Leyendas españolas · Unidad 67 de 180

Unidad 67 · 2-20 I A BATALLA DE FRAGA.

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2-20 I A BATALLA DE FRAGA.

Desde el mal defendido parapeto Contempla Alfonso el fin de aquel aprieto. No liai esperanza ya que le sonría:

Y en vano la llorosa gritería

De monjes, y mujeres, y prelados,

A perdición segura condenados.

Su protección en tanto riesgo implora.

Contra la inmensa muchedumbre mora.

Que ya del triunfo en daño suyo viene,

Solo un tercio escogido lo sostiene.

Aquellos fidelísimos vasallos

Apriétansele en torno; los caballos

Parten á un golpe ; Alfonso ocupa el centro ;

Y atravesando rápido por dentro Déla apiñada turba, en tiempo breve, Bien que á cerrarle la salida mueve Sus fuerzas Tejufin, del fiero lance

Se esquiva, y huye fuera de su alcanzo. Mas el abandonado campamento Retumba con el mísero lamento De aquella turba débil y afligida. De ella uno solo conservó la vida : El obispo de Lascar, que en Valencia Prostituye después la reverencia De su exaltada dignidad, sumiso, Vil apóstata, infame circunciso, Al mentido profeta de la Arabia. (13)

LA BATALLA DE FRAGA. 221

Mientras destroza el musulmán con rabia Codiciosa la rica y vasta tienda Del monarca, sus arcas y la prenda , De su piedad objeto encarecido, Guarécese el cuitado en lo escondido De una selva intrincada, do la hiedra V la silvestre vid con roble y piedra En espeso tejido se enmarañan. Diez adalides fieles lo acompañan. Únicos restos del poder que un dia Dominó de Burdeos á Gandía Kl cansancio y la sed postra estos bravos ; Empero mas agudos son ios clavos Que despedazan del monarca el seno, Pues mientras mas pacible y mas sereno El horizonte de la vida halaga Las miradas del hombre, mas aciaga La contraria fortuna lo atormenta, Si santa abnegación no lo sustenta. Mas ¿cómo puede su benigno labio Doblar el torpe orgullo y el resabio De prepotencia que el mortal adquiere, Cuando cegarlo en su ruina quiere La suerte que lo eleva en alta cima? Feliz el hombre á quien ht propia estim;i Mas satisface que el poder y el trono ; Que si ruge eo su daño el üero encono

222 LA BATALLA BE FRAGA.

Del infortunio, plácido y modesto, Sonriendo le dice : « Estói dipuesto. »

WII

En el declive de una sierra oscura, Que ciñe frondosísima espesura De monte bajo y cíípinosa breña, íll santuario humilde de la Peña Tímido oculta su pajizo techo. Allí fruta sabrosa y pobre lecho Encuentra el fatigado peregrino, Consuelo el desdichado; y el mezquino, Que del poder rezela la venganza, Seguridad, consejo y esperanza. De santa caridad la mano amiga Con cariñoso afán al rei prodiga Cuanto su triste condición requiere; Pero en vano, que el dardo que lo hiere Mas y mas se encarniza y lo destroza. Su mente fija tiene en Zaragoza, Desde cuyos altivos torreones Oprimió reyes y asoló naciones; En su raza estinguida, en la opulencia De su corte que pronto la violencia Del bárbaro africano, y su codicia Convertirá en fragmentos é inmundicia. Al formidable peso de sus males Cede ya el cíi^axon ; ansias mortales Con tormento Tnd€cil)le lo acongojan.