Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 28 de 32

Lección XXVII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

LECCIÓN XXVII.

La hacienda pública de México desde la independencia

hasta nuestros dias.

(Regencia, imperio y primera época de la Federación.)

Se me figura, cuando os doy las presentes lecciones^ que soy un padre de familia menesteroso, con unos hijos tan tiernamente queridos como necesitados, y á quien un dia providencial un potentado permite tome de sus muebles, de sus tre* nes, de sus tesoros, lo que apetezca para los amados de mi corazón, y que yo, ávido, deslumhrado, cediendo mas á mis afectos que á las conveniencias, mas á mi ahinco por agradarlos y engrandecerlos que á la fria reflexión, elijo un juguete vistoso á un muehle rico, pero inservible; 6 una joya valiosa, pero inadecuada, y que al volver con mi rica cosecha á mi casa reflexiono con tristeza lo insuficiente de mi juicio, lo ciego de} afecto, la desproporción entre mi anhelo por el bien de los mios y la dificultad de elegir entre aquella inmensidad de tesoros.

Tal creo que la ciencia hace conmigo; asi pienso que es de desacertada mi elección, y no hallo para mi mismo sino la disculpa de que mis errores nacen ciertamente del propio anhelo de querer todo lo mejor y lo mas valioso para vosotros, dejándome conducir por las inspiraciones de mi corazón.

Al presentaros en mi lección anterior el cuadro de la administración rofitistica en la época colonial, me abstuve de los

comentarios de actualidad, por dos razones: primera, por no desnaturalizar los propios datos que deben ser como' el arsenal de donde tome sus armas el raciocinio; en eegundo lugar, porque quise dejar lo mas al descubierto que se pudiese aquello que se dijo sistema, porque para mi, á pesar de nuestros inmensos adelantos, los vicios todos de nuestra hacienda tienen su raiz en aquel sistemático desorden, en donde solo pa* rece haber habido perspicacia para la perpetración del mal, solo astucia para el disimulo del robo, solo autoridad para revestir la espoliacion con los atavíos de la lej.

En los primeros dias de lá conquista, los avances arbitra» rios j tiránicos del soldado victorioso se contrabalanceaban con los esfuerzos heroicos del misionero ardiente, que hacia del Evangelio un escudo para el vencido y tornaba la sombra de la Cruz un asilo para los derechos de la humanidad atropellados. Cuando quiso preponderar, corrompiéndose, ese elemento, halló su correctivo en el celo del poder civil.

La supremacía de cada uno de estos elementos se caracteriza por épocas durante todo el sistema colonial: permite las alianzas de los representantes del poder 7 del clero en contra de los conquistadores, de estos y los clérigos en contra de las audiencias y. los vireyes, de estos y los conquistadores en contra del clero; pero cuando menos rudos y mas reflexivos, se avinieron todos, cuando se asignaron para mas cómoda explotación determinados abusos; entonces cayó de lleno la tiranía sobre' el pueblo, y no quedaba ni el recurso de la discordia para cambiar de postura el cuerpo atormentado de la sociedad.

De la cifra de veinte millones que aparecen de exacciones, lo que realmente constituían los recursos eran diez, porque el resto consistía en productos de comisiones y encargos para objetos especiales: era el alquiler de la tiranía del fisco para atender á necesidades privadas.

La mayor parte de las contribuciones, con sola una excepción, recalan sobre los consumos: era esencialmente por lo mismo, desigual é inicua.

El tributo ó capitación recala sobre el hombre directamen-

te: era pagar por vivir; era, ademas, como el aseguramiento de su esclavitud, como el sello de su dependencia á sus amos, 7 jamas en la exacción de ningún impuesto se plantearon mas atroces iniquidades.

Obstruidos los cambios por los malos caminos, por el espionaje de la alcabala y después por la persecución política; autorizado el monopolio desde los gallos hasta los cordobanes; sustraidos los poderosos á la justicia por las jurisdicciones privativas, y ademas del impuesto, establecidas gabelas sobre el pan, la carne, el vino, por el abasto^ la alhóndiga^ la tasoj se hace increible que tanto desorden, que tanta iniquidad haya tenido y aun tenga apologistas.

- Casi todos nuestros financieros han lamentado que nuestros primeros gobiernos destruyeran lo que existia sin procurar edificar en su lugar, y esta es una opinión que se repite hasta nuestros dias, y de que yo participé hace veinte afios.

¿Pues qué, al morir el gobierno espafiol, al recobrar cada individualidad política su soberanía y sus funciones, era posible esa parsimonia de la reconstrucción ? ¿ Qué, las revoluciones se hacen conforme á reglamento ?

A muchas de esas contribuciones las abolieron los hechos; el gobierno mostró una forzosa conformidad; no estaba en su mano comunicarles vida.

La hacienda en todos los pueblos se ha formado por indicaciones de sus necesidades, según su índole, su configuración geográfica, su educación y sus accidentes políticos; queser en un dia convertirlo en sistema, en plan, es no saber ni de lo que se trata ni lo que se quiere. Ya lo hemos expuesto otras veces; ¿se cree que un plan de hacienda es como el plan de un drama? Eso es creer lo absurdo.

