Leyendas españolas · Unidad 47 de 180
Unidad 47 · ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 155
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ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 155
Las arcas de Don Arias, cuyos hechos, Que proclamó la fama y yo no tildo, Pródigo galardona Hermenegildo, Guerrero, santo y rei en una pieza. Terrenos amplios, que en rural belleza,
V en lujo vegetal, y en aura pura Sobrepujan de Tempe la hermosura, Las leyes obedecen de Don Arias. Con linfas puras de corrientes varias El Jarama espumoso fertiliza
Sus oteros y prados, y desliza (Ion sonoro rumor sus aguas nobles Por onlrc verdes sauces y altos robles. Allí la madreselva y albo espino Del tejo adusto y elegante pino Hermosean los fustes y las copas, Como se cubre de esplendentes ropas Bajo rico dosel üero tirano. Vierte allí sus tesoros el verano. Dando al trabajo galardón opimo. Va en grano rubio ó pálido racimo ;
V en la hondura que forman dos repechos, í^on la fachada al sur, se alzan los lechos. Do donde imprime á sus vasallos susto
Ll infanzón adusto.
Sois |iirs y tres pulgadas de estiítura. Carnuda y ancha faz, mirada dura,
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Robusta espalda y gigantesco lomo, Miembros de hierro y corazón de plomo, Pasiones viles, miras temerarias, Que no enfrena el deber; — tal es Don Arias. Su código es la fuerza; su capricho Móvil de sus acciones. Quien ha dicho De Caligula, que era sangre y lodo, Hizo al vivo el retrato de este godo. La guerra es su elemento : cuando lidia, Feliz está y gozoso, y se fastidia. Cuando reina un monarca pió y manso. ¿ Qué es al guerrero insípido descanso, Que no amenizan sangre, incendio y muerte ? Buena es la caza para el hombre inerte Que se recrea en cuentos y romances. Es verdad que sus riesgos y sus lances Son de mas ardua lid nobles ejemplos. Pero en la caza no se roban templos. Ni se desfloran vírgenes, ni cunde La sangre humana; ni la caza infunde Rabia de asolación y de ruina. Tal era de Don Arias la doctrina. La paz á su castillo lo destierra, y en sus calladas bóvedas se encierra. Mustio, aburrido, solo con Ricardo, Santísimo varón, monje bernardo. Que desempeña obligaciones hartas : Decirle misa y decorarle cartas. Porque esta flor y nata de Castilla No aprendió la cartilla.
ESCENA DE LOS TIEMPOS FELUALES. l.'íT
'(Ricardo, vea acá; cuéntame uu cuenlo. » Ricardo entra en la sala, loma asiento,
V empieza á referir con punto y coma I-.i gran entrada de san Pedro en Roma, .Monlíído en un trotero peregrino,
V llevando las riendas Constantino. Detras viene en cadenas el Diablo,
V le lian puesto los grillos de san Pablo, r.ou lo (jue lanza una bufada bronca. — 1)')U Arias no lo escucha, sino ronca : Dispierta cuando el monje humilde calla. « ¡ Que no sepa inventar esta canalla (3osa que me divierta I Ni un adarme
De ingenio tienen. Qué he de hacer? Casarme. Ocurrencia feliz ¡ Con quién ?» — « Estrella, » Dice el fraile, «es lindísima doncella. De sangre noble y de lucidas partes.»— «Qué es hoi ?»— « Domingo. » — «Pues me caso el martes. Marcha al castillo de su padre, y díle Lo que tu ingenio singular cavile, I'ara (jue me conceda la muchacha. La muía torda llevarás; despacha : ^ cuando me levante de la siesta, Me darás la respuesta.