Leyendas españolas · Unidad 66 de 180
Unidad 66 · LA BATALLA DE FRAGA. 217
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LA BATALLA DE FRAGA. 217
Consumación mas negra vaticina. Concedió á Miramon mano divina Lo que, mas que valor, genio y riqueza, Los ánimos seduce : gentileza \o afectada ; modesta compostura Que los púl)licos votos asegura; La familiaridad del hombre grandcí, Que ora suplique, ó reconvenga, ó mando. De seductor halago se reviste,
Y ni el temor ni el odio le resiste,
Y las envidias frustra y los engaños. Fué el ídolo de propios y de estraños, Adorno de la corte y la -milicia;
Fué en los reales de Aragón delicia Del príncipe, del jefe y del soldado.
Y al verlo sin color, mustio y postrado, Cunde en las tropas negro vaticinio
De confusión, derrota y esterminio.
Mas quedaba Gastón, que en los reveses. Con sus incontrastables montañeses, Va en cami>o abierto, ya en sitiada torre, Con oportuno amparo siempre acorre;
Y bien que lo aquejase mole espesa De bárbaros, á mas loable empresa Del grueso la ardua posición lo escita,
Y á su ayuda veloz se precipita.
Los dislocados restos á su mando
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Se reúnen ; y enérgico alentando Con elocuentes frases bien sentidas Aquellas almas flojas y abatidas, Corona con no débil muchedumbre La parda cima de rugosa cumbre. Sorprende la acertada maniobra Al caudillo agareno, y mientras cobra Su brio Alfonso, que el real deliende, Gastón su línea cauteloso estiende,
Y á recibir al moro se prepara.
Cual se acumula en la ostensión de Zara Remolino de arena, que concita Rugiendo el soplo de huracán, y agita Sus colunas densísimas, torciendo Su giro á guisa de gigante horremlo, Que ebrio vacila en convulsión penosa ; Así la hueste de África afanosa Se revuelve, y se turba, y^se reparte. Viendo á Gastón que ufano el estandarte Clava en la punta de elevada roca,
Y al último conflicto los provoca. Tejufin se adelanta, y en troteros
Que la Arabia engendró, dos rail flecheros Lo siguen, y á estos siguen las ballestas. Las hondas y las picas, cual florestas De espesos pinos. Forman los cristianos Dos bien armadas filas, y en sus manos Las lanzas brillan como fuerte muro, Doble barrera y valladar seguro. No alcanzarán del numen los pinceles
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A trazarle, lector, en cuadros fieles El que fuera del Taso digno asunto ; Ni el disputarse impávidos un punto, Cien vezes recobrado y cien perdido ; Ni aquel odio feroz y enipedernid<« Que impelía los pechos y los brazos ; .NM ol sembrarse la tierra de pedazos Sangrientos, y cadáveres, y nos De sangre. De los cóncavos sombríos Desaló allí el iniierno sus legiones, V vomitando impías maldiciones, Vagaban por los aires derramando üel aborrecimiento el fuego infando. Tres horas largas dura aquel empeño ; Hasta que el moro vencedor y dueño De la altura, confunde en recias olas De turba infiel las filas españolas. No hai entre ellos quien salve fugitivo La mísera existencia, ni cautivo Que á cadena pesada el cuello doble : Muere escudero, infante, paje, noble; Mueren Calvete y Fortune!, y ai lado De los dos iufelizes, traspasado Por la veloze flecha de un numida, Cenlul el bigorres; y de una herida Portentosa que abrió filo violento, Despide el gran Gastón su último aliento.