¿ Quién exigia el tributo & las chusmas impetuosas de Hidalgo? ¿Cómo era posible que se restableciera ese impuesto cuando ondeaba sobre el palacio de los vireyes el pabellón de las tres garantías? ¿Quién cuidarse de la bula y sus rendimientos, cuando el ridículo se cernia sobre la tumba de ese impuesto á pesar de las predicaciones del clero ?....••

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La akabala, el tabaco, ¿cómo conservar su compactibilidadtiránica si habia pasado sobre esas gabelas el carro triunfal de los derechos del pueblo?

Muchos impuestos que dizque derogó la junta provisional reconociendo lo hecho por Iturbide en Querétaro en Junio de 1821, estaban mucho ha destruidos. Otros no era posible que se sostuviesen sino disminuyendo sus cuotas, como sucedió con la alcabala.

El plan de Iguala, como sabemos, representa una gran transacción de intereses entre las aspiraciones á la independencia y las esperanzas no destruidas de la España.

El sentimiento público habia despedazado toda restricción; los tratados de Córdoba no eran sino apelaciones irrisorias al pasado.

La ambición de Iturbide aprovechaba para su engrandecimiento los elementos monárquicos; pero como esto mismo con» sumaba la separación completa del elemento español, se favo* recia por los patriotas que veian mas fácil el destronamiento de un ambicioso que la lucha con los poderosos elementos que conservaba la España entre nosotros.

De todos modos, én medio de esa grande trasfiguracion sor cial, con un ejército de ciudadanos victorioso, con los odios que se desahogaban contra la opresión, con la desaparición de lo existente ayer y sin fijeza de lo que seria aceptable mafia* na, ¿cómo hacer efectiva esa construcción adrede y meditada de un nuevo orden de cosas?

Las plazas se veian conyertidas en punto de cita de los hombres libres; los cuarteles tornados en salones en que felicitaban los proceres, las damas, y los ancianos, y los niños, á los héroes; las proclamas eran cánticos; todo estaba bañado con la luz indeficiente del mas puro entusiasmo Pero atended: el conjunto producido por las circunstancias era como la superficie de hechos muy trascendentales que se consumaban.

En el derrumbamiento del poder supremo habian caido sus agentes y se habia operado la desorganización administrativa;, la parálisis de todos los ramos de la producción habia hecho

ingresar al ejército trigarante j al realista multitud de hombres que vieron abiertos extensos horizontes á su ambición; el mayordomo de la hacienda fué caudillo, el clérigo oscuro cefiia los laureles del héroe; la Iglesia, que raia las manos de Hidalgo 7 Morolos para degradarlos, no era la madre tierna que se servia de los Motolinias j de los Gantes para redimir al indio de la tiranía del soldado y mostrarle en lo hondo de sus penas el cielo azul de la bienaventuranza eterna.

¡ Oh ! ¡ cuánto siento tener que abreviar mi palabra y que soltar en terreno tan fecundo solo una que otra semilla dis* persa al dirigirme al objeto de esta lección I

La junta provisional descombraba el terreno obstruido por la sangrienta lucha que acababa de pasar.

Abolió todas las contribuciones extraordinarias que creó el gobierno español, mandó que se restituyesen los bienes confiscados & los patriotas, derogó la ley que impuso un 10 por ciento á los efectos que se extraian de la corte, expidió un arancel provisional para las aduanas marítimas, disminuyó impuestos á los efectos recargados de ellos, como los pulques y las platas, puso en via de realización loa bienes de témporaKdades^ y dispuso al fin que una junta consultiva de arbitrios estudiase el modo de reorganizar la hacienda.

Los cambios que se operaron en la dirección de los negocios, lo revuelto de la política, la inseguridad en el porvenir, la afluencia, sobre todo, de hombres que todos con iguales derechos y con igual inexperiencia quisieron influir en la cosa pública, todo convertia en inciertos los primeros pasos, y eran los auspicios menos á propósito para hacer una regulación concienzuda de la riqueza pública y censeguir que la ciencia y la justicia zanjasen los cimientos de la hacienda.

La contenta de los intereses sublevados, la condescendencia con las aspiraciones de la fuerza, la urgencia de conjurar la necesidad apremiante del momento, fueron el único plan realizable. Hé ahí cómo se explica esa sucesión de préstamos forzosos y esas ruinosas explotaciones del crédito que no es posible mandar, y escv papel moneda, expresión la mas iné-

quivoca de la impotencia y del delirio, de la miseria de los gobiernos.

Proclamóse al fin la constitución de 1824, que debió haber sido el punto sólido de partida de la administración j de la regeneración social. Respecto de este gran acontecimiento me voy á permitir dos palabras.

Nuestro modelo en todo fueron los Estados -Unidos; en los dos pueblos tenia su razón de ser la Federación; pero en el uno se verificaba espontánea, como por sí mismo su desarro> lio fué una consecuencia forzosa de sus elementos constitutivos. En el otro se creaba por un esfuerzo poderoso de la inteligencia y se quiso hacer descender de las regiones de la teoría.

Los hijos de Guillermo Pen hablan dejado á la madre pa> tria llevando á la tierra hospitalaria que los recibía con sus lares y penates las aspiraciones á todas las libertades, el conocimiento práctico de todos los derechos, la robustez que comunica la emancipación de la conciencia.

