al capital revestirse de otra forma de tiranía, si está convenido que el capital es un tirano? Pero sí no se descubre en qué seria provechosa esta supresión, se ve claramaite por el contrario lo que todo el mundo perderia en ella.

En lugar de facilitarse los cambios, se entorpecerían desde el momento que se sustituyese al valor intrínseco del oro y de la plata cualquier titulo destituido de un valor real. El en* vilecimiénto del papel nos haria relarogadar al trueque. En el término de todo papel moneda hay una ruina: ¿para quién? Para quien vive del trabajo.

Y es de advertir que los negociantes mas promovedores del papel, son las primeras victimas de su engaito.

IntorvmeiMí del goMemo eon reladen á la moHeda.

Ta hemos visto que los gobiernos no pueden comunicar á la moneda un valor ficticio, ni pueden impedir las variaciones de su valor.

Bl p^el que tiene que representar el Estado es, 6 fabricar moneda 6 dar reglas pi^a su fabridacion, sobrevigilái^dola, y fijar la relación entre los dos metates circulantes, escogiendo entre ellos el que deba fungir de regla oficial. Pero es forzoso advertir que estas mismas facultades han sido puestas en duda respecto del Estado, sosteniendo que se debe limitar á garantizar, por medio del sello, el peso y la ley de la moneda; y esta opinión ha sido también combatida, entre otros, por Say, en los términos siguientes :

ff El valor de un trono de plata, dice, se arregla de persona

á persona en las transacciones que ellas celebran entre si, 6 que se celebran con los gobiernos; conyiene, pues^ abandonar la neci^ preocupación de fijar de antemano este valor, y fijarle arbitrariamente un nombre. ¿ Qué es un peso, una libra ester« lina, un franco ? ¿ Queremos ver en todo esto otra cosa que un pedazo de oro y de plata, con cierto peso y cierto título?

(( Cinco gf amas de plata, nos dicen, yalen un franco; esta frase ne tiene otro sentido mas que este: 5 gramas de plata valen 5 gramas de plata, porque la idea que tenemos de franco no viene sino de las gramas que contiene.^ ¿ El trigo, el chocolate, la cera, toman un nombre diferente luego que se dividen según su peso ? ¿ Por qué no llamar á las cosas por £íus nombres? ¿Por qué no llamar al franco 5 gramas de plata?

«Si no se diese un valor legal á las monedas en cada mercado, no será posible contratar por valores nominales: nos veríamos forzados á balancear cierta mercancía real contra otra real igualmente. Cierta cantidad de plata, por ejemplo, por otra de trigo, &c. A

La teoría de Say ha sido desmentida por la experiencia*

Se ha contestado al Estado que se ocupe de la reglamentación de la moneda, sosteniendo, aunque por corto número, que seria mejor que se dejase esta industria á los particulares, que la harían mejor y mas barata. Que los particulares mas vigilantes de las necesidades del mercado lo proveerían con mayor eficacia.

Esta práctica, por racional que parezca, adolecería de mil inconvenientes. ¡ Qué desconfianza en las transacciones ! ¡ Qué moratorias para pesar moneda por moneda! ¡Qué complicaciones en los cambios ! Esto seria volver á la infancia de las sociedades. Nada mas conveniente que el que pertenezca al Estado la fabricación de la moneda. .

¿Quiere decir esto que el Estado intervenga, como lo hace en Inglaterra y los Estados --Unidos?

La amonedación se hace en Francia en casas pertenecientes al Estado, bajo la inspección de un comisario especial, y ni una st>la pieza puede ponerse en circulación, sin que el gobier-

no dé BU asentimiento para ello. Pero bajo esta reserva, los directores de las casas de moneda son empresarios de indastria, que trabajan á pérdidas j ganancias con las materias que compran. Cuando un capitalista lleva oro 6 plata, se le paga en moneda al momento, salvo una pequeñísima suma de cambio que fijan escrupulosamente los reglamentos.

En Iglaterra la amonedación es gratuita aparentemente; pero esta gratuitidad es realmente una trampa, por el impuesto que tiene la moneda.

