Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 23 de 32
Lección XXII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
LECCIÓN XXU.
Teoría de Malthas.— Poblaeioiu
Sefiores :
Me propongo en esta lección daros á conocer la célebre teoría de Malthus sobre la población, y tomar un pretexto, como lo hago casi siempre, para deciros dos palabras sobre las cuestiones de colonización en nuestra patria. No os digo que seré breve, porque ese anuncio no es recurso en nuestra cátedra para que me dispenséis vuestra generosa atención: ella es tan espontánea, que siempre al concluir de hablar pienso que no he correspondido á vuestro noble deseo de saber.
Malthus nació en Inglaterra, en el condado de Surrey, en 14 de Diciembre dcf 1766. Hizo brillantes estudios: se dedicó á la carrera eclesiástica, y destinó su privilegiada inteligencia á los estudios económicos, pasando con justicia como uno de los mas aventajados discípulos de Adam Smith.
Se agitaba el mundo, al despuntar la edad viril de nuestro economista, con las grandes verdades que brotaban de la nube tempestuosa de la revolución francesa.
Godwin, célebre publicista, daba á luz en Inglaterra sus opúsculos audaces sobre \2k justicia polUtea^ educación y costumbres, un tanto inclinados á las doctrinas sociales. Entre estos ensayos uno llamaba mas poderosamente la atención sobre la prodigalidad y la avaricia. Malthus contestó con 8tP ensayo sobre el principio de población, en que está contenida la teoría de que nos vamos á ocupar.
Fijémonos ante todo en que era la época en que se consideraba como el mayor de los bienes la abundancia de población, de que la procuración de tal beneficio todo lo absorbía y á ' todo se sacrificaba, en que por un extravío se equiparaba la propagación de la especie con una industria cualquiera, y á la esposa fecunda se señalaba un premio ^ se tenia en alta estima el estimulo de la numerosa familia.
Malthus alzó la voz el primero contra ese extravio, proclamando que no era el mayor bien para una nación una población numerosa, sino una población feliz; que era forzoso relar cionar la población con los medios de subsistencia, y que la propagación indefinida de la especie sepultaria en el vicio y en la miseria á los mismos seres á quienes se saludaba como un elemento de prosperidad y de progreso. Este mismo pensamiento, aunque confusamente, habia sido enunciado por Quesñay, Montesquieu, Franklin y algunos otros pensador^.
Hé aquí cómo expone Baudrillart el sistema de Malthus, extractándolo de la obra que acabamos de mencionar^ Todo él está contenido en dos proposiciones:
ff Primera. Téngase por cierto que cuando la población no c está contenida por ningún obstáculo, se duplica de veinti- « cinco en veinticinco años, y crece de período en período, se- « gun una progresión geométrica.
<í Segunda. Nos hallamos en estado de decir, tomando como tr punto de partida la situación actual de la tierra habitada, «í que los medios de subsistencia, en las circunstancias mas fa- « vorables á la industria, no pueden aumentar nunca, sino en a una proporción aritmética. » i
Lo que Malthus traduce por las reglas siguientes: <c La raza tf humana crecerá como los número^ 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, tr 256, mientras que las subsistencias crecerán de este modo: « 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. Al cabo de dos siglos la población <r será á los medios de subsistencia como 256 es á 9. j»
Hé aquí en su q;^inta esencia la teoría de Malthus: tan aventajado escritor la desarrolla previniendo la objeción de que sus cálculos no se realizan jamas. El economista inglés lo atribu-
ye á causas que clasifica en dos categorías; unas que llama preventivas, y otras represivas: las preventivas son las que retardan 6 frustran los nacimientos; las represivas, las que multiplican la moralidad. Entre los obstáculos preventivos edtán enumerados Los que proceden de los vicios, como la bebida,^ la prostitución, &;c.; asi como los que se deberá la sana razón, como el retardo del matrimonio cuando no hay elementos de subsistencia, la economía en los placeres, &c.
En los obstáculos represivos se encuentran las epidemias, ias guerras, las hambres.
La teoría de Malthus pudiera encontrar comprobación respecto á los cálculos, sobre el desarrollo de la población, con algunas cifras estadísticas que toma Baudrillart de Moreau de Jones. Resulta de su cuadro que la población so ha duplicado en el ducado ^e Badén en treinta y cuatro aüos, en Hungría en treinta y ocho, en Bélgica en cuarenta y dos, en Toscana en cuarenta y tres, y en Pqlonia en cincuenta y dos. En los Estados -Unidos, en Nueva-York, en cincuenta años septiplicada la población: la población del Ohio se triplicó en veinte años, y se triplicó en cuarenta; y esta alza y baja aparece relacionada con las subsistencias.