Sabios, artistas, antiguos guerreros, simples ciudadanos, se encontraron en el mismo desierto, todos con las mismas necesidades; todos fueron trabajadores de la tierra: la igualdad, ese dogma santo que nunca se vio sino por intermitencias en el cielo europeo, fué la guía, el jugo de vida, la naturaleza de esa nueva sociedad. El trabajo, resorte poderoso de la independencia individual y de la dignidad humana, se convirtió en la ley suprema'de conservación del naciente pueblo; la propiedad nacia armada, como la Minerva del cerebro de Júpiter, del corazón generoso del trabajo.

En México la horda de aventureros que llegó á nuestras playas, pensó en el oro y su pillaje, en la matanza y el dominio del vencido.

Aquel conjunto de gente pobrísima que desdeñaba las ocupaciones tranquilas, se convirtió en una sociedad de ricos y de esclavos; la explotación del indio fué un recurso de engrandecimiento para el vencedor.

Guando este aseguró su botin y se vio rodeado de familia.

le pareció que degradaba á sus hijos haciéndolos trabajadoresi 7 lo primero que se le ocurrió fué hacerlos sabios de colegio. ¿ No os llama la atención que una de las primeras instituciones públicas haya sido la Universidad?

Hubo sacerdotes, medios abogados, entidades casi consumidoras todas, 7 hubo instrumentos de trabajo en las manos mas inexpertas.

La independencia nos convirtió á'nosotros realmente en los gachupines de los indios, y este es el estado que guardamos á pesar de nuestras teorías de igualdad y libertad.

Hemos dicho, no obstante, que la Federación en los Estados-Unidos, lo mismo que en México, tuvo su razón de ser, porque en ambas naciones las individualidades políticas, desapareciendo el gobierno, ejercieron su derecho para constituirse. En México, al morir el gobierno español, no residia en la capital el derecho de gobernar Veracruz, ni en este punto el de mandar Chihuahua, ni Jalisco; la razón del pacto está precisamente en la igualdad de derechos de las individualidades políticas.

Como puede comprobarse con la historia en la mano, en los Estados -Unidos el hecho y el derecho anduvieron constantemente de acuerdo; mejor dicho, cada hecho se vio determinado por el impulso del derecho; en México no, el derecho fué y ha sido el ideal, el hecho se ha implantado despótico.

La confederación americana primero y la constitución después, fueron resultado de luchas, de disensiones, de designaciones, de deberes y facultades al poder de la Union, y así se discernió claramente sobre las deudas que se contraían, las obligaciones que se imponian al centro, las rentas que se designaban para atender á ellas.

Nosotros dictamos nuestra constitución transando en todo, contemporizando con un pasado que amenazaba todavía disolver los adelantos nacientes.

De este modo no solo reconocimos la enorme deuda como obligación de la unión de la época colonial y la muy cuantiosa de la época de la insurrección, sino los sueldos y pensiones,

los montepíos j dádivas que se hacían á los colaboradores de la independencia y & los favoritos de los caudillos.

Los ingresos habian sido j se calculaban en nueve millones de pesos; aunque figuraban veinte, eran ramos de particulares 6 ajenos los que se contaban indebidamente entre las rentas; de suerte que el ingreso no se disminuyó, sino que propiamente se presentó purificado: y es de advertir que se trataba de productos do toda la nación.

Entremos sin mas divagaciones en la reseña histórica que nos propusimos emprender.

Del año de 1821, en que se instaló en México el gobierno independiente, á 1825, que es la memoria que presenta mas regularidad y mejor orden en su conjunto y apreciaciones, se habian intentado y llevado á cabo providencias muy trascendentales.

Se había acudido por medio de préstamos á las necesidades del momento y ofrecido como hipotecas las rentas que tenia y •que tuviese el tesoro: se había intentado el recurso forzoio del papel sellado en tiempo del imperio, sin designación ni formalidad de pago: se habia empeñado el erario en una deuda contraída en Londres: la nación había apechugado otra de cerca de cuarenta y cinco millones de pesos, contraída por el gobierno colonial, y ademas flotaban y se pagaban y reconocían sobre veinte millones de pesos de deudas garantizadas por los caudillos de la revolución; en una palabra, el Sr. Esteva, ministro en 1825, calculó las atenciones del erario en 17.936,674 pesos, y sus recursos en 10.690,608, resultando un deficiente de 7.296,066 pesos.

Entre los recursos que figuraban en el presupuesto de ingresos, se notaban los rendimientos de las aduanas marítimas y el contingente de los Estados; es decir, una designación para que contribuyese cada uno de ellos & las atenciones generales.

En cuanto & los egresos es de notarse, que al solo presupuesto de guerra se concedía mas de la mitad de las rentas.

La presencia del deficiente que hemos mencionado, conver-

tía en inseguro todo orden, j era el mas podero3o elemento de trastorno.

El contingente de los Estados abría la lucha eterna entre las exigencias del centro j las resistencia^ de los Estados, es decir, la alternativa de destruir el sistema político por medio de la centralización de las rentas, 6 convertir en anárquico j en impotente al gobierno, á titulo de respeto á la soberanía de los Estados. ,

La reorganización de la renta del tabaco fué el primer recurso que ocurrió al Sr. Esteva, sin atender á la iiiiquidad de ese monopolio, ni á la relajación sufrida en él por las revoluciones.

