Leyendas españolas · Unidad 48 de 180
Unidad 48 · 158 ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES.
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158 ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES.
(■ual trasparente gota de rocío Tímida luce en valladar sombrío, Sobre el pétalo blando del capullo; O cual escaso arroyo, que en murmullo Voluptuoso orea la espesura Donde se lanza su corriente pura ; Tal en sabrosa oscuridad Estrella La vida pasa silenciosa. Bella, Cándida, pensativa, pudorosa, De altiva aspiración, alma fogosa, Leve imaginación y habla suave. En su mirada placentera ó grave, Que parece encerrar alto secreto. No solo inspira amor, sino respeto. Sus gracias, su inocencia y su ternura Son el potente bálsamo que cura Del padre la fatal melancolía. Fué Don Alfonso poderoso un dia ; Fué terror de las huestes agarenas ; Y la sangre que fluye por sus venas. Por las de Wamba y Recaredo fluye. Mas hoi esquiva de sus puertas huye Prosperidad, y pálido á sus ojos, Alzándose en ruinas y despojos, Pavoroso infortunio se presenta, \ de su corazón el gozo ahuyenta, ral la dicha es fugaz y transitoria !
ESCENA DE LOS TIEMPOS FEIDAJ-KS. lóí»
Las manos que arrancaron la victoria Del musulmán en afanosa guerra, Hienden hoi las entrañas de la tierra. La suerte aflige al hombre ; mas no abate La altivez del magnate.
Cual era de temer, Ricardo torna {!;on un no positivo; y aunque adorna Su triste narración con largas frases, Cual se desploma un monte por sus bases Del terremoto al furibundo empeño, Tal vio hundirse el orgullo de su dueño, (-alió el ¡)erverso, como el viento calla Kn horrendo huracán, y luego estalla Con renaciente rabia y predominio,
Y en ráfagas se lanza de esterminio.
V su voz imperiosa se congrega
l^ caterva feroz, que en la refriega
Sigue sus pasos y su ardor imit;i.
Otra vez á la marcha los concita;
y ellos al crimen y al furor apuestos,
(>ual bandada de pájaros funestos
Que conduce un instinto sanguinario.
Siguen fieles al jefe temerario.
Ou('' espectáculo horrible ! A la inclemencia
Di'l invasor, en d«'bil resistencia,
Se opone Don Alfonso con la ayuda
De sus fieles vasallos, gente ruda.
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Y lio á sangrienta lucha apercibida. Exhausto de lidiar, casi sin vida,
Y SUS vasallos rotos y deshechos. Mientras cunde la llama por los tochos, Donde Estrella infeliz tiembla afanosa, Cede el padre á la mano poderosa Que dobla su altivez cual leve paja,
Y se somete al hombre que lo ultraja. Hija y padre caminan al castillo
Del bárbaro caudillo.
La escena de pavor, estrago y muerte En turbulento gozo se convierte. De perfumada cera enormes cirios, (iuirnaldas de claveles y de lirios. Morisca alfombra y inilanes brocado Brillan pomposos en el rico estrado Del victorioso robador, Al frente. Debajo un trono de tisú luciente, Don Arias aparece junto á Estrella: Ebrio él de vino y de placer ; mas ella, Pálida, inmóvil, como estatua fria. Que hermosea la etrusca galería. Fijas en el vistoso pavimento Sus miradas están : ni un leve aliento í)e su oprimido corazón se exhala. La estrepitosa música, la gala De la alegre y festiva concurrencia ,