Leyendas españolas · Unidad 18 de 180
Unidad 18 · LA CORTE. i5
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LA CORTE. i5
Tal la pasiou comprimida Labra en Zeuma dolencia, Que de la temprana vida Devora la grata esencia.
Y al cabo, desfallecida. Victima de la violencia De amor, á la tumba baja. Sin saberlo quien la ultraja.
Que él, de combates sediento, Ciego al peligro se arroja,
V audaze, del alto asiento La raza alarbe despoja. Mas tarde, rayo violento, Verterá corriente roja
Su victoriosa cuchilla, Donde Parténope brilla.
Hasta qu»' un duro mandato. Vengando el mal de Zelinia Con enemigo conato, Del guerrero el pecho oprima. No fallará quien ingrato, Mal rei, falso amigo, imprima. Pagando servicios heles, ToriHJ mancha en sus laureles.
UNA MADRE.
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« l'ii bioiifait n'osl jaiii;ii« pf nlu. »
EL PRÓFUGO.
" Abre ?u pecho al pobre, (|i:c llorando Socorro le pidió. — Fr. I., dk León.
Cuándo y cómo Sevilla fué Sevilla, V dejó de ser Ilíspalis, se ¡{inora ; Ks punto sobre el cual prave rencilla Se suscita entre sabios cada hora. \nt('s de ser Sevilla, fué Sibilla ; Vo7. que huele á latina mas (|uc á mora : Deesto no hai duda. Mora ú bien remana, roen importa á la |j,ente sevillana.
50 17NA MADBE.
Híspalis ó Sevilla — ( las cuestiones Que la etimología no decide, Sino dando á su arbitrio esplicaciones» fs'o son para mi genio : que este pide (luadros, escenas, heefaos, descriixiiones,
Y el lento raxonar su esfuerzo impide
Y le da cierta especie de letargo. SAlióme esle paréntesis mui largo.)
El nombre es lo de menos. Voz y cosa Son dos cosas distintas. La primera Suele ser arbitraria y engañosa : 1.a segunda es real, como cualquiera Lo sabe : en ella el bienestar reposa, O el mal estar; la dicha verdadera, O la suerte infeliz. Por consiguiente, F.l nombre debe ser indiferente.
Sobre lo cual, si yo quisiera, baria Was de un sabio y profuso comentario,
Y por X mas z probaria
Cuánto el idioma es c;iprichoso y vario, í'ero la difusión no es mi manía : Pienso haber dicho ya lo necesario, Sin que el lector se aburra ni se ofenda, rara que el hilo de la historia entienda.
EL PRÓFUGO. ÍH
c:uando Sevilla pues Iba mudando
I)e nombre, y no de puesto, que sin duda
Precedió á la conquista de Fernando,
Kn tiempo de los moros; era ruda,
V bajo un yugo, á la verdad no blando,
Vivía solitaria una viuda.
Mujer de honor, y á mas buena cristiana,
Frente á frente del puente de Triana.
Kra por julio : mes allí encendido.
Pues no bai cerebro que el calor aguante ;
Vo á mas de doce grados he vivido
De latitud, y co^a semejante
Nunca es[)erimenté. Pierde el sentido
Quien se espone á la Turia llameante,
Que el dios Febo en verano allí desploma :
Ks mucho mas que Ñapóles y Roma.
Pero de noche se respira; y era Muí de noche : las once y treinta y cinco, Cuando á gozar del aura placentera Salió la tal viuda, con ahinco, De su casa no mas que á la ribera. Desde su casa al Bétis hai un brinco ; Mas ella no brincó, porque sabia Lo que á su estado y años convenia.