Quísose en los primeres dias de la independencia modificar la tiranía del estanco, permitiéndose la siembra j monopolizándose la fabricación; intentóse una reforma en esto: por fin, volvieron las tentativas del estanco, cuando lo repelia mas enérgico la opinión, y cuando estribando toda ella en la centralización del gobierno, tenia en el sistema político la remora mas poderosa.

Otra modificación á los derechos de las platas fué indicada en estos primeros dias por el Sr. Esteva.

Las providencias dictadas en 1825 no tuvieron todo su efecto: primero, por la presencia do las fuerzas españolas en Ulúa, interceptando Veracruz: segundo, porque la desorganización de los Estados era completa.

El arbitrio del contingente, que no habia llegado á millón j medio de pesos, se convirtió en tan inseguro j peligroso, que pretendió, aunque sin éxito, abolirlo el ministro.

Miras políticas hicieron presentar cálculos, hasta de sobraijites, al Sr. Esteva en 1826. Pero en 1827 el mismo señor, al dar cuenta á la cámara del ramo que administraba, recorría las épocas anteriores; y hé aquí en extracto su juicio. ,

ff En 1822 el Sr. Medina encontró su ramo en el mas completo desorden; no tenia datos que le sirviesen de punto de partida: la carencia de recursos era tal, que no habia podido hacerse el pago de las tropas.

c En 1822 el Sr. Arrillaga, ministro del ramo, decia « que á pesar de las muchas oficinas directivas, costosísimas todas ellas, solo habian presentado un €|^tado ridiculo, en que aparecian los productos de dos pueblos y tres provincias. »

« Hablando del recurso del papel moneda, dice «rque se descontaba en la plaza, desde su emisión^ el setenta j cinco por ciento, j»

(T El deficienta habia carcomido los cimientos del orden; la deuda contraída en el extranjero ascendía á treinta y dos millones de pesos.

«r Pero sobre todo, lo que hacia imposible todo arreglo era la inquietud política.

« La coronación y la caida de Iturbide, el pronunciamiento de Santa -Anna, la conspiración del padre Arenas, el plan de Montano, todo laxaba los resortes de la administración, acrecía las deudas, hacia imposible todo orden.»

El Sr. Esteva, que vi<5 en la hacienda una distracción de su marcha política, dio algunas reglas á las aduanas marítimas, procurando franquicias al comercio; pero ofuscado por el absurdo sistema de la balanza mereantil^ á él ajustó muchos de sus procedimientos.

El Sr. Lie. D. José Ignacio Pavón fué el ministro que en 1828 dio cuenta del estado de la hacienda pública á las cámaras.

No obstante ser una persona muy sensata, se hizo la elección de disminuir el deficiente á menos de millón y medio de pesos, porque todo lo veía próspero para el futuro.

En ese año estalló el pronunciamiento de Santa -Anna en Perote y la célebre asonada de la Acordada, que tuvo como episodio el saqueo del Parían.

El Sr. D. José Ignacio Esteva volvió á ocupar, en 1829, la secretaría de hacienda.

Al presentarse á las cámaras, pinta la prosperidad de la República en los años de 1825 y 26, la decadencia en 1827 y la situación penosa á que se vio reducida en 1828. Cuando exclama: «Los brazos que debian manejar el arado empuñan el

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c fusil, la riqueza buje de nuestro suelo, el comercio minora c sus giros, la minería sus empresas, y la hacienda federal y « la de los Estados, por un efecto preciso, han disminuido noff tablemente. »

Lo singular de la memoria que nos ocupa es, que no obstante la profunda perturbación política, que á pesar de que las ideas de las anteriores líneas no son nada lisonjeras, calcula el deficiente en menos de cuatrocientos mil pesos, y esa insignificante suma próxima & cubrirse.

Es de advertir, que el presupuesto de guerra y marina importaba mas de once millones de pesos, y que figuraban entre los recursos el préstamo extranjero, los depósitos, un préstamo de cuatro millones de pesos y aun los préstamos que hiciesen los particulares.

Las distintas autorízacioneB concedidas al gobierno para que se procurara recursos; pero esencialmente las de 21 de Noviembre y 24 de Diciembre de 1827, hablan abierto de par en par las puertas al agio y al desorden mas escandaloso.

Primero se admitió como préstamo una tercera parte en papel, ó sean créditos de distintos orígenes, algunos de ellos de dudosa legitimidad y dos partes en dinero: despites se medió la proporción, y en 1829 con solo mencionar dos hechos, se vendrá en conocimiento del caos en que estábala administración»

Uno fué la ingerencia de los Estados en las aduanas, hasta poder enviar visitadores que imprimían á su antojo el giro que querían á la administración de aduanas; otrOy las compensaciones de derechos^ ó sea la expedición de órdenes de pago á las aduanas marítimas en favor de determinados particulares que compensasen con ellas sus derechos.

£1 desnivel del comercio, el barullo administrativo, la corrupción de los empleados, todo está representado en esas compensaciones, revelación patente de un malestar y de una mar. cha desordenada y al acaso, de que no puede darse idea sino confusa en escritos de límites estrechos como el presente.

