Leyendas españolas · Unidad 35 de 180

Unidad 35 · BFRMIGIO V GOTOXA. 1 l:í

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BFRMIGIO V GOTOXA. 1 l:í

Dirás que anda torcida y algo corva ;

Mas esta leve imperfección no estorba

Que sea de virtudes relicario.

Esta noche dispon lo necesario,

V casado serás en mi capill j. » —

«Vuestra bondad, señor, me maravilla,»

Le replica el sobrino sonriendo;

<(Y me duele, prelado reverendo.

Que esa propuesta de (jue hacéis alarde,

Haya llegado á mis oidos tarde.

Esta mano no es mia, que es ajena.

Dios, de quien sois ministro, me condena,

Severo y justo, si falaz é impío

Regalo á mi solaz lo que no es mió.

Fui libre en mi taller : lo soi ahora.

Del yunque y de la fragua abrasadora

Xo troqué el duro afán por la coyunda

Que hora se ofrece á mi humildad profunda.

Vuestros designios son pios y sanos ;

Mas no os puedo servir : besóos las manos. .)

Salióse erguido, y el obispo ruge De furor y despecho : tanto empuje Dan las pasiones á las almas pias; Tan estrañas les son lassimpalías Del corazón. Con tan feroz desprecio Mira la ajena dicha un santo necio.

II i. IIERMIGIO Y COTONA.

IV.

« La faccia sua era faccia (ruoni giuslo, Tanto benigna avoa di fuor la pclle , E d'un scrpenlc tullo V allro fiisto. )>

D VNTIÍ.

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Sabedor Gelimer de todo el lance, Poner decide fuera del alcanze Del liro episcopal al buen sobrino. Así teje sus lazos el destino ; Así un azar en su querer influye,

Y por tan leves causas se construye

De los hombres la dicha ó la desgracia. Llama á Hermigio y le dice : « Te hago gracia De un tercio en mi escuadrón. Sé su caudillo;

Y para habilitarte, este bolsillo Será de mi cariño leve muestra. » Besa el doncel la generosa diestra i)\ni su valor y zelo galardona,

Y vuela al caro asilo de Cotona, Que era de su bajel el gobernalle.

A tres leguas de Lugo, en hondo valle,

IIERMIGIO Y COTONA. 115

Que limitan cercanas dos alturas, Cubiertas de sombrías espesuras, Mansión del abandono y del misterio. De Sámos el humilde monasterio, Do habita caridad ferviente y santa. Sus torreones góticos levanta. Un hombre justo es el abad : no de esos Que curan la justicia en los escesos De un zelo arrebatado : paroxismo Va de superstición, ya de egoísmo. Ni de su puro labio el anatema Salió jamas, con que la ral)ia estrema De torpe orgullo y presunción insana lil alto nombre del Señor profana. Ni condenó jamas como delito De la naturaleza el hondo grito; Ni del ser que prodiga amor y gozc, Forjó un verdugo bárbaro y feroze. Ciando, indulgente, compasivo y tierno. Mira en la caridad el lazo eterno De la inmensa familia de los hombres; V en esos vanos y pomposos nombres, Irreligión, apóstata, ateísmo, Xo ve mas que maldad ó fanatismo. A este varón perfecto llermigio acude. Para que en santos vínculos añude Su mano con la mano de Gotona, Sin esa pompa vana que inficiona La verdadera dicha. Los amantes, No ya envueltos en ropas elegantes,