Leyendas españolas · Unidad 94 de 180
Unidad 94 · 328 DON POLICARPO.
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328 DON POLICARPO.
Que la moderación también propende (Siento decirlo) al mal. Cuando del vicio, Que en todo estremo nota, se desprende, Ella se arroja en otro precipicio; Contrarias pretensiones desentiende ; Burlarse de uno y otro es su ejercicio. Puesta en el hipomoclio, qué resulta ? En nulidad inerte se sepulta.
Responderá el filósofo optimista : « Esa es moderación? ni por asomo : Es imposible que tal cosa exista Sino en límites justos. » Pero cómo ? Todo hombre moderado es teorista. Si lo conceden, á mi cargo tomo Probar que en estos casos la teoría Es una garrafal majadería.
La de Don Policarpo llegó á punto De perder la razón : púsose enfermo, Cabizbajo, amarillo, cejijunto, Parecía en verdad un estafermo Con algunos ribetes de difunto; O mas bien solitario, que en el yermo Disipa crudo los vitales brotes A fuerza de cilicios y de azotes.
DON POLICARPO. ZI'J
En casos semejantes, cuando el tedio De la vida nos cansa y nos oprime ; Cuando el mal nos suscita crudo asedio,
Y oprimida en su red el alma gime ; Solo queda un asilo y un remedio : La Religión — raudal puro y sublime, De donde mana en perenal corriente Solaz al corazón, luz á la mente.
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Don Policarpo, en vez de la alta senda Que allá conduce, desde el suelo bajo Ceñida el alma con innoble venda. Prefirió, como dicen, el atají). Dejando á la ilusión floja la rienda, Creyó salir del mísero trabajo, Lazándose en el tor|>e y hondo abismo De la superstición y el fanatismo.
Fué el atormentador de su conciencia... No sé — clérigo ó fraüe— poco importa. Uombre de disciplina y abstinencia; Mas su vista mental debió ser corta. De estos que á la doctrina y á la ciencia Llaman veneno que el infierno aborta,
V ven en el estudio el solo origen
De las desgracias que á la tierra afli^i-n.
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« Libros franceses ! » escláinó, rugiendo Cual liiena furiosa. « ¿No se inflama Rayo voraze y destructor ? Corriendo— Perezcan todos en activa llama. » Don Policarpo, á fallo tan tremendo, Pensando en los arranques de nííidama, Temblaba como tímido cordero ; Pero la salvación es lo primero.
Va á su casa, y con calma torva y fria Manda á un mozo llenar sendo canasto De lo que acumuló su librería, Después de tanto esmero y tanto gasto. En un pilón que en el corral habia Formó de liljros un recinto vasto. Madama á la sazón en la tertulia Le decía á un Saint-Preux : «Yo seré Julia. »
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Ya en su caletre la razón se apaga. Mientra en su mano seco hachón se enciende La llama aplica, que lijera y vaga, Donde quiera que toca, rauda prende. Por el inmenso grupo se propaga La destructora combustión, y asciende Por todas partes el incendio infausto; Al genio del error digno holocausto.