Los pronunciamientos se sucedieron, la expulsión do lo8 se-

pañoles hizo emigrar cuantiosos capitales j aniquiló la con> fianza. En 1830 el Sr. Mangino, que vino á la secretaria de hacienda, recorrió los ramos todos de la administración, j en todos encontraba el desorden.

El departamento de cuenta y razón, instituido en la secretaria de hacienda, al crearse esta, no llenaba su objeto ni como contaduría ni como tribunal.

Ni la tesorería general en las comisarías tenian reglamento á qué atenerse: por último, las aduanas marítimas con tenian por la ingerencia de los Estados, por las compensaciones de derechos, por las deducciones & las deudas, por las consignaciones arbitrarias, los elementos todos de la confusión j la anarquía.

El Sr. Mangino conoció que debian segregarse del presupuesto ordinario de ingresos los productos de los préstamos, y presentó el deficiente enorme de 5.686,193 pesos 4 reales.

En 1831, el deficiente subió A 8 millones de pesos: el crédito estaba aniquilado por los arreglos forzosos con los acreedores; el contingente de los Estados rendia cortos productos j provocaba graves diferencias; el sütema protector aparecía en los aranceles«y en el banco de avío; y respecto á los territorios, se hablaba de enviar misiones de arreglo, porque el desorden que se notaba era intolerable.

Los ministros del Sr. Bustamante, adversos al sistema federal, decididos partidarios de las clases y del régimen colonial^ no hacian en verdad sino conspirar constantemente contra la organización política del país.

M banco de atAOy ensueño de los hombres del reglamentarismo j fiat luxy de los que se esfuerzan porque el gobierno haga artificialmente lo que espontánea produce la libertad, fué creado en 16 de Octubre 1880, y se presentó como modelo de patriotismo de los hombres de orden, de arraigo, positivistas y patriotas.

Instaláronse compañías en varios puntos de la República para la explotación de determinadas industrias, protegidas por el banco; las principales fueron:

Capital Tejidos de algodón.

Tlalnepantla Aserrar madera.

Paebla Mantas, alfombras y estampades.

Cuencamé Algodón 7 lana.

Taztla Despepitar algodón.

Tlazcala Tejidos de algodón.

León Gusanos de seda.

Celaya Tejidos.

Qaerétaro Paños*

Morelia Minas de fierro.

Chihuahua Algodón 7 seda.

Hiciéronse venir máquinas del extranjero 7 hombres peritos que las manejasen: se consiguieron semillas exquisitas de planetas desconocidas 6 poco cultiyadas en el país; en una palabra, en un afio 7 tres meses se despilfarraron mas de quinientos mil pesos, sin provecho alguno para el país, 7 se cre76 justificar con esa farsa el sistema prohibitiyo, tan funesto para la da* cion.

En 1831 se reglamentó al fin la tesorería general, 7 se dijo que los cálculos, en 1882, tenian ma7or consistencia.

El deficiente descendió en 1882 á dos 7 medio millones de pesos, 7 se expuso á los representantes de la nación un cuadro de orden, de moralidad 7 de abundancia que realmente no existia; eran no los fríos datos de la verdad, eran las fasetas del prisma politice con que deseaban deslumhrar al país los hombres que se encontraban en el poder.

En Agosto de 1882 se separó el Sr. Mangino del ministerio; 7 aunque en su memoria se habla de plan de recursos, de economía 7 de abolición de los negocios de agio, realmente lo que se hizo fué aumentar los impuestos, no establecer econo* mía alguna 7 recurrir al agio con el nombre de antieipacioneM de dereehos.

Al Sr. Mangino concedió el Congreso fa&ultad para emitir

letras hasta por un millón de pesos, autorización que después

se amplió á cuatro millones; admisión de créditos en pago de

contríbaciones y otras franquicias, que invistiendo de Jacultade$ omnímodas al ejecntivo en materias de hacienda, eqni* yalian á que el Congreso abdicase sus funciones mas preciosas, proclamando la arbitriedad.

En Enero de 1883 se mandaron ampender todos los pagos que habia decretado el gobierno anterior, j tales inconsecuencias, tan escandalosa infracción de los compromisos contraidos, produjeron, como se verá, sus efectos.

hss facultades extraordinarias, concedidas en ese año para la consolidación de las instituciones federales, fueron el colmo del desiSrden en esos primeros días del avenimiento del partido federalista al poder.

El Sr. Booanegra, secretario del ramo en aquella época, calculó un deficiente de cuatro millones de pesos, haciendo subir los ingresos á trece millones.

Los costos de recaudadon hasta entonces, los juzga el Sr.r ministro Romero, en su Memoria, que es un archivo importantísimo para la historia de nuestras rentas, del modo siguiente:

Primer aSo económico .$ 8 60j''j¡ por 100

Segundo....id 6 24j »

Tercero id..... '.. 16 60 »

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La administración de 1883 anuló las enajenaciones hechasen contravención de las leyes de 1822 y 28; retiró la coacción civil al diezmo eclesiástico; redujo el contingente á los Estados; disminuyó los derechos de importación; cedió á los mismos Estados los bienes de jesuitas, y concedió al municipio de.

