Leyendas españolas · Unidad 52 de 180

Unidad 52 · 172 ZAFADOLA.

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Bendigamos las manos que protegen. » Y se puso á cantar : Salvum fac regem.

Como al raudal tranquilo que la vega Con blanda espuma cariñoso riega, Juguetón, trasparente y cristalino, Fuerte borrasca en el peñón vecino La turbonada lóbrega prepara. Que en cieno va á tornar su linfa clara ; Tal al felize límite de Rueda De la Fortuna la inconstante rueda De lejos apercibe, cual si exhausta Fuera de bienes, turbación infausta, Que va á cubrir de llantos su recinto ; Terror, fugas y azares, laberinto De infortunios, penoso y sanguinario; De la ambición forzoso corolario .

Sonaron en la corte de Marruecos, Cual poderoso estímulo, los ecos Que lanzaba en España la morisma Victoriosa y feliz ; y como el prisma Hermosea los rayos que divide. Tal la ambición del jefe que preside Las marroquíes turbas, con la fama De conquista tan célebre se inflama. Dominaba allí entonces la caterva De los ferozes mohabitas, sierva,

ZAFADOLA. l'J

Mas que vasalla, de un atroz caudillo, Cuya legislación era el cuchillo ; Cuyas órdenes raudas y crueles Ponían en acción cien mil infieles. Era Halí el nombre de esta fiera, y como Raudal que vierte de su escelso domo Atlas nevado, embravecido fluye,

Y selva y roca en su correr destruye ; Tal el capricho atroz del mohabita Sin estorbo se lanza y precipita,

Y toda inútil resistencia acalla.

« Ya dobló el cuello la íbera canalla, »

Dijo, « al Koran, y de ventura lleno.

Domina en toda España el agareno.

¿ Y dejaremos que á sus anchas goze

Solo tan rica presa, y que destroze,

Dueño feliz, con imperiosa diestra

La que podria ser víctima nuestra?

No será. Derroquemos esa silla,

Que esplendorosa nos insulta y brilla

Sin rival. De los límites estrechos

Del África salgamos, y deshechos

Caigan á nuestros pies, y en polvo hundidos,

Los que f>or ciego azar favorecidos,

Tiñen en sangre hispana sus laureles. »

Dijo, y surcan las aguas cien bajeles.

Recíbelos Iberia, como el lago

Al destructor torrente, y fiero estrago

Marca sus huellas, desde el mar de Alcídes

Hasta Toledo, y en horrendas lides

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De hermanos con hermanos hierve Iberia,

Y cunden la desdicha y la miseria.

Zafadola entre tanto reflexiona Que no está mui segura su corona, Cuando unas mas altivas y potentes Pasaron de unas frentes á otras frentes. Ya el invasor á Rueda se aproxima; ¿ Y cómo podrá ser que lo reprima Con poca hueste y con exiguas arcas. Cuando no resistieron los monarcas Do Toledo, de Córdova y Sevilla ? Para que no lo cubra esta mancilla

Y mantener su dignidad suprema, Echa mano de rara estratagema.

En el diván convoca á sus mujeres, (6) Magistrados, caudillos y proceres. Alcaides, y santones, y alfaquíes, Alférezes, imanes y cadíes;

Y después de pintar breve y sucinto Los males que amenazan el recinto Donde él impera, dice : "Lo que importa, Es salir á la larga ó á la corta.

Por fas ó nefas de este mal horrendo ; Es agarrarse de un carbón ardiendo ; Es, si largo mi reino, pillar otro. Aunque se cambie un asno por un potro. Ahora veréis si yo sé urdir la trama. Reina Alfonso en León, de quien la fama Cuenta las mas estrañas maravillas :