Leyendas españolas · Unidad 167 de 180
Unidad 167 · 572 DON OPAS.
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572 DON OPAS.
La toca, y la retoca, y la examina Por la parte de arriba y por la baja ;
Y tienta ya una esquina, ya otra esquina, y dos esquinas mas : es una caja.
A la tapa las manos encamina : No advierte ni falleba ni cerraja. Trata de ver si abrirla al cabo puede ,
Y bien conoce que á su impulso cede.
Ábrela, y con horrísono estampido,
Y esplosion tremendísima y violenta, Fulgor sulfúreo allí dentro escondido Por los inmensos ámbitos revienta. Calma el primer fragor : cesa el ruido,
Y de luz amarilla y tremulenta,
Y amortiguada, y vacilante, y triste, La bóveda insondable se reviste.
Y por las estalactitas li jeras
Y por los desiguales peñascones Salen, cual de profundas ratoneras. Espíritus impuros á millones.
Los unos, como sombras pasajeras, Los otros, como erguidos torreones; Grandes, chicos, medianos, flacos, gordos, Lívidos, pardos, negros, bayos, tordos.
DON OPAS. 573
Con alas y sin alas, y con cuernos
Y sin cuernos, con colas y sin colas ;
Y siguen vomitando los inüernos De nuevos enemigos nuevas olas. Unos son jefes, y otros subalternos ; Aquellos llevan largas banderolas; Estos garrotes, mazas, palos, pinchos; Unos rebuznos dan , otros relinchos.
Unos á otros enganchados giran Por aquellos vastísimos parajes;
Y vuelven otra vez, y se retiran,
Y repiten sus vueltas y pasajes. Todos al rei desconcertado miran Con espantosos gestos y visajes,
Y la lengua le sacan, y estornudan,
Y mil diversas contorsiones mudan.
Poco á poco mitigan la carrera,
Y van quedando íirmes en sus puestos;
Y forman una hilera y otra hilera,
Y cesan los visajes y los gestos : Como aquellas imágenes de cera De personajes graves y modeslos, Que parece «¡ue miran y no miran,
Y porque no son gente, no respiran.
574 DON OPAS.
Abrió enionce un demonio con misterio
Una especie de nicho ó de retablo,
De do empezó á salir erguido y serio
Un narigudo y colosal diablo.
Su cabeza, grandísimo hemisferio,
La cúpula parece de San Pablo :
Sus piernas no son piernas, son giraldas ;
Y son dos cordilleras sus' espaldas.
Ásperas selvas son sus dos bigotes, En los cuales un potro se perdiera; Sus cabellos parecen calabrotes; Cada zapato un místico ó galera ; Sus mejillas gigánticos mogotes. Ya dije que era narigudo, y era Su nariz, que en la atmósfera se pierde, Un promontorio como el Cabo-verde.
Abre la boca, tenebroso abismo, Con cada diente y muela como roca,
Y en tono de responso ó de exorcismo Salen estas palabras de su boca :
« Tú, mi retrato lie!, otro yo mismo ; Tú, por quien el infierno se convoca, Porque tan alta distinción mereces. Hijo de nuestro amor, salud mil vezes. »