Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 22 de 32
Lección XXI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
La tea inciendiaria del obrero hambiento y la vara de hierro del capitalista ávido, se convertirán en ramos de olivo, que recogerá sonriendo dé sus manos la paz.— Dijb.
LECCIÓN XXI.
Renta.— Teoría de Ricardo sobre la renta de la tierra
(foncier).
El mismo David Ricardo, economista escoces, con quien hicimos conocimiento al hablar del crédito, profundizando sus estudios económicos, creyó encontrar en la renta de la tierra bases diferentes para calcularla, y expuso, con el vigor que distingue todos cus escritos, la teoría que lleva su nombre y ha sido objeto de las indagaciones de sabios escritores.
Aunque Ellis, Baudrillart, Colmeiro, Chevallier y otros se ocupan de esta teoría, ninguno, en mi juicio, la expone en términos mas claros y precisos que Pastor; por lo mismo me valdré de su texto para instruiros. Escuchémosle:
ff Supongamos, decia Ricardo, que un país que comienza á entrar en la vía de la civilización, necesita una cantidad determinada de cereales para su alimento, y que teniendo terrenos en una cantidad desproporcionada al número de pobladores, escoge naturalmente los de primera calidad para el cultivo. Mientras existen terrenos baldíos y susceptibles de apropiación, nadie pagará arrendamiento á otro, puesto que si aplicando los instrumentos de labor á un terreno propio, puede sacar el mismo beneficio que si empleara su trabajo en el ajeno, se preferiría sin duda este segundo medio y nadie pagaría arrendamiento. Pero si creciendo la población los terrenos cultivados de la primera calidad se encuentran de todo apropiados, entonces empezará la apropiación y el cultivo de los
de segunda, y en este caso si los primeros producen 90 j los segundos 80, el que taya á dedicarse al cultivo no tendrá embarazo en dar 10 de arrendamiento al que le ofrezca una tierra que á igualdad de condiciones de explotación produce 90, en vez de emprender el cultivo de la que solo le produce 80. Si continuando el crecimiento de la población y la apropiación de las tierras se agotan las de segunda calidad y hay que apelar á roturar las de tercera, sucederá lo mismo que en el caso anterior, es decir, que si estas producen 70 no habrá reparo en dar 10 por las de segunda en vez de cultivar la que produce 70; pero en este caso las de primera callidad subirán su arrendamiento á 20, que es la diferencia entre el producto de estas comparado cpn las inferiores, de lo cual dedujo Ricardo que el precio del arrendamiento era exactamente la suma de la diferencia entre el producto de una tierra de cierta calidad con el de la última. De este principio dedujo las consecuencias que l<5gicamente se desprendían para averiguar las causas de la subida y de la baja de los arrendamientos, según que se abandonase 6 no el cultivo de las tierras, lo cual debería verificarse en exacta razón inversa,* es decir, que empezaría por los de la última clase y seguiría por las inmediatamente superiores. »
Ahí tenéis en su mas completo desarrollo la teoría de Ricardo, á la que el nombre de su autor ha dado sin duda una celebridad que no habría obtenido tratándose de un autor mas oscuro. ,
Antes de reducir á proposiciones esa teoría, para emprender con el auxilio de vuestra perspicacia su análisis, permitidme una de esas divagaciones con que sois tan indulgentes, y llamaba uno de mis discípulos en otro curso genialidades del maestro.
Tentó en esta teoría como en la de Malthus, de que pronto vamos á hablar, se percibe con suma claridad lo inadecuado, por no decir lo absurdo, de las demostraciones matemáticas aplicadas á las ciencias morales.
En matemáticas todas las operaciones, 6 mejor dicho, las
operaciones de inducción, son en abstracto; el procedimiento es simple. En las ciencias morales. todo es concreto y muchas veces complexo á la vez. Una ^iencia se concentra j derrama su luz en la demostración, la otra tiene que proceder por inducciones nacidas de la apreciación moral. Por ejemplo, el matemático puede decir: 8 cargas de trigo que dan ciento por uno, dan un producto de 800 cargas.
ün economista propone este problema: ¿ 8 cargas de trigo que dan ciento por uno en Querétaro, darán la misma suma en Apam 6 en Chihuahua?
Lo falso de la teoría de Ricardo comienza desde una clasificación que estriba toda en relaciones. ¿ Son de primera clase los terrenos que están mas inmediatos á la población? ¿Lo son los que están mas cercanos á los caminos y á los rios? ¿ Calificamos de terrenos de primera clase los que dan mayores rendimientos, aunque estos no tengan consumo ni expendio? ¿No se relaciona esta supremacía con los útiles y capitales, con la remuneración del salario con los riegos?
¿No hemos visto que un bordo 6 una presa se han convertido con asombro en fecundas tierras estériles?
M. Carey, economista americano, hiere aun mas audazmeU' te la teoría afirmando que en los Estados -Unidos ha sucedido precisamente lo contrario de lo que Ricardo asienta, es decir, se ha comenzado el cultivo por los terrenos mas fáciles, y pardiez que era lo mas obvio; esos colonos, en escaso número, con reducidos útiles, con capitales exiguos, han cuidado, ante todo, de su 'subsistencia y cultivado los contornos de las chozas que fabricaron; el ascenso á la montaña, las exploraciones de terrenos desconocidos, la horadación de la roca viva, la apertura del canal, suponen mayor población, otra acumulación de fuerzas, una perfectibilidad que nunca es la nativa en uu pueblo.