Rossi acepta la teoría respecto al hombre; pero dice que es igualmente cierta para con los animalea y las plantas; por regla general asienta, que siempre que se relaciona una fuerza productiva con una capacidad productora, dará por resultado una propagación geométrica.
Si no se contara con elemento ninguno destructor, la tierra se llenarla de hombres y animales, el Océano de peces
«r Hé aquí algunas cifras, dice, que pueden dar idea del po- <c der virtual de este acrecimiento: un grano de maiz produce « 2,000 granos, un girasol 4,000, una adormidera 82,000, un volmo 100,000. Una carpa (pescado de agua dulce) pone tf 340,000 huevo». Se ha calculado que una planta de anabana « cubriría de yerba el globo en oc^o años, y que dos arenques « Uenarian con sus renuevos el Océano, a
La teoría de Malthus, lo mismo que la de Ricardo, es radi-
cálmente viciosa, porque quiere aplicar el cálculo matemático á la inducción moral; y ya hemos indicado el absurdo á que semejante modo de raciocinar nos puede conducir.
Yése por un lado una serie de supuestos para confirmar 6 destruir la probabilidad del aumento geométrico de la pobla* cion; por otra, apelar á supuestos mas 6 menos ingeniosos para equilibrar 6 desequilibrar las subsistencias^ saliéndose de la regulación aritmética.
Impacientes unos argumentadores, van hasta los remedos del terrible cuadro del hambre universal, que con tan patéti- * eos colores inmortalizó Byron; los otros ensalzando la previ* sion 'divina, tranquilizan con cierto fino sarcasmo á sus anta* gonistas.
Si este fuera uno de tantos ejercicios pueriles de la inteligencia; si en esa esgrima de las disputas del aula se hubiese encerrado esta teoría, tendriamos á lo mas que lamentar la frivolidad de tan estéril trabajo.
Pero tales quimeras han tomado cuerpo en tiempos no muy remotos: ya hemos visto la concesión de la prima á la cria humana.
Veamos los estímulos que se han ensayado para proteger 6 impedir la multiplicación de la especie. Examinemos algunos de ellos: dice Pastor:
(r Rebaja de contribución á los casados con hijos y aumento « á los célibes. Este recurso sobre injusto en sí mismo y atentaK torio á la libertad del individuo, ha sido ensayado en algunas a naciones de Alemania, y no ha producido resultado. Hace <í disminuir los matrimonios é inclina á contraerlos mas tarde; (c pero en cambio produce un aumento en los hijos ilegítimos, « que destruye el efecto de aquella restricción, con gran daflo 9 de la moral pública.
ff El promover una baratura artificial de las materias alimentf ticias, con la de que siendo mas barata la vida, sea mas fá- <f cil el mantenimiento de losi individuos, y menos sensible y « peligi'oso el aumento de la población, ofrece el inconveniente « de ser un medio contraproducente, porque estimula en vez de
« retraer de la reproducción; 7 esta población, cuja existencia ff está fiada, no á la fuerza propia de sus medios de adquirir, <r sino á la desproporcionada baratura de la subsistencia, se enff cnentra en una situación precaria, y á la mas insigi^ificante ff subida de precios por la pérdida de una cosecba no puede ff sostenerse 7 tiene que sucumbir. Para asegurar la subsisff tencia de una población, de manera que^ueda arrostrar el fc primer ímpetu de aquellas calamidades, que de cuando en ^ ff cuando afectan á la humanidad, es preciso que haya la debiff da proporción entre la población 7 el capital, que la parte <c proletaria no sea desproporcionada, ni se encuentre absolu* ir tamente atenida al jornal para vivir, sino que guardadas <r aquellas proporciones, existan en la masa total, 6 pueda exis- « tir un pequefio excedente, para que por medio de la caja de ««horros, la clase previsora pueda ir aumentando una pequeir ña parte con que prevalerse en caso de enfermedad 6 cualcr quiera otro accidente imprevisto. Cuantos medios se discur* ff ren fuera de los eternos principios que reclaman la libertad ff como elemento de trabajo, la previsión 7 el ahorro como me- « dio de seguridad 7 subsistencia, serán ineficaces 7 nulos, 7 ff ofrecerán mas inconvenientes que ventajas. »
Indicada la^ teoría de Malthus 7 los fundamentos con que se ha combatido mas vigorosamente, queda en pié de ella, en mi juicio, como axioma benéfico, que no es tan importante que una población sea mu7 numerosa, como que la población sea feliz.
La cuestión de población en México, señores, tiene otros caracteres, está investida de trascendentalísima importancia, afecta las mas vitales cuestiones para nuestra patria. Las re*, laciones con la subsistencia se modifican de tal manera, que requieren un estudio especial. Señalaré mu7 superficialmente sus principales fases.
