Leyendas americanas · Unidad 63 de 88
Unidad 63 · 200 QÜIBIAM.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
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y el murmullo delicado del areito cerró mis ojos, y dormí en Ornofay el sueño celestial de ios biaiaventurados.
La mañana desplegó sus plumas de carmín; el dulce ruiseñor trinó en la selva: la brisa voluptuosa removía las flexibles ramas de los árboles; los torrentes salpican de perlas las flores matutinas cuajadas de brillantísimas gotas de rocío, y la estrella de la aurora se desvanecía ya en el horizonte, cuando sentí vibrar la marimba , y oí la voz delicada de una virgen : era Lianatá, que al pié de las ceibas antiquísimas y corpulentas , bendecía al ángel que guió mi canoa por medio de los mares alas playas felices de Ornofay. Me levanté de mi hamaca embriagado de gozo : era la primera armonía que había llegado á endulzar las angustias de mi existencia...
Ligero como el águila, buscando la mano que derramaba por los aires el sonido , llegué á la espesura de los árboles : la virgen estaba sentada sobre las peñas , desnuda como el ángel de la vida: pudorosa como la flor aromática del guayabo ; tan
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ligera como la nubécula de color encarnado que cruza mórbidamente por el cielo ; la brisa jugaba con sus cabellos finos y negros como el ébano ; su frente era espaciosa y blanca como el color nacarado de las perlas; su sonrisa como la primavera ; su aliento era de aromas; sus labios rojos como el coral del fondo de los mares ; sus dientes brillantes como la espuma de las aguas; sus ojos oscuros como las alas del guaraguao , inundados de melancolía y deslumbradores como dos estrellas prendidas en el velo trasparente de la noche, i Dios mío! yo creí tener ante mi vista el ángel divino de la creación, y de amor se conmovieron mis entrañas.
La virgen concluyó el canto ; me quedé delante de ella inmóvil , como la piedra á quien combaten las aguas del mar y el soplo terrible de los huracanes : no supe lo que fué de mí en algunos instantes : su voz era el espíritu de mi espíritu , que habia vivido toda mi existencia encerrado en el alma de la virgen de Ornofay : su voz era mi sentimiento : aquella virgen era la idea que Dios habia creado, para que la pusiera como sello sobre mi coraza, y llenara mi memoria para siempre, y fuera
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mi estrella y la eternidad de todos mis pensamientos.
Lianatá dejó de pulsar su marimba, y me tendió sus brazos inocentes : tRey de Veragoa , me dijo, mi padre te bendice , y yo te doy con él , todo el amor cariñoso de mi alma.» Sentí temblar los músculos de mi cuerpo. Cacica , la respondí , poniendo mis manos sobre su cabeza : tú serás la estrella de mi vida ; tu voz apacigua mis angustias ; la mirada de tus ojos es dulce como la miel de Guahananí; tus sonrisas disipan le negrura salvaje de mis pensamientos. ¡Acompáñame, Lianatá, que es muy largo para mí el camino de la vida I Cuando acabé mis palabras se abria una florecita amarilla entre la verde yerba, la arranqué de su humilde rama, y la dige enternecido : t Lianatá, guárdala hasta el último momento de tu existencia. » La tímida virgen la tomó conmovida y sonrosada con el pudor divino de la inocencia , la estrechó sobre su corazón , y sin contestarme , ligera como una paloma, se perdió en la espesura de las selvas.
II.
Muchos dias estuve en Ornofay : el alma taciturna habia perdido su anonadamiento: el mundo, desierto para mí, se cubrió de flores; todo respiraba juventud , todo me enternecía ; el ansia de bajar al sepulcro desapareció de mis lúgubres pensamientos : estaba impaciente; la vida era corta á mi amorosa y celestial ternura, y las horas corrían <:on la velocidad de la flecha escapada del arco...
En todas partes buscaba la frente de Lianatá: con sus sonrisas sonreía; con su inocente amor lloraba; la palabra dulce de sus labios resonaba sin cesar