Leyendas españolas · Unidad 40 de 180

Unidad 40 · 130 LA FLORIDA.

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130 LA FLORIDA.

« Nunca, » decia, « nunca de su lado Me arrancará el destino. ¿Qué me importa Sin él la vida ? Arbusto despojado, Que soplo horrendo de la tierra corta, Fuera yo sin su vista. Separado Mi ser del que á virtud mi pecho exhorta. Esa misma virtud que hoi me entusiasma , ¿Qué fuera sino un soplo, una fantasma ? >»

Y á su vez el anciano sumergido Todo en amor, miraba de la huesa El sendero de flores guarnecido, Mientras su planta en él dejase impresa La hija adorada. Sepultó en olvido Lauro, tesoro, nombre, gloria, empresa. « Aquí, » decia, « fondeó la barca, Hasta que llegue el golpe de la Parca. »

¡ Qué contraste no forma la existencia De estas dos almas que pasión no irrita, Con la adusta y callada turbulencia En que la corte de Madrid se agita I Felipe en su orguUosa prepotencia, Golpe de espanto y muerte dar medita,

Y verter los torrentes de su saña Sobre las costas de la Gran Bretaña.

LA FLORIDA. tSl

Bajo el terrible orgullo de Isabela Cayó María : reinas ambas. Cuente Quien los prestigios de los tronos zela, De Carlos y Luis el inclemente vSacriíicio ; la historia nos revela Crimen igual en coronada frente, V los ungidos del Señor, rendidos Bajo el hierro feroz de otros ungidos.

Quiso vengar Felipe el desacato, No porque á la virind con él se ofende, Sino en fe del hipúcriía aparato Que por santa piedad al mundo vende. Mas no quiso tid cosa; su conato Destructor mas osado íin pretende : Que de la Inquisición la vil cuchilla Ensangriente del Tániesis la orilla.

(¡uarte, pueblo briton; que si descarga Su furor el [Xírverso, ya no hai lustre Para li, sino serie odiosa y larga De torpe/as y males. Ni el ilustre Resplandor que á los pueblos boi embarga De admiración, podrá, sin que lo frustre Fanatismo con manos espantosas, Hrolar entre tus masas afanosas.

132 LA FLORIDA.

Se apagará en su germen la centella De libertad, que puede, conducida Por ti, cual pura y luminosa estrella, Vivificar la esfera ennegrecida. No del saber la antorcha noble y bella, Por tus hijos zelosos esparcida, Dará terror al déspota inhumano. Ni el tridente feliz pondrá en tu mano.

Ni la potente actividad que crea,

Al par de alma virtud, dicha y tesoro,

Tu fuerza animará. Y esa tarea,

Que vincula en tus límites el oro

Del mundo, y que lo alivia y lo recrea,

Servirá para él triunfo y el decoro

De vanos y postizos simulacros,

Fómes de corrupción con nombres sacros.

Deja que huelle tu cerviz Felipe; Deja que su sangrienta intolerancia Tu porvenir espléndido disipe. Hundiéndolo en abismos de ignorancia; Que tu exaltado genio participe De esa unión de bajeza y arrogancia, Digno [)roducto del imbécil ocio, Que halagan despotismo y sacerdocio ;