Leyendas españolas · Unidad 53 de 180

Unidad 53 · ZAFADOLA. 175

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ZAFADOLA. 175

Jamas hubo un guerrero en las Castillas Mas aclivo, mas bravo, mas astuto. Él no se va á las ramas, sino al fruto, Ni adolece de adusta intolerancia , Mal que del godo á la gavilla rancia Cual contagioso virus inficiona. De rígido cristiano no blasona. Ni condena severo nuestro rilo ; Ni la poligamia es un delito Que alarma su conciencia generosa, (7) Puesto que á mas de la legal esposa, Dicen que tiene esposas ilegales. Estas ya veis que son buenas señales. Tentémosle la ropa, si os parece ; Porque si el invasor sigue en sus trece,

V no hai quien ponga á sus progresos muro. No es probable que Alfonso esté seguro ;

Ni si ve que á su ausilio fácil corro,

Que desprecie soberbio mi socorro.

Qué decís de mi plan? " — " Que CvS esceleute,"

Responden; y el monarca diligente

Dispone una magníüca embajada.

Dióle Alfonso en León soberbia entrada. Pues en tiempos tan crudos y tan malos, Recibir grandes cestos de regalos

V ofrecimientos de amistad sin coto. No era cosa de echaren saco roto. I'ronuncióel diplomálico su arenga,

V el buen Alfonso le responde : " Venga

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Cuando guste mi amigo Zafadola,

Y verá si mi afecto se acrisola,

Y con servicios útiles se arraiga. Esta casa es raui suya. Venga y traiga Sus mujeres, con tal que así le cuadre (Supongo que serán ciento y la madre) : Venga á pasar aquí dichosa vida;

Que no le faltará casa y comida, Para su majestad, socias y socios." El activo encargado de negocios. Gozoso de llevar tan buen despacho, Hizo el zala-melec ; montó en un macho,

Y atrevesando rio, llano y cuesta. Entregó á los seis dias la respuesta.

III.

Alfonso, el que al rei moro prestó asilo, Era un rei singular, por otro estilo. De manos de su madre Doña Urraca, Gruesa de cuerpo, aumjue de mente flaca. Recibe un cetro carcomido y roto : Siendo escena de vicios y alboroto León, y de disturbios y pobreza, Mientras estuvo Urraca á su cabeza. Alfonso quiso enderezar el carro;

Y sin temor de fiebre ó de catarro. Trepando montes y pasando rios. De cien rebeldes sometió los brios; Quitó al reí de Aragón provincias bellas

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Que atrevido usurpó ; fijó las huellas En las soberbias barras, y seguro Dentro del reino, como en alto muro, Pensó en cortar los vuelos al mohabila,

Y hacerle en su región una visita. De Zafadola la cortés oferta

Abrió á sus intenciones ancha puerta. Recibiólo en magnítíco aparato; Mandó que se le hiciese el mismo trato Que á su persona, dióle treinta villas Del Duero en las espléndidas orillas ; Partió con él su trono, y en palacio (8) Le reservó cortés un gran espacio, Do tuviese el serrallo y la mezquita. Siempre del rei la corte el uso imita : Su voluntad ó su afición es norma, A que dócil la turba se conforma. Zafadola en León era el capricho De todo palaciego insecto ó bicho. Se esmeraban marqueses y barones En darle francachelas y funciones; Llevábanlo á cazar zorras y liebres;

V en tanto él despoblaba sus pesebres ( Por no quedarse airas en bizarría) De los troteros que la Arabia cria, En premio de tan nobles homenajes.

Uno solo entre aquellos personajes Desde el principio lo miró sañudo. Era un cierto Farfan, de temple crudo,