El Estado se encarga en la mayor parte de los pueblos de elegir el metal que debe servir de medida á los valores; siendo asi que siempre oro y plata circulan y sirven para los cambios, su circulación se arregla por las necesidades del mercado, siendo en esto á veces poco atendido el voto del gobierno. No obstante, muchos economistas citan la siguiente opinión de Loke en apoyo del señalamiento de un metal que tenga la autorización oficial.

c Dos metales, dice, tales como el oro y la plata no pueden servir en el mismo momento^ en el mismo país de medida en los cambios; porque es necesario que esta medida sea perpetuamente la misma y tenga la misma proporción de valor. »

Tomar por medida del valor comercial las cosas materiales que no tienen entre ellas relación fija y variable, es como si se escogiese por medida de longitud un objeto que se estuviese alargando y encogiendo sin cesar.

¿ Cuál es el mejor metal para servir de medida de valores? A esto responden con variedad las necesidades de los pueblos: en unas partes el oro, en otras la plata; lo único que recomienda la economía política es que se elija el metal menos sujeto á variaciones.

En qué propordon debe tener el pueblo la moneda

y papeles qne la snplen. h

Asignar la proporción en que debe estar en el comercio la

moneda de que puede servirse un pueblo, es tarea quimérica.

Eso depende de sus costumbres y del mayor 6 menor uso que hace del crédito. Pero el pensamiento fandamental sobre que es necesario llamar la atención, se encierra en la proposición siguiente:

«Luego que supera de cierta proporción el dinero, deja de ser yentajosa su posesión.» A diferencia do los demás bienes, la moneda para ser útil tiene que ser poco abundante. «

Haced tan vulgares el oro y la plata como las piedras, y serán igualmente envilecidos, sin que baste convención alguna á comunicarles valor que no tienen.

El pensamiento de que la moneda constituye la riqueza única de las naciones, ha dejado de reinar entre las personas verdaderamente ilustradas. Pero no es raro, aún entre profesores, oir decir que el dinero es la riqueza por excelencia, y este es un segundo grado del mismo error.

La Inglaterra, que posee apenas la mitad de nuestro numerario metálico; los Est)idos -Unidos que tienen mucho menos que España, son los países mas ricos del mundo. El carbón de piedra, el fierro, el algodón, la lana, sobrepasan infinitamente al dinero isomo medios de producción y como valores valuados en la circulación.

Gomo demostraremos mas adelante, á propósito de la teoría de los mercados, los productos so cambian entre sí y el dinero no aparece sino como agente é intermediario de los cambios.

Diremos mas.

Lá moneda do oro y de plata presenta graves inconvenientes; si pudiera ser reemplazada por un término de comparación sin valor se ganarla. Cierto es que tal como se encuentra se garantiza á sí misma; pero el esfuerzo .que se emplea en su adquisición podria invertirse en satisfacer otras necesidades.

Aunque reducida la moneda á su menor especie, forma siempre un aparato costoso de circulación; ademas se gasta^ y esta es una pérdida que influye en el. desequilibrio de los valores.

MM. Dumas y üolmont calculan en 4 miligramos por afio

las monedas de 5 francos. El oro está sujeto á menos alteración. De todas maneras, el valor, mas aún que la materia de los metales preciosos, está sujeto á alterarse. Hé ahí el mal, 7 muy grande debe haber sido, donde ha ocupado tanto á los hombres de negocios para buscar el correctivo. Ellos lo han encontrado en el papel de crédito, que no cuesta nada, por decirlo asi, y que circula á poca costa.

El papel sí es verdaderamente un signo, porque representa valores reales, sin tener en sí mismo valor ninguno: este papel no ha debido vulgarizarse sino en un estado muy adelantado de la sociedad.

Tres fases en la historia de las naciones parecen deber aquí ser notadas, como tres grados de progreso.

En el primero, la humanidad se contentó con el « trueque* 6 cambio de efectos por efectos, 6 de una moneda muy imperfecta, distinta de los metales preciosos, consistente en ganado, tabaco, trigo, &c.

En el segundo grado, el oro y la plata reinan éixclusivamente casi como medios de cambio. En este estado una sociedad no es rica porque tiene moneda, sino porque ella es ya rica de productos, que puede dar por los metales preciosos.

En la tercera faz aparece el uso de los titules de crédito que tiene por garantía valores, y que expresa que deben hacerse pagar en oro 6 plata*

Así es cómo en el seno de los grandes bancos, con la ayuda de xñremewte de partiésy es decir, referencias á las constancias de los libros, se operan prodigiosas transacciones. Los vales y los billetes de banco ahorran cantidades enormes de moneda* La casa de liquidación de Londres (Clearing-House), con el auxilio de 200,000 libras esterlinas, no siempre en numerario arregla negocios por mas de quince millones.