El número de habitantes de nuestro suelo diseminado en la vasta extensión del territorio, del que una parte considerable está desierto. La heterogeneidad de las razas ¿ qué perturba* cienes produce en la economía social?
La dulzura en lo general del clima y las facilidades que por él j por las subsistencias tiene la major parte de la población, ¿qué fenómenos produce realmente?
Cuestiones, ^on estas ante las que retrócederia acobardada mi inteligencia si ng. fuera superior mi deseo de instruiros al conocimiento que tengo de mi insuficiencia; me sucede con ^* tas cuestiones como me ha acontecido en. mis viajes al encon» trar una piedra que me ha parecido rara y preciosa, una planta de primor exquisito: la he recogido y guardado diciendo con admiración: ¡ esto es digno de que los sabios lo examinen; siquiera tendré el mérito de conducirla yo!
¿Qué queda de los estudios sociales donde !realmente (hablo de nuestros terrenos casi desiertos) no hay sociedad?
El problema consistente en indagar si es mas ventajoso utilizar la poblaciop que existe que procurar el trasplante de otra nueva, os, en mi juicio, digno de estudio; pero como uno de los medios de buscar esa cohesión es la inmigración, como ella une y civiliza, como la educación práctica que procura es eficasísima, el un medio no excluye el otro, y avanzando en las inducciones nos encontramos frente á frente de la cuestión de colonización.
Incidentalmente en varias de mis lecciones hemos hablado de esta importante materia; os he expuesto hasta los ensueños del patriotismo, hasta los delirios de la beneficencia y de la confraternidad.
Incomunicado México, colonia, del resto del mundo, sin mas excepción que las relaciones que le procuraban la guerra 6 el fraude, adunadas la suspicacia política y el fanatismo para repeler al extranjero, en cuanto nuestra patria fué arbitra de sus destinos, rompió los diques que nos separaban de las demas naciones y temerariamente expansiva, imprudentemente deseosa de confraternizar con todos los pueblos, convulsa por sus victorias y con sus lauros de triunfo, derramó invitaciones á todos los desheredados del destino brindándoles con una patria, con los tesoros de la libertad, con los encantos del derecho.
Veracruz abrió sus puertas y recibid como en triunfo á M. de Yilleyeque para que estableciese una colonia que se desgranó desp^es por otras causas.
Distribuyó tierras gratuitamente, propagó escritos que eran otros tantos llamamientos elocuentes al extranjero.
En el año de 1822 solicitó Estóban Austin y en el de 23 planteó la funesta concesión de colonizar Tejas, que al fin desmembró nuestro territorio; en una palabra, las leyes de 11 de Abril y 14 de Octubre de 1823, 18 de Agosto de 1824, 4 de Febrero de 1837, V de Junio de 1889 y 4 de Diciembre de 1846, pueden dar, entre otras muchafs disposiciones, testimonio de la diligencia con que se ha tratado este asunto considerándolo de vital importancia. '
Las terribles consecuencias de las concesiones para la colonización de Tejas que fueron la inicua guerra de los Estados-Unidos y la pérdida de aquel territorio precioso; la cuestión sobre terrenos baldíos tuvieron en suspenso todo proyecto de colonización sin mas que las tentativas del señor general Arista para el establecimiento de colonias militares.
Santa-Anna, como siempre, expresión de la ignorancia y del despilfarro, impulsó mas el boato y los favores á sus amigos que la colonización.
Comenzó por anular las concesiones de baldíos provocando reclamaciones y descontento, expidió la ley de 7 de Julio de 54 que'dasconocia las facultades de los Estados y derogaba sus concesiones, y dizque apasionado de la colonización europea nombró un agente que desapareció con la suma que se le confió para la empresa.
La dirección de colonización fungia entretanto expidiendo reglamentos y presentahdo proyectos tan deslumbradores como irrealizables.
Guando de una manera imparcial y concienzuda se hizo por la administración del general Colnonfort el examen de los expedientes de colonizacicn, se vieron resultados realmente escandalosos.
La revisión de mas de dos mil títulos que antes indicamos
produjo al erario 7,978 ps. 8 es. Las ventas de terrenos, de 1821 á 1855, produjeron 27,228 ps. 82 es.
Dádivas de islas, regalos de terrenos en nuestras inmensas fronteras, ventas, arriendos, hipotecas, todo se tentó j todo de la manera mas estéril.
Hé aquí el valor asignado á las tierras, según la memoria del Sr. Silíceo.
