Leyendas españolas · Unidad 88 de 180
Unidad 88 · PEDRO NIÑO. 305
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PEDRO NIÑO. 305
«Mi clase, señor, » replica Con entonada reserva, « Si mi gusto sacrifica. Me pone al nivel de sicrva. » El padre, á quien morlitica Tanta obstinación, y observa Que ella llrme se sostiene. Su cólera no retiene.
Mientras mas del padre crece La destemplada censura. Mas resuella ella parece
Y en no ceder mas segura. Su iMicbo no se estremece Cuando el Infante le jura, Que antes que na/ca otro dia, Postrará su rebeldía.
Responde Beatriz : « Ya es tarde,
Y ocultarlo no rezelo : Esposo de que bago alarde. Tengo, que me ha dado el cielo. No penséis que me acobarde Tímida en vil desconsuelo ; Con él dolor y abandono Prefiero al brillo del trono. »
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306 PEDRO NIÑO.
Cuando su disco levanta El sol al siguiente dia, De Yalladolid la Infanta Bien custodiada salla. En una torre que espanta Por triste, fuerte y sombría, Colocada en alta sierra, Don Juan airado la encierra.
Pedro enfurecido brama, Tierno amante y fiel esposo ; Mas Don Enrique lo llama, Su protector generoso,
Y así le dice : « Esa dama A quien turbaste el reposo , Tiene un padre á quien estimo Por aliado y por primo. »
« Agraviado de tu arrojo. Me ha dado sus justas quejas. Puedes temer un sonrojo, Si cauto no te manejas ; Mas yo calmaré su enojo. Si de estos muros te alejas Hasta que el tiempo lo ablande,
Y vengas cuando yo mande. »
PEDRO M>0. 307
Al castillo de Zamora Se va el pobre caballero, Donde crece de hora en hora Mas Grme su ardor primero. Doña Beatriz que lo adora, Con seguro mensajero Manda y recibe papeles. De mutuo amor prendas fieles
Un dia tras otro dia Pasan así los amantes, Y el afecto no se enfría De sus ánimos constantes. Pedro enfrenar no podía Sus impulsos arrogantes ; Mas es fuerza sacrifique Todo al precepto de Enrique.
También le ruega su esposa En una carta discreta, Que á la suerte rigorosa Resignado se someta, Pues por su |)arle, animosa, Mayor desventura reta, Fiel al santo juramento, Mientras le dure el alieuto.
308 PEDliO NIÑO.
Miénlras la vida cuitada Pasan dama y caiíallero, Una poderosa armada Cruza en la boca del Duero. A la orilla amenazada Acuden noble y pechero. Tiendo cuánto se avecina Destrucción, muerte y ruina.
Porque está mal defendida La tierra contra los moros, Y la corte empobrecida Sin armas y sin tesoros. Corre la gente afligida ; Suenan lamentos y lloros, Viendo erizadas las popas De armas, banderas y tropas.
Toma la morisma tierra ; Sembrado y villa recorre, Porque en tan infausta guerra Nadie al mísero socorre. La gente armada se encierra Dentro de castillo ó torre ; Y ya en Portugal no queda Quien salir al campo pueda.