Yeracruz la facultad de imponer un doce y medio por ciento por cada bulto de mercancías que introdujese en aquella plaza, lo que era realmente un recargo del derecho marítimo.

En medio del desorden increible que se percibe en esa le* gislacion, 7 como si él no bastase para complicar la situación financiera, se dispuso enajenar el cuarenta por ciento de aquellos productos para el pago á los acreedores del erario, estableciendo varias distinciones, que resistieron admitir. . El Congreso ocurrió entonces á la panacea de Ibíb facultades exiraordinarias para conciliar los intereses de la administración, contentando la ayidez de los acreedores.

« Uno de los motiTos de abuso en los negocios de agio y de c mayor gravamen para el erario (dice con razón la Memoria c Romero, 1870 ) consistía en que se estipulaba la entrega de ff cicutas cantidades de créditos: los contratistas para no verse ff obligados á pagarlos al pírecio que tenian en el mercado, sin c embargo de ser muy bajo, generalmente conseguian que se « les diese plazo de seis meses 6 de un afio para enterarlos. El « resultado era, pues, por lo contrario, que no se volvía á ha* « blar de esa entrega, 6 que si había algún empleado que la « promoviera, se procuraba la adquisición de los créditos á un «r tres 6 cuatro por ciento, y los tenedores de ellos tenian que « sacrificarlos á ese precio, porque sabian que la concesión de ff un nuevo plazo ponía á los compradores en situación de im- « ponerles condiciones mas gravosas. »

En 1834, el Sr. D. Antonio Garay, que era ministro del ramo, calculaba el deficiente eu tres 6 cuatro Qiillones de pesos, y creía que podria cubrirse con buenas medidas administrativas y prudentes economías.

La ley de 2 de Marzo de 1885 se funda en bases generales para el pago de la deuda pública: pero como estas consistían en admisión de vales 6 créditos en pago de derechos, disminuyendo la garantía, aumentaban el descrédito y ahondabui el abismo del deficiente.

El comerciante que tenia por competidor al que pagaba con una parte de créditos adquiridos & bajo precio los derechos

de su mercancía, no tenia mas recurso que ocurrir al agio 6 buscar su salvación en el fraude.

Gomo era muy pingüe la ganancia que procuraban los eréditos, tenia el comerciante que hacer partícipe de ella á los empleados que quedaban bajo su dependencia; en todo, el tráfico inmoral tomaba proporciones inmensas; y establecidas las ilícitas relaciones á que so prestaba, era cada oficina, exceptuando contados individuos, una cueva de ladrones.

Los causantes de derechos que no estaban al alcance de los manejos del comercio que hemos indicado, pagaban íntegro; pero entonces el empleado ponia oficiosamente su parte de vales, lucrando can esa busca legal de un modo escandaloso.

A los vales de amortización de crédito se unieron los vales de alcance de sueldos á*loS acreedores todos del erario, y entonces, retirados, viudas y pensionistas de todo género, cayeron como una parvada de buitres sobre el cuerpo exangüe del tesoro.

Agotado el erario, se recurrió al Congreso, y este, can lasfacuüades extraordinarias^ salió del paso, autorizando al ejecutivo para que se proporcionara por seis meses cincuenta mil pesos en cada uno de ellos, concediendo el interés de 4 por ciento mensualAl avenimiento del Sr. Blasco al ministerio en 1885, calculó el deficiente en 7.042,134 2 0.

En 1886 se cambió en central la forma federativa de gobierno, y álites de pasar adelante en la árida narración hiatórica que hemos emprendido, oa suplico me concedáis vuestra atención sobre algunas consideraciones que no quiero dejar para después; será también mi pausa como un príetexto para tomar respiro en nuestro fatigoso camino.

Oyese frecuentemente entre personas que gozan la reputación de hombres de estado eminentes, que es forzoso no entregarse á la política; que lo que importa es dedicarse á crear una buena administración y á las mejoras materiales que reclama el país; y por cierto, si bien se reflexiona, estos hombres acometen una empresa semejante á la de separar las

funciones materiales del cuerpo, de la influencia poderosa del espíritu.

La consistencia de las mejoras positivas de un pueblo, cuando no hace patente su adelantamiento moral, son allegadizas y efímeras; el menor soplo las destruje, pudieran disimular el infortunio; pero nunca ser la expresión efectiva de la felicidad de un pueblo.

En México, para juzgar de los sistemas financieros, es for* zoso hacer un examen de la política que han seguido las administraciones encargadas del poder público; y para llegar al conocimiento de sus tendencias y de su influencia, es indispensable apreciar ímparcialmente los caracteres de los partidos políticos dominantes.

£n el periodo que acabamos de recorrer, siguiendo los pasos de la historia financiera de nuestro país, dos partidos se han disputado encarnizadamente la dirección de los negocios: el partido liberal ó de progreso, el partido servil 6 retrógado.

Al primero pertenecieron y pertenecen los intereses del porvenir, la consolidación de la República, la elevación del elemento popular, su fuente de vida y su razón de ser.

Al segundo, el monopolio y el privilegio, los intereses de las clases privilegiadas, la conservación de las distinciones y prerogativas, secreto de su influencia, título positivo de su superioridad.