Baja-California, legua cuadrada ....r^ 40
Chiapas, idem ídem , 500
Isla del C^men, idem idem, de 250 á 500
Sinaloa, idem idem, de 400 á , 1,600
Tamaulipas, idem idem «••••••.« 30
Tabasco, la caballería vale 100
Yucatán, idem, de 400 á 1,000
Querétaro, idem, de 300 á 1,000
La Sierra, idem, de 1,600 á.... 3,000
Puebla, idem, de 600 á 2,000
Sonora, idem*. '. 80
Varios proyectos se intentaron plantear en la época del Sr. Gomonfort; los mas notables fueron :
Colonia mixta de mexicanos y alemanes en Kuevo-Leon.
Colonias Naphegy á los lados del camino de Yeracruz.
Colonias modelos en Veracruz y Durango.
Colonización de negros en Tampico con el nombre de Eu* reka, &c.
En tiempo del imperio se renovaron con mas fervor que nunca los proyectos^ se quiso proceder por compra de tierras, se trató del establecimiento de agencias, se procuró que los soldadosi licenciados quedasen en nuestro suelo; en una palabra, desde las goteras de la capital hasta lo mas remoto de la frontera, se quiso poner mano para que se verificase esa trasficcion como salvadora.
En un principio se dio como motivo de la frustración de los pensamientos de colonización, la intolerancia religiosa; el
incony emente había desaparecido lo mismo que otros inconTenientes que, como la falta de seguridad, pudieron haberse removido por los propios colonos.
Pero ni estas remoras ni la constitucional consistente en decidir si los terrenos baldíos pertenecen & la Federación 6 á los Estados, me han parecido bastantes para explicarme el por qué se esterilizan los pensamientos todos de colonización.
Creo que la cuestión es de mercado, y que mientras las ventajas que el colono valúe estén mas bien del lado de los Estados que de México, allí acudirá preferentemente la población.
Este cálculo estriba naturalmente en el conjunto de beneficios que prácticamente ve el colono que puede disfrutar, es decir, fácil comunicación con su país natal, mercado c<5modo para los productos de su industria, ingreso á los beneficios de la comodidad social, lucro, porvenir.
La colonización se efectuará así, no artificial sino espontánea, no de drden suprema sino atraída por la libertad j el ínteres.
Ignacio Ramírez opina que la teoría de Malthus, despojada de su poesía y de su aparato científico, no dice sino que los proletarios, mientras lo sean, están continuamente expuestos á no conseguir alimentos para su mujer, para sus hijos, para sus padres, ni para ellos mismos en caso de enfermedad.
Esta verdad es incontestable y terrible, puede convertirse en esta cuestión: ¿ es posible suprimir 6 disminuir el proletariado ? ¿ Es posible hacerlo eventual para cada individuo ? Por fortuna para la humanidad, añade el escritor que cito, la experiencia atestigua que existen circunstancias en que el proletariado forma una excepción social. «En efecto, continúa, en los Estados -Unidos, en los puertos europeos, en la mayor parte de las colonias inglesas, donde quiera que el individuo goza de amplia libertad, donde ouiera que los negocios se multiplican y cambian de formas, los proletarios no existen sino como una excepción pasajera. »
La grande extensión de terreno y la corta población producirá la existencia del proletariado, tendrán el aspecto, ha-
hitantes as! diseminados, de tribus errantes 6 fijas, pero siü que pueda comprenderlas ninguna regla dé 1^ que reclama una sociedad regularizada.
La diversidad de razas hace que realmente estén sustraídos de la población seis millones de habitantes y que no pudiéndose comprender én una regla las diferentes entidades que forman toda legislación, sea insegura^ inconsecuente é infecund£^.
Esta falta de necesidades comunes, esta carencia de yincu^ los, esta diversidad de modo de existir, hacen que en todo servicio se aprecie de un modo al blanco, del otro al indio; en los impuestos, por ejemplo, si calculamos la totalidad de los que se pagan en toda la República en treinta y dos millones por ejemplo, deberia regularse la cuota á cuatro pesos, poco mas, por habitante; pero no recayendo el impuesto mas de en dos millones á lo mas, que tienen un modo de vivir homogéneo, resulta la enorme suma de diez y seis pesos, es decir, la cifra mas subida del mundo.
Hé ahí la guerra del capital y uno de los motivos de que se mantenga estacionario el proletariado.
El clima, la abundancia de comestibles favoreciendo la ociosidad y la vida puramente animal, forman clases imprevisivas que despeñan á muchos en la barbarie y á otros los hacen proletarios de la peor clase.
El remedio de situación tan diñcil es la creación de necesidades á los indios, de negocios á todos, para que fundiéndose en una sociedad regular funja y se desarrolle con tales caracteres; así como, hemos encarecido la necesidad de que la máquina sea hombre, trabajemos porque estos conjuntos de personas funcionen como sociedad civilizada. — Dije.
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