Leyendas españolas · Unidad 22 de 180
Unidad 22 · EL ALCÁZAR. <i1
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EL ALCÁZAR. <i1
Luego se vuelve á la cristiana, y dice :
« Si por vana piedad lu labio abusa
De mi deuda, tal hecho contradice
Tus prendas admirables, y te acusa.
Mas por qué le interesa ese infelize ?
;. For qué tan afligida y tan confusa
Su vida imploras? qué mudanza es esta ?
(^ué tienes tú que ver con Gil Valpuesta ? »—
n Gil Valpuesta, soHor, es hijo mió, »
Responde; «es mi esperanza; es mi consuelo.
Forestar cerca de el, con zelo |)io
Dejé nú esposo y mi nativo suelo.
Rezelando lu enojo y poderío,
Con otro nombre y bajo el [)ardo velo
De pobreza fingida, en tus estados
Sola he vivido meses dilatados.
XV n
Knternecido Mohamed contesta : " La promesa del árabe no engaña. Llévese esa mujer á Gil V: ipiiesta, Y Alá bendiga su virtud estraña. » Mi pluma á describir no eslá dispuesto La delicia en que aquel seno se baña, Ni hallo un estilo que á la escena cuadre : Si hai quien hallarlo pueda, es una nuidre.
UNA MADRE.
LA SEPARACIÓN.
« II cuor si serra Nelle fortune , e sol lo schiudc il tocco Delle grandi svcnlure. »
MoNTi, Galeotío Manfrcdi.
Mi narración no marcha por la senda Que traza el arte á doctos escritores. Es vicio antiguo en mí : ya no liai enmienda Harto deben saberlo mis lectores. Mi regla antigua es aflojar la rienda, Cuando monto el Pegaso , ya por flores Me lleve, ó ya me lleve por espinas : Tales son mis poéticas doctrinas.
Y mas en esta escena que circunda (1) Mis miradas ; aquí, do libre y dueña Naturaleza, en soledjd profunda, De humillarse al humano se desdeña. Aquí, do majestuosa y vagabunda, En pinturas magnílicas me enseña De las remotas eras los vestigios. Adornados de encantos y prodigios.
LA SEPABAC10>. «3
(^ué inefable espectáculo ! qué alturas Inmensurables ! donde en mole densa, Albas las nieblas, y olra vez oscuras. Ya se dilatan cual cortina inmensa Sobre el coloso ; ya de nieves puras Dejan visible la llanada estensa; Va bajan al declive, cuyo verde Iji la nevada cúpula se pierde !
<jué emporio de grandeza ! ¡ Qué vislumbre Oe mágico esplendor el domo ostenta ! I Cuál del astro retU'ja la alba lumbre,
Y en nacarados vi>os la presenta !
¡ Con qué arrogancia la atrevida cumbre Parece que el zenit toca y sustenta;
Y abre luego sus sólidas entrañas,
Y los bordes abiertos son montañas !
Y el valle! qué perfume! qué intrincada Confusión deleitosa ! qué florida Diversidad ! Aquí nunca alterada La atmósfera por aura embravecida , Nunca por rayo ardiente calcinada, Con blandura perpetua me convida. Con sonreír eterno me acaricia, (Cubriéndome de goze y de delicia.