Leyendas españolas · Unidad 39 de 180

Unidad 39 · LA FLORIDA. IC7

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LA FLORIDA. IC7

Reconcentrado en soledad amena, Cerca del mar, á orillas del Barbate, Su vida oscura, plácida y serena, Pasaba sin sentirla Gil de Oñate. Ilustre fué en marítima faena ;

Y mas de cuatro vezes, en combate Tremendo, cuya fama hoi se repite. Asombró las llanuras de Aníitrite.

Sirvió á Felipe eu místico, y galera,

Y navio, y brulote, y en fragata ; En Cuba, y en Brasil, y en la ribera Por do Orinoco inmenso se desata :

Y vino á darle en limpio su carrera Muchas heridas con alguna plata ; Tejos escasos y sangrientas riñas; Cien contusiones y cincuenta pinas.

Mas era tan brioso cual modesto,

Y viéndose ademas entrado en años. Dijo entre sí : « Podré mui bien con esto, Si han hecho mella en mí los desengaños, Pasar tranquilo de mi vida el resto

( Libre de que en sus límites estraños La mar airada mi existencia aflija), En brazos de mi esposa y de mi hija. »

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Volvió á su tierra, y se encontró privado De su esposa, tesoro de prudencia ; Pero vivía Inés, noble dechado líe hermosura, de gracia, de inocencia. Vio en esta desventura, señalado líl designio de la alta Providencia. « Seré su eterno compañero, » dijo, Y cerca de Vejer compró un cortijo.

Allí en profunda soledad, ceñido Del filial afecto que lo encanta, Se consagra con zelo desmedido Al cultivo de aquella tierna planta. Gomo prospera solo y escondido Vigoroso rosal, y se adelanta A la lenta estación su lozanía. Tal Inés progresaba y tal crecía.

Crecía y progresaba en gentileza V en ternura, en ingenio fácil, vivo, Cual no lo desarrolla en la estrecheza De la ciudad el ser, allí cautivo. Fijó en su corazón naturaleza Laboratorio creador y activo De pasión, y en su mente vasta hoguera De exaltada ilusión y audaz quimera.

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Al mirar de la sierra los crestones,

Y las olas furiosas y encumbradas, Subían á la par sus redexiones, Por contrarios resortes impulsadas. Tras aquellas fingía otras regiones,

Y tras aquellas otras apartadas;

Y así abra/aba en meditar profundo Con la imaginación el vasto mundo.

íJgaba, no sé cómo, á los perfiles D«! la roca desnuda ó la montaña, Recuerdos misturiosos y sutiles De antigua historia ó fabulosa hazaña. O ya sus pensamientos juveniles. Flexibles, como al viento dócil caña, En el éter escelso y cristalino Yagaban sin sendero ni destino.

Y era feliz ; porque su dicha entera Se cifraba en el padre, cuya vida I)e tmlo su existir la mitad er.í.

Mas que la otra mitad grata y querida. Ni pudo imaginarse que severa La suerte, á duras leyes sometida, Como separa un busto de su base, De aquel benigno apoyo la apartase.