Leyendas españolas · Unidad 65 de 180

Unidad 65 · LA BATALLA DE FRAGA. l\"l

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LA BATALLA DE FRAGA. l\"l

Mas destrozo en sus filas lanza y flecha Del encerrado aragonés propaga. Viendo el moro con cuánta muerte paga Su arrojo, da la seña, y de re[>enle Júntase la coluna en masa ingenie, Con la que osado Tejufin concierta Finalizar de un golpe la reyerta. Mas apenas las filas se separan, Cual si á espontáneo impulso se prestaran Los do Aragón unidos, á la anchura Salen del campo, escena mas segura Do luzca el brio en desigual refriega. Cada magnate en lomo á sí congrega Los que han jurado fieles sus pendones : Siguen los alaveses y vascones De Gastón los preceptos, gente brava, Que, como Alcídes, la pótenle clava Con cierto tino y gran vigor maneja; Garzones de alba tez, negra guedeja. Ágiles movimientos, faz adusta, Vigilante, tenaz, sobria y robusta. Manda Almerí la gente de Narbona, La que con chozas frágiles corona La cumbre del Pirene; la que habita Su mas profundo valle, y se ejercita En perseguir venado, gamo y oso, Por risco desigual y resbaloso. A Raimundo obedecen los navarros, Dóciles al deber como bizarros ; Duros en los trabajos, sobrios, llenos

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De escclso honor, y frios, y serenos. El grueso de la tropa aragonesa, Que en invasión lejana y ardua empresa, De Alfonso largos años ha seguido La suerte, y á su lado combatido En León, y en Castilla, y en Bayona, Con noble fe circunda su persona. A su acendrado zelo se confía Todo en lo que cifró la monarquía Su porvenir, su dicha y su decoro : La reliquia, el archivo y el tesoro. Miramon, sin unirse á ningún bando, Toma quinientos nobles á su mando. Que son la flor de Francia y de Castilla ; Jóvenes cuyas armas sin mancilla, A las banderas del Sepulcro fieles, Cogieron en Sion santos laureles.

Ocupan los diversos escuadrones

Del de Aragón los áridos crestones

Que circundan á Fraga, diestramente

Llamando la atención por lado y frente

Del árabe, que incierto á dónde acuda,

La dirección de sus ataques muda.

Mas no tarda en mezclarse en varios puntos,

Rotas fracciones, móviles conjuntos

De parciales encuentros. De una parle

Se dirige la turba al estandarte

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Que sobre el pabellón real ondea ; De otra Gastón en bárbara pelea Se empeña con los fieros argelinos;

Y allí formando espesos remolinos En torno á los vascones y alaveses, Tnrba densa se forma, y en paveses

Y en yelmos golpetean cuchilladas, Como cuando del cielo despeñadas Masas espesas de granizo bajan,

Y los arbustos hunden y desgajan. Miramon al peligro mas urgente Yuelve zeloso; sigue diligente Sus pasos Almerí, y en los reales Sangre otra vez difúndese á raudales.

Y mientras toda la morisma apura Por allí sus esfuerzos, de una altura Paja Raimundo con vigor la falda,

Y á los moros sorprende por la espalda. Fue entonces indecible la fiereza

Del combate. Almerí, que á la cabeza De los suyos, cual tigre se avalanza. Pierde la vida : ponderosa lanza. Que un gigantesco marroquí despide, De parle á parte el seno le divide. Joven mísero! amable cuanto iluslrel IVrdió contigo Languedoc el lustre De su nobleza, Alfonso un grande amigo ;

Y de tu verso armónico testigo Provenza, al rimador de las hermosas Que pisan sus colinas deliciosas.

üíñ LA BATALLA DE FRAGA.

Viendo en sus ojos la celeste lumbre Leve apagarse, intensa pesadumbre, Que el labio sella y el cabello eriza, Del cristiano el denuedo paraliza. Mas de venganza y destrucción sedientos, Unánimes se arrojan, y violentos Choques y cargas hórridas repiten. Ciegos Raimundo y Miramon compiten En arrostrar de cerca la profunda Masa que por do quiera los circunda ;

Y no solo la arrostran, mas la hienden,

Y los pocos audazes que deíienden Sus jefes denodados, mas adentro Los empujan á mas reñido encuentro. Quién podrá ya salvarlos? La fatiga Del lance temerario no mitiga

Sus arrojos; la sangre que derrama Tanta herida, sus ímpetus inllama; Mas en contra de sí vasto torrente De moros se acumula, y prepotente Su número, los hunde y los ahoga. Con alto grito el vencedor desfoga Su júbilo, mirando en polvo hundidos Los dos héroes, en muerte y gloria unidos. Aquel grito difunde negro espanto / Por la falange aragonesa ; en llanto Se inundan de cien bravos las mejillas: Las filas se disuelven. En pandillas Desordenadas mézclanse gimiendo Los míseros, que aquel golpe tremendo