Leyendas americanas · Unidad 62 de 88
Unidad 62 · 19« QCIBIAM.
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allí me saludó con gritos de alegría : t Bendita sea, me dijo , poderoso Quibiam j la mano de Dios que te trae á las orillas tranquilas de Ornofay... en los risueños años de mi juventud derramé la sangre de mis venas , y en los combates defendí á tu padre Mayarima, del furor de sus enemigos: él me dio su hija 5 hermosa como racimo de flores: yo conquisté estas orillas, sembrando de pueblos las llanuras de Cubanacan, y los enseñé á amar á Dios y á bendecir el nombre deMayarima... Poderoso rey de Veragoa, te ofrezco mi hospitalidad, y cuando se escóndala luna, mis tribus guardarán tu corona al rumor del areito. Lianatá (4) vibrará con sus dé-
las Gasas por los años de 1514 , en lo que era puerto y bahía de Jagua. Caimará era padre de la hermosa Lianatá.
(1) Lianatá , hija del viejo Gaimará y de Gubanáca , cacica de Aríguanabo y Guaniguanico , tenía diez y seis años cuando presenció la primera misa que se dijo en la isla en 1494 : era un prodigio de hermosura ; mas blanca que la generalidad de los indios. En escritos conservados en la casa de los Ruices Gómez de la isla deGuba, pobladores primitivos de 'aquella tierra, he leido con placer una relación muy delicada de la pureza y veneración con que esta india inocente colocaba ramos de flores en el altar levantado á la virgen, donde se dijo por los Españoles la primera misa ; mientras su padre , con la solemnidad de un pensador profundo , dirigía un discurso lleno de filosofía á Cristóbal Colon, que por fortuna lo trascribieron los historiadores de la época , para que llegara á nuestros tiempos. Esta joven india, apacible y buena,
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dos hermosísimos la marimba de ébano negro , y los armónicos ecos de su canto melodioso , endulzarán la tristeza nebulosa de tu corazón. »
Llegué á la orilla, estrechando entre mis brazos al cacique de Ornofay; de sus ojos caian lágrimas de dulcísimo cariño; tenia la cabeza blanca y arrugado el semblante , por la mano destructora de los afios : el viejo venerable me llevó á su eracra : las doncellas hablan sembrado de verdes ramas mi camino , y la hamaca dónde debia dormir la cubrieron de olorosas flores : las sombras cayeron del cielo azul trasparente y sereno , que con la sublimidad de las estrellas , destilaba la plácida ternura que embriagaba el alma de los que aman y sienten la melancolía de los desgraciados. Todo era ambiente delicioso y perfume de suavísimos aromas. Las doncellas trajeron el hibuero , rebosando licor de pina y de maquey : 'trotaron mis cansados miembros con el agua del bobo : el fresco de sus plumas
es una de las figuras que con mas delicadeza se destacan del gran cuadro de la conquista. Es doloroso que la noche de los tiempos oscurezca tan completamente las costumbres y escenas de aquellos naturales, que estudiadas hoy , seriau la delicia de h civiljzacioíi europea.