Leyendas españolas · Unidad 34 de 180

Unidad 34 · HERMIGIO Y GOTOXA. 111

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HERMIGIO Y GOTOXA. 111

De Galicia por llanos y por cerros,

tmpapándose en sangre de esos perros.

Mas, decid, Gelimer, ¿no habéis sabido

Quién era el adalid desconocido.

Cuyos golpes tremendos espantaban

Las falanges moriscas? ¡Cuál brillaban

Repelidos sus tajos y reveses

En yelmos, en alfanjes y en paveses ! »

«Señor,» responde Gelimer, «mi esmero

Va averiguó su nombre : es un armero

Llamado Hermigio. Sanare ilustre mana

Dentro su corazón, y si inhumana

Lo persigue la suerte, que debria

Darle apoyo y solaz, no es cuenta núa:

Aquí este santo obispo lo conoce. »

ígneo furor la faz cubre veloze

Del prelado : ni atina á dar respuesta;

Tanto su orgullo la alusión molesta.

« Nada decís, » pregunta el rei, «Don Ero?»

«Tu Alteza,» le responde, «cuando... pero...

En verdad, el mancebo es mi sobrino,

V si hoi padece en infeliz destino,

No es culpa de mi amor ni de mi zelo. Quise piadoso encaminarlo al cielo. Conferirle las órdenes sagradas

Y dos capellanías bien dotadas. Mas desoyendo el saludable aviso.

Ni aun la tonsura el insolente (¡uiso. » — « Por los huesos que están en Compostela, » Replica Sancho, « tu piedad anhela

112 IIERiVIIGIO Y GOTONA.

Que se llene de clérigos Galicia. No es harto numerosa tu milicia ? Mis ojos no ven mas por todas partes Que tus lóbregas tropas y estandartes; y á mas de ser al pueblo graves fardos, ¿Todos los hijos han de ser bastardos? Gran nombradla ese doncel te gana, Mucho mas con broquel que con sotana ; Hazle merced, obispo, y séle grato.» Esquívase Don Ero con recato De la corte, algo menos orgulloso Que cuando asiste en traje esplendoroso Y entre devota turba, á grave tiesta, Con báculo en la mano y mitra en testa. A su mandato presentóse Hermigio, En quien ya no quedaba ni vestigio Del rango humilde en que yació agobiado. No era un obrero ya, que era un soldado, Firme en talante y afamado en brio. « Cuál es vuestro placer, mi señor tio? » Le pregunta, con tono del que sale De prisión y conoce lo que vale. « Mi placer, » le responde algo confuso, « Ya que la eterna voluntad dispuso Sacaros del camino mas derecho, Mi placer es ligar en nudo estrecho Tu mano con la mano de Clotilde, Santa doncella, religiosa, humilde. Cierto — carece de fugazes dones, Que arrastran los profanos corazones.