Leyendas españolas · Unidad 30 de 180

Unidad 30 · 9i EL HIJO DE DON FARFAN.

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9i EL HIJO DE DON FARFAN.

« Señor padre, habéis herido Honra que no es toda vuestra ; Parte de ella he merecido Con mi valor y mi diestra: Honra que no ha consentido De interpretación siniestra Soplo impuro, sin que ardiente Cual fiero volcan reviente. »

Ved que sol tan castellano Como vos; tan caballero Como el que mas, y en la mano Ved que no falta el acero. ¿ Queréis saber el arcano Que se encierra aquí ? Primero No lo sabréis, os lo juro, Que embistamos ese muro. »—

« Pues á los muros, » esclama Farfan, y los tercios junta, Y su intrepidez inflama Mostrando la heroica punta, Signo de victoria y fama, a Dó está el mancebo? » pregunta, Con afán que en vano esconde. — Mas nadie á su afán responde.

EL HJJO DE DOX FARFAN. 95

Comienza el ataque; unidos Los tercios, honor de España , Se muestran apercibidos A la mas cumplida hazaña. Lanzan altos alaridos Las tropas : con furia estraña Combalen, aunque serenos. Castellanos y a^jarenos.

V al tiempo que la batalla Mas sangrienta se enardece, Dentro de la almena estalla Grito que el aire estremece :

V de pronto, en la muralla Cristiana turba parece. Que con orgullo tremola Noble bandera española.

Cien jóvenes esforzados Son, que un mancebo acaudilla. Cuyo acero á los sitiados Con fieros tajos hunnlla.

V á tal proeza aiiini:idos Los guerreros de C:íst¡lla, Van velozes á la puerta.

Va por mano amiga abierta.

M £L HIJO DE DON F A AFÁN.

Cede al doble impulso el moro.

Y ya es de España Lopera ;

Y eco de clarín sonoro Retumba en monte y praderaTorna el soñado desdoro Farfan en gloria allanera,

Y al hijo ansioso procura,

Y en sus brazos lo asegura.

Mas él responde : « El portillo, Por donde salí esta aurora. Nunca pudiera yo abrillo. Sin la mano de una mora, Que sujetó en fuerte grillo Mi pecho. Sea en buen hora Para Castilla Lopeni, y para mí la portera, n

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IIERMIGIO y GOTOiNA.

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«í Al;i>! tlif'io is no inslincl like Ihe heari.»

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ADVERTENCIA.

D. Sancho Ordófiez, rci de Galicia, apenas mencionado (mi nuestras hislorias, y que muchos escritores confunden malamente con el reí de León , Sancho I. el Gordo, empezó á reinar por los años de 927. La anécdota que ha servido de base á la ficción de este poema, se halla en el ^torno 49, pág. 132 de la España sagrada del P. FIórez.

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Er.i Galicia un reino, una familia : \o ya un fragmento eslraño, que se afilia, Cuando el poder ó la traición lo arrastra, Bajo el yugo servil de una madrastra. Kra un todo homogéneo, (nie en su traje, V en sus usos, y leyes, y lenguaje, Respiraba unidad, como la selva. Antes que el hierro asolador disuelva

loo HERIHIGIO Y COTONA.

Su espléndido conjunto, en la semblanza De su vegetación, y en la pujanza De sus troncos iguales, y el perfume Que sus átomos leves reasume,

Y de ellos forma un todo que embriaga ; Muestra un plan uniforme , no la vaga Producción del capricho ó de la suerte. Era patria Galicia, noble, fuerte,

Suya propia, no herencia ó mayorazgo Del que el tributo cobra 6 el portazgo , Lejos, sentado en mórbidos cojines. Eran suyos terrenos y confines; Suyo el nombre, y las armas, y la gloria No postiza, ni eslraña, ni ilusoria La fama que selló con sangre pura, Cuando opuso á la intrépida bravura De hueste goda y tribu sarracena, Falange pro[)ia, sin ayuda ajena.

Y por aquellos tiempos, era Lugo Corte, no de un tirano ó de un verdugo, Cual lo son en el dia muchas cortes : Centros donde terminan los resortes Empuñados por manos clandestinas; Cuyas estremidades son espinas,

Que destrozan y punzan á lo lejos, Mientra aturde el poder con sus reflejos Al que resiente en lo interior el daño, Sin ver quién mueve el destructor amaño. Corte de un hombre como todos; bravo, Condescendiente, popular, no esclavo