Los hombres del partido liberal 6 reformista entraban en la liza política, iluminados por la claridad de sus inteligencias, sin práctica ninguna en los negocios, armados solo de algunas lecturas francesas, de muy pocas inglesas, envidiando como su bello ideal político, el desarrollo del pueblo norteamericano.

Inexperto y entusiasta el partido democrático, vertiendo sus labios las palabras de libertad, de derechos, de progreso, eufónicas y seductoras para todas las almas generosas, derramó en los vientos el perfume de las mas deslumbradoras teorías: las masas le seguían por instinto, conducidas por la música que despertaba sus mas nobles sentimientos; pero los directores de los negocios, ó ignorantes ó temiendo la ignorancia de su séqui-

tOy ensayaban con cobardia risible sus pensamientos de reforma, exponían las formas de los pueblos libres á la admiraeion general y transaban desconfiados, por temor de retroceder en m camino. — El reflejo de esta situación se ve patente en la constitución de 1824.

Allí se nota la proclamación de los derechos mas preciosos del hombre y los fueros y privilegios que los anulan; alli se consagra la libertad del pensamiento y^e inclina el poder ci-

Til ante la intolerancia religiosa

• El partido -servil en los primeros dias de la independencia y después, se resentía de una escisión poco visible superficialmente, pero hondísima en su esencia.

El clero y el ejército, aunque han aparecido ostensiblemente como con intereses comunes y prestándose apoyo recíproco, tenian en realidad posiciones muy diversas.

La independencia encontró al clero en un estado en realidad decadente.

El alto clero era la tiranía colonial mas esforzada, mas rencorosa, mas implacable que el poder civil. Este en el patíbulo saciaba sus furores, aquel formaba sociedad con el enemigo de las almas para que se encargase del martirio eterno de su adversario.

El bajo clero, es decir, curas y vicarios, los que estaban en contacto íntimo con el pueblo, habían abrazado la causa déla patria, habían sucumbido luchando y coronando sus sienes con el martirio político.

Al alto clero se le percibía entre los restos de la Inquisición maldecida, con sus instrumentos de tortura en las manos conservando el cefio terrible con que lanzaron sys excomuniones feroces contra los patriotas.

La venta de los bienes de temporalidades, la discusión so. bre la supresión de regulares,. los escritos de los regalistas espafioles que se propagaban por todas partes, minaban momento por momento la secular dominación de esa clase, la mas hondamente arraigada en nuestra sociedad.

El ejército aparecía en verdadera privanza enseñoreándose

de la sitnacion política: era el poseedor de la fuerza ea medio de una sociedad desarmada: en su alrededor to4o eran adulaciones 7 halagos: el pueblo que le acababa de ver salir de su seno lo oreia ¡ insensato ! aliado natural de sus libertades: el clero lo valuaba como nn instrumento precioso.

Pero estos dos elementos quisieron explotarse: el ejército por un instinto de conservación buscó el apoyo del clero, aunque en apariencia pretendía ejercer sin partieipacion el poder. ¿De quién era el mando? Exclusivamente de nadie; en los negocios, alternativamente de las dos clases.

¿ Cuál era el vínculo común de esta pérfida alianza? £1 dinero, y para lograrlo se tenia que caer soWe el sistema tributario del país.

Aunque la apariencia (oda era de libertad, aunque los proyectos sobre bancos, sobre protección á la industria, sobre ensefianza y sobre colonización se sucedían, los partidos libraban á la hacienda el secreto de su dominación.

El clero sabii^ que su poder estribaba en los bienes temporales: los reconocimientos impuestos en casi todas las fincas agrícolas, la posesión de las urbanas, las capellanías y legados, los diezmos y otra infinidad de recursos, estaban ligados á la hacienda; estremecer sus fundamentos antiguos era aniquilarlos.

Pbr esta causa fué para el clero un golpe mortal que se retirara la coacción civil al pago del diezmo, era como el divorcio que devolvía sus atribuciones al fisco, era como la advertencia de lo que seria el día que el poder civil lograra su emancipación completa.

El sosten del sistema tributario colonial estaba implantado perfectamente enrel clero, no tanto por lo que en las apariencias importaba, cuanto por los avances que tenia que hacer una vez que emprendiese la reforma de hacienda.

Por esto en la época que recorremos se nota que en las combinaciones ministeriales apenas el gran Zavala funge como representante genuino del partido progresista, y de ahí proviene el injusto renombre con que ha pasado á la posteridad, puesto que los serviles lo han juzgado.

El pueblo por su aspiración á la mejora, por sus instintoSi era y es altamente eoonombta; en esa l^cha de las clases se puso del lado que lo Ueyaban sus conveniencias positiyas.

Como digo, el partido clerical era el apologista y el conseryador del sistema haceñdario de la colonia, esencialmente en su parte de reeaudaeiorí.

El partido militar se cuidó poco de las bases que tenia el impuesto, aspiró á la libre distribución de los caudales que se le confiasen, sabia que cada cuerpo es una mina inagotable cuando se quiere hacer fortuna.