M. FuUarton afirma que, en el estado de perfección de la contabilidad y del respeto religioso que se profesa al crédito, los nueve décimos de las transacciones se arreglan en un banco sin la intervención d^ un solo escudo, si no es para muy débiles operaciones.

La palabra de Ricardo, de que se ha abusado tan frecuente* mente, de «¿a moneda en su estado mas perfecto es elpapely» no significa otra cosa mas que la economia en la producción 7 en la circulación que imprime tan poderosa actividad á la marcha de los negocios.

Volvamos, para terminar el capítulo, á la necesidad de convertir inmediatamente el papel en metales preciosos; necesidad que es una de las mas grandes verdades de la economía política, por mas que sistemáticamente se empeñen en negarlo los partidarios del papel.

En vano es que se refugien algunos en el célebre discurso de Mirabeau diciendo, cuando los asignados^ que ningún valor es mas sólido que la tierra, j que ninguna prenda tiene mas estabilidad. A esto se ha respondido perfectamente: a ün pedazo de papel no es un campo, y si lo fuese, no seria la mejor moneda. B Nada es mas verdad que esto.

Si cada asignado hubiera correspondido á una garantía efectiva en tierras, se habría remediado en gran parte el mal, aunque no todos los abastecedores del ejército, ni los que con ellos trataban, tuviesen necesidad de tierras, y este seria otro inconveniente.

Se ve por esto cuál es el verdadero carácter de la moneda de papel, y cuáles son los límites en que debe encerrarse, bajo la pena de llegar á una verdadera bancarota. Podemos reducir á dos reglas lo que acabamos de decir.

Tender á disminuir la masa del numerario proporcionalmente á la masa de negocios para sustituir un mecanismo menos costoso y mas pronto, según las exigencias del país.

No admitir en la circulación sino el papel necesario, para que el que lo posee pueda trasportarlo cómodamente en la cantidad de metales preciosos que el título indica, y esto es lo que prescribe la prudencia.

Reasumiendo las anteriores doctrinas, que, como os he dicho en un principio, son extractadas 6 traducidas de Baudriüart, porque aunque Dupuynode y Chevallier, entre otros, tratan esta materia mas extensamente, no lo hacen con mayor

claridad ni precisión qae el antor que he preferido» terminaré fijando vuestra atención.

Moneda es un valor eompueeto que eirve de punto de eom^ foración d loa otros valores.

Aunque repugne á la sutileza metafísica la palabra compuesto, presenta con claridad la idea de la distinción de sus funciones, ya como mercancia, ya como agente en los cambios. >

De la primera manera se caracteriza en su calidad de plata, de oro y de cobre, porque así circula en el mercado, y sigue el rumbo de todos los productos. Gomo cualquiera otra mercancía, está sujeta á los costos de producción.

En efecto, cuando 6 por la carestía del azogue y la sal, ó por la alza de los salarios, 6 porque en general los costes de producción exceden del precio de los metales, el trabajo se abandona. Este ejemplo lo presentan los minerales de poca ley 6 los terrenos que se dejan á la boca misma de las minas por no tener cuenta su explotación.

Está sujeto á las leyes de la oferta, y la demanda de un modo tan riguroso, que en los minerales se nota. ¿La plata abunda? Es decir, abarata, sube el salario, los artículos todos encarecen en relación de la prosperidad de la mina: por el contrario, la parálisis de esta abate los precios, aleja la concurrencia, mata el mercado.

La moneda, es decir, el metalr-mercaneiaf reconocido oficialmente para los cambios, no pierde su C9.rácter de mercancía, como decia uno de mis discípulos en años pasados. El sello de la autoridad es el seguro del valor intrínseco del metal, y nada mas. Y para persuadirnos de esta verdad, basta ver la inde-

1 «La función esencial de la moneda es la de facilitar los cambios; se «acepta en todas partes como una mercancía intermedia y una especie de «prenda ( gaje) común. Así, el hombre que ha entregado un producto en el «mercado y no obtiene inmediatamente del comprador los demás produc- «tos que necesita, recibe mientras tanto una cantidad de moneda, por me¿ * dio de la cual podrd hacerse entregar por otros lo que le conviene en su «equlyalencia; la moneda se interpone entre los dos términos del cambio» «7 liega á ser literalmente el medio de la circulación de los productos. »— [ Ooquclin. uDd crSáUo y de los baneoSy n páff, 89, ]

pendencia con que es reconocido el valor de la plata hecha 6 no moneda en el mercado. ^