Las aptitudes do las tierras para determinadas producciones tiene que influir naturalmente en su clasificación; tal terreno eminente para la siembra del arroz podriria, por su excesiva humedad, el frijol; el otro, magnífico para el maguey, no produciría una sola mota de algodón.
Notad que en la teoría de Ricardo no entra la clasificación de terrenos ya apropiados; es una teoría que supone el reparto en terrenos de todo punto deshabitados, una teoría que pudo haberse puesto cómedamente al servicio de Adán.
En* la teoría de Ricardo, por mas que se quiera desfigurar la verdad, lo que hay de cierto es que muchas veces se relaciona el producto con los costos de producción; pero ni esto puede llamarse base única, ni mucho menos inamovible por quedar siempre sujeta á las leyes inflexibles é inconstantes de la oferta y la demanda.
La renta representa la parte del capital invertido en la tierra, como dice muy bien Pastor, y depende tanto de su importe, no de la diferencia de su calidad, sino de las leyes á que están sujetos los cambios todos.
Nosotros, en nuestra humilde esfera, no negamos tampoco la renta do la tierra; negamos que está sujeta á distintas leyes; no podemos encontrar motivos nuevos para observaciones especiales.
La diferencia en los beneficios de un capital idéntico, aplicado á la agricultura, depende muchas veces de accidentes tan volubles como los que determinan la alza de valores. ¿Por qué de dos árboles idénticos, sembrados en la misma tierra, nutridos con el propio riego, desarrollados en igual atmósfera, el uno da lozana y apetecida fruta y el otro frutos desabridos? ¿Por qué los viñedos de Talleyrand y de la viuda Cliquot producen el champagne mas estimado en el mundo?
Cuando pasando de estas apreciaciones físicas á las morales se han querido trasladar las reglas de Ricardo, se ha descendido á regulaciones mas oscuras; no se ha dado explicación satisfactoria de por qué el talento de Víctor Hugo produce una renta mas pingüe en Europa que el de otro coplero desconocido; ni por qué el músico ignorado ayer, que esparcia sus notas estériles en el mercado del buen gusto 6 de la mo'da, se encuentra hoy solicitado y convierte en riqueza el talento que ayer era improductivo.
Cuando recordamos, para calcular esto, á los monopolios
naturales, á los accidentes de la alza y la baja de los valores, á las leyes de la oferta y la demanda, nos lo explicamos fácilmente; no a^í cuando queremos hacer distinción entre la parte del producto debida al capital invertido y la que corresponde al arte, á la fortuna 6 al capricho de la d^manda^
«En la práctica^ dice Colmeiro, es Imposible discernir la « renta, porque es imposible discernir las fuerzas productiva» tf que la tierra debe á la liaturaleza, de las que debe al trabsi' ir jo del hombre, acumulado por el espacio de muchos siglos* <r ¿ Quién será capaz de separar en el filósofo los dones del cielo «y los frutos del estudio?»
. Según habréis podido percibir, discípulos queridos, la teoría de Ricardo ha perdido en importancia desde que se puso en evidencia la falsedad de sus principios, pudiera ser y ha sido pretexto para esps ejercicios escolásticos en que la imaginación hace alarde de sus reGursos;¡|pero convenid conmigo en. que nos falta algo que estudiar, y no podemos entretenernos en cuestiones que pudieran llamarse de lujo.
Si á un mexicano, un tanto instruido en los rendimientos de nuestro suelo, se le preguntase cómo clasificaría los terrenos conforme á la producción, estamos ciertos que los clasificarla de la manera siguiente:
Primera clase. Minerales.
Segunda. Labrantíos, y entre ellos las tierras de riego.
Tercera. Terrenos propios para la ganadería.
Ahora, si analizamos las condiciones de cada uno de esos terrenos, nos encontraremos tal vez con un mineral de frutos engaSosos en los primeros trabajos, y después motivo de pérdidas y ruina, 6 vice versa, mineral abandonado como de mezquinos y costosos productos, descubriendo de súbito una bonanza que derrama en su torno la opulencia, que compensa largamente los mas insignificantes esfuerzos, que aturde con la magnificencia de su riqueza
ün bordo, una presa, una máquina introducida, reparó las
pérdidas de machos afíos, convirtió en pingüe la propiedad estéril
En nuestras desiertas llanuras, en que no seria dado al labrador confiar un solo grano fecundo á la tierra ingrata, corre alegre y libre nuestra caballada, y buscan la& vacadas valiosísimas los aguajes, reproduciéndose con sorprendente fecundidad.
Si artificialmente quisiera el especulador designar tierras de primera clase, atendida la escasez de los consumos, la falta de capitales, la escasez de brazos se fijaría en las costas, en donde la naturaleza de los productos los lleva con ciertos privilegios á los mercados, en donde las facilidades de la exportación les promete la realización pronta y segura de las mercancías.
El henequén y el palo de tinte, el añil, la vainilla, el tabaco, el algodón, la zarzaparrilla y las frutas son artículos que excitan el interés poderosamente, y que un dia darán vuelo inmenso á los cambios, ampliando hasta el infinito la esfera de nuestro comercio, modificando las funciones de los agentes de la producción, obraifdo los milagros del tráfico siempre que guiado por el interés legítimo entrega la blanca vela de sus especulaciones al viento poderoso de la libertad. — Dije.