Leyendas españolas · Unidad 64 de 180

Unidad 64 · 210 I^A- BATALLA DE FRAGA.

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210 I^A- BATALLA DE FRAGA.

Y aunque resueltos á morir matando, Viendo las fuerzas del morisco bando Cuan unidas el giro entero escudan, De su seguridad ansiosos dudan. Los caudillos con torvo sobrecejo, Mudan á cada paso de consejo ; Con vacilante paso distribuyen Los tercios por el campo; y ora arguyen Entre sí, y ora corren do los llama Próximo el riesgo, y ya no los inflama Sed de triunfos gloriosos cual solia : La sorpresa su ardiente zelo enfría.

Empero Alfonso mas que todos cede Cuidoso á la inquietud, que ya no puede Dentro el seno embotar la dura espina De atroz remordimiento ; y la mezquina Turbación de su faz amarillenta Los bríos de sus tropas desalienta. De su orgullo la fábrica pomposa Húndese de repente, y vaporosa, Fúnebre perspectiva, terminada Por hondo abismo, ofusca su mirada. Entonces sí los míseros lamentos De los sitiados moros, los tormentos Del hambre, y de la muerte los despojos Con vivo rasgo píntanse á sus ojos . Por vez primera entonces los quejidos

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Del desgraciado hieren sus oidos. Negándose la tierra á su esperanza. Fijando su postrera confianza Donde el hombre en estremo mal la lija. Congrega al clero, y manda que se erija Con pompa no común el relicario ; Que en alba nube esparza el incensario Grato aroma, y el arpa dulces sones ; Que en fervientes y puras oraciones, V en armónica estrofa de himno tierno Sv imploren las bondades del Eterno.

Uaí un ser en las auras celestiales, {\2^ En quien hallan los míseros mortales Henévolo y suave patrocinio ; Ser que penetra al celestial dominio Donde su trono augusto Dios asienta,

V con trémula mano le presenta, Moroso, sonrosado y compasivo,

Los ruegos del enfermo y del cautivo, Los de la tierna madre y de la esposa, lias Gabriel de la mano poderosa Los fallos justos reverente acata,

V mientras i>or la esfera se dilata Del afligido aragonés la queja, Torna su rostro el numen y se aleja. Ni ti ministro veloz de la vengan/a Del Eterno, que rápido se lanza

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Con flameante acero de la altura, Dócil á alto decreto, y asegura Victoria al justo y pérdida al malvado, Bajó entonces, de fuego y muerte armado. Cual, lijando un espléndido destino, Los ruegos escuchó de Constantino

Y arrolló las legiones de JMaxencio.

Como se anuncia en fúnebre silencio y en marmórea quietud la destructora Tempestad, y ásu furia bramadora Morlal reposo en aire y mar precede, Hasta que reprimirse mas no puede La agitación eléctrica, y estalla; La gente así enemiga inmóvil calla, Fijos hombre y caballo como roca, Flasta que al arma el africano toca,

Y se cruzan aceros con aceros. Al reventar los ímpetus primeros, Fué al atacar igual la resistencia ; Los de Aragón reciben la violencia Del empuje, cual mole dura y alta De peña que la mar rugiendo asalta. Sin turbar su cimiento y su reposo . Por rebellín, empalizada y foso

Corre sangre á torrentes, pero en vano ; Que mientras mas esfuerza el africano Sus brios, y el circuito mas estrecha.