Sabido es que en los minerales en que los pobres hacen la busca de la plata, no siempre hay casa de moneda ni facultad de beneficiarla como en los grandes establecimientos: allí el pobre hace su tejo, lo pesa y lo cambia por lo quB necesita, fungiendo de tal moneda su metal. ¿ Quién la autoriza? ¿Cómo funge expedita en laa transacciones? ¿Por qué viene ár revivir la idea del trueque, como el cuero ruso 6 los clavos egipcios 6 el fierro romano? Porque es mercancía indudablemente.

En la pasada crisis de los Estados -Unidos hemos visto mas patente esta verdad; el oro y la plata son nuestros principales artículos de exportación; las importaciones de oro y plata jamas habian figurado en nuestras balanzas.

Sin embargo, la guerra americana estalla, el comercio del algodón se paraliza. Inglaterra siente los efectos de la inmovilidad de sus fábricas, y lanza á los mares sus navios en busca de algodón.

Matamoros abre de par en par sus puertas y acude al llamamiento do la demanda on el puerto corrían las libras

esterlinas en las compras del algodón; las importaciones de numerario fueron fabulosas. ¿ Quién se acordaba de nuestro oro, do nuestra plata ni de la fanfarronería de nuestra pretendida riqueza? ¿La mercancía algodón no era mas estimada que aquellos metales?

Al exportarse el dinero se exporta en su calidad de mercancía de plata, porque si así no fuese, ¿ á qué fundirla para • convertirla en reales de vellón, 6 en francos, 6 en pesos ame-

1 R La moneda es una mercadería como otra cualquiera^ tiene un valor «real y un precio dependientes de las causas reguladoras del yalor real 7 a de los precios de todos los domas artículos de riqueza. Su destino de agen- «te general de los cambios en nada altera su esencia, como tampoco el fin a que se rcscrya & un producto induce la menor novedad en su estimación «corriente. Por eso se consideran como inútiles é inmorales las adulteraaciones do laa monedas por los gobiernos. 0 — IColvMiro,. (om. B, pág, tlS.]

ricanoB 7 Si el sello desnatnfalisa aquel valor^ ¿ & qué admitir nosotros los tostones y los francos en nuestra circulación? >

Si cambia la naturaleza del valor en cambio el sello del gobierno, ¿por qué cuando ha querido imponerse por la autoridad un precio no se ha conseguido? ¿Por qué» no obstante de mandarse que una moneda de cobre valga tres centavos 6 cuartilla en los premios, en la cantidad de efectos dados en trueque se ha seguido la regla del valor intrínseco ?

Si la moneda es agente de los cambios, primero es que exista siquiera la posibilidad de los cambios para saberse si el agente puedo entrar en acción.

¿No aparece el dinero porque no hay actividad en los cambios, 6 no se cambia porque no hay dinero?

Esta es una de las graves cuestiones que deben resolverse antes do legislar sobre la exportación de los metales y no dejarse alucinar con la idea falsa y altamente nociva de que el dinero es la riqueza por excelencia.

Ya tendremos lugar de explayar estas explicaciones. Voy á terminar haciéndoos una breve reseña de la historia de la moneda y de la amonedación en México; tomemos antes unos minutos de descanso.

1 a£l oro 7 la plata son frutos de la nación rica en minas, y no es mas «raionable de impedir la salida de la pasta 6 moneda sobrante que prohiabir la extracción de los granos 6 Tinos de su cosecha; impedir el trueque «de lo que nos sobra por lo que nos hace falta equivale & violentar el curveo déla naturaleza con leyes arbitrarias que nada logran, pues todos cons- « piran á quebrantarlas. Por fortuna la ciencia y la experiencia acreditan «do consuno que la libre exportación de los metales preciosos no es un m^il «sino an bien para el comercio, pues propenden 6 esparcirse y derramar- «80 por todo el mundo, guardando la ley del equilibrio. Pero aunque fue- «Bo un mal verdadero y grave, seria vano el empeflo de remediarlo 6 ata- «jarlo con prohibiciones 6 irestricciones, porque todas las barreras que la «ley opone á la codicia de los hombres la salta con suma facilidad el con- « trabando. » — [Colneiro, u Principio» de economía polUiea^ » edición de 1870.1

Gomo sabéis, entre los antiguos mexicanos el cambio se hacia generalmente por medio de trneques, por mas que la exaltación patriótica j las relaciones de los historiadores quieran dar grandes proporciones al mercado.