¿ Qué hace vd. ? decia Santa-Anna & uno de sus ministros de hacienda que disputaba con el de guerra. ^ Busco dinero para que mi compañero lo tire, » dijo con mucho aplomo el hacendista; y en verdad que la respuesta no pudo ser mas concluyente.

Recorriendo el caos que ha formado desorden militar en casi todas las épocas, aparecen como puntos luminosos PedraBa y Arista pugnando por reformar la administración, comenzando por el ramo de guerra; pero sus esfuerzos fueron poco fructuosos, atendida la inquietud en que so ha encontrado el pais: sin duda por esto decia el sabio barón Louis á Napoleón: c Dadme paz y yo os daré hacienda. »

Los numerosos empleados que requiere el orden de cosas que ezigia cada una de las secciones del bando servil, se ad-. herian á él, bien por sus recuerdos, bien porque no sabian ni conocian mas que la tradición colonial, bien porque aspiran d ser de quien les paga^ sin cuidarse, como dicen comunmente, de las cosas políticas.

Hemos dicho que el clero, por medio de sus préstamos, ejefcia influencia poderosísima en los negocios; que el ejército buscaba por tal causa su apoyo; pero cuando los intereses de ambos se contraponian por cualquiera disposición gubernativa, nacia el conflicto y la parálisis de la marcha política.

Estas contraposiciones dijeron nacimiento al agio^ que en este período desempeña un papel tan culminante y que por lo mismo merece detenida explicación.

El agiotista, que no era sino el sórdido especulador, el ca-

ballero de industria acaso, qae espió en lo íntimo del desorden una fuente de especulación en la abstracción de la política, se presentó como neutral, amigo aparente de todos los vencedores, confidente secreto de todos los vencidos, sin entender de politicay asiduo cortesano de todos los gobiernos; al clero le dijo: yo me interpongo entre tú y la avidez de la demagogia; anticipo lo que tú tengas que dar; tengo mas facilidad de recobrar lo que preste que tú mismo; mi intervención te produce y te defiende; extiéndeme la mano, que soy tuyo.

Al militar le dijo: no chocarás, al pedir dinero, con las resistencias del fanatismo; la contabilidad con las oficinas te humilla y te inspecciona; vdes. que han hecho la independencia no deben tener tutores para hacer contratos; los buques, el armamento, el vestuario, son otras tantas minas que podemos explotar unidos yo te pertenezco.

Algunos ricos se agregaron á estos elementos, porque vieron en el agiotista el resorte poderoso del lucro, de la marcha política, de los empleos y de cierta aristocracia naciente que aunque tenia sus raices en el robo, iba á ser considerada en el primer término social. •

El agiotista tuvo en la agitación su primer elemento mercantil; en cierta influencia en la administración su garantía de pago.

Est|k es la causa de que se diera caso en una revuelta el año de 1841 de que la misma casa agiotista enviase dinero á los que estaban atacando al gobierno en los suburbios de la capital y de que la guarnición del gobierno se pagase de aquella misma caja.

Los fondos especiales, como enajenados del gobierno, se prestaban á la seguridad de esos pagos, y por eso se propagaron & medida que el agio se enseñoreó de todo.

El agiotista, según la profunda expresión de Ignacio Ramírez, quien ha sido mi coolaborador en esta parte de mi trabajo, entraba siempre triunfante al lado del vencedor. Era el vil judío de la edad media qu& resucitaba en México de guante blanco y en carruaje tirado por frisones.

El partido revolucionario fué por instinto oí gran partid»* rio de las ideas económicas; si no en el terreno práctico, en el teórico era el partido economista por ezoelencia.

Defendia el comercio libre y la abolición de fondos, patrimonio de determinados agiotistas; ensalzaba la contribución directa, y con el pretexto del arreglo de la deuda presentaba formulado por la valiente pluma del Dr. Mora, el plan aadaí de la desamcrtizacian de los bienes qtie se llamaban del clero.

Pero notemos que esto se verificaba en la superficie de las cosas: en el fondo, la Federación solo ezistia de nombre; Tos representantes del poder militar 6 comandantes generales eran los arbitros de las aduanas, los quevdeterminaban en el interior de la distribución de caudales.

Existían las formas federativas; pero Esteva lo mismo 'que Mangino, Pavón lo propio que Blasco, eran partidarios ciegos del régimen español, j todos, con la sola excepción del Sn Corral, no tuvieron poder para oponerse á los agiotistas.

Esta conspiración tenaz contra el orden político estalló al fin, y en 1886 se aniquilaron las instituciones, se perdió toda esperanza de reforma y quedaron tan predominantes las clases, que los mismos patriotas, acobardados, no volvieron de lleno á agitar las reforman iniciadas en 1833, sino hasta el plan de Ayutla, limitándose ese gran partido de progreso á conveniencias de personas y á intrigas en que se buscaban lu« cros individuales.

Tres condiciones indispensables hemos fijado para el logro del arreglo y consolidación de la hacienda pública:

1^ La paz.

2^ El acuerdo perfecto entre las instituciones políticas y el sistema hacendario.

89 La sustitución en todo de la ley á la arbitrariedad.

En el período que hemos recorrido vemos la carencia total de esas condiciones; sigamos con la historia en su busca, que . es una expedición semejante á la que cuenta la fábula del vellocino de oro. — Dije.