Leyendas españolas · Unidad 87 de 180

Unidad 87 · PEDRO NIÑO. :W»1

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

PEDRO NIÑO. :W»1

Dice al lin la Infanta : «Conde De Bueina, ya me venciste, Que en vano mi pecho esconde La llama que en él prendiste. MI labio liel te responde De mi corazón : supiste Triunfar de un orgullo vano ; Dueño serás de mi mano. »

«Mi libertad ha sufrido Muí mas de un combate recio. Como piedra he resistido, Pagando amor con desprecio; Mas ya que le he conocido, Mi vida no tiene precio, A menos que con la tuya Cual mansa corriente fluya.»

« Kn ti solo encuentro el brio,

Vm ti solo la altiveza,

Que plantó en el \)ec\io mió

Benigna naturaleza.

No han doblado mi albedrío

Kl poder ni la ri((ueza ;

.Mas á proceder tan noble

Fuerza será que se doble. »

302 PEDRO NIÑO.

« Tu alma empero necesita Temple duro cual diamante ; Que no es dable que permita Nuestra amistad el Infante.» — « Si el infierno se concita, » Responde Pedro arrogante, « Contra mi amoroso empeño, No importa : serás mi dueño. »

xiu

Tras mutua y sincera oferta,

Y juramento amoroso. Modo y dia se concierta Para el enlaze dichoso. Por una escusada puerta Entrará el feliz esposo,

Y obispo fiel y discreto Los bendecirá en secreto.

Tuvo la noche siguiente Lugar la unión deseada, Callada y modestamente En capilla retirada. Consiguió el joven valiente La recompensa anhelada;

Y obtuvo la Infanta bella Un esposo digno de ella.

PEDRO !ÍI>0. 303

Cual seca y lánguida mala, Después que pasa el invierno

Y abril sonríe, desata Frondosa el vigor interno

Y robusta se dilata

En hoja y capullo tierno, Dando ensanches á la vida Que antes guardaba escondida ;

Tal Beatriz, desde que siente De amor la benigna llama. Muestra en su mirar ardiente

Y el carmin que se derrama Por su faz, (¡ue interiormente Pasión activa la inflama,

Y sin temor que la oprima, Todo su ser reanima.

30i PEDRO NIÑO.

El Infante, que la acecha Y el grave suceso ignora, No sin enojo sospecha Que algún galán la enamora. Una borrasca deshecha, O mas bien devoradora Sierpe, en su seno se abriga, Que su existencia atosiga.

y mas viendo que afanados Renuevan la antigua instancia Opulentos potentados De Aragón, Castilla y Francia, Que se dan por agraviados De la severa arrogancia , Con que sus votos rendidos Son por la Infanta acogidos.

Llamándola á su presencia, Dícele : « El tiempo es venido, En que elija tu prudencia Entre tantos un marido. Culpable es la resistencia, Pues la clase en que has nacido, Te impone el precepto justo De sacrificar tu gusto. » —