Conocíanse^ sin embargo, cinco clases de moneda, y eran:

Cacao, grano un tanto diferente del que sirve aún para el chocolata y que se contaba por Jiqtiepiles 6 sacos de ocho mil almendras.

£1 algodoríy pedacitos de tela con hilos de metal á veces.

El oroj depositado en granos 6 polvo en los tubos de las plumas.

JEl eobre^ en forma de una T mayúscula que servia para el comercio al menudeo, y pedazos de

Estaño, que particulariza en sus descripciones Cortés y otros escritores antiguos.

Hablando de la moneda desde la época colonial hasta nuestros dias, dice el sabio D. Manuel Orozco y Berra:

«La acuñación general pertenece á dos épocas principales: primera, á la dominación española; segunda, á México inde-' pendiente.

Aquella primera época es representada de' este modo:

ORO. PLATA.

Moneda macuquina 6 de cruz (1637 á 1731) 8.497,950 762.067,456 62

Columnaria 6 de mundos y mares (1732 ¿1771) 19.889,014 441.644,270 50

Moneda de busto con las efigies de los monarcas españoles (1772 á 1821) 40.829,866 869.216,943 15

Suma 68.716,880 2,062.928,670 17

Lo que forma un total de 2,131.645,500 17 ps. fuertes.

La segunda época se divido en '

ORO. PLATA.

Moneda busto Iturbide

(1822 y 23) 557,392 00 18.575,569 68

Moneda de la República (1824 41867) 38.237,210 60 630.799,477 16

Imperial (1864 á 66) décimo y vigésimo 55,132 85

Busto Maximiliano (1866 y 67) 165,480 00 3.401,250 00

Suma 38.960,082 60 652.831,429 69

Lo que produce un total de 691.791,512 29.

Primera época 2,131.645,500 17

Segunda 691.791,512 29

Suman las dos épocas... 2,823.437,012 46

Las casas de moneda en que se han hecho las acuñaciones que anteceden son Catorce, Chihuahua, Culiacan, Durango, Ouadalajara, Guadalupe y Calvo, Ouanajuato, México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sombrerete, Tlalpam y Zacatecas.

La ley vigente sobre amonedación es de 27 de Noviembre de 1867.

El Sr. Orozco hace la apreciación siguiente de la importancia de las casas de moneda de la República.

Guanajuato, Zacatecas, México, San Luis Potosi, Culiacan, Durango, Chihuahua, GuadaUjara y Oaxaca.

El término medio de la acuñación puede calcularse, segua el mismo Sr. Orozco y rectificaciones hechas* por nosotros, en 18 millones de pesos anuales.

Forzoso es advertir que este cálculo para referirlo al producto aproximativo de nuestras minas es muy incierto; por la

falta de datos oficiales, por la defraudación de los derechos y porque es incalculable el contrabando en barras que se hace especialmente por las costas del Pacífico, en un año, se tuvo idea de que ese contrabando llegaba á cuatro millones de pesos, y yo lo creo mucho mayor en el dia.

De los escritos del Sr. Orozco aparece lo siguiente.

El máximum de la amonedación, que lo marcan los años de 1804 y 1805, pasa de 27 millones. Se mantuvo entre 26 y 19 millones hasta principios de 1810 que comenzó la guerra de independencia. De 1811 á 1817, el término medio son 7 millones; con las esperanzas de paz subió de 1818 á 1820 á 11 millones.

El barón de Humboldt fijaba, en principios del siglo, en 28 millones el producto de las minas de Nueva-España.

De 1821 á 1823, la acuñación fué 9.000.000

De 1825 41826 8.000.000

En 1827 10.000.000

De 1827 á 47 subió &....'. 15.000.000

El Sr. Saint Clair Duport calculó los productos de las minas en 18 millones.

La memoria de 1868 eleva el cálculo á 20 millones.

Hoy por hoy, según los cálculos del Sr. Orozco, con que se conforman las personas mas competentes, puede calcularse por término medio el producto de nuestras minas en 23 millones de pesos. — Dije.