Leyendas españolas · Unidad 25 de 180
Unidad 25 · 70 UNA MADBE.
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70 UNA MADBE.
Perdiendo al hijo, pierde la matrona Toda su dicha y todo su consuelo ; Mas á un despecho inúiil no abandona Su pecho varonil : activo zelo La estimula voraz : de su persona No teme los peligros, porque el velo De la pasión la ciega y la seduce : Amor solo en la vida la conduce.
Toma una decisión aventurada ; El traje adopta de mujer sencilla, Y solo hasta la puerta acompañada, Logra entrar en los muros de Sevilla. Allí emprende una vida retirada : Finge que en las reyertas de Castilla Perdió al marido, mísero soldado, Que apenas lo preciso le ha dejado.
Zelosa en tanto, busca y averigua) Con incansable ardor y gran destreza : Que en semejantes casos atestigua Su admirable poder naturaleza. La mente mas oscura y mas exigua, Movida por la voz de la terneza. Se iguala en genio y en saber profundo Con los grandes íilósofos del mundo.
LA SEPAnACIO!>. 71
La recibe Al)elud, y ella se arroja Consternada á sus p\ps. Con tierno llanto. Cual si implorara su vivir, los moja,
V de maternidad el fuero santo Reclama firme. El viejo no se enoja, Antes cede benigno al mismo encanto Que el altivo león, cuando en Florencia Respetó de una madre la presencia.
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«< Quó quieres ? » dice. — «Verlo cada dia, » Responde, « y estrecharlo contra el seno : Que en él sus ojos viertan la alegría,
V lo dejen de amor y dicha lleno. » ¿ Quién á tal petición se negarla. Sin un alma de bronce? El agareno, Bondoso y justo, resistir no puede : Todo cuanto le pide, le concede.
UNA MADhE.
EL JARDÍN.
« Fué aquella noche el jardín, Pío jardín, cueva horrorosa : Dn esloque cada rosa, Un puñal cada jazmín. Flora eclipsó sus malizcs, Por no ver laníos horrores. »
El jardín de los encantos
Podria ser lacónico, y acaso Lo desea el lector ; pero confieso Que voi en esta historia paso á paso. Aunque rara vez caigo en este esceso. Nunca las bellas flores del Parnaso Exhalan tanto aroma y embeleso, Como cuando se ciñen á una frente, En escelsas virtudes refulgente.
De pocos años á esta parte he visto Tanta perversidad, que cuando encuentro Inocencia, virtud, bondad, existo Por algunos instantes en mi centro : Al placer que ahora gozo, no resisto. Su deliciosa inspiración adentro Del alma se insinúa, y la recrea, Como el aura